No puedes negarlo; sé que me deseas, he visto como pasas la punta de tu lengua por los labios cada vez que piensas en mí.
Y, también sé que lo haces varias veces durante el día, te he visto. Ello convierte en soportables las horas en la oficina. Pero las últimas, se te vuelven eternas. No ves el momento de venir a mi encuentro...
Soy yo, el reposo del guerrero. Y... aquí estoy... paciente... siempre preparada... a punto... Tal y como a ti te gusta.
Sé que me reservas el mejor momento del día. Es, tú momento... Nuestro momento... Ummm... es tan gratificante, sentir la forma en que me miras.
Cuando llegas a casa, preparas nuestro rincón en el salón, es lo primero que haces ... Lo dispones todo como más te gusta, y entonces... Ummmm... Vienes en mi busca.
Estás impaciente por tenerme. Lo sé... Percibo esa leve excitación, antesala del placer que solo yo te sé dar... Sabes que te voy a hacer feliz... Nada más de pensarlo, se te hace agua la boca...
Por fin me ves... Ufff... Los ojos te brillan... Ahí estoy yo, lista, dispuesta, tan hecha para ti...
Aaahh... Me tocas con tus manos... Mi cuerpo transpira... Eso me convierte en más apetecible aun a tus ojos... Una gota transparente, se desliza incitante, desde mi cuello recorriendo, sinuosa, provocadoramente todo mi cuerpo... Ooohhh... Sabes que sólo es la promesa de lo que te espera...
Aaahhh... Uuufff... Empiezas a sentir la impaciencia de hacerme tuya... Me llevas a nuestro rincón... Ummmm... No ves el momento de consumar nuestra unión...
Tomas asiento en tu sillón favorito, el deseo te hace tragar saliva mientras tu mano me tumba... Leeentameeentee, con delicadeza, con maestría... Sabes bien lo que haces... Lo que debes hacer conmigo... Uuuffff... Yo, yo ya no puedo resistirlo más, eres demasiado hábil. Me derramo. ¡¡Aaaaaahhhh!!...
Y el oro líquido que brota de lo más profundo de mi interior... se desliza suavemente por la pared de cristal hasta el fondo de la copa....
Aaahhh... La voy llenando, dejando la medida justa de espuma en la superficie, como tanto a ti te gusta. No hay más que ver como me miras... Dejas mi cuerpo en la mesita de mármol que hay delante de ti, acercas la copa a tus labios y das el, tan anhelado, primer trago... Laaargo, intenso, profuuundo... vivificante...
-¡¡¡Aaahhh!!!... ¡Cuánto he esperado este momento!...- Dices sonriendo con un prolongado suspiro mientras te recuestas cómodamente en el respaldo del butacón.
Tu expresión, no tiene precio. Me satisface; ese trago de mí, ha conseguido hacer desaparecer, de un plumazo, al menos mientras yo dure, todos los problemas del día... Me siento satisfecha, he cumplido mi misión.
Accionas el mando, hoy toca futbol. Mis cómplices; las aceitunas, las gambas saladas, y yo misma, te haremos compañía. Nuestro cometido será deleitarte sea cual sea el resultado. Este es, mi momento de gloria; entrada, apoteosis y ocaso triunfal...
Mañana le tocará a mi compañera; en el estante de la nevera... Sé que te está esperando...
Mi hermano y yo, irrumpimos en este mundo a la misma vez… Bueno, quizás uno, unos minutos después que el otro; pero prácticamente a la misma vez. El parecido entre los dos era innegable, con algunas sutiles y necesarias diferencias, apreciables a simple vista, pero igualitos los dos. Casi, como dos gotas de agua.
Al poco de existir, unas manos rudas, pero amables, nos agarraron a los dos y unos ojos críticos nos escudriñaban detenidamente. En seguida, el dueño de las manos y los ojos, asintió satisfecho de lo que tocaba y veía. Con la sonrisa amplia del trabajo bien echo, cogió una gamuza para lustrarnos a conciencia; sin olvidar ni uno solo de nuestros rincones. Asegurándose definitivamente que todo estaba, como debía estar, perfecto.
Una vez estuvo seguro de ello, nos envolvió en un papel de seda a cada uno y nos acomodó en el interior de una rígida caja de cartón. Hasta en eso se notaba la profesionalidad de largos años dedicados al mismo oficio. Para que estuviéramos cómodos, sin apreturas ni roces, nos puso capiculados. Así aprovechábamos al máximo el espacio y quedábamos mejor presentados. Nadie sabía cuanto tiempo íbamos a permanecer allí. Cerró la tapa y se aseguró que en el exterior figuraran todos los datos que hacía falta saber sobre nosotros. Ahí concluyó nuestro contacto con el artesano, no nos hemos vuelto a ver.
Una vez cerrados y debidamente identificados; emprendimos un largo, larguísimo, interminable y tedioso viaje; en tren, en camión, algún que otro vehiculo más, no recuerdo bien… Tampoco recuerdo cuanto tiempo; mucho, interminable, una eternidad. Todo ese tiempo estuvimos los dos juntos, muy juntos. Compartiendo oscuridad y silencio, a veces también estruendo. Sobre todo cada vez que cambiábamos de medio de transporte. Hubo un zarandeo especialmente violento, casi como un terremoto, después; la quietud, una larga y aburrida quietud. Parece ser que por fin habíamos llegado a nuestro destino, por lo menos de momento.
Al cabo de varias horas de la última sacudida, otras manos destaparon aquella especie de ataúd temporal. Estas eran unas manos muy diferentes; finas suaves delicadas, y cuidadosas con nosotros como las otras. Aunque… a nosotros… nos parecieron las más crueles.
Sí; crueles porque ellas fueron las que nos separaron por primera vez. Así, de repente, sin avisar, sin miramiento alguno. Después de contemplarnos unos minutos, decidió que yo era el elegido. Nos pasó un trapo a los dos, pero a mi hermano lo envolvió otra vez en su papel de seda y volvió meterlo en la celda de reclusión.
Yo tuve más suerte. A mí, me llevó a una gran vitrina acristalada y me colocó en uno de los múltiples estantes de cristal del interior. Me puso semi inclinado; recostado ligeramente en un compañero que acababa de conocer, al que pedí disculpas por esas confianzas. Me dijo que no me preocupara, que se hacía cargo de que aquella postura no era voluntad, ni decisión mía.
Tras eso, miré a mí alrededor, para tomar conciencia de donde estaba...
Era un lugar bastante espacioso, donde había más compañeros desparejados como yo. Pero sobre todo, lo que llamó mi atención fue la luz.
Luz, luz, mucha luz. A todas horas luz, con el calor del sol durante el día y al caer la tarde; el calor natural de la luz artificial. Claro teniendo en cuenta el montón de horas que había estado en la más absoluta oscuridad, aquello me pareció un paraíso. La ciudad de la luz.
No pude menos que pensar en mi hermano, mi compañero de viaje, y… Aaaayyy, sentir lástima por él.
Enfrente de donde estábamos los chicos, había otro escaparate igual. Era el de las chicas. Mucho más hermosas y divertidas que nosotros. Su vitrina estaba igual de iluminada, pero ellas solas ya eran toda una explosión de luz y color… y… Y también sin pareja… Ummmm… Volví a sentir pena por él.
Pasados unos días, no recuerdo cuantos, entró alguien que se interesó por mí… Aunque en realidad no eran mís servivios los que precisaba… Me explico:
Le gusté, le gusté mucho pero… a la hora de la verdad, al que necesitaba era a mi hermano pues… Al hombre… Le faltaba un pie, el izquierdo, justo el que yo calzo… Vaya mala suerte la mía… Ahora el que saldría del claustro para siempre sería mi hermano y yo… ¡¡Condenado a pudrirme a oscuras para toda la eternidad!!....
La decepción momentánea me volvió egoísta, pero pronto me resigné y supe alegrarme por él, había pasado mucho tiempo solo y encerrado. Bastante había aguantado ya el pobre. Y yo pues… ¡¡Cualquiera sabe!!...
Le informé de los cambios, en el interior de la caja, durante el trayecto a casa de nuestro nuevo dueño. También le conté donde había estado yo y todo lo que había visto en el tiempo en que vivimos separados.
Lo que ninguno de los dos nos esperábamos era lo que nos íbamos a encontrar al llegar acasa de aquel hombre...
Nuestro dueño no vivía solo, compartía piso con otro hombre que tenía el mismo problema que él, pero del otro pie… Si, si, como lo habéis leído.
Se conocieron un día, en otra zapatería, cuando se disponían a comprar dos pares completos del mismo modelo y del mismo número.
Eso sorprendió y les hizo gracia a la vez. Ese mismo día se dieron cuenta que gastando lo mismo, se podían comprar dos pares diferentes y así tener mas variedad para combinar con su indumentaria.
Unas cosas les llevaron a otras, comprobaron que eran complementarios en más cosas. Tenían sus diferencias, sí, como todo el mundo, pero sabían salvarlas, perfectamente. Sólo tenían que respetarse mutuamente.
También tenían soledad… eso era mucho más difícil de solucionar sin la ayuda de nadie, así que decidieron que podrían vivir juntos y hacerse compañía, además de poder comprarse pares de zapatos completos desde ese día.
Nosotros estábamos que no cabíamos en la caja, de gozo… Qué cosas; yo todo el camino mentalizándome para pasar la eternidad recluido en el claustro, y resulta que ahora íbamos a salir los dos todos los días. Y hasta una cierta independencia, porque a veces íbamos por separado.
Además, eran unos dueños muy cuidadosos. En cuanto llegaban a casa, se ponían unas zapatillas, nos limpiaban, nos lