Publicidad:
Terra
La Coctelera

Nada es imposible, todo puede suceder...

Para que se haga realidad, primero hay que soñarlo

Categoría: Relatos eróticos

5 Noviembre 2011

Evocación... (Relato erótico)

(Disculpad que me repita, pero es un rescate, del submundo de mi blog atendiendo una petición muy especial... Si os gustó la primera vez... Quizá vuelva a ser de vuestro agrado)

*Sugiero escuchar la música durante su lectura...

 

Todo estaba dispuesto, para que comenzara la orgía evocadora de sensaciones. En la batería del CD, dispuestos uno tras otro, todos los temas que siempre les acompañaba. Luz cálida de velas. Hasta la tarde parecía querer contribuir a completar el decorado. Ella recién bañada, con aquel olor a canela y clavo que tanto le gustaba a él.

Como en un ritual, se puso el camisón de encaje y gasa en tono vainilla, que entrevelaba su estilizada silueta, destacando el leve tinte melado de su piel.

Todo, todo, como le gustaba. La banda sonora, cómplice de tardes furtivas, sonaba en aquel momento. Sumida en un mar de nostalgia necesitaba evocar instantes vividos, para sentirse viva.

Tomó un sorbo de bourbon, en la copa misma que reservaba siempre para él y se sentó sobre sus talones, en el lugar de costumbre; el sofá integrado al pie del ventanal, dejando que el mar de sus pupilas se perdiera en aquel otro mar traicionero, allá, en lontananza. En la dirección por donde le vio marchar a faenar, como cada mañana, pero que desde hacía dos meses, no se lo había devuelto.

Una brisa suave, parecía querer hacer bailar los visillos al son de The phantom of the opera. La punta de la delicada tela, rozó levemente la piel de su hombro. Justo, el lugar más sensible de su cuello, donde él solía depositar húmedos besos. Besos que eran promesas de pasiones. Antesala de todas las sensaciones, selladas con entregas. Un leve jadeo escapó de sus labios, haciéndole mas amarga y cruel la ausencia. Traidor, su cuerpo tomaba vida propia. Como un animal adiestrado que respondía a la voz de su amo. Confirmándole la vulnerabilidad de que todavía era presa. Dejándola abandonada a la amargura de sus sentimientos... Todo el mar se concentro entonces en sus ojos, resbalando sin control por sus mejillas.

Tomó otro trago, largo urgente, como si con eso consiguiera hacer pasar el nudo de su angustia. Y un trago más... Dejó la copa en la mesilla. Recostándose, cerró los ojos e imagino que sus manos eran aquellas que ya no estaban; recorriendo de nuevo, los senderos mil veces aprendidos de su piel.

No sabía si era el anhelo, la música, el borubon; pero sentía que estaba ocurriendo algo diferente. Los suspiros y el rubor de sus mejillas, venían a confirmar que estaba llegando a sentir, como de él, las caricias propias.

El calor, adhería revelador el liviano camisón a su piel... Ohh... Si pudiera verla ahora. Estaba entrando en esa fase lánguida que a su amor tanto le gustaba. Cuando la mirada se vela, cuando los labios buscan, cuando los leves gemidos dan prueba del buen hacer.

A fuera, la tarde era fresca, como corresponde a los primeros días del otoño. Pero dentro, muy adentro, un tórrido atardecer caribeño se estaba formando.

Sus propios dedos delineaban los sensuales labios, que entregados, besaban y lamían como si de los dedos añorados se tratara. Mientras, otros dedos; intentaban calmar el desasosiego desatado en la confluencia recóndita de sus muslos.... Ummm... ¡Dios! Cuanto le añoraba...

No sabía si, producto de su estado, o por efecto del brandy, pero con los ojos aun cerrados, sintió como su prenda estaba siendo lentamente desplazada a la altura de sus senos. Justo cuando algo, cálidamente húmedo, se apoderaba de una de las cumbres, abrió los ojos y... allí estaba.

Mirándola, como solo él sabía hacerlo. Convirtiendo en realidad, lo que empezó siendo una sugestiva fantasía. Sin duda, más invocadora que nunca. Su estado de entrega era tal que... Que solo pudo manifestar su felicidad dejando que siguiera acariciándola, abrazándolo con desespero, permitiendo que entrara en ella, iniciando una danza primitiva y cadenciosa, que se prolongó más allá del estallido de los deseos, mecidos en ese instante por las notas de Unchained melody...

Dichosa, plena, feliz; dejó que el sueño la atrapara en aquel lugar creado para ella; el hueco de su abrazo, con la nariz pegada a su cuello, aspirando el aroma que tanta paz le daba. En ningún otro lugar del mundo encajaba mejor...

El sol jugueteaba con sus pestañas cuando atinó a abrir levemente los ojos. Poco a poco, las imágenes de lo sucedido se fueron abriendo paso en su mente. Entonces se obligó a despertar del todo. Escudriño la estancia... Tan sola y vacía como siempre, desde hacía dos meses. No podía ser, pero hasta su nariz llegaba el aroma de su loción.

Todavía echada, se movió inquieta. Entonces tomó conciencia. Estaba a brazada a su chaqueta favorita. Aquella que se ponía tras la ducha para estar cómodo en casa...

No puede ser, pero si yo, esta noche yo... Los ojos cargados de dolor se clavaron en la copa vacía. Las burbujas de esperanza de la noche, fueron estallando una a una, a medida que tomaba conciencia de su realidad. Tan clara como la luz de esa mañana. -¿Qué esperabas estúpida?- Se reprochaba al borde del llanto- ¿De veras creías que por amor, tu poder de invocación, iba a ser infalible?... ¡Ya hace dos meses! Todos los marineros salieron ya a buscarlo y nadie lo encontró... ¿Qué te hace creer que tú desde aquí, ibas a tener más suerte?...

De pronto, una cierta agitación en el exterior la hace mirar por el ventanal. La gente se dirige hacia la bahía. Aunque ausente, es capaz de darse cuenta de que, lo que quiera que fuese, había despertado el interés de la gente...

Unos golpes nerviosos en la puerta la hacen volver al mundo. Abre la puerta y su amiga le estira del brazo para que la acompañe:

-¡Vamos, vamos espabila!... ¡Es él!

-¿Qué él?..

-¿Pues que él va a ser?... ¡Que pareces lela!.. ¡Él, él... Tu él!... Solo está algo deshidratado y un poco quemado por el sol. Pero está bien. Unos días de hospital y podrás llevártelo a casa. Es curioso- Continuó la amiga- Su barca, aun no se sabe porque, ha aparecido misteriosamente encallada en la orilla. Qué extraño, las corrientes de la zona no suelen hacerlo. Lo han buscado palmo a palmo en alta mar, donde solía faenar, sin ningún resultado. Y ahora...

Una sonrisa iba apareciendo en el rostro de la muchacha... Al final era cierto. Lo que me dijo aquella extraña mujer, cuando vio la tristeza en mis ojos, era cierto. Anoche; era la noche propicia para invocar al ser amado.... Eso es lo que hice...

servido por licemar 11 comentarios compártelo

6 Septiembre 2011

19 y 45... (Relato para adultos)

Perezosa e indolente... Adormilada sobre la arena, dejaba que la fantasía me poseyera plácidamente. A la vez que el cálido mar, esculpía en malva mi silueta con la gasa del vestido. Tal que una segunda piel, mezclando seductor su sal y mi sal.

Bajo la engañosa celosía de la pamela; me entregaba al sopor púrpura, de aquel sugerente atardecer isleño, sumergida en el mundo íntimo de mis pensamientos... Las olas, cadenciosas lamían mis pies, despertando mis sentidos del letargo. Como manos furtivas, cuyos largos y atrevidos dedos avanzaban lentamente, volviendo agónico su tórrido empeño.

Con la ropa adherida, la rotunda respuesta en la orografía de mi piel, no guardaba ningún secreto para unos ojos. Los dueños de la risa grave, juguetona y sensual, que escuché cerca de mí... pero no vi... ¿O eso tampoco existe?...

Ahora, vuelve a llegar hasta mis oídos. Pero... Si me giro... ¿Y si se rompe el hechizo?... Ya, ni recuerdo cuando nació esto. Yo no quería… No sé como…Quizás siempre estuvo ahí.

Su estampa serena, madura; me turba y me reprendo por ello. Pero es superior a mí. Su cercanía me incita y la culpa me muerde el alma, mas no puedo evitarlo…Con pesadumbre vuelvo a morder mi labio… Porque quiero. Quiero, y no debo…

La razón, me dice que es fruto prohibido, que no está bien ver un hombre en él… Pero es la sinrazón la que domina, la que incendia mis sentidos. La que provoca esta sed cuando está cerca. Su aroma me llena y el deseo, traiciona mi propósito de cordura; entregándome a la locura de imaginar danzas exóticas trenzadas entre sus brazos.

Y él… Él, dice vehemente con sus labios que no puede ser, que me conoce desde siempre, que casi me vió nacer. Con voz grave asegura que soy, solo una niña… Pero sus ojos le delatan. Le acusan cuando furtivos, palmo a palmo, pliegue a pliegue, se deslizan por mi piel. No, no es una niña lo que miran, cuando me miran; ven a una mujer… Alzo la vista y busco en sus ojos lo que no se atreve a decir su boca…

Alzas los ojos. Sé que buscas en los míos lo que mi boca no debe decir… Miro la tuya y esa continua mueca de deseo contenido, amenaza con demoler mi voluntad… Como desearía ser yo, el que mordiera esos labios… Como hubiera querido ser yo esas olas que han ceñido tu vestido… El brillo de tu mirada me dice que esos dos enormes lagos verdes, están a punto de desbordarse. Tu semblante de animal herido, me grita que te rodee con mis brazos para reconfortarte, pero… Pero doy un paso atrás; y enojada te veo correr, hacia la vacía penumbra del bungalow familiar.

Una rabieta de de niña malcriada que no consigue su voluntad; mil veces me repito. Una niña que… ¿Pero qué digo?¿A quién pretendo engañar? ¡Dios! Ya, ni recuerdo cuanto hace que no veo en ella una niña, aunque por mi bien se lo haga creer. Si ella supiera… Si lo supiera estoy perdido. ¡Bastante tengo con doblegar mi voluntad!.

No, por lo que más quieras no te detengas, no te gires, sigue tu camino… Así, así... Sigue hasta tu cuarto, desaparece cuanto antes de mi vista. Porque si te alcanzo y te veo sufrir… No podré evitar abrazarte… Y si te abrazo… No podré evitar querer borrar con mis besos tu dolor. Y si te beso… Si te beso, yo…

Subes las escaleras; suspiro aliviado. Subo detrás de ti. Lo mejor para mí es desaparecer en la fortaleza de mi alcoba y tras una ducha, intentar leer algo, que arranque la imagen de tu cuerpo en la arena de dentro de mi mente.

Pero unos escalones por encima de mí, cambias de opinión y de rumbo, de improviso te das la vuelta y… Mi rostro, sin esperarlo, se hunde en el valle de tus senos. Aspiro desarmado el aroma a jazmín y canela de tu piel. La sorpresa se alía con el deseo y; te miro y tu, te sujetas a mis hombros para no caer… Pero, lo que estaba cayendo, eran mis reservas...

Resbalaban por la línea de su hombro a la vez que el tirante de su vestido… Mis manos, sujetan su cintura. Como cuando, de niña, la ayudaba a descender del caballo. Pero hoy soy incapaz de apartarlas de allí, igual que soy incapaz de apartarme de ella. Que delicia, descansar mi rostro en la piel cálidamente dorada que se me ofrece. Apenas si me queda un hálito de cordura, derrotado por su aroma. La estrecho con fuerza y mi pecho percibe la sensual respuesta turgente del suyo; solo mi camisa me protege. Ella también descubre que no soy inmune… Me mira. Con la mirada interroga, y contesta a la vez. Vuelve a morderse el labio…¡¡Al diablo!!... Los míos adquieren vida propia y trazan una línea que asciende por su delicado cuello…

Ummm.... ¿Pretende volverme loca?...Sus labios candentes besan mi cuello… ¡Ah!... Por favor, que no se detenga; Ahora no, o… O, yo… Mordisquea el lóbulo de mi oreja… ¡Ahora o nunca!... Giro la cabeza con toda intención y sus labios se apoderan de los míos. Leve y cuidadosamente al principio. Exigentes y ansiosos, después. Una mano cautiva mi seno, mientras la otra cosquillea con el pulgar el nacimiento de mi espalda, provocando ríos de lava que recorren mis venas y desembocan entre mis muslos Sus últimas reservas ya han caído. Se arremolinan a mis pies junto a sus prejuicios y mi vestido… ¿Se aparta?… ¡No¡ ¡Por favor no te detengas ahora! No me castigues así… No… No, no se detiene. Solo quería mirarme… Me funde con sus ojos y sus manos.... Ummmmm... Me quema a fuego lento…

¡Dios! Qué estoy haciendo… Debería apartarme del todo y salir corriendo…Pero, pero no puedo resistirme más. Sus ojos anhelantes me invitan. Su boca dulcemente cálida me embriaga. En su piel suave se deleitan mis dedos activando su deseo, acrecentando el mío. Goloso, mordisqueo el fruto de sus pechos, arrancando los sonidos más deliciosos de su garganta que aceleran mis resuellos…

No hay vuelta atrás; ya no hay vuelta atrás. Ya no quiero que la haya. Ya no la puede haber…

Mis manos crean un vestido de caricias, adornado con mis besos. Mis dedos exigen respuesta, y la busco entre sus muslos…Ummm; y la encuentro… Provocando una marea. La acompaño hasta el suelo, donde entregada me ofrenda su cuerpo… Poco a poco, ya sin remedio entro en ella. Me doy, y la poseo. Iniciamos una danza frenética de caricias, de besos, de suspiros y jadeos, tanto tiempo reprimida.

Se unen nuestros alientos, nuestros besos, nuestra humedad. Y allí mismo, en la alfombra, siendo uno nos despierta el alba… Tras la tormenta la calma, tras la guerra la paz, tras nuestra locura, no hay cordura… Esto, no ha hecho más que empezar…

servido por licemar 9 comentarios compártelo

5 Agosto 2011

La web-cam... (Relato erótico)

Uffff... ya no puedo más... -Las palabras escapan de mis labios casi sin darme cuenta. Mi dedo pulsa la tecla del mouse para apagar el portátil.

Desentumezco los hombros, masajeo mi nuca, suelto el broche de mi melena oscura dejándola caer libremente mientras me recuesto en el sillón. Estoy cansada, me siento fatigada. Demasiadas horas de concentración.

La oficina está desierta, hace rato que sólo estoy yo -mi mente sigue en marcha a la vez que, como una autómata, me desabrocho un par de botones de la camisa y pongo los pies en la mesa- Son las ventajas e inconvenientes propios de los cargos de responsabilidad; tengo un despacho para mí sola, sí, pero también tengo un horario que no está pensado para humanos con vida propia.

Entornando los ojos recupero fuerzas; las mínimas que me permitan ponerme en pie y poder irme a casa.

De pronto, un zumbido familiar me saca del trance... El piloto azul me indica que la webcam del portátil se ha puesto en marcha... Me remuevo molesta... Pero qué... Quién... Estoy convencida de haberlo apagado...

Se abre el recuadro que, igual que un espejo, refleja mi imagen... La imagen de una mujer con inequívocos signos de fatiga, pero apetecible y sensual aun... En el recuadro del emisor nada. Está en negro, pero sé que hay alguien. No puedo verlo, pero sé que está ahí. Me inquieta saber que soy observada.

Una voz me habla, tiene algo familiar, pero el sonido metálico que deliberadamente la camufla no me permite identificarla...

-Buenas noches preciosa... Tenía ganas de volver a verte. Estás muy sexi, esos dos botones desabrochados... Ummm... son muy sugerentes y toda una tentación...

Casi de un salto me incorporo en la butaca:

-¿Volver a verme? ¿Quién eres?

-No importa... Pero podría decir que tu mejor fantasía.

-¿Qué quieres?

-A ti. Vamos, regálame uno de esos momentos eróticos que me ofreces cuando crees que nadie te ve.

-¿Cuando creo?... ¿Qué momentos? ¿Qué significa esto?

-Ja, ja... No te hagas la ingenua, estoy seguro que sabes a qué me estoy refiriendo... Conozco tu ritual relajante. Vamos gatita en celo... Quiero que hoy me lo dediques a mí... -¡¡Como, pero de qué habla este tipo!! ¡¡Qué diablos se había creído!!- Pienso sin poder aun cerrar la boca... -Es cierto que a veces estando sola... ¿Pero cómo lo sabe? ¿Quién es?- Mi mente gira a velocidad vertiginosa. La voz sigue hablándome, seduciéndome, ordenándome, desde los altavoces del portátil... Debo estar loca, pero la situación aumenta mis latidos, mi temperatura... Me excita...

-Quiero ver cómo te acaricias, vamos pequeña, abre más botones... quiero ver tus ojos entelados por el deseo, ver el brillo de tu piel cuando traspire por la excitación...No te haces una idea de lo apetitosa que te ofreces...

Me iba desnudando. Como si tuviesen decisión propia, mis manos obedecían la voz de su amo... Sin duda el cansancio me estaba afectando y anulaba mi voluntad. No sabría explicar de otro modo mi actitud.

No hablo, sólo obedezco... Yo, acostumbrada a dar órdenes todo el día... Me acaricio, como sé que quiere, porque así es como lo hago en soledad. El deseo se abre paso en mi mente, en mi cuerpo; se desborda en la confluencia de mis muslos... El estado de sumisión, de sentirme intimidada, también juega su papel. Resulta morboso el hecho de recibir órdenes de alguien que no puedo ver.

-Bieeennn, muy bieeennn... Así me gusta, golfa, muy golfa, pero sólo para mí... Vamos putita, déjame ver algo más. La camisa estorba, y esa preciosa falda está de más... eso es... Ummmm... Bien, muy bien... Aahhhh... déjame ver como pellizcas tus pezones. Imagina que es mi lengua la que lo hace. Arrodíllate de espaldas a mí en el asiento, quiero verte mejor. No quiero perder detalle, de cada una de tus curvas, de cada uno de tus pliegues, eres tan hermosa... Ummmm... Quiero ver como si estuviera ahí, cuando tus manos estrujen tus pechos, cuando se deslicen ansiosas por tu cuerpo, cuando tus dedos se pierdan en tu intimidad deseando que fuesen los míos... Oír el sonido de tu humedad... Escuchar tu respiración entrecortada... Los gemidos que arranca de tu garganta el placer.

No me puedo creer lo que estoy haciendo. Me masturbo delante de un trasto, desde el que sé que al otro lado hay unos ojos observando, masturbándose tal vez al unísono conmigo. No es difícil imaginar lo que revelan sus jadeos, su voz cada vez más grave y exigente... Pero me gusta, me excita, me hace sentir deseada. Eso le sienta bien a mi ego de mujer.

-Venga zorrita, no te hagas la estrecha... ¡¿A qué esperas?!... Saca ya ese juguetito, tan parecido a mí, que guardas en el segundo cajón de la derecha, bajo la lencería que tienes de repuesto...

-¡Pero cómo!...- sus últimas palabras me dejan helada- ¿Cómo sabes dónde...? Una risa sardónica me llega desde el monitor, a la vez que contesta...

-Sé mucho más de lo que te imaginas, y no siempre lo he visto a través de una cámara. Sé observar, y sé guardar el más absoluto silencio mientras lo hago. También se lo bien que huelen tus prendas íntimas... ¿Nunca has echado de menos nada?... Deberías controlar mejor tu lencería usada... je je je... Vamos nena, no te hagas de rogar... Quiero ver como tu juguetito de látex desaparece dentro de ti, quiero imaginar que soy yo y sentir tus jadeos cuando lo hagas. Quiero que imprimas tú el ritmo con el que te gustaría que te penetrara si yo estuviese ahí... -Yo obedecía aquella voz, mi cuerpo respondía a mis caricias y a al estímulo de sus palabras. Mis suspiros eran cada vez más ostentosos, incontrolables, igual de incontrolable que el orgasmo que se apoderaba de mí en esos momentos... Ooohhhh... Cerré los ojos para sentir en plenitud el estallido desbocado de mi placer, mientras, la voz continuaba... -Deséame preciosa, deséame con todo tu ser. Deséame más, con fuerza... así, así, biennnn... más rápido, más rápido, más, más, no te reprimas, jadea cuanto quieras. Sigue deseándome pequeña, deséame con toda tu alma, con todas tus fuerzas, porque... -Un silencio agónicamente desesperante me desconcierta, pero obediente y sumisa sigo sin abrir los ojos-... Porque a veces los deseos se cumplen...

Estas palabras dejaron la calidez de su aliento en mi oído, selladas con un ligero mordisco en el lóbulo, al tiempo que unos dedos deliciosamente exigentes invadían mi intimidad...

Solo tuve tiempo de abrir los ojos y ver como los labios del responsable del departamento de ventas, se apoderaban hábilmente de mis pezones produciendo placenteras descargas eléctricas en ellos, antes de sentir como su poderosa virilidad tomaba el relevo de sus dedos llenándome por completo, saciando mi sed de sexo, colmando mi anhelo de ser poseída ahí y en ese momento por el dueño de aquella voz.

-Ummmmm, preciosa, cuanto he deseado estar así, perdido en tu interior. Derramándome dentro de ti... Aahhhhh... Cuantas veces he tenido que dominar mis instintos para no asaltarte y poseerte en tus momentos de intimidad... Te has convertido en mi obsesión, querida...

