Ya os hablé hace tiempo de mi espíritu de excursionista, en el más estricto sentido del concepto, o sea, tienda canadiense de cuatro plazas (que siempre albergaba al doble de personas, parecía elástica) saco de dormir tipo momia, mochila con esterilla, chirucas gastadas y bastón de caminante con puntita de metal y pings clavados en la empuñadura como recuerdo de los sitios que visitábamos y todo... (Aaauuuuu... la madre que me p... si tengo la impresión de estar hablando del pleistoceno...) Bueno, sigamos. Recuerdo ahora; de hecho lo hemos estado recordando hace un rato en una cena de amigos... (Si, si, todavía tengo esos amigos... uno de ellos es mi marido) como decía, recuerdo la primera excursión que hicimos todos juntos. Ja, ja, ja, como para olvidarla.
Éramos la colla (la panda) del fin de semana desde hacía meses, sí; pero no habíamos hecho ninguna salida de acampada todavía. Se avecinaba Semana Santa y era una buena ocasión. Primavera cercana, días más largos, temperatura aceptable y en aumento. Una ocasión genial para pasar unos días en el Pirineo.
Esa fue la primera... y como suele ocurrir, una de las que no se olvidan. Sobre todo por la de veces que haces el panoli queriendo quedar bien con los demás. Claro, como aun no tienes experiencia de convivencia en común con ellos, pues no quieres crear problemas, más bien al contrario, intentar solucionar los que se puedan presentar.
En esa ocasión fuimos seis, tres chicos y tres chicas. Ya habían dos parejas formadas y bueno... otro chico y yo que íbamos por libre en aquel entonces (Je je je, al correr del tiempo, ya somos tres parejas consolidadas y con hijos adolescentes todas) Lleguemos en coche, hasta la Vall de Boí. Ummmm... estaba precioso. Allá, al lado del río Noguera de Tor, plantamos la tienda que sería el campamento base, por así decirlo. Origen y destino de todas nuestras caminatas durante esos días.
Lidia, genio y figura, cómo no... Tuve la mala suerte de resbalar con unos guijarros en un sendero y torcerme un tobillo durante la primera excursión, así que, visita al médico, vendaje de compresión y reposo... caguenlaaa... Bueno, pues; no me quedó más remedio que limitarme a estar en la tienda, merodear alrededor, leer, escribir, dibujar, hacer fotografías, pintar, tomar el sol... todo, mientras los demás hacían el paseo largo. Luego hacía la caminata corta hasta el bar del pueblo, cuando queríamos tomar un café recién hecho y calentito... a eso de media tarde, para volver pronto; pues a pesar de ser los días más largos, en la montaña da la sensación de oscurecer antes, puesto que no hay la misma iluminación que en las zonas pobladas. De hecho, el último tramo del camino,(Yo debía parar de vez en cuando por el pie) lo hacíamos ya con las linternas y yo, agarrada al brazo del chico desparejado... je, je, claro debió ser eso, que el roce....
Como ya he dicho, hace mucho de este episodio por eso... ¡¿Por qué antes las mujeres creíamos que había que hacer algo hacendoso y especial para cautivar a nuestros novios?! (Bueno, antes y mucho me temo que ahora seguimos siento igual de gilitontas...) (Yo no ¿Eeeehh? Que ya he dicho que entonces yo no tenía novio, ni pensamientos de tenerlo... a pesar de que acabé con uno... pero eso fue más tarde y ya he dicho que debió ser el roce... )
Y vosotros diréis... ¿Y para qué nos cuenta esta loca todo esto?... Pues veréis... es que, por impresionar a sus chicos, a mis dos amigas no se les ocurrió otra cosa que querer hacer macarrones... ¡¡En la montaña y con un camping gas!!... para impresionar a sus chicos... Pa liarse a tortas, vamos.
Yo les dije que por qué no dejaban eso para la vuelta y nos apañábamos con unos suculentos bocatas de "pà tomaquet i pernil" de la tierra... Seguro que el jamón de la zona, debía ser de lo más impresionante... pero na... no hubo manera de convencerlas.
¿Y a que no adivináis a quién le tocó vigilar que hirviera el agua, para echar los macarrones?... si... habéis adivinado... a la tonta de la coja. O sea, yo. Como tenía el remo averiado, no me importaría cuidar la tienda y estar pendiente de la comida mientras ellos se iban de turismo... hay que joerse, si sólo me faltaba ladrar si venían extraños... En fin, la que nace pringá, pringá se queda pa siempre.
Diossss... creo que no voy a olvidar en la vida esos macarrones. Ya sé que es difícil pero intentad imaginaros el cuadro:
Un campin gas de un solo fuego. Donde se suponía que debía hervir el agua, que cogíamos de un rio con caudal de deshiele, en una olla lo suficientemente grande para que cupiera la cantidad de macarrones adecuada para seis personas... A esto, añadirle que hacía un aire helado de la ostia... es decir, que al pobre fueguito le costaba aún más calentar. Surrealista ¿Verdad?
Pues más surrealista era verme a mí enfundada en el saco de dormir, sentada al lado del fuego y mirando la olla... Joe, Si parecía Toro Sentado en trance, dispuesto a calentar el cacharro con la vista... De tanto en tano la apartaba para leer... pero a ese paso, me habría leído todo el Quijote, Guerra y paz, La Odisea, y hasta l'Estatut, antes de que la olla ni tan siquiera comenzase a echar humo... tooooda la mañana la dichosa olla en el fuego... La que echaba humo era yo...
Cuando llegaron los expedicionarios, aún seguía la dichosa olla al fuego. Pero eso no era todo, noooo... aún faltaba el sofrito para la pasta.... ¡¡Sofrita estaba yo ya!!...
Pues nada, que no se diga... ahí estábamos el trio la,la,la, con más moral que el Alcoyano; congeladas y mirando el dichoso recipiente... hubo un momento en que nos miramos las tres, y debimos vernos tan penosamente cómicas, que estallamos en carcajadas. Recuerdo que les dije:
-En algún sitio he leído que los que mueren de frio, mueren riendo... ¿Nos estaremos congelando?...
Vuelta a reír, esta vez acompañadas por ellos, que también veían el panorama.
Mientras la olla continuaba al fuego, los chicos se fueron a dar una vuelta por los alrededores, lo suficientemente cerca para oírnos si les llamábamos para comer (bueno a esa hora ya, merienda cena) En eso que, una ráfaga de viento algo más violento de lo normal, nos tiró la olla... por cierto, que antes no lo había dicho, el suelo estaba cubierto de nieve... y, aaalaaaa... tooodos los macarrones por el suelo... ¡¿Ahora qué hacemos?! Esto ya no tiene vuelta atrás... ni nosotros viandas alternativas... je je je... como por fin ya estaban... los recogimos como pudimos y los volvimos a echar a la olla... claro, todas con el gesto torcido y decididas a no comer macarrones ese día. Pero después de toda la espera, no les podíamos decir a ellos que no había comida, la impresión hubiese estado garantizada... pero no en el sentido que ellas querían... así que... chitón.
Bueno, llega la hora del sofrito... vamos que los macarrones ni para el resopón... y nuestros estómagos en plan sinfónico, y los chicos a los que se pretendía impresionar, impresionantemente famélicos y de mal humor... pues ale, a por el sofrito... y es entonces cuando se ve de verdad que las otras dos, de cocina ni pum... ¡¡¡Uuussshhh... sere lela, si es que estas cosas siempre me pasan a mí!!!... así que las pongo en plan pinche de cocina y yo de cheff. A una de ellas se le va la olla... la suya propia... y se vuelve loca pelando y partiendo cebollas:
-¡Rosa mujer, deja ya las cebollas! Que encima cundo vengan los chicos se van a pensar que te hemos estado sometiendo a tortura... anda hija para ya, lávate la cara y deja de sorber.
-Si es que, en mi casa, gustan los macarrones con mucha cebolla.
-Bueno vale, pero es que esto ya está siendo cebolla, con algún macarrón. No sigas mujer. Relájate.
Total, dos horas más tarde, los macarrones estuvieron listos... no está mal, sólo eran las doce menos cuarto de la noche... Será que no es bucólico comer macarrones, en el Pirineo, a la luz de las linternas y muertos de frío... p'habernos matao. A todo esto, los chicos mosca, porque después de tantas horas de elaboración, las chicas no queríamos comer... je, je, je... pusimos como excusa, que tras tanta cocción, se nos había ido el hambre... pobrecillos, que ilusos. Creo que se enterarán ahora si leen mi blog....
Bueno, lo recogimos todo, y dejamos el fregoteo de cacharros para el día siguiente. Básicamente porque estábamos helados y no se veía nada.
Al día siguiente, recogemos las cosas, las cargamos en el coche, y vamos a fregar los cacharos al río... ¡¡La leche!!... un poco más y nos quedamos sin manos... ¡¡Que fría está el agua!!
Total, que fregamos todo lo mejor que pudimos... que no es lo mismo que fregar a conciencia... como quedó demostrado horas más tarde cuando en el bar de los cafés, por motivos de reajuste de equipaje, se nos cayó la tapadera de la olla y del interior del borde salió rodando, hasta mitad del bar medio desierto, un solitario y triste macarrón chivato.... ¡¡Gluppsss... tierra trágame!!...
Je je je... creo que volvimos a entrar en el coche, a más velocidad de la que salimos, para poner pies en polvorosa lo antes posible... ¡¡Qué bochorno!!... el café con leche calentito, sería en el pueblo siguiente, donde no nos conociera nadie... si es que no se habían enterado ya con el estruendo que hizo la dichosa tapadera al caerse... ¡¡Qué desastre!!
Y... colorín colorado... (Tanto como colorados nos pusimos nosotros)... esta lidiada ha terminado.
Anexo: Bueno, yo creo que impresionar, lo que se dice impresionar, los impresionamos bien. Tanto, que todas acabamos casadas con ellos... hasta yo, que ni siquiera me lo había planteado.
Eso si. Nos hicieron prometer que, en sucesivas excursiones, las provisiones iban a ser, poco menos que las que llevan las naves espaciales en sus expediciones, hidrosolubles incluidos... y es que... no es paaaa meeenosss.
Hacía tiempo que no os contaba ninguna… ¿No las echabais de menos?... Je, je , je…
Pues veréis: Ayer por la tarde, estuve ayudando a mi hija a cambiar la decoración de su habitación… Ayyy, ya yay… Que síii que ya lo séee, que se me hace mayor… Uno de los cambios fue, retirar de la pared todos los dibujos de Disney que yo le había ido haciendo a lo largo de quince años, y sustituirlos por… por... ¡¿Por quien va a ser?!... Claaaro, los posters de los "Jason brothers", que es lo que se lleva, y son sus favoritos… ¿Lo veis como se me hace mayor?… Su ídolo, ya no es su papá… Para desolación de este… Pobrecillo, no le queda nada… Si supiera que esto no ha hecho más que empezar. Además apunta maneras la joia, no le gusta uno, no... le gustan TRESSS... ¡¡Di que si!!
Esto me hizo retroceder en el tiempo…Naaada, solo un poco, finales de los setenta, principios de los ochenta (¡¡Me niego a decir del siglo pasado!!)… Y recordar mi propia etapa de teenager… ¡¿Qué pasa?!... ¡Yo también la tuve! No siempre fui así de grande... Y mi, “oscuro objeto del deseo” entonces, se llamaba Camilo Sesto… ¡¡¿Otra vez?!!... ¡¿Qué pasa?!... Menuda voz tenía (bueno, eso aun hoy la tiene) el muchacho… ¡Y bien bueno que estaba en ese momento!... Mira oye… Unos envejecen normalmente y otros se autodestruyen en los quirófanos, por no querer hacerlo… Qué le vamos a hacer… Pero lo cortés (tiene su gracia. Como buena fan me conocía toda su vida y obra, y su verdadero nombre es Camilo Blanes “Cortés”) Como decía, lo cortés no quita lo valiente…
Por entonces existía, casi empezaba, la revista “El Gran Musical”, que era la versión en papel de “Los 40 principales”. ¿Quién no recuerda (de los que ya no tienen acné en la cara… je, je, je) a Joaquín Luqui en la radio diciendo, con su voz característica, aquello de “¡Poster Super a todo color de…!"
En esa ocasión fue Camilo Sesto, y la imagen, la que figuraba en la carátula del LP que lanzaba en ese momento… “¿Quieres ser mi amante?”... Toda una provocación para sus fans. Ya os podéis imaginar lo que contestábamos todas a coro a tan provocadora pregunta
.
Este era el poster
“El Gran Musical” comenzó siendo un poster gigante plegado en cuatro (Desplegado medía aproximadamente unos 80 x 70 cms. Quizás más) que al dorso incluía toda la información del personaje. De ahí pasó a convertirse en periódico y más tarde en revista a color.
La verdad es que para la época no estaba nada mal, y desde luego era infinitamente mejor que las que la misma Cadena 40 ha venido sacando con posterioridad… (Tras la acotación crítica continuo con la batallita…) Imaginaros la felicidad que suponía para una fan, disponer de una imagen de su ídolo con dimensiones panorámicas…
-Un alucine oyes, os lo aseguro... Super super… (Dios, que grave es esto de la edad del pavo… Sigo sin explicarme como es que salimos vivos de esa enfermedad… Menos mal que se cura con el tiempo… Bueno, no a todos, hay a quienes se les convierte en crónica)
Bueno pues, tras conseguir el monumental trofeo, había que decidir donde ponerlo para poder contemplarlo mejor y, con esta originalidad que siempre me ha caracterizado, no se me ocurrió otra cosa que, la brillante idea (de bombero) de quererlo poner en el techo…
Sí, sí, como lo habéis leído…¡¡Buaaah, genial!!... Así lo podía mirar a mis anchas mientras estaba tumbada… Y lo que es mejor… ¡Mientras me dormía!... Oooohh, quéee romáaaantico… La cara de mi ídolo iba a ser lo último que viera del día… Así, todos tendrían un final feliz…(Siii, qué pasa... yo también he sido giliwatios.. todos tenemos un pasado... ¿Valeeee?)
Je, je, je … Desde siempre, cuando me empeño en algoooo…. Así que al rato de estar el poster en mi poder... ¡¡Eurekaaa!!... ¡Lo conseguí!... Pero... Tengamos en cuenta unos pequeños detalles:
-En aquel momento no existían ni Bricomanía, ni Leroy Merlin, ni los maravillosos adhesivos que nos enseñan en cada programa…
-A parte de eso, también había que tener en cuenta el peso considerable de un poster tamaño elefante y aunque, insisto, siempre he sido muy ingeniosa pues… Su majestad Dña. Gravedad, tiene mucho peso y... claro, todo tiene un límite. Hasta mi ingénio.
Mientras; mi madre me miraba como debe hacerlo un médico cuando pierde las esperanzas en la curación de un paciente y me decía que estaba como unas maracas.... ¡¡Juasss!!... ¿Quién yooo?... No sé por qué.
Bravo... El invento aguantaba bien, y yo me inflaba como un pavo (cosas de la edad) al ver que mis amigas flipaban con mis inventos.
Ummmm... qué sensación... tumbase en la cama y poder contemplar, tan cómodamente a mi ídolo... bufff.. genial, pero... como ya he dicho, todo tiene un límite y…
Al séptimo día… (bueno noche… porque, como dice el título, fue con nocturnidad y alevosía, cuando ya estaba en plena orgía con Morfeo) va “Don Camilo” y…¡¡Zasss!! ¡¡Se me cae encima!!... Je, je, je… Eso si que fue “cubrirme”, pero como una manta zamorana…
Bueno, bueno, bueno… ¿Como os podría describir el susto?... Si hubiese sido una gata, me hubiese encaramado encima del armario... Un poco más y a la que tienen que despegar del techo, pero con estpátula, es a mí... ¡¡Qué susto!!
Ahora no lo recuerdo con precisión, (je je je es que ha llovido un pelín desde entonces) pero debí dar algún grito que, aunque no muy agudo, en el silencio de la noche se debió escuchar bien, porque, aun no había encendido la luz, que ya mis padres estaban allí… Con cierto sobresalto al principio, claro… Pero, se les pasó inmediatamente al encender la luz y ver lo que había ocurrido… Sustituyendo la alarma inicial por tremendas carcajadas… (No era para menos)
Si, cuando conseguí mi propósito, alucinaba y me auto-felicitaba por el resultado… No me daba besos porque no alcanzaba pero... bufff
Imaginaros el cabreo; yo aun con el corazón trotándome en el pecho, con el poster encima, y mis padres en la puerta poseídos por un ataque de hilaridad… Cuando por fin consiguieron hablar, fue mi padre el que dijo:
-Espero que hayas aprendido y dejes los inventos del TBO para el Dr. Franz de Copenhague…
Je, je, je… Aprendí, ya lo creo que aprendí… Dos cosas y por la vía rápida:
-Primero que tengo un corazón a prueba de bombas…
-Y segundo, pero no menos importante; que los posters están mejor en la pared… Total, mientras tenía los ojos cerrados para dormir, no lo veía… (dijo la zorra… ¡Baah, están verdes!…je je je)
Basta encontrar la gente adecuada, con chispa, una maleta juguetona y... ya tenemos los mejores ingredientes para convertir una escapada de fin de semana normal, (bueno un poco más larga) en algo excepcional y lleno de emociones de todo tipo.
Lo de la gente adecuada, está hecho. Tess, mi querida y divertida bruja gata, y mi estimado Navegante, como anfitriones no tienen precio.
Con ella; la fiesta, la diversión y la juerga están aseguradas. Baile hasta altas horas, quemando los malos rollos, utilizando toda la adrenalina que acumula nuestra alma bruja como combustible para no parar en la pista.... Uuuffff, y qué bien se queda una después... ¿Verdad gata?... ¡¡Y que nos quiten lo bailao!!
Con Navegante, la diversión es de otro tipo. Charlas interminables, sobre las cosas más diversas, con alguna que otra enganchada... je je je... es que si no, no seríamos nosotros. Pero debo decir que tengo la inmensa suerte de ser amiga de una enciclopedia con patas (una de ellas un pelín perjudicada, bien es verdad... pero en vías de solución) y que además tuviese ganas de hacerme de guía en el Museo del Aire. La gata ya me había puesto los dientes largos meses antes sobre su forma de vivirlo.
El caso es que con cualquier otra persona puedes pasar por ese museo, pero con él, es el museo el que pasa por ti... Impresiona la cantidad de cosas que llega a saber sobre todo en general y sobre esto en particular. Además, por fortuna para mi; su paciencia no parece tener límite a la hora de responder preguntas de una curiosa compulsiva como yo... je, je, je...
Pero al principio, como recordaréis, yo hablaba de un viaje de aventuras y aquí viene la primera... Claro, en un museo como ese todo está relacionado... supongo....
Para empezar, está ubicado en un lugar llamado "Cuatro vientos"... bien ¿No? Totalmente coherente... pero es que además, como el que no quiere la cosa, te puedes encontrar inmerso en un despegue fulgurante, seguido de un aterrizaje forzoso... Ummmm... estrepitoso, diría yo.
Es una especie de sorpresa que te tienen reservada en la cafetería del recinto. Un despegue, en el que puedes acabar en una posición similar a la de un lanzamiento espacial... pero es epecial; con mesa y bancos incorporados... Una forma original donde las haya... de añadirle algo de emoción a un acto tan sencillo como hacer un alto para tomar café.
Menos mal que el camarero, supo tranquilizar nuestro magullado ego, diciéndonos que no éramos las primeras víctimas del día de esa señora caprichosa llamada "Gravedad". No, no tiene manías; lo mismo tumba a todo un militar con graduación (se la habían pegado unos minutos antes que nosotros) que a un par de visitantes... rasos... (nunca más rasos que cuando estábamos en el suelo... jope, qué susto)... Lo que no dijo el camarero fue, cómo llevaba la contabilidad de las víctimas... Seguro que haciendo rayitas detrás de la barra de la cafetería, cuando la risa le permite tener el pulso firme... como si lo viera. De lo que no cabe duda es que fuimos visitantes obedientes y disciplinados... Allá mismo, ante nuestras narices, había un letrero donde se leía bien claro:
"Al terminar, dejen la mesa limpia"
Y vaya si lo hicimos... no quedó absolutamente nada encima... todo pasó a estar debajo... incluso nosotros. Como en aquella lección de Barrio Sésamo...¿Os acordáis?
Afortunadamente, sólo fue un susto, con poco más que unos rasguños en un brazo (el de la enciclopedia con patas) y el amor propio herido.... De hecho, al mío, creo que le está saliendo un morado... pero es complicado verse el amor propio uno mismo... Espero que todo haya quedado en eso, un susto, que en los tiempos de las cámaras de seguridad, nunca se sabe... ¡¡Cielos, no!!... ¡Qué bochornooooo!... Sin duda, una visita inolvidable... je , je, je, je, je,.... Upsss... perdón...
Y así; entre anécdotas, charlas, paseos, chocolate con churros en lugares típicos, San Ginés nada menos... uuummmmm que ricooooo... pasó este finde maravilloso.
Llega la hora de las despedidas, siempre dolorosas (y mi amor propio, no tenía nada que ver en ello... aunque seguía doliendo) y es aquí cuando toma protagonismo mi maleta revoltosa. La otra aventura del viaje.
Desde la llegada, le había perdido la pista a mi funda de móvil, y a la hora de recogerlo todo para marchar, seguía sin tener noticias de ella. Se lo dije a Tess, y ella me contestó que bueno, que estaría atenta. Le comenté que tampoco se esmerara demasiado, que ya era hora de un cambio, han pasado cuatro móviles por la misma funda.
Así que cerré maletas, besuqueos, abrazos y lagrimillas de despedida y... ¡Ala! Camino de regreso.
Perfecto, milimetrado, todo a pedir de boca. En poco más de media hora ya estaba delante del arco del estriptis del aeropuerto. Justo, cuando le tienes que mostrar el DNI al señor que te dice pasas o no pasas... recuerdo de golpe que mi documento estaba provisionalmente en la funda desaparecida... ¡¡Cielos!!... sudores fríos repentinos a escasos veinte minutos del embarque... ¿Y ahora qué hago?... Ooooommmmm... Pongo mi mejor cara de pena, digo que mi DNI está en casa de la amiga donde me he hospedado, pero que no hay tiempo de ir a buscarlo, ni de coña... je je je... El buen señor me mira y me dice, a modo de consuelo, que las mujeres guapas no necesitan ese documento... Je, je... Sonrío y le digo que si me firmaría eso en algún documento... él también se ríe... y me informa que vaya a la comisaría que está delante mismo y les exponga mi problema... Lo hago, con cara de estar pidiéndole un milagro a Lourdes, y el agente que me atiende vuelve a decir que con las mujeres guapas no hay problema... Rápidamente pienso, espero que lo de guapa lo diga por mí, porque también podría ser: Las mujeres guapas no tienen problemas, pero tú sí....
Afortunadamente, yo estaba dentro del calificativo, según el criterio del Sr. Agente... uuffff... Pero después del piropo retrechero añade: por nosotros no hay problema, lo que pasa es que Ryanair están un poco tiquismiquis últimamente, y es posible que no te dejen pasar. De todas formas, como es vuelo de regreso, ve a su ventanilla, exponles tu problema, y según lo que te diga vienes para cursar la denuncia de extravío... a todo esto el reloj seguía corriendo... voy a la ventanilla correspondiente, vuelvo a relatar mis problemas, y el auxiliar que había en el mostrador, me sale otra vez con lo de la guapura... joe... alucino... pero bueno... ¿Qué han desayunado todos hoy?...
El caso es que aceptan el certificado de pérdida como mi DNI provisional... vuelvo al señor del principio, y no solo se alegra de que todo haya salido bien, si no que me abre paso en mitad del serpenteo para que ataje camino... ¡No me lo podía creer!... ¿Qué me estaba pasando?... No soy partidaria de conseguir las cosas por mi cara bonita (entre otras cosas, porque no me gusta perder el tiempo... ) pero... la cosa era urgente, así que... Pero yo seguía alucinando... joe... qué amable es la gente, sobre todo si tenemos en cuenta que es lunes a las siete de la mañana... ¡Así da gusto!
Total, que el avión me estaba esperando A MÍ, pues el chico del mostrador, ya les había puesto sobre aviso de que existía una pasajera deambulante con la misma letania que E.T; "Mi caaasaaa"...
En fin; no tengo DNI, pero puedo volver a casa... será mejor que no me lamente en absoluto y de gracias a mi suerte de este día...
Llegada a Girona, cinco minutos antes de lo previsto... Biennnn... luego, no les hice retrasarse demasiado... o el piloto es un loco peligroso, pero fantástico.
Llegada a Barcelona, con una hora de retraso... caravanas de hora punta en las rondas.... Llegada a la estación para desplazarme hasta Castelldefels a las doce y media... y... Noticias, que ya ni son noticia, de que los trenes están parados... ¡¡Maravilloso!!... pues ala, a esperar... tiempo para aburrirme y para pensar. Pensar y darme cuenta de sopetón, que no recuerdo donde están las llaves de casa... ¡¡La leche!!... ¡¿Pero qué me pasa a mí hoy?!... ¿Habré pisado mi...?.... Pues venga, a buscar y rebuscar en el bolso de mano... nada...
Buscar, rebuscar y requeté buscar en la maleta... nada... nada de nada... pero... ¡¡Sorpreeesaaaa!!...
Aparece la funda del móvil, con mi DNI dentro... ¡¿Se están cachondeando de mi los elementos. O qué?!....
Se había escondido en la parte dura de dentro de la bolsa... jope, pero si yo no lo puse ahí...
Bueno, respiro de alivio por un lado, ya vuelvo a estar documentada... pero por el momento, o encuentro las llaves o paso a las filas de los sin techo, por lo menos hasta media noche... a todo esto el tren, llevaba ya dos horas de retraso... y subiendo... Pues nada, a aprovechar el tiempo... buscar, buscar y rebuscar....Nada que no... A ver Lidia... las cogiste, las tienes que tener en alguna parte, respira hondo... oooommmm.... Jope, nena, que eres virgo... ¿Dónde quedó lo de metódica y ordenada?... pero si lo soooyyyy... ¡¿Y mis llaveeesss?!!... Casi he estado tentada de hacer un despliegue de ropa en la estación... Oye, si vendo algo, y encuentro las llaves, lo mismo me puedo ir a casa en taxi... Explotaré la vena catalana...
Pero no, no tenía valor... si es que en el fondo soy muy tímida... No monté el tenderete, pero seguía buscando... y de todos es sabido que el que persigue... O el que busca... y todas esas cosas que se dicen en estos casos. El caso es, que las puñeteras llaves se habían metido en un agujerito de el fondo de la maleta... agujerito nuevo, claro. Ese no lo tenía controlado aun.
¿Lo veis como es una maleta para ir de aventuras?... y si el viaje resulta aburrido, el entretenimiento corre a cargo de ella....
Conclusión: ¿El viaje para encontrarme con unos amigos muy queridos? Genial, maravilloso, fantástico, entrañable...
¿La vuelta a casa?... Lleno de sobresaltos y emociones. Vamos, para olvidarlo, o para recordarlo entre amigos ante unas copas y morirte de risa...
Seguro que eran los duendes envidiosos de los amigos que tengo y estaban empeñados en tomarle el pelo a esta bruixa... Lo cierto es que, cuando he llegado a casa, y he cerrado la puerta, me he sentido como cuando éramos pequeños en los juegos de pillar; que decir casa, era la salvación total y nada más te podía pasar....
¿Lo veis como es cierto, que una maleta puede convertir un viaje en toda una aventura?
P.C.: Gracias Tess, gracias Navegante... compartir con vosotros siempre es un placer que crea adicción... Os quiero.
La lidiada de hoy, tiene tintes de cine de Berlanga. Veréis, como ya he contado en otras ocasiones, nací y viví hasta los once años en un barrio de barracas. Uno de los últimos en desaparecer de Barcelona.
Cuando mis padres se construyeron la casa (o como queráis llamarle a aquello... era muy acogedora, tanto mi padre como mi abuelo eran unos manitas y eso se notaba) en aquella barriada todo eran familias humildes, humildísimas que hacían cuanto podían para salir adelante.
Con el tiempo, lo que entonces se llamaba "El patronato" fue dando pisos de bajo coste a las familias. Decían que las barracas las tirarían en cuanto hubiesen dado el último piso a la última familia... Pero eso no fue así... Barraca que se quedaba vacía, troupe de gitanos que se instalaban con el beneplácito de las autoridades
Ya podéis imaginar lo que ello suponía; problemas de tolerancia, problemas de adaptación, distintos niveles del concepto "propiedad privada", distintos niveles del concepto "esperar turno"... en fin, que la convivencia entre vecinos se fue enrareciendo. Por fortuna, las familias gitanas que habían a mi alrededor inmediato eran de las que tenía autenticas ganas de integrarse, y con estos nunca tuvimos problemas, pero... y mira que me pesa reconocerlo... no todos eran igual.
El caso es que un día, haciendo cola para llenar nuestros cacharros en la fuente (No había agua corriente y los lunes había colada, así que había que hacer acopio de garrafas y garrafas de agua durante todo el domingo) Una mujer gitana que estaban delante nuestro, se empeñó en tomarle el pelo a todas las que tenía detrás y empezó a dejar pasar a toda su familia, es decir, madre, hermanas, primas... con el consiguiente mosqueo por parte de todos los que estábamos detrás, que en realidad estábamos siendo los verdaderos primos... Bueno, mosqueo de todos los mayores, porque a los niños ya nos estaba bien, así teníamos más tiempo para jugar entre nosotros. Hablo de los niños que acompañábamos a los mayores a la fuente.
La guasa duro demasiado, tanto que hasta mi madre, una persona con genio, pero que jamás se la oía ni se metía con nadie; acabó llamándole la atención a la mujer que colaba a toda su prole... Esta le dijo que si no le gustaba que se fuese a su casa que ahora la fuente era de ella... Mi madre contestó que ya estaba bien de tomar el pelo a la gente... total que la cosa se lió, las voces subieron de tono, y cada vez eran más gitanas coléricas rodeando a mi madre... Ni qué decir tiene que yo estaba espantadísima, sólo tenía ocho años y jamás había visto a nadie gritar de esa manera a mi madre.
Tuve que pensar rápido... Salí corriendo en busca de la pareja de guardias nacionales, entonces aun vestidos de gris, que paseaban arriba y abajo durante todo el día para mantener el orden (Los pusieron cuando los vecinos nos quejamos del ambiente de inseguridad que se vivía en la barriada) Al principio no sabía hacia donde debía correr, pues no sabía en qué parte de la calle podían estar.
El dueño de la carbonería me hizo señas de la dirección y salí escopeteada, hasta que di con ellos.
Claro, cuando conseguí llegar a su altura los resuellos por la carrera, no dejaban que se me entendiera nada... el tiempo era oro... respiré hondo y repetí lo que ocurría a los dos guardias. Ellos me dijeron con mucha sorna, que ahora cuando fuesen de bajada en su paseo pendular, mirarían a ver qué pasaba... -¡¡¡Comooo!!!... yo hacía ya unos cinco minutos que me había ido, no sabía cómo seguía la trifulca, ni siquiera sabía si habrían llegado a las manos con mi madre, y aquellos dos grandullones diciéndome que ya pasarían en su itinerario... ¡¡Grrrrr!!... No lo pensé dos veces, pero la patada en la espinilla que le di a uno, creo que aun le debe estar doliendo... Pero es lo único que se me ocurrió. Por supuesto yo salí como alma que lleva el diablo, pues mi intención era que me persiguiera hasta donde estaba mi madre... Por desgracia yo corría mucho, pero sus piernas eran más largas y me atrapó un poco antes de llegar. Me llevó de una coleta el resto del camino. Entonces sí que quiso saber donde estaban mi padre o mi madre para llamarles la atención sobre mí, y yo le dije... -¡¿Pero no se lo estoy diciendo?!... ¡Mi madre está en la cola del agua, y como no vayamos pronto, no sé si va a poder hablar con ella porque se la habrán cargado!... Creo que mi contestación no le gustó mucho, porque el tirón de coleta fue aun más fuerte, y así me llevó hasta la fuente...
Cuando llegamos, mi madre estaba en serios problemas, creo que algún tirón de pelo se había llevado (vamos que estábamos las dos igual) pero la presencia de la policía, aunque fuese llevándome a mí de la coleta, hizo que las gitanas parasen de atacar a mi madre...
Bueno, el caso es que todo se calmó, y hubo broncas y amonestaciones también para ellas.
Cuando la cosa se apaciguó con ellas, el que me tenía cogida se dirigió a mi madre, que aun estaba algo alterada, para decirle que la próxima vez sacara a la niña en jaula o con correa... Mi madre les fulminó con la mirada, pero fue el otro guardia, quizá de menor rango, no estoy segura, el que le dijo... Vengaaa Joseee, no seas tan duro ¿Tú que hubieses hecho?... Situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas... Bufff... tras esto, por fin soltó mi coleta.
Al final, parece que les hice gracia y todo, porque cada vez que les tocaba patrullar a aquella pareja, siempre me gastaban la bromita del tirón de coleta, o de trenza, según tocara ese día... pero mucho más suave, claro y después siempre había alguna chuche de regalo para mí...
No. No. Definitivamente, entre todas mis habilidades, no está esta...
Ayer, sin ir más lejos, hice la última prueba... ¡Buuuaah! Un verdadero fiasco. Por más que mire el libro, lo estudie, lo relea. Por más que ponga todo el mimo y cuidado en tamaños y medidas, por más que me empeñe... siempre que tiene que subir algo...¡Plooofff!... ¡Nah!... Nah, de nah.. Gggrrrrr...
En cambio como tortillera no tengo precio. ¡Soy genial!...
Por eso pido ayuda:
¿Alguno de vosotr@s podría darme sus sabios consejos en el tema?
Estoy segura de que entre tod@s, algun@ habrá que se le dé mejor que a mí... ¿No?...
¿Eeeh?... ¿Qué?... ¿Qué ocurre?... ¿Por qué me miráis así?...
¡Pues no!... No sé hacer bollos, ni pasteles, ni bizcochos; ni nada que tenga que subir o crecer... o inflarse... ¡Vaya! Que la repostería no es lo mío... Por muy bruja que sea.
En cambio, soy una tortillera portentosa. Capaz de hacerlas de hasta 4 docenas de huevos con la corrsepondiente cebolla y patata. Todo en proporción. Sin ayuda de nadie, más que para voltearla, que la cosa se las trae, pero me las ingenio bien; me quedan redonditas, doraditas, esponjosas, sabrosas... Gooordaasss...
Pero como bollera... ¿?... Nah de nah de nah... ¿Qué pasa?... ¿De qué os reís?...
Como iba diciendo; ayer, sin ir más lejos, hice en bollería mi último experimento, bufff, afortunadamente no explotan, pero creo que le faltó poco:
-El libro, bien abierto por la página en cuestión, bien visible, para no perderme detalle.
-Los ingredientes; pesados y medidos con esmero. Puestos, primorosamente, uno al lado del otro; básicamente, para estar segura de que no me faltaba ninguno. Vamos, que estaban tan ordenaditos, que parecía que iban a hacer un desfile para el programa del Arguiñano.
-Los huevos a temperatura ambiente (¿Y esas risillas?... Que os veeeooo) La mantequilla y la leche, también. La harina tamizada, y las claras a punto de nieve, en su punto... De eso, de nieve.
Todo lo fui mezclando cuidadosamente en el orden y la forma que decía el libro... ¡¡Jozúh!! Que a la mezcla solo me faltó cantarle una saeta... Aunque; ahora que lo pienso, creo que, menos eso, le canté de todo... Es que sufro de incontinencia cantora. Sobre todo durante las tareas domésticas. Ya sabéis; quién canta su mal espanta. Aunque no era este el caso... Bueno a lo que iba:
El molde atemperado y enharinado, la mezcla en su punto, el horno caliente... Llega la hora de la verdad....
-Lo meto en él a la altura correspondiente, según aconsejaba el libro. Cruzo los dedos. Y me juro a mí misma; no volver a abrir la portezuela, así se me achicharre el bizcocho... Siempre me dicen, con poca paciencia, que ese es el problema; que soy demasiado impaciente... ¡Manda huev...!!... Que abro antes de tiempo y, claro, provoco un “horneatus interruptus” O sea, que le corto el rollo a la cocción...
Así que, no abrir la dichosa portezuela era ya una cuestión de principios, de fuerza de voluntad; algo así como esforzarte por no mirar el final en una novela de intriga cuando vas por el primer capítulo...
No abrir la puerta... No abrir la puerta. No abrir la puerta... Pero sobre todo... No abrir la puerta....
Puse el reloj avisador en marcha, y me largué de la cocina, para no caer en tentaciones; que aunque Wilde, el Oscar, dice que están para caer en ellas; no era plán.
Cuando, hasta el salón, empezó a llegar el olorcillo a rica repostería, me acerqué a mirar... Noooo, que nooo... Que no abriiii... Que miré por el cristal de la ventanilla... ¡¡Del coche no, bobos!! ¡¡Del horno!!... Que tiene una.
Y también tiene una lucecita; para poder ver lo que hay dentro, sin tener que abrir... ¿Qué porqué no lo utilicé antes?... ¡¡Y yo qué sé!!... ¿Por qué os creéis que dicen que soy una impaciente?...
Bueno; el caso es que fui, cruzando los dedos a la vez que rezando una oración. Miré por el cristal y...
¡¡Bingo!!... ¡Estaba subiendo!... ¡Estaba subiendo!... ¡No me lo podía creer!...
Estaba tan emocionada, que hice venir a mi gente para que lo vieran y se lo creyeran... Que, luego aún pensarían que lo había comprado...
-¡¡Biieennnn, mamá!!... ¡Qué buena pinta!... ¡Lo has conseguido!...
-Bueno, enhorabuena. Parece que hoy merendaremos bollo...
-¿Qué queréis que os diga?... Yo, hasta que no lo vea troceado y con nata... Estoy tan escarmentada... Que yo, de vosotros... No soñaría con él, por si acaso. Por lo menos hasta que no lo viera en la mesa... Aunque, reconozco que, de todos los que he hecho hasta ahora, este, es el que pinta mejor...
Je, je, je... Tendríais que habernos visto a los tres; parecíamos padres primerizos delante de una incubadora...
Llegó el momento.
Dejo que baje un poco la temperatura interior, antes de sacarlo... Ummmm, parece que se mantiene arriba... ¡Esto promete!... ¡Y sin viagra!...
Mientras; preparo los cafés, la leche con cacao, y la bandeja.
Por fin, lo saco orgullosa y lo deposito en el centro de la mesa... Hasta estoy tentada de sacarle una foto... Comprendedlo, era el primero... Quiero decir, el primero que salía con ese aspecto tan lustroso y fotografiable... Los otros también lo eran; pero como catalogo del museo de los horrores... El no tener la cámara a mano, y la acusación de exagerada por parte de mi marido, me hicieron desistir de los minutos de gloria.
Pues hechos los honores, solo quedaba entrar a matar. Y entré... ¡Vaya que si entré!...
¡¡Eeehh!!... ¿Qué esperáis!... ¿Qué esté duro?... Je, je, je, pues os equivocáis, agoreros. Porque estaba mas tierno que un capítulo de “La casa de la pradera” en el día de la madre. Pero...
Pero; cuando tracé un corte transversal, y saqué del molde una de las dos mitades... Estooo...
Resulta que el bizcocho, era una lámina cóncava, que no tenía más de dos centímetros de grosor... ¡Se había inflado, sí!... Pero de tal manera que había dejado un túnel debajo; que para ellos lo quisieran los constructores del AVE Barcelona-Sagrada Familia...
¡¡Jooopeee!!... Yo sí que me desinflé... Al tiempo que exclamaba mi renuncia a ejercer de bollera, para los restos... Nada, que no; que la repostería no es lo mío...
Bueno esto fue momentos antes de que todos estalláramos en carcajadas ante semejante fiasco. Afortunadamente, nuestra merienda, no dependía solo y exclusivamente de mis dotes reposteras...
¿Algún experto podría decirme, qué diablos le ocurrió, a mi bizcocho bromista?...
Evidentemente, no era este mi bizcocho... Este lo ha cocinado el Chef Google...
Pero esta si es una de mis tortillas, sólo de 12 huevos ¿Chula eeeeh?
NOCHES DE BLANCO SATÉN... (Siempre que el mar esté en clama...)
Llevábamos ya varios meses en Gran Canaria y habíamos decidido pasar el fin de semana en Fuerteventura. Para ello, optamos por desplazarnos en ferry el cual tardaba unas 8 horas en el trayecto, por lo que elegimos tomarlo al atardecer, dormir en el barco, y llegar descansados a Puerto del Rosario por la mañana. Claro que había otros medios más rápidos, pero nuestros recursos eran los que eran, así que bueno, ya nos pareció bien.
En el camarote me sorprendió (nos contrarió) que, “la cama doble”, fuesen dos literas. Pero como estaba completo no pudimos cambiar nada. Así que, como suelo hacer...
Al mal tiempo buena cara... O salida inmadura. Como queráis… El caso es que me hacía gracia dormir en la litera de arriba. Para mí era toda una novedad… Je je je… Ya digo… Y es que, aun ahora, en este tipo de cosas sigo siendo igual. Hasta el punto de que, en ocasiones, es mi hija la que me llama al orden a mí…
Bueno, a lo que iba, que me desvío.
Con esta fantasía que me caracteriza, yo ya me imaginaba una noche a lo “Vacaciones en el mar”. Por eso me había preparado mi mejor conjunto de salto de cama; largo, blanco, sexi y… De satén…
Je je je je… ¡Qué ilusa! Claro, yo no contaba con que iba a dormir (es un decir) en el camarote de Popeye… Para acabarlo de arreglar, el mar esa noche, estaba bastante revuelto… Total que; el solo hecho de subir a la litera, que estaba colocada en el sentido de la marcha del barco, se convirtió en toda una odisea a causa del balanceo marino y de lo que resbalaba el dichoso satén....
Pero no creáis que eso fue todo, noooo... Una vez arriba, la faena era mía para mantenerme quieta en el mismo sitio. El movimiento del barco y lo resbaloso del camisón me lo estaban poniendo realmente complicado… ¡Cielos! Era como intentar agarrar una pastilla de jabón con las manos mojadas…
Cuando el barco levantaba la proa, yo me deslizaba sin poder evitarlo y daba con mis pies en los pies de la cama… je je je pero luego venía el movimiento de compensación… Cuando el barco levantaba la popa, era mi cabeza la que chocaba contra el cabezal… ¡¡Aggg!!… Si seguía así, mi cabeza acabaría pareciendo un meteorito al día siguiente por los chichones... ¡Na que el puñetero satén no me permitía parar quieta!… Menos mal que el ojo de buey estaba cerrado, que si no, igual hasta naufrago…
Como podéis imaginar, a todo esto, mi esposo descoj... emmm...muerto de risa en la litera de abajo :
-¿No querías emociones nuevas?... Pues ya las tienes…
Así no había quien parara… Ni quien durmiera… Total, que decidí bajar a su litera... Je je je... Ahí sí tenía donde agarrarme... Con uñas y dientes si era preciso...
Amig@s, aprended de mi experiencia...
Cuando queráis usar sabanas y pijamas de raso o satén tened en cuenta dos cosas:
-Primero; que la cama se va a estar quietecita.
-Y segundo; si las vais a usar a la vez, o sea: pijama, camisón y sábanas… Aseguraros de que las ventanas están bien cerradas y el suelo enmoquetado… O... Dejad el salto del tigre para mejor ocasión…
De cómo, los elementos, pueden dar al traste con una velada que se prometía inolvidable… Y lo fue… ¡Ya lo creo que lo fue!...
Tras un paseo disfrutando de ver como las luces del atardecer van transformando el paisaje, dirigimos los pasos, y nuestro objetivo, en buscar el lugar idóneo para cenar. Un broche acorde con tan bucólico día.
Al fin, y sin demasiado esfuerzo, lo encontramos.
Una trattoría. ¡Bravo! Un pedacito de la bella Italia al alcance de nuestros pies.
Buena carta al uso, buena decoración... ¡Buena idea! Todo prometía…
Nos hubiera gustado poder degustar nuestra cena disfrutando un poco más del paisaje y de la refrescante brisa marina en las mesas de la terraza, pero estaban todas ocupadas y nosotros demasiado hambrientos para esperar, los más de tres cuartos de hora que, el camarero había estipulado.
Él fue quién nos convenció de pasar al interior. Era aun mas bonito y acogedor que el exterior; no tenía aire acondicionado, pero al haber poca gente y ser espacioso la temperatura resultaba bastante aceptable.
El atento maître, observando el continuo aleteo de mi abanico, nos acomodó en una mesa estratégicamente colocada donde se percibía una brisa leve.
No era lo mismo, pero bueno, tampoco íbamos a realizar una sesión de aeróbic, todo debía ser tranquilo y sosegado ¿No? Pues ya está…
¡¡JA!!... El aire, si era fresquito; siempre y cuando a nadie se le ocurriera pedir una pizza, ya que el horno para tales delicias se encontraba detrás del mostrador situado a mi izquierda… Cada vez que el maestro pizzero abría la portezuela, el mismísimo aliento de Lucifer, me susurraba al oído… ¿No tenías prisa?... Pues ahora te jo…
¿Cómo protestar a nadie si, ignorantes de ello, fuimos nosotros los que encargamos tres?...
Bueno; no pasa nada, intensifico el aleteo del abanico y ya está… Tampoco hay que ser tan quejica.
Lógicamente, el vino también contribuía a aumentar la temperatura propia. No pasa nada; mentalización, más aleteo… Y paciencia…
Al fin, llegaron nuestras pizzas, el horno dejó de caldear el aire y yo cambié el vino por una “biarra”, más al uso y por supuesto más fresquita… Todo estás bien. No pasa nada…
-¿Mamá, me la troceas? Es que el cuchillo no corta…
-¡Trae anda, que os rendís enseguida!
¡¡Jolín!!, pobre niña, tenía toda la razón. Yo, no había probado bocado todavía, por eso no sabía si era la pizza que estaba muy dura, o los cuchillos, como más tarde se demostró, que no cortaban ni la mantequilla bajo el sol…
A causa del esfuerzo, mi frente empezaba a brillar y no tenía un tercer brazo para poder accionar el abanico…
Ommmm… Vamos, vamos, no puede ser tan terrible, calma y enseguida estás…
Pero no, cada vez sudaba más. Mi esposo, apiadándose de mí, asumió la tarea de abanicador ocasional. Pobrecillo… Le daba con tanta energía que…
Que, bueno, que su copa de vino tinto, se la llevaron a partes iguales el mantel y mi pantalón, ambos de un blanco impoluto hasta el accidente.
¡¡Dioss, que bochorno!! Afortunadamente, mi asalto con la cena de la niña había concluido.
A punto estuvo de ganar la pizza, pero fui yo la que se alzó con la victoria… Y la que se quedó acalorada con tanto esfuerzo.
El incidente del vino me dio la excusa para hacer un paseo al lavabo, limpiar como pude el desaguisado y de paso refrescarme un poco. De vuelta a mi lugar… Ommm…
Trago de cerveza, airecito de abanico y… Ommmm… A por mi cena.
Nada, que el puñetero cuchillo no corta ni el aire. Pues este trasto no me conoce a mí hambrienta…
Decidida lo cojo, y entro a matar, a duras penas lo consigo… Pero lo que si consigo es que la mitad de mi pizza se deslice cual surfista por encima de la mesa y aterrice en el plato de mi marido. Allí, como si de una cría de cuclillo se tratara, desbanca a la mitad correspondiente de su plato, y esa mitad con su temperatura y todo, va a parar a la entrepierna de él…
¿Venganza?... Yo no quería. ¡¡La madre que me pa…!!
¡¡Cada vez tengo más calor y menos hambre!!... ¡Qué vergüenza!
Desisto. Paso de comer, solo bebo y rezo para desaparecer de allí cuanto antes.
Bueno, todo superado. Todo en su sitio. Aquí no ha pasado nada. Compostura, airecito y… Ommmm….
Llegan los postres, bueno, podré resarcirme, por lo menos un poco.
Pedimos todos y yo me decanto por un tiramisú helado… Ummm… Ya me relamo.
Aquí lo tengo, tomo la cucharilla y… Y…
Y se convierte en algo parecido a un sacacorchos al intentar clavarla en aquel iceberg…
Afortunadamente, el humor y la risa lo cura todo. Porque ese es el ataque que me dio al ver la cuchara y no sé si por contagio, pero a ellos dos también. Aunque yo, seguía sin ver el momento de salir de allá…
Luego, de vuelta al hotel por el paseo, un granizado de café al aire libre y las notas de Los Panchos como fondo, volvieron a reconciliarme con los elementos… Lastima que entre mis manchas de vino y las manchas de tomate de él parecíamos una pareja de leopardos…
(Lidiada reeditada, a petición de mi hija, que le hace gracia. Este fue uno de mis primeros posts en La Coctelera, hace ya más de tres años)
El principio de mi vida en pareja, coincidió con el nuevo trabajo de mi marido. Nuevos retos, mayores posibilidades, a la vez que mayor sueldo y responsabilidad que el anterior. Pero además, con frecuentes viajes.
Estos podían ser, de una semana o varios meses de duración. El hecho de que su sueldo fuese más importante, me permitía tomarme con calma la tarea de buscar empleo, a la vez que aprovechar algunos de esos viajes para hacer un poco de turismo.
Durante la semana, visitaba lugares que sólo eran de mi interés, museos, pinacotecas, bibliotecas. Y, a la vez, iba tomando nota de lo que podría ser del gusto de los dos, para visitarlo luego juntos, bien en las horas libres después del trabajo, o bien durante el fin de semana, estando así menos condicionados por los horarios
En esta ocasión, durante dos semanas, nuestro destino iba a ser Lisboa.
Bufff... Los dos estábamos encantados, pues es una ciudad que nos atraía (y nos atrae aun ahora). Hacía bastante tiempo que estaba en nuestros planes viajeros. De modo que, ni él ni yo, íbamos a perder esta oportunidad.
Cuando nuestros amigos y conocidos lo supieron, lo primero que nos advirtieron fue que:
-¡Sobre todo cuidado al visitar el barrio de La Estrela!... Procurad no ir solos, y menos a horas inadecuadas...
Por lo visto era el barrio menos recomendable para visitar, por motivos diversos, la mayoría relacionados con la seguridad ciudadana.
Bueno, ante tanta insistencia, no íbamos a eliminarlo de los lugares a visitar pero, desde luego lo haríamos con calma y mucha, mucha precaución.
Hay que tener en cuenta que hablo de mediados de los ochenta, cuando adquirir información antes de iniciar un viaje, no era tan fácil como ahora. Internet empezaba y era sólo para privilegiados, además la poca información que pudieras encontrar, no era tan pormenorizada como ahora. Así que, no nos quedaba más remedio que fiarnos de los consejos de los que ya habían estado.
Llegamos un domingo a media tarde. Nos instalamos. El hotel era precioso y bien comunicado, pero el viaje y los trámites con las maletas y demás habían sido agotadores, así que sólo dimos un vistazo a los alrededores y buscamos un lugar para cenar. Teníamos dos semanas para explorar, no había prisa.
Al día siguiente, con un sol radiante, desayunamos juntos en la terraza del hotel. Él se fue a su trabajo, y yo me preparaba, plano en mano, para mi primer día como turista. Todo perfecto.
Tomé un taxi (¿Alguien ha cogido alguna vez un taxi en Lisboa?... bufff... Están en dura competencia con los parisinos) Me trasladé a la "Praza do Rocio" Bufff... Se podría decir que un cielo amenazadoramente gris y yo llegamos a la vez a dicha plaza. Como quien avisa no es traidor, pues... ¡¡Agua vaaaa!!... Detalle importante para todo viajero, incluid en vuestro equipaje un paraguas plegable. Nunca está de más, si llueve es paraguas y si hace demasiado sol, se convierte en parasol.
Así visite el casco antiguo de la ciudad; abre paraguas, cierra paraguas. Entrando y saliendo a toda prisa de portales o bajo techados cuando arreciaba, y reanudando mi camino al clarear. Ya digo, una visita al ritmo que marcaba la dichosa lluvia; ahora un sol esplendoroso, ahora vuelta al chaparrón. En fin, como no se puede pedir climatología a la carta, había que aguantarse y aprovechar lo que se pudiera.
A eso de la una de la tarde tomé otro taxi, para acercarme al lugar de trabajo de mi marido, pues habíamos quedado para comer.
Durante la comida, me preguntó, qué había hecho y lo que había visto.
Le conté, los lugares que había visitado, pero que no fueron tantos como yo quería porque la lluvia no me dejaba.
-¡¿Lluvia?! ¿Qué lluvia?...
-¡¿Cómo que qué lluvia?!... ¡Pues la que ha estado cayendo toda la mañana!
-¡Pero si aquí no ha llovido!
-Pues chico, te aseguro que yo no me dedico a hacer turismo con el pelo mojado, y ya ves como está el paraguas que me he tenido que comprar...
Pero lo cierto es que, para mi mosqueo, en la zona de la ciudad en la que estábamos, no había ninguna señal de que hubiera llovido.
En fin, nos dedicamos a bromear sobre el tema durante el resto de la comida.
Como el horario de tarde era más corto, le dije que daría una vuelta por las calles empinadas de los alrededores y a las cinco, lo estaría esperando para visitar Lisboa al atardecer y buscar un lugar para cenar. Él volvió a su trabajo y yo, a hacer de turista.
Sólo visité un par de cafés y... ¿A que no adivináis por qué?... Pues sí, me volvió a llover. Pero paró con las suficiente antelación como para que, cuando él salió, estaba todo seco.... Grrrrrr.... Vuelta al pitorreo conyugal, al respecto de la lluvia, que parecía personal e intransferible...
-¡¡¿Es que no tenéis ventanas al mundo en esa oficina?!! ¿O es que estás en un zulo? ¡Pero si ha estado diluviando todo el rato! Y esta vez no me he alejado de esta zona.
-Si hay ventanas, pero dan un patio interior que está bajo techo y, la verdad, a penas si tengo tiempo de pestañear, menos aun para mirar por la ventana.
-Pues te aseguro que ha llovido y con ganas. ¡Mira el paraguas!
En fin, parecía una broma. El centro, nos quedaba bastante retirado de donde estábamos, así que cogimos otro taxi para que nos acercara y poder ver algo antes de tener que buscar un lugar para cenar.
De esta forma transcurrió nuestro primer día. Los siguientes, fueron bastante parecidos, a excepción de mi destino. Lógicamente para ir conociendo la ciudad, cada día era distinto, pero en el asunto de la lluvia, igual. Ahora para, ahora te mojas.
Invariablemente, estuviese donde estuviese, al acercarse la una de la tarde, yo cogía un taxi; las calles lisboetas, en algunas zonas, son verdaderas cumbres, a veces salvadas por ascensores, como es el caso del elevador da Bica, que todos habréis visto en alguna ocasión.
Con el taxi, tras dar la dirección al conductor, iba a su encuentro para almorzar juntos.
Luego, en función de cómo se desarrollase su trabajo, mi esposo salía más o menos tarde, por lo que era normal que unas veces me quedase dando vueltas yo sola por las cercanías, y otras quedábamos para encontrarnos directamente en el hotel.
También, invariablemente, la lluvia me siguió acompañando en todas esas visitas, parando... LA MUY PUÑETERA... cada vez que estaba con mi marido. Os podéis imaginar el pitorreo que se traía conmigo. O sea, que él no usó el paraguas ni una sola vez, y yo, no me lo podía quitar de encima.
-¡Oye, te aseguro que yo no metí una lluvia personalizada en la maleta cuando hice el equipaje, vale!
-Pues, porque te veo siempre con algo mojado, que si no, pensaría que me tomas el pelo.
-¡Muy gracioso! En todo caso, me lo estaría tomando a mí misma, puesto que soy la que se está mojando. Oye y cambiando de tema. Tengo curiosidad con ese Barrio de la Estrela. Lo visitaremos antes de irnos ¿No? Tomamos las precauciones necesarias, pero yo quiero visitarlo.
-¡¡Mira que eres!!... Bueno vale si te empeñas... Pero ha de ser de día ¿Eh?
-Vale, vale. Tampoco hace falta tentar a la suerte yendo de noche.
Bueno pues él partió para su trabajo, como siempre, con un sol radiante. Yo me quedé en el hotel.
Ese día aprovecharía sus instalaciones para hacer tiempo. Pues era viernes y él salía antes, así que no tenía mucho margen para hacer turismo. Decidí que visitaría un jardín bastante grande que había justo enfrente del edificio donde él trabajaba.
Al subir al taxi, le di la dirección, como siempre. El lugar era una dependencia del ayuntamiento de Lisboa.
Durante el trayecto, aproveché que con este taxista me entendía mejor que con los anteriores para preguntarle por el Barrio da Estrela e informarme de si era cierta su mala fama.
Me dijo que:
-Bueno sí, algo de eso hay, pero eso es como todo. Cada uno cuenta las cosas según le van.
-Tiene razón...-Pensé, así que estaba decidida- ¿Y me puede decir cómo se llega a él?
-¡¡Claro que sí señora!! ¡La estoy llevando allí en estos momentos!
-¡¡¿?!!....
La sonrisa que vi en el retrovisor, me confirmó que el taxista se había dado cuenta perfectamente de la situación y se lo estaba pasando pipa a mi costa... ¡¡Que bochornooooo!!
Aquí aprendí de golpe dos cosas: a tener la boquita cerrada, y a no llegar a ningún lugar con el equipaje cargado de prejuicios
O sea; que el parque o jardín que iba a visitar y que estaba en frente del edificio de cartografía no era otro que "O jardín da Estrela"...
Je, je, je... Y aquí viene el segundo flash del día.
Dada la tónica general de mis recorridos turísticos, el paseo por este parque también fue bajo la lluvia, bueno llovizna en esta ocasión. Esto no tendría nada de particular, en vista del resto, si no fuese porque, cuando miraba hacia la acera de enfrente, donde estaba la puerta por donde debía salir mi marido, el sol resplandecía. Como burlándose de mí...
El colmo fue, ver reír a mi marido desde la otra acera, iluminado por ese mismo sol traidor, al verme pasear con mi paraguas bajo la, ahora, intensa lluvia... ¿Adivináis cual fue mi primer suvenir lisboeta?... je, je, je
Cuando crucé, la ancha calle que nos separaba, me contó:
-Es que era increíble nena, todo iluminado por un radiante sol, y tú allá, con una soberbia nube gris encima del parque...
¡¡No me lo podía creer!! Os lo prometo. ¿Había una nube persiguiéndome por toda Lisboa?... ¡¡Increible!!
Mi desquite a tanta guasa de él, por esta situación tan ridícula, (bueeeno curiosa pero ridícula) como decía, mi pequeña satisfacción a tanto pitorreo, fue ver su cara cuando le conté; qué era, y donde estaba, el tan temido y peligroso barrio da Estrela... je je je, la cara de bobo que se le quedó a él, tambén fue antológica.
Afortunadamente, mi borrasca particular me dio tregua y pude visitar más cómodamente la ciudad y sus alrededores durante la semana de turismo que aun me quedaba.
Y... Así, te pido disculpas, bella Lisboa... Eres tan hermosa
No soy lo que buscas, soy lo que encuentras... En definitiva, soy; con eso tengo bastante...
Mas vieja de lo que me gustaría, pero bastante más joven de lo que les gustaría a mis "amigas"...
¿Mis aficiones?... Pues depende:
Unas son más caras de lo que me puedo permitir.
Para otras, (la mayoría) dependo sola y exclusivamente de mi misma:
mi garganta, mi imaginación, mis manos, mi esfuerzo...
Einstein y yo estamos estrecha, íntimamente ligados; por la ley de la relatividad:
Soy relativamente alta, relativamente guapa, relativamente delgada (aplíquese aquí el mismo varemo que con lo de la juventud...) relativamente feliz... Y no me quejo...
Relativamente.......
"EL QUE NO IMAGINA NUNCA, ES COMO EL QUE NO TANSPIRA... ALMACENA VENENO"... (Thruman Capote
Un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales. (Mahatma Gandhi)