Deberías asegurarte, cuando crees que estás sola, que verdaderamente lo estás... Hay mucho desaprensivo suelto... Y es toda una tentación ser el voyeur de las técnicas de relajación de mi jefa... Nooo... je je je... No te hagas la enojada... Basta con tocar y acariciar aquí, para saber cuánto te ha gustado saber que te observo...

LiCeMar

(Reeditado para mi querido trotamundos... )

servido por licemar sin comentarios compártelo

1 Julio 2011

De vez en cuando un respiro... (para ayudaros a pasar los calores... o no...)

Tener la oficina en casa, si puedes, es una buena opción, pero… Tiene pros y contras.

-¿En contra? Que, si no eres hábil, desconoces donde termina tu jornada.

-¿A favor? Que, cuando haces una pausa, estás en tu casa para lo que te apetezca; tu nevera, tu sofá, tu dormitorio, o… como nuestro caso, la piscina, siempre a mano y bien dispuesta para una zambullida relajante. El techo retráctil nos permite que no importe en qué época del año estemos...

-Raúl, cariño… No aguanto más… ¿Paramos un poco y nos damos un baño? Andaaa mira como brilla el sol hoy… Y el agua seguro que está en su punto. Venga vaaa… un par de largos y volvemos.

-No podemos parar ahora, sabes que este trabajo nos corre prisa.

-Pero si lo tenemos muy avanzado y, sinceramente, yo estoy tan saturada que hace rato que miro la pantalla y no hago nada de provecho. Prefiero parar y luego volver con más ánimos. Estoy segura que seré mucho más productiva.

-Está bien Sara, haz lo que quieras, pero yo no pienso parar ahora.

-¡¡Mira que eres terco!! Esto no es lo que acordamos al instalarnos aquí. No te das cuenta pero te dejas atrapar por el trabajo.

-Anda anda, ve a refrescarte, y déjame en paz.

-Bueno, si consigues resistir la tentación al verme… Je, je, je…

No se puede mirar para otro lado, y lo sé... Aunque el estudio está en el primer piso, desde el ventanal se tiene una vista predominante sobre el jardín y la piscina… De hecho, la posición de la mesa de trabajo, no permite ver otra cosa cada vez que levantas la cabeza, y yo soy muy consciente de ello….

Nada más llegar me zambullo, doy un par de brazadas y emerjo de un salto para sentarme en el borde. Estiro la mano y me dispongo a aplicarme un poco de hidratante…

Una idea juguetona se abre paso en mi mente y dibuja una sonrisa en mis labios…

Me pongo las gafas de sol y me estiro todo lo que puedo en la tumbona situada en una orilla de la piscina que, estratégicamente, da frente a la ventana que me interesa…

Las gafas oscuras, me permiten ver sin ser vista. Inocentemente, poco a poco y a conciencia, voy aplicando crema en mi piel... Primero una pierna, después la otra. Con parsimonia, recreándome en lo que hago.... Ummmm...

Ahora mi estómago, luego los brazos… Je, je, je, rápidos vistazos de soslayo me confirmaban que Raúl está ahí y me ha visto… Ummm… me está mirando… ¡¡Qué biennn!!...

Ahora, como el que no quiere la cosa, me deshago del sujetador… Me tumbo de nuevo y la untura de crema se convierte en un tórrido ritual para miradas furtivas… Aaahhhh… no dejo ni un solo milímetro sin su correspondiente dosis… de crema y… de masaje… Ooohhh sé que lo estoy derritiendo. Me siento perversamente triunfadora.

La mejor atención la dedico a mis generosos senos… Ummmm… qué delicia… “Cualquiera que pueda estar viéndome” no tendrá la más mínima duda de que me gusta lo que estoy haciendo… Sin pudor, me dedico estimular mis pezones… Oooohhh… me encanta, disfruto con lo que hago, este improvisado culto a Onan se lo dedico por completo a él, a Raúl…. Ja, ja, ja… Sé que me está mirando… De reojo puedo ver las chispas que salen de sus ojos. Casi puedo sentirlas sobre la piel.

Sigo en mi papel de falsa inocencia. Continúo acariciándome, ahora ya sin disimulo. Mis manos y el calor del sol hacen subir mi temperatura. Con una mano pellizco los pezones, a la vez que la otra se pierde en el interior del minúsculo tanga… Consciente de su mirada, desato ingenuamente las tiras que lo sujetan en su sitio, en un rápido movimiento lo hago desaparecer dejándolo caer al suelo....

Soy consciente de que el espectáculo que le ofrezco a mi querido voyeur, no lo va a dejar indiferente… Ummmm… Estoy decidida a que se funda… o baje a hacerme compañía…

Como quién persigue los rayos del sol, giro unos grados la tumbona; lo justo para que no se pierda nada del resto de la función… Vuelvo a manosear mi cuerpo, dando muestras de lo excitada que estoy. Abro las piernas y dejo que mis dedos jugueteen en mi sexo… A simple vista, da la impresión de que estoy abstraída en mi mundo, pero me doy cuenta de que se ha asomado y no me quita ojo. Mi grado de excitación aumenta, no sé si es por mis caricias, o por saber que lo estoy calentando a él. Introduzco mis dedos y comienzo un vaivén, lento al principio… en progresivo in crescendo… Ooohhhh… Ummmmm…. sé que me mira, pero empieza a darme igual, porque ya estoy siendo poseída por mi propio placer. A estas alturas ya no puedo, ni quiero parar… estoy alcanzando la cumbre. El calor del sol es mi cómplice. Mi piel brilla, se enciende. Una de mis manos se desliza por ella, mientras que la otra continúa con su cometido… cada vez más rápido, cada vez mejor… Cada vez massss… Aaaaahhhhhh… Mi cuerpo estalla, entre gemidos ahogados y ligeras convulsiones.... Oooohhhh...

Con los ojos aun cerrados, mi mano sigue acariciando mi clítoris, cuando de pronto; siento que unos labios se apoderan de uno de mis pezones…

-Ummmm… Raúl, cielo, estás aquí…. Aaahhh…

-Siii, provocadora, estoy aquí… he visto que me necesitabas y he venido en tu ayuda – dijo con voz ronca, mientras su mano tomaba el relevo se la mía…- bufff nena, como estásss… necesitas entrar al agua antes de que desaparezcas por auto combustión… Ven conmigo, yo te ayudaré a sofocar esta calentura…

Toma mi mano y nos dirigimos al agua. Saltamos juntos, al emerger puedo ver que se ha despojado de la única prenda que cubría su cuerpo…

-Ven aquí preciosa, déjame que calme esa fiebre que te invade… Me besa, y sus manos se pierden por los pliegues de mi piel. Estar en el agua le permite levantarme y moverme a su antojo, como una pluma. Cuando me deja caer, le siento entrar en mí… Ummmm… Posesivo, fuerte, poderoso, profundo… Aaaahhh… Iniciamos una enloquecedora lucha cuerpo a cuerpo. A la vez, sus labios se apoderan despiadadamente de mis pezones, arrancando las más excitantes sensaciones… Los gemidos que escapan de mi garganta, le excitan y animan a seguir.

-Mi preciosa exhibicionista… Mira lo que has hecho, pequeña bruja. Sabías que te estaba viendo ¿Verdad?... -El leve y juguetón ronroneo de mi risa, confirma sus sospechas- Pues esta es tu recompensa... –Dijo a la vez que aumentaba el ritmo de sus embestidas, y dejaba escapar jadeos que me excitaban aun más. No tardamos en estallar. Como las burbujas del champan que se escapan de la botella cuando es agitada… Ummmmm… Aaaahhhhh

Los dos lo necesitábamos… Los dos nos necesitamos… No soy capaz de medir el tiempo que permanecimos abrazados… Mis palabras, rompieron el silencio momentáneo:

-Je, je, je… Me alegro de que, por fin, hayas hecho un alto en tú trabajo… Gracias a eso, has podido… acudir en mí… socorro.

-Ja, ja, ja, pequeña zorrita embaucadora… ¿Tú crees que alguien puede seguir trabajando cuando la persona que más quiere está a punto de convertirse en cenizas?... Además, con el delicioso espectáculo que tenía ante mis ojos ¿Quién puede concentrarse en nada?... Me tienes en tus manos Sara, me encanta que seas tan desinhibida y morbosa. No cambies nunca… -Dijo fundiéndome con su mirada. Mi tórrido beso, quiso demostrarle que no pensaba hacerlo…

LiCeMar

servido por licemar 1 comentario compártelo

1 Mayo 2011

Somos fruta prohibida...

 

Las ascuas de tus pupilas te traicionaban. Ellas revelaban que la frialdad, en la que tu razón pretendía doblegar a tu voluntad, no era más que una pose.

Apenas cruzamos unas cuantas palabras, pero la cera caliente de tu mirada resbalaba lentamente sobre mi. Quemaba profundo, más allá que la piel por donde iba pasando, logrando respuestas indiscretas en mi cuerpo que no te pasaron inadvertidas... Fuiste al encuentro de mis ojos y ambos sentimos cómo el deseo aguijoneaba nuestras entrañas. Esa llamada primitiva que nos demuestra, que nuestros cuerpos, en realidad, no son nuestros ni obedecen voluntades impuestas por la razón...

Apunto de convertirme en cenizas, sentí la necesidad de poner distancia; de desaparecer del influjo de ese hechizo y volver a ser dueña de mis actos... para ello, recorrí con paso decidido la distancia que había entre donde estábamos y la piscina del balneario... por fortuna, lo suficientemente lejos de ti como para recuperar el ritmo regular de mis latidos.

El agua tibia y varios largos de piscina, consiguieron sosegarme. Pero no lograron sacarte de mis pensamientos. Por ello, me dispuse a tomar una sesión de sauna... si no conseguía purificar la mente, al menos lo intentaría con mi cuerpo. Pasé por el vestidor, para despojarme del traje de baño y envolverme en una de las toallas blancas que ofrecían con el logotipo del lugar.

La sauna estaba desierta... ¡Perfecto!... era lo que necesitaba para acabar de tranquilizarme. Rocié las piedras candentes y aflojando el nudo de mi toalla, me tumbé sobre aquella especie de estante de madera a disfrutar del vapor.

Adormilada, con la cabeza ladeada y los antebrazos por almohada, percibí como lentamente, una gota de sudor rodeaba mi hombro y se deslizaba por el lado de uno de mis senos hasta perderse en el listón de madera de la grada. Acto seguido, un dedo acarició mi piel siguiendo ese mismo camino...

Te sorprendió que no me sobresaltase, pero ya hacía rato que había notado que estabas ahí... a pesar de mis ojos cerrados, había aprendido a intuirte, a sentir tu presencia, a detectar tu olor... Mi piel no tardó en responder ante tus ojos. Como poseída por una corriente eléctrica, se erizó de forma ostensible  provocando un escalofrío que sacudió todo mi cuerpo... hasta mis oídos llegó tu risa ronca y burlona. Te gusta saberme vulnerable a ti.

A ese primer roce de tu dedo siguieron otros; perfilando mi oreja... siguiendo la línea de mi cuello... dibujando la cordillera central de mi espalda hasta perder tu mano por entre los montes ocultos bajo la toalla... En ese punto, mis pequeños jadeos, hasta entonces contenidos, escaparon de mi garganta. No abrí los ojos, pero mi sonrisa era cada vez más amplia, con la expresión satisfecha de quien está donde y como quiere...

-Ummm... lo estabas deseando eeehhh... - dijiste maliciosamente - pues tendrás que aguantarte. Lo que tú deseas no lo tendrás. No te pertenece...

-Si, tienes razón. Estamos a la par, tú también tendrás que conformarte; pues yo tampoco te pertenezco...   - añadí entre susurros, lanzándote de reojo una mirada lasciva, que deliberadamente  acompañé de una sonrisa ladina

-¡¡Zorrraa!!... ¿De veras crees que no me perteneces?... - replicaste enojado haciéndome poner de pie con brusquedad - ¡Ahora verás! - añadiste con dientes apretados.

La toalla cayó a mis pies, dejándome indefesa. Mostrando mi desnudez. Me giraste bruscamente y pude notar tu cálida respiración agitada cosquilleando mi nuca... Me obligaste a inclinarme, para entrar en mí sin contemplaciones... ummmmm... no te costó demasiado... estaba tan lubricada que invadiste mi cuerpo sin la menor dificultad...

-¿Ves como si me perteneces?... Tu cuerpo lo sabe, tú también lo sabes... eso es lo que te molesta... si es que en realidad te molesta...

-Si, me molesta... me molesta ser tan vulnerable cuando estas cerca. Pero, como puedes ver, ni tu voluntad ni la mía nos pertenece a nosotros mismos, ambos somos presa de los instintos...

Photobucket

No te gustó que te hiciera ver tu propia debilidad. Querías castigarme y el asalto a mi cuerpo había resultado demasiado fácil para tu gusto. Deseabas hacerme pagar la insolencia de recordarte que no te pertenecías, que no eras tu dueño, que tú también eras humano. Por eso abandonaste bruscamente el húmedo y candente lugar que te acogía para volver a penetrarme con la misma brusquedad... pero esta vez tu objetivo era otro...

Un objetivo que ofreció resistencia inicialmente, pero que pronto cedió a tu presión... A la vez que invadías de nuevo mi cuerpo, tus manos como crueles garfios estrujaron dolorosamente mis pechos, mientras mordías suavemente mi nuca... De la misma forma que un semental cuando se sabe poderoso, mordisquea el cuello de su yegua para demostrar quién manda en ese momento...

-Ahhhhhh... ummmmm... - mi sumisión era completa, mezcla de dolor y placer. Mis quejidos no hacían más que satisfacer y provocar tus instintos más primitivos. Nuestro sudor, nada tenía ya que ver con el vapor que desprendían las piedras calientes... hubiese jurado, que en esos momentos, esas piedras estaban bastante más frías que nosotros...

Tus embestidas aumentaron el ritmo y la intensidad; igual que nuestros jadeos. Mi boca al encontrarse con la tuya mordisqueó tu labio inferior. La pasión del momento me hizo perder el control y mis dientes apretaron más de lo que hubiese sido mi voluntad, provocando que tu labio sangrara levemente... Ahora era capaz ya de reconocer todos tus sabores... Tras un quejido ronco, más por la sorpresa que por el dolor, tu bombeo fue más exigente, y tus manos apretaron con mayor fuerza sus presas...

Todo se aceleró; envueltos en un torbellino de sensaciones, sentí como derramabas tu lava en mís entrañas, al tiempo que mi cuerpo se estremecía desatando mi propia  tormenta...

Permanecimos unos instantes unidos, pegados, sin querer separarnos... hasta que nuestras respiraciones recobraron el ritmo. Entonces te separaste de mí, me cubriste con la toalla, y después de besarme larga y profundamente desapareciste de mi vista.

Algo me decía que también lo hacías de mi vida. Aquella, iba a ser la última vez... Al fin y al cabo, ni tú ni yo nos pertenecíamos. Nuestros destinos se hallaban en caminos diferentes... Caminos que quizá alguna vez se volviesen a cruzar ¿Por qué no?

Pero eso... eso sería algo que decidiría el azar...

servido por licemar 5 comentarios compártelo

8 Agosto 2010

A las cinco de la tarde...

No sé lo que hacía allí. Solo sé que tú me habías invitado. Pero me costaba creer que hubieras escogido un lugar así. Sabías de sobra que es algo que detesto.

Era una plaza de toros. No una plaza grande de una ciudad grande, si no, una modesta, de no sé donde. Me da igual, las detesto todas.

Desde el momento en que ocupamos nuestro lugar y vi el ambiente, mi mente tejía la manera de escabullirme de la forma mas discreta posible para no desairar tu invitación. Lo sabías, sabías cual era mi ideología. Por eso no me perdías de vista. Toda tu atención estaba sobre mí. Formaba parte de tu maquinación.

Sonaron los clarines… Mi cuerpo, como si estuviera esperando esa señal, se tensó.

Oteaba incrédula el tendido, se escapaba a mi comprensión aquella escalofriante actitud del público; aquella sed de sangre.

Cuando se abrió el chiquero, ya me daba igual parecerte descortés, todo mi empeño era huir de allí. Tú estabas esperando esa reacción y en un gesto rápido me sujetaste con fuerza por la muñeca, ciñéndome a ti. Obligándome a pegar mi costado al tuyo, sin posibilidad de escapatoria.

Forcejeé, aunque no con demasiada energía, no quería atraer la atención de los demás, y tú, rodeándome con el brazo izquierdo, introducías la mano por la cinturilla de mi falda, sorteando también la ropa interior. No te costó demasiado llegar al objetivo. Tus dedos me acariciaban hábil y exigentemente, yo respondí al instante, como estabas seguro que lo haría.

A pesar de esa sensación, no podía evitar seguir queriendo huir, pero mi voluntad se rendía a ti, me lo hacía imposible. Solo era capaz de evadirme mirando hacia otro lado…

No. No era eso lo que querías, tu capricho ese día era ver mi expresión, en un torbellino de sensaciones encontradas. Por eso, la otra mano que hasta entonces atormentaba mis pezones, abandonó su enloquecedor cometido. Salió de debajo de la blusa asiendo con fuerza mi rostro, obligándome a mirar el sanguinario espectáculo .

Los lances de la faena estaban en su momento más cruel. Mis ojos reflejaban a la perfección el horror que me estaba produciendo la visión de tal sufrimiento.

No pude controlar unas lágrimas que resbalaban por mi rostro. La única escapatoria a todo aquello era cerrarlos. Pero, no ibas a permitir que te desobedeciera tan fácilmente; por ello apretabas zarandeando mi barbilla exigiéndome abrirlos. Mientras, tu otra mano era cada vez más osada y exigente.

Introducías tus dedos una y otra vez, sin darme tregua y sin apartar la vista de mí. Yo era un volcán en erupción, sin apenas voluntad, en dura lucha con la sensación de angustia. De vez en cuando dejabas escapar una risita sardónica susurrándome al oído, que no fingiera, que aquello me estaba gustando.

Yo contestaba que te equivocabas, que mi cuerpo respondía a tus dedos expertos y atrevidos, pero que lo que me estabas obligando a ver me horrorizaba, y ver la expresión sádica de la gente era insoportable. Insistías en que; quizás la fiesta no me produjera morbo, pero la situación que estaba viviendo si.

Me sorprendía, y me crispaba a la vez, lo bien que conocías mi espíritu. Eso te permitía jugar con ventaja. Nada podía hacer yo para acabar con aquel tormento. El único momento en que pude cerrar los ojos, fue cuando me besaste larga y furiosamente para ahogar los sonidos que salían de mi garganta, fruto del intenso orgasmo.

Un detalle por tu parte que en el fondo te agradecí, pero que era totalmente innecesario. El público estaba tan fuera de sí, tan entregado a la barbarie, que no habían reparado en nosotros.

Es curioso; era como si no nos viesen, como si no existiéramos. Miraban en nuestra dirección sin inmutarse.

Esa nueva muestra de rebeldía, no te gustó en absoluto. Te irritó que de nuevo te desobedeciera. Eras tú quien mandaba y lo tenías que demostrar, me lo ibas a hacer pagar allí mismo. Un movimiento ágil y rápido por tu parte me puso delante de ti, mirando al coso, ligeramente reclinada. Sin miramientos, levantaste mi falda, e hiciste a un lado el último obstáculo… Y… Con fuerza, con furia, con el ímpetu del deseo contenido, entraste en mí. El orgasmo aun reciente, facilitó la entrada, pero no atenuó ni uno solo de tus envites. Me dolía, me lastimaba… Era lo que querías.

Abrazado a mí con fuerza, dejándome sentir en la nuca tu respiración tibia y excitada. Hablándome al oído, arrastrando cada una de tus palabras, mezcla de excitación y de rabia. Decías que me había portado mal, que merecía ser castigada por desobedecer, que por eso me estabas forzando así, allí, delante de todos. Me conocías bien, sabías que eso me dolería más, mucho más, que el acto violento en sí…

Insisto, me sorprendía que nadie se diera cuenta de lo que estábamos haciendo. Seguían demasiado atrapados por otra orgía; la del espectáculo en la arena. Por supuesto, continuabas obligándome a mirar a la vez los últimos lances en la vida de aquel pobre animal, y tú, seguías sin perderte una sola de mis expresiones.

Es como si en ese momento, el toro y yo, fuésemos una misma vida. Aunque mi verdadero tormento era verlo sufrir a él. Me sentía culpable por disfrutar del placer, mientras él agonizaba.

Todo ocurrió al unísono; su final, mi orgasmo y el tuyo. Concatenados. Como si estuvieran enlazados y uno tirase de los otros. Te sentí abrazarme exahusto. Tuviste que recostarte en mi espalda unos instantes, hasta recobrar aliento. Al incorporarte, recomponías tu atuendo; yo intenté hacer lo mismo, pero tras el torbellino de sensaciones, el olor a sangre y muerte invadió mis sentidos.

La angustia se apoderó de mí y no tuve más remedio que huir de allá… Tú, te quedaste. Estabas satisfecho, te sentías vencedor. Una sonrisa maliciosa por toda despedida… Sin más…

Como impulsada por un resorte me senté en la cama, sudorosa, respirando aun con dificultad. La maraña de ropa daba fe del agitado torbellino de sensaciones en el que había estado sumergido mi sueño…

¿Sueño?… ¿Todo fue un sueño?… Confuso y extraño, pero… ¿Solo un sueño?...

servido por licemar sin comentarios compártelo

31 Julio 2010

Te amaré una eternidad... (Relato)

Era ella. Quizás el peinado era distinto, tal vez el estilo de su indumentaria era otro, pero aquella melena en llamas, y el especial tono violeta de sus pupilas, eran inconfundibles. No había cambiado; tan hermosa y arrebatadora como la recordaba.

Oculto en la nada de la alcoba podía observarla mejor.

Así; serena, indolente, entregada en cuerpo y alma al reconfortante baño... ¡Dioss! ¡Todos sus pactos habían dado resultado! Estaba allí.

Cauteloso, besó la seda de aquel hombro; algo tan suave y fugaz como el vuelo de la mariposa...

Sentir esa ráfaga caliente la hizo abrir los ojos y voltearse inquieta en la bañera… quiso tranquilizarse pensando que podía haber sido su imaginación.

Envuelta en la toalla cepilló enérgicamente la cascada de rizos cobrizos. Una vez satisfecha con el resultado, sustituyó la aspereza de la toalla por el toque delicado del satén burdeos del camisón.

El resultado, para la mirada furtiva que la observaba, no podía ser más seductor.

Empezaba a vencerla el sueño cuando… Esta vez, fue en la nuca, en el nacimiento del pelo… En el colmo del asombro, sintió como se le erizaba la piel cuando despacio, muy despacio, deslizaban el fino tirante al tiempo que, aprisionaban y besaban impúdicamente su seno.

Algo o alguien, la obligaba a girarse y a sentir su peso, a la vez que alzaba su camisón hasta la cintura... Ya no sabía si soñaba o deliraba, ríos de lava arrasaban sus venas, cuando una mano… Porque; era una mano lo que estaba acariciando su intimidad, arrancandole jadeos a su sueño… Ahh… Pero qué… Ummm… percibía en esos instantes sensaciones, de las que ignoraba su existencia… ¡Oh!... ¡Dios!... Estaba siendo poseída por… ¡¡Por nadie!!...

Un cúmulo de emociones estallaron a la vez en aquel lecho; el deseo largo tiempo contenido, la dicha de volver a poseerla, la incerteza de que aquello estuviera sucediendo realmente, la explosión incontrolada y de una magnitud desconocida para ella... Al clarear, el semblante satisfecho de la muchacha fue un trofeo para el observador furtivo...

Confusa todavía, bajó a desayunar. La puerta entreabierta de la oficina de recepción, le volvió a mostrar aquella pintura.

-Perdone caballero... Ese otro caballero, el del cuadro... ¿Siempre ha sonreído?...

-No, señorita- respondió pálido, el dueño del vetusto hotel- Es mi abuelo, y dejó de sonreír el día que perdió a su gran y único amor en un accidente automovilístico, no lejos de estos acantilados.

-Ah… ¿Y por qué sonríe ahora?... ¡Eeh! ¡Oiga!... ¿Por qué me mira así?...

El hombre, sin poder apartar la vista de la chica, abrió un poco mas la puerta dejando expuesta la pintura en su totalidad. No daba crédito a sus ojos. Allá, sentada al lado del personaje… ¡¡Estaba ella!! Con otros ropajes. Era como estarse mirando en un espejo vestida de carnaval.

Sus enormes ojos violeta, interrogaban en silencio al asombrado recepcionista. Él, le contó:

-Mi abuelo se prestó a todo tipo de conjuros, espiritismos o pactos. Daba igual quién se lo propusiera, solo la obsesión por conseguir la reencarnación de mi abuela le mantenía vivo. Siempre decía que no descansaría, ni nos dejaría descansar a nadie hasta que lo consiguiera.

¿Nadie le ha hablado antes del fantasma del hotel Brayton?... No, ya veo que no… Por la misteriosa aparición de la sonrisa de mi abuelo, y a juzgar por el semblante lívido que voy observando en usted… Creo que… Por fin todos descansaremos….Mis clientes también…

 

servido por licemar 3 comentarios compártelo

18 Julio 2010

Apariencias, convencionalismos… e hipocresías varias… (Relato erótico)

-Sinceramente, Esteban, no te entiendo. Eres un hombre joven, todavía- bromeó en tono condescendiente- ¡Mira tío! Cuarenta y cinco años, en la actualidad, no es otra cosa que estar en el mejor momento personal. Se supone que ya sabes, o deberías saber, lo que quieres. Si eres de los triunfadores, ya tienes tu imperio y tu lugar en la vida... Todo... Todo eso, tú, lo tienes.

-Si... - balbuceó, al tiempo que asentía con un gesto de cabeza- No me puedo quejar... ¡¡Pero me lo he trabajado!!

-Vale, es cierto... ¡¿Acaso piensas que eres el único que ha trabajado toda su puta vida?!... ¡¿Y cuantos han conseguido lo que tú?!

-¡¡Ey!!... Supongo que no ha sido suerte solamente. La suerte se la debe fabricar uno. Si no hubiese invertido y movido el capital cuando era conveniente, jamás hubiera hecho nada... más que vivir de las rentas de la familia.

-Lo sé, lo sé... Precisamente por eso. Eres inteligente, con una visión de futuro y un olfato para los negocios fuera de lo común. De acuerdo, que ya desde tu nacimiento disfrutaste de los privilegios de pertenecer a una de las familias más influyentes y poderosas, pero no te dormiste abrazado a tu buena suerte. Has trabajado y luchado por tener tus negocios, tu vida, tu línea propia... Por eso me cuesta tanto entender esa forma tuya de pensar con respecto a las mujeres.

Esteban, dio un largo trago a su vaso, disponiéndose a escuchar un nuevo sermón liberador y feminista de su socio en los negocios, y amigo personal de toda la vida.

-Si, no pongas esa cara, voy por donde siempre, ya lo sabes... Tienes una mujer preciosa, que es la envidia de todos tus conocidos, incluido yo, ya lo sabes... La cual, incomprensiblemente, te adora y tú... Tú te dedicas a salir conmigo, dos viernes al mes, para venir a este lugar.

-Ja ja ja... Sí claro y, me vas a decir que tú, estás aquí a la fuerza... por eso te brillan los ojos cada vez que se acerca la camarera... por cierto, es impresionante el desafío a la gravedad de sus...

-OK... es cierto...- interrumpió Andrés -Siii, lo de la gravedad también- añadió entre divertido y contrariado- pero vengo, principalmente, por mi amistad contigo. ¡No, no pongas esa mirada de perdonavidas, te estoy hablando seriamente!... Insisto, no entiendo como teniendo a la mujer que tienes en casa, sigues necesitando venir a estos lugares.

-Mira, Andrés; quiero a mi esposa, la amo. Es cierto. Tiene todo lo que cualquier hombre podría desear; es bella, inteligente, cariñosa, pero... A las mujeres de nuestra clase social... no se les pueden pedir ciertas cosas... Tú sabes que en asuntos de cama, soy un tanto especial, obsceno si prefieres llamarlo así. Es algo que necesito, que me lo pide el cuerpo, para sentirme pleno... Y son ese tipo de actitudes en la cama, las que no le puedes pedir a las esposas de nuestra élite...

-¡¿Cómo que no?!... ¿Lo has intentado alguna vez?... ¿Has hablado en alguna ocasión de estos temas con ella?

-¡¿Estas loco?!... ¡¡Ni se me ocurriría!!... ¡Jamás lo aceptaría!... Y a decir verdad, si lo aceptara, tampoco estoy seguro de que me gustase...

-¿Lo ves?... Es eso lo que no entiendo de ti... Pareces un tipo moderno, evolucionado, y en estos aspectos, tienes unas convicciones retrógradas, trasnochadas. Creo que te equivocas... ¿Me vas a decir que con Irene, jamás has hecho nada fuera de lo convencional? ¿Qué es lo más atrevido y morboso que has hecho con ella?

-Bufff... Hombre... Cuando éramos novios, quizás un par de veces en el coche en algún rincón apartado... Bueno y después, algún escarceo furtivo, en las duchas de la piscina de mis padres, mientras todos estabais tumbados tomando el sol alrededor de la misma... Buff... Reconozco que fue fantástico...

-¿En los baños del jardín? ¿Donde nos cambiamos?... Bufff... Pues están muy cerca de la piscina. Reconozco que eso tuvo su riesgo. Está bien como travesura... ¿Te das cuenta de que eso le dio chispa a la relación?...

-Si, pero eso entra dentro de lo normal. Es lo que se espera de los jóvenes en los momentos iniciales de una relación o de la vida en pareja. Pero ahora... ¡¡No fastidies hombre!! ¡Nos tomarían por locos, o degenerados!... ¡¡Que tenemos dos hijos en la secundaria!!...

-¿Y?... Sigues dándome la razón; convencionalismos, convencionalismos y más convencionalismos... Te equivocas, estás muy equivocado y eres un machista de la peor especie. De esos que, siéndolo, están convencidos que no lo son... Sinceramente, creo que deberías hablar de estos temas con Irene, estoy seguro de que te llevarías más de una sorpresa.

-Ah... ¿Si? -Interrogó, entre escamado y divertido- ¿Y tu como sabes tanto?... Voy a tener que vigilaros de cerca cuando estáis juntos... Ja ja ja..

-¿También celoso?... Uyuyuyyy... Amigo, en la cadena evolutiva retrocedes cada vez más ¡Qué decepción!... Deberías escuchar a nuestras mujeres... bueno, las vuestras, que yo no tengo... cuando hablan entre ellas y creen que no las escuchamos... Je, je, que en la mayoría de los casos es cierto... pero a mí me gusta hacerlo... no tienes ni idea de la información que tengo gracias a eso...

-Eres una fuente de sorpresas... cuenta, cuenta...

-Ja, ja, ja... Noooo... La fuente de sorpresas son ellas... Sé que, eso que no les dais, por ser unas mujeres respetables- exageró burlonamente su dicción en las dos palabras- acaban buscándolo ellas por su cuenta... qué quieres talibán, son humanas, con virtudes y defectos, igual que nosotros- comentó ante la cara de sorpresa y desaprobación de su amigo-

-¡¡Y unas putas!! -escupió este torciendo el gesto-

-¡¡Ya estamos!!... ¿Y tú?... ¿Qué eres tú?...

-¡¡Un hombre!!

A Andrés le alteraban las reacciones machistas de su amigo.

-Ja, ja, ja, ja... Degeneras por momentos, al final va a resultar que no has pasado del medievo- dio un trago a su bebida, mientras observaba divertido como los ojos de Esteban, se perdían entre los senos desnudos de la camarera que lo tenía encandilado- En una de esas conversaciones furtivas también pude averiguar que, por ahora, Irene sigue teniendo esperanzas en ti, pero... Te advierto, compañero, las otras damas están haciendo campaña... Ja, ja, ja... Les preocupa que su belleza se marchite esperándote... Y claro, también, que sea la única que aun es fiel en el círculo de respetables esposas del club de tenis...

-¡¡Brujas!!... -Masculló Esteban entre dientes- Confío en ella, nunca lo conseguirán...

-Ah, amigo... Todavía, que yo sepa, no lo han conseguido, pero... Yo de ti, procuraría ponerle remedio ahora que aun estás a tiempo... Y espero que lo que se te ocurra para conseguirlo no sea ponerle un burka... Que tal y como te veo hoy, todo podría ser...

La música ambiental cambió de decibelios y de ritmo. Ello indicaba que iba a comenzar el show que estaban esperando. Las chicas iban a desfilar una a una por el escenario situado al fondo de la sala del club de striptease para ofrecer su número a todos los que estaban en el local.

Aunque la mayoría eran caballeros, también había alguna que otra fémina entre el público; algunas formaban parte de grupos mixtos, que tomaban una copa al salir de la oficina, otras, en busca de la diversión que les falta en su aburrida vida cotidiana y otras, simplemente, con tarifa a cambio de ofrecer su tiempo y... algo más.

Ese fu el único momento en que Esteban desvió la atención de los senos de la camarera. Entre las que actuaban en el escenario, seguramente, estaría su compañía para aquella noche. Así es como lo hacía siempre, y dado que la camarera no entraba en el menú de posibilidades, hoy no iba a ser diferente.

A medida que se desarrollaba el espectáculo, el ambiente fue caldeándose. Por supuesto, la actuación de las chicas y el consumo de alcohol tenían mucho que ver.

Entre las strip-girls había dos tipos: Las que se dedicaban a ello cada noche, trayéndoles sin cuidado salir a cara descubierta, por lo que tras la actuación, no quedaba nada sobre su piel... Y las otras, las esporádicas; que preferían continuar siendo anónimas después de esa noche. Estas actuaban enmascaradas y, al acabar su número, únicamente conservaban puesta la máscara.

En este segundo grupo, la mayoría eran mujeres casadas que lo hacían empujadas por diferentes motivos y no querían ser identificadas. Por lo menos, no, durante el show... Luego, en las distancias cortas, era decisión exclusivamente de ellas seguir conservándola... O no...

Por lo general, Esteban, escogía entre estas a sus ocasionales acompañantes de viernes noche. Solía decir que eran las que le despertaban mayor morbo; el morbo de lo prohibido, a la vez que esa sensación indescriptible de estar utilizando la propiedad privada de alguien... Ves a saber de quién...

Andrés aborrecía, la estúpida actitud egoísta de su amigo; esa doble moral hipócrita común a los de su estatus. Ya ni recordaba las veces que había discutido con él por este motivo, pero era inútil, no había manera de hacerlo reflexionar, y acababa dejándolo por imposible.

Por lo que habían visto hasta el momento, la elección no iba a ser fácil esa noche. Las mujeres que habían desfilando ante sus ojos eran realmente hermosas, hasta que...

Hasta que pareció ella... Una estilizada pantera con apariencia de mujer. De cabellos de ébano, tan intenso, que parecían emitir destellos azulados; en profundo y atractivo contraste con el tono extremadamente pálido de una piel que, aun en la distancia, podía apreciarse cálidamente suave y satinada... La melena hasta los hombros y de grandes rizos, enmarcaba un rostro al que ni la máscara, a pesar de no revelar su identidad, lograba desmejorar las suaves facciones.

Con algunos años, y algunos quilos, más que las demás, sí... pero todo bien puesto... Rotunda, apetitosa... de las que apetece estrechar entre los brazos...

Irradiaba algo especial. Sus movimientos felinos, su aspecto cuidado, la forma de desenvolverse, su madurez... Tenía clase, casi sin proponérselo destacaba del resto...

Se adivinaba hermosa, pese a no mostrar su rostro. Los destellos y la luz de aquellos penetrantes ojos negros lo decían todo. Su expresividad cautivaba, incluso a pesar del látex negro del antifaz. Como la sonrisa de sus jugosos labios; una tentación púrpura, a la vez que toda una promesa...

Lista, muy lista, sabía bien como debía venderse. Conocía a la perfección sus excesos, y sus defectos... como potenciar unos y disimular los otros... Fue deshojando sus pétalos con elegancia; ahora un guante, ahora el otro... poco a poco, sin prisa, pero sin pausa... Haciéndose desear... Si había una forma inteligente de desnudarse en público, sin dudarlo un segundo, era aquella... Los tenía a todos in alvis...

Las notas sensuales que manaban de los altavoces, venían de la mano de Kenny G.

Aquella, estaba siendo una de las pocas veces en que, escuchar la música ambiental, se hacía posible. Tal era la expectación, todos permanecían atentos, como conteniendo las respiración.

La sugerente música se extendía por los rincones del local inundando los sentidos, envolviéndolo todo en sensualidad; la misma que ella desprendía desenvolviendo su cuerpo...

Al sentarse, la abertura delantera del vestido que nacía a mitad del muslo, descubrió una de sus piernas... La cruzó sobre la otra para deslizar, sinuosamente, la media negra por ella... Lanzándola al público después... Coqueta, sonriente, giró en el asiento, e hizo lo mismo con la otra... Algunos hombres silbaron. A cada prenda que lanzaba la temperatura subía un poco más...

Al son de la sugerente música, volvió a ponerse de pie comenzando a desabrochar, despacio, con exasperante lentitud, los diminutos botones que sujetaban el vestido a su figura... En un gesto rápido de cadera lo dejó caer; emergiendo ante todos como una erótica venus, ceñido aun su cuerpo por el incitante corsé de encaje negro, salpicado aquí y allá de pequeños lazos rojos.

La prenda descubría sus senos sólo lo justo para dejar entrever su considerable volumen y firmeza. El conjunto lo completaba una tanga que por delante ocultaba lo necesario, adornada también con un pequeño lazo rojo, permitiendo por detrás apreciar la importancia y tersura de lo que descubría... Todo en conjunto, le daban un aspecto delicioso, femenino, voluptuoso... En cierto modo, evocaba a aquellas anheladas sex-symbol del cine clásico con las que más de uno ha soñado.

Era lista, sabía cuanto debía dar, y cuando convenía parar... Un elegante y preciso gesto le bastó para cubrirse con el negligé negro. Transparente, coordinando a la perfección con lo poco que no se había quitado... No cabía duda, sabía lo que se traía entre manos; a juzgar por los aullidos de la concurrencia masculina, frustrada al no haber podido contemplar un poco más de la anatomía de aquella impresionante hembra...

Esteban no podía apartar la mirada de ella, lo tenía decidido. Esa hermosa mujer era su opción aquella velada... Claro, cabía la posibilidad de que le rechazara, pero no se iba a rendir fácilmente, a poco que hubiera una posibilidad... Aun quedaban algunas chicas por actuar pero... Estaba resuelto, este era el tipo de hembras que le ponían... Andrés solo tuvo que ver la tensión corporal y el brillo en los ojos de su amigo, para darse cuenta de que la suerte estaba echada.

-No cabe duda... sigues teniendo buen gusto...-dijo, pasando el brazo por los hombros de su amigo, y sin poder apartar los ojos del escenario, aun cuando ella ya no estaba- es la mejor de todas. Yo también estaría dispuesto a pasar toda la noche en su compañía...

-Pues ve escogiendo otra, compañero... Esta es la que me gusta y es para mí.

-Pero que sepas que si te dice que no... que todo es posible... yo lo intentaré también, aunque... -hizo una pausa para enfatizar la idea que iba a exponer a continuación- ¿No dices siempre, que te gustan las emociones fuertes y las situaciones morbosas?... ¿Qué tal si los dos...?

-¡¡Eh... Andrés!!... No te equivoques... ¡¿Que me estás proponiendo?! ¡¡Serass!!...

-Ja ja ja... Tranquilo, liberal de pacotilla...-se burló de él- No te equivoques, tú. En caso de que aceptaras... bueno, y de que también aceptara ella, a mí me siguen gustando las mujeres... y nada más que las mujeres... ¡¡Y mucho!!... Pero reconozco que.... Ummm... Tengo un punto voyeur que...-Prosiguió, dejando notar a su amigo que le estimulaba la idea- Ha de ser interesante poder contemplar como otro se lo monta con ella... Por no decir, lo morboso que puede resultar que ella nos de placer a los dos...

-¡¡Estás loco!!

-Ja, ja, ja... ¡¡Y tú eres un reprimido que va de moderno!!

-Bueno, bueno... No corras tanto, que aun tenemos que saber la opinión de ella.

-Ummmm... Cuidado, amigo mío... Podría pensar que estas empezando a aceptar el juego...

La mente de Esteban era una caldera en ebullición, a punto de estallar. Reconocía que la idea le tentaba, pero el sentimiento ancestral de querer ser, gallo único en el gallinero, no le acababa de dejar dar el paso. Estaba resuelto. No forzaría situaciones, no llevaría la iniciativa en el asunto. Imposible, ello sería como claudicar, reconocerse débil... ¡Y eso nunca!... Pero... Esta vez iba a dejarse llevar... El lado libidinoso y la vertiente voyeur de su carácter podían más que él... ¡Le estaban empujando a querer probar la experiencia!

Cuando terminó el espectáculo, las chicas volvieron a sus camerinos. Al poco rato, ya vestidas de nuevo, algunas con las máscaras puestas, fueron desperdigándose por toda la sala.

Aun con la poca iluminación, la habitual en estos lugares, no hubo duda alguna de que era ella cuando la vieron aparecer. Se aproximaron sin rodeos a la hermosa mujer que les había cautivado. Era una de las que eligieron mantener su rostro oculto. No importaba, eso le añadía mayor atractivo aun, si cabe.

-¿Nos permites disfrutar de tu compañía?...

-Por favor... -La mujer sonrió y con un ademán les invitó a tomar asiento- yo estoy sola y ustedes son dos, por lo tanto, son ustedes los que me acompañan a mí...- dijo esto dejando sus pupilas clavadas, primero, en los ojos de Esteban... Para pasar luego a los de Andrés- Siempre, con una sonrisa en aquellos labios incitadores.... Su voz, podría decirse que era casi un misterio. Aunque se alcanzaba a valorar su textura grave, modulada y suave, el tono era tan bajo que resultaba casi imposible oír sus palabras con aquel sonido en el ambiente. Pese a ello, podía apreciársela como un agradable ronroneo...

Los dos amigos estaban cada vez más interesados en ella, sobre todo Esteban, quizás por eso fue él quien avanzó un poco más en el flirteo...

-Mi nombre es Esteban, y el es Andrés, mi mejor amigo...

-Encantada...-respondió a la vez que extendía una suave y cuidada mano-

-¿Vienes mucho por aquí?

-¿Y tú?...

-Bueno, si, bastante...

-¿Me has visto antes? -continuó la mujer-

-No... sin duda lo recordaría... -dijo esto acariciando con la mirada todo lo que de ella estaba a la vista-

-No estés tan seguro... pero... ¿No crees que es precisamente eso lo que te ha traído hasta mi mesa esta noche?...

¡Vaya!... Una dama inteligente, que además decía lo que pensaba sin pudor. No sabía si eso le atraía o le inquietaba. Probablemente ambas cosas. Esteban salió del paso con una sonrisa y levantando el brazo para llamar al camarero. Todo ello sin apartar la vista de aquella fascinante mujer.

Cuando pidieron volvió a intervenir:

-No has dicho cómo te llamas... Te gusta ser misteriosa, ya veo.

-Ja ja ja... - también su risa era elegante- Cuando lo conozcas todo, dejaré de interesarte... Siempre es así...

-Cualquiera diría que te conoce -intervino Andrés- ¿Seguro que no has estado aquí antes?

-Yo no he afirmado nada ni he personalizado en nadie, eres tú el que lo hace -miró fijamente a Andrés- ¿Acaso no es lo que nos ocurre a todos cuando ya no nos queda nada por descubrir?

-Pero, seguimos sin saber como deberíamos llamarte- insistió Esteban- de alguna manera hemos de dirigirnos a ti... ¿No?

-Después de esta noche, dudo que volvamos a vernos... Y durante la misma... No creo que nos alejemos tanto como para que sea necesario llamarme... y si... en algún momento llegara a ser preciso, seguro que se os ocurrirá cómo... -sonrió con una mirada pícara y centelleante, llena de promesas inmediatas, que consiguió encender los ánimos de sus dos acompañantes.

-¿Nunca repites conquista?- quiso saber Esteban-

-Por el momento, no. No lo he hecho nunca... Pero, tras la primera vez, ya no es conquista... Si me apuráis, e interesa, - puntualizó con sugestiva sonrisa- reconquista...

Durante la conversación fueron aproximándose a ella; uno por cada lado. Eso la hacía mirarlos extrañada...

-¿Todo lo hacéis juntos?

-Ja, ja, ja, Verás... Es que los dos somos muy especiales... ¡¡No, no!!... Nos gustan las mujeres... Pero... Es que esta noche a los dos nos ha gustado la misma. Tanto, que estamos dispuestos a compartirla, pero no sabemos si ella aceptará...

-¿Por qué no le preguntáis?- dijo mirando extrañada a Andrés-

-¿Es que no ves que lo estamos haciendo, querida?- contestó Esteban, satisfecho de haber podido encontrar un signo de candidez en ella. Tanta agudeza mental estaba empezando a inquietar al hombre de las cavernas que habitaba en su interior-

-¡¿Los dos conmigo?! -dijo algo descolocada clavando sus pupilas en las de Andrés-

-Nos gustas a los dos, pero en realidad al que le apetece compartirte es a él- dijo Andrés, señalando a un Esteban cogido por sorpresa- le gustan las cosas nuevas y diferentes. Es de los que se aburren haciendo siempre lo mismo.

-Buff...-dejó escapar el aire contenido- No sé, chicos. Nunca he hecho nada parecido...

-Bueno, pues, para todo hay una primera vez, y si a ti también te gusta hacer cosas diferentes... No sé donde está el inconveniente... ¿No crees Esteban?...- dijo mirando a su amigo.

Este asintió sin apartar la vista de la mujer, y sintiéndose cada vez más excitado por la idea.

-Bueno... Si vosotros estáis de acuerdo... Lo cierto es que sois muy atractivos, los dos me gustáis. Y mucho...

Ella también notaba como subía su temperatura ante la idea de aquella experiencia...

-Si estamos de acuerdo, no le demos más vueltas.... -Andrés empezaba a sentirse realmente excitado- ¿Dónde podemos ir?

-Puesss... deberíamos pensarlo... Aquí, no hay ningún apartado lo suficientemente discreto para algo tan... tan... -no sabía bien como calificar a aquella aventura- importante... y las habitaciones de arriba son exclusivamente para las chicas en nómina... Si tenéis alguna sugerencia...

-Podemos ir a un hotel, o bien, si lo preferís... Yo vivo sólo.

Andrés miraba a los dos tras hacer su ofrecimiento.

-Cualquiera de las dos opciones me parece bien- dijo ella.

-Yo opto por la opción de tu apartamento. Es más discreto y rápido que tener que registrarse en cualquier hotel a estas horas.

-Pues no se hable más. Vayamos hacia mi casa. Tengo el coche aquí mismo.

Durante el trayecto, Esteban no quiso parecer desesperado, por eso ocupó el asiento del copiloto dejando que la mujer viajara cómodamente en el asiento de atrás.

Una vez en el apartamento de Andrés, el clima se había enfriado un poco. Debían hacer algo para recuperar la temperatura alcanzada en el club.

Lo primero fue acondicionar la iluminación, por parte del anfitrión, reproduciendo el tono íntimo de la sala que habían abandonado. Esteban contribuyó ofreciéndose a preparar las copas, mientras ella, aprovechaba para recomponer su atuendo y darse unos retoques en el espejo del aseo, a la vez que intentaba serenar la mezcla de excitación y temor que revoloteaba en su estómago por lo que en breve iba a ocurrir en aquel apartamento.

De nuevo en el salón, charlaron de todo y de nada... Resultaba evidente que ninguno sabía cómo dar el siguiente paso. Fue Esteban el que habló:

-¿Estás casada?

-Sí.

-¿Y por qué haces esto?

-Por necesidad.

Las respuestas escuetas y tajantes denotaban incomodidad ante las preguntas, por lo que Esteban pensó que sería mejo cambiar de táctica...

-Hay algo que me gustaría pedirte -dijo al tiempo que depositaba un beso en la mano de ella-

-Tú dirás.

-¿Nos repetirías el striptease de esta noche?... Estoy seguro de que sería fantástico tener una actuación como esa en exclusiva. Sólo para nosotros.

-Dices bien, ha sido algo realmente hermoso y elegante. Me encantaría que nos dieras la oportunidad de volver a disfrutarlo de nuevo. ¿Quierrías hacernos ese regalo?

-Vosotros sí que sabéis persuadir... pero... soy más tímida de lo que suponéis. Lo cierto es que... Bueno, dadme unos minutos. Como veis, no llevo la misma ropa que en la actuación. Dejad que me cambie e id poniendo una música adecuada. Intentaré complaceros.

-Por supuesto, tómate tu tiempo, - dijo Ernesto- pero no nos hagas esperar demasiado por favor. La resistencia de nuestros corazones tiene un límite.

Fue condescendiente, no se hizo rogar. Bastaron breves instantes para que diera comienzo el espectáculo.

La mujer aun no sabía cómo, pero había logrado meterse de nuevo en la piel sensual de la pantera... Sin duda, las copas ayudaron... Seguramente, también fueron las copas las que ayudaron a la desinhibición de ellos.

Fantástico, excitante, sensual... Quizás fuese la proximidad, quizá el sentirse únicos espectadores, tal vez lo que iba a venir después... El caso es que cuando el negligé de encaje cubrió su figura, y tomó asiento entre ellos, no pudieron contener sus manos, ni sus labios por más tiempo... Ella tampoco podía sujetar ya a la fiera salvaje de su deseo.

Era algo difícil de definir, la sensación de sentirse deseada y notar como dos bocas iban descendiendo al unísono por su cuello dibujando la línea de los hombros. Un sendero de besos húmedos iba convirtiendo en ascuas cada centímetro de piel a su paso. Era indescriptible, sentir como cuatro manos exploraban deliciosamente los lugares más recónditos de su anatomía. Tímidamente al principio, con insolente urgencia después.

La respiración de la mujer también se agitaba por momentos. Ello provocaba que sus senos aparecieran más voluptuosos y apetecibles a los dos pares de ojos que los contemplaban encendidos como ascuas.

Como en una emboscada, un ataque previamente convenido, las dos bocas se apoderaron de los dos pezones a la vez, espoleando un deleite desconocido para ella. Le hubiera sido imposible negarlo, la turgencia y textura de aquel par de cerezas maduras gritaban la necesidad y el placer de ser atrapadas. La destreza de las lenguas provocaba que los sonidos más excitantes escaparan sin control de la garganta femenina. Era una delicia, parecían dispuestas a reconocer, a saborear cada rincón de su cuerpo... A la vez, unos dedos, no sabía de quién, descubrían el efecto húmedo que aquellas caricias estaban provocando en la recóndita confluencia de unos muslos satinados.

Ella, generosa, quería dar tanto placer como estaba recibiendo, por eso buscaba con desespero acariciar la cálida piel bajo las camisas, traspasar la barrera de los cinturones, para poder sentir las palpitaciones del deseo varonil en sus manos. Sus labios y su lengua saboreaban ahora la piel de Ernesto, a la vez que con las manos arrancaban resuellos cada vez más sonoros de un Andrés al borde del clímax...

Se desenvolvía como toda experta; no quería que aquello terminase tan pronto, por lo que, redujo sus atenciones con él y pasó a prodigárselas a Esteban, repitiendo la operación cada vez que sentía próximo el estallido del deseo. Ahora de uno, ahora el del otro... besaba, lamía, mordía... A la vez que era besada, explorada, llevada al éxtasis por las buenas artes de sus dos amantes... Ella correspondía a ambos, acariciando a uno, al tiempo que su lengua y sus labios hacían las delicias del otro... Ernesto estaba fuera de sí:

-Así, así... Ummm... así, no te detengas a hora... Ooohhh... maravilloso, debes ganar mucha pasta- incluso en estos momentos era capaz de ser impertinente, pensó Andrés- eres toda una experta... Sigue, preciosa, sigue así...- Estaba a punto, no podría aguantar mucho más, lo hacía demasiado bien-... Aaahhh, cariño... vas a tener que aflojar un poco, si no quieres que esto acabe antes de lo que a ti y a mí nos gustaría... Eres demasiado buena...

Hizo caso y cambió de objetivo, al tiempo que contestaba:

-Nunca he dicho que mis necesidades fuesen monetarias... Una mujer que está viva, tiene más urgencias que esa... Mi marido tampoco sabe entenderlo...

Ahora era Andrés el que disfrutaba de sus atenciones...

-Ummm, que bueno... Sabía que podrías con los dos. Eres una pasada nena... Me encanta como eres, como respondes... Permíteme decir que tu esposo, sea quien fuere, es un perfecto imbécil...

-Ja, ja, ja... -ronroneó interrumpiendo lo que hacía- Ni siquiera en eso es perfecto...

-¡Ven aquí zorra!- ordenó Ernesto dando un sonoro azote en las hermosas y deseadas nalgas- ¿Te parece bonito hablar así de un pobre e incauto cornudo que no está aquí para poder defenderse?- Se aferro a las caderas al tiempo que penetraba con cierta rudeza en el que desde el principio de la noche, se había convertido en el objeto de su deseo, llegando a ser una imperiosa necesidad...

-¡¡Aaaahhh!!... Él lo quiso... Nadie busca fuera de casa, lo que puede encontrar dentro... ¿No crees? -consiguió decir entre quejidos de dolor- ¡¡Aaaahhh, cabrón, me estás haciendo daño!!...

-Tú te lo has buscado... Por ser una impune infiel y deleitarte con ello... Aaahhh, vamos preciosa, confiesa que también te gusta un poco de rudeza... Vamos nena, quítate esa máscara, me encantaría ver tu rostro mientras disfrutas... ¿Me vas a dejar que te vea?- añadió dando otro azote, como si se tratara de la grupa de una yegua...

Ernesto estaba dando rienda suelta a su vena más sádica, incluso Andrés se hubiera preocupado si no fuese porque las maniobras de la boca femenina le impedían pensar...

-Vamos amigo, seguro que esta zorrita está deseando saber que se siente siendo poseída por dos hombres a la vez... ¿Verdad preciosa?... -hizo girar su rostro hacia él tirándole del pelo-

-¡¡Siii!!... ¡¡Siii!!... Andrés, por favor, deseo sentirte a ti también... Seguro que va a ser mi momento de máximo placer... Y el tuyo también... Lo sé...

A Ernesto le sorprendieron estas últimas palabras... pero no era momento para análisis sintácticos...

Andrés se sentó en el sofá, e hizo que ella le cabalgara.

-¡¡Aaahhh, preciosa, cuanto he deseado hacer esto!!

-Ummm siiii... yo también necesitaba sentirte dentro de mi... uuuffff cariño que maravilla, no pares ahora por favor...

-¡¡Eeehhh qué pasa!! ¿Acaso no te gusta sentirme también?... ¿Eh putita?... Sí, yo creo que sí, no hay más que oírte... -decía mientras sus manos apretaban y estrujaban todo cuanto encontraban a su alcance de la anatomía de aquella maravillosa mujer- ¿De verdad no nos vas a dejar ver tu precioso rostro?... Quiero ver como gozas, ver la expresión de tu cara... ¿No nos vas a hacer ese regalo?...

Ella giró el rostro hacia atrás para mirar a Ernesto al tiempo que contestaba:

-Sí, ahora sí... Ahora que los dos invadís mi ser, ha llegado el momento de vernos las caras... aunque...- hizo una pausa sugerente mientras se desprendía del antifaz- aunque los dos me conocéis de sobras...

-¡¡Irene!!...

Andrés reía malicioso al contemplar la expresión atónita de Ernesto...

-Si querido, soy yo, Irene... Tu decente, respetable y hastiada Irene... ¿Acaso me vas a decir que hoy no te lo estás pasando bien conmigo?...

La sorpresa, no logró frenar la excitación de los tres. Esta había llegado en el momento álgido, por lo que apartaron fugazmente el asunto para dar paso a lo que parecía una explosión volcánica en cadena... Durante unos instantes, los sonidos orgásmicos, las respiraciones agitadas, los aromas sensuales del goce inundaron el salón...

Recobrado ya el aliento, Ernesto fue el primero en hablar:

-¿Por qué?...

-¿De veras necesitas que te explique por qué?... ¿Tus salidas de viernes noche no te parecen motivo suficiente? Y el abandono al que me sometes en todos los aspectos ¿Tampoco te parece un motivo?... Tus continuos menosprecios ¿No te parecen argumentos atenuantes?

Ernesto no quería, no podía... no sabía, qué contestar a su esposa. Seguía sin reaccionar.

-Lo que más me sorprende- intervino Andrés- es que hayas sido incapaz de reconocerla... de reconocer su cuerpo... ¡Sólo era su cara, lo que estaba oculto! ¡¿Es que eres incapaz de reconocer a tu esposa?!... ¡¿A la mujer que dices amar?!... No te la mereces, Esteban, no te la mereces... -concluyó, con una mezcla de rabia y lástima hacia su compañero-

-Ja, ja, ja... Es que las, se-ño-ras -dijo arrastrando cada sílaba, por la rabia contenida- lo hacen con la luz apagada, según tu amigo... ¿Verdad querido?... Además, hace tanto de la última vez, que ni cuenta se ha dado de que han cambiado y mejorado, algunas cosas... Me esforcé en tener buen aspecto, creyendo que era eso lo que podía provocar su rechazo... Pero no... Hoy he podido comprobar que soy su tipo... Pero prefiere coger la fruta prohibida... Él no ama a nadie, que no sea él

-Y vosotros dos... ¿Desde cuándo sois...?- preguntó apretando la mandíbula-

-¡Qué estúpido llegas a ser!... Después de todo lo que te estamos diciendo ¿Eso es lo único que te preocupa?... Tranquilo hombre, no temas, eres cornudo desde hace sólo un rato...

Yo, hace tiempo... Mucho tiempo, que estoy enamorado de ella, y lo sabe... Pero somos tan tontos que los dos queríamos guardarte fidelidad; ella porque te ama, y yo, por respetar nuestra amistad... Pero...

Está claro que no está hecha la miel para la boca del asno... Un asno hipócrita, machista, retrógrado y egoísta como tú... ¡Qué lástima que no sepas valorar toda la suerte que tienes!... Es una verdadera lástima...

servido por licemar 3 comentarios compártelo


Sobre mí

Avatar de licemar

Nada es imposible, todo puede suceder...

ver perfil »
contacto »

No soy lo que buscas, soy lo que encuentras... En definitiva, soy; con eso tengo bastante... Mas vieja de lo que me gustaría, pero bastante más joven de lo que les gustaría a mis "amigas"... ¿Mis aficiones?... Pues depende: Unas son más caras de lo que me puedo permitir. Para otras, (la mayoría) dependo sola y exclusivamente de mi misma: mi garganta, mi imaginación, mis manos, mi esfuerzo... Einstein y yo estamos estrecha, íntimamente ligados; por la ley de la relatividad: Soy relativamente alta, relativamente guapa, relativamente delgada (aplíquese aquí el mismo varemo que con lo de la juventud...) relativamente feliz... Y no me quejo... Relativamente.......

"EL QUE NO IMAGINA NUNCA, ES COMO EL QUE NO TANSPIRA... ALMACENA VENENO"... (Thruman Capote

Un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales. (Mahatma Gandhi)

ERA GUARDIOLA:

CAMPIÒ DE LLIGA... 2008-2009... 2009-2010... Y... 2010-2011... FORÇA BARÇA!!...

CHAMPIONS: 2009, 2010, 2011

PILDORAS PARA PRENDER LA LUMBRE

Mi primer libro. Si sentís curiosidad, podéis echarle un vistazo klicando en el título que aparede debajo de estas líneas

Píldoras para prender la lumbre
2 horas de lectura
Autor: LiCeMar
Categoría:Narrativa
Subcategoría:Novela erótica
N° de páginas:105
Tamaño:
150x210

Mi conquista, no es que no te atrevas a irte, si no, que siempre quieras volver...

Hagamos un trato: Tú olvídate de mis quilos, y yo, te recordaré como es el Paraiso... Palabra de bruja...


I like Castafiore

DÍJOLE LA BRUJA AL PRÍNCIPE

No me beses que te encantaré...

Él, no hizo caso... La besó, y quedó...

¡¡¡¡ ENCANTADO !!!!.......


Ante cualquier hecho violento, la primera víctima es la razón... ¡¡BASTA YA!!...

MI CANAL ENyoutube-logo.png


NO HAY CAMINOS PARA LA PAZ; LA PAZ ES EL CAMINO...(Māhatma Gandhi)

LOS OCÉANOS ESTÁN CONSTITUIDOS POR PEQUEÑAS GOTAS DE AGUA... (Teresa de Calcuta)

Thig crioch air saoghal, ach mairidh gaol is ceòl

El mundo se acabará, pero el amor y la música perdurarán

Gealladh gun a'choimhgheallad, is miosa sin na dhiultadh

Prometer y no cumplir, es peor que rechazar

DÍJOLE EL VASALLO AL REY CADA UNO DE NOSOTROS SOMOS TANTO COMO VOS PERO TODOS JUNTOS... SOMOS MÁS QUE VOS...

(proverbio aragonés)

LA CRUELDAD Y LA INJUSTICIA, CARGAN DE RAZÓN A QUIÉNES, EN PRINCÍPIO, PUEDE QUE NO LA TUVIERAN... (YO)

¿NO PAGAMOS CON CRUELDAD SU AMOR POR NOSOTROS?... ¿Y NO ES LO MISMO QUE LES OCURRE A LAS VÍCTIMAS DE LA VIOLENCIA MACHISTA?... ENTONCES... ¿DONDE ESTÁ EL PROBLEMA?....(Cuando le señalan la luna, el necio, se queda mirando el dedo... [Proverbio chino])

"LA DIPOLOMACIA: ES EL ARTE DE MOVER EL TAPÓN Y LA BOTELLA, HASTA QUE LA ROSCA ENCAJE. DE TAL FORMA QUE; NI EL TAPÓN, NI LA BOTELLA PERCIBAN QUE LOS HAN HECHO MOVERSE..."
(YO)


Querer ser independientes no significa odiar al resto del mundo... Cuando un hijo se siente capaz de independizarse ¿Significa que odia a sus padres? ¿O es simplemente que se siente capacitado para vivir por su cuenta?....

CUANDO LA VOZ DE LOS OPRIMIDOS ES SILENCIADA, LA VIOLENCIA TOMA LA PALABRA Y LO QUE ES PEOR; LA DISFRAZA DE RAZÓN...(YO)

TODO MI APOYO Y SOLIDARIDAD CON LOS VALENCIANOS QUE QUIEREN SEGUIR VIENDO "TV3"...

"Detesto lo que escribes, pero daría mi vida para que puedas seguir escribiendo." (Quien quiera que lo dijese, tenía más razón que un santo...)


"LE DI UN BESO A UN PRÍNCIPE Y...

ESTO FUE LO QUE PASÓ"...

Primero cogieron a los comunistas, y yo no dije nada porque yo no era un comunista. Luego se llevaron a los judíos, y no dije nada porque yo no era un judío. Luego vinieron por los obreros, y no dije nada porque no era ni obrero ni sindicalista. Luego se metieron con los católicos, y no dije nada porque yo era protestante. Y cuando finalmente vinieron por mí no quedaba nadie para protestar.
Martin Niemöller

El peor analfabeto es el analfabeto político, El no ve, no habla, No participa de los acontecimientos políticos, El no sabe que el costo de la vida, precio del poroto, de la carne, de la harina del alquiler, del remedio, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece e hincha el pecho diciendo que odia la política. No sabe el imbecil que de su ignorancia política, nace la prostituta, el niño abandonado, el asaltante y el peor de los bandidos, que es el político corrupto y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales...
Bertolt Brecht


Hay hombres que luchan un día y son buenos, hay otros que luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles...
Bertolt Brecht

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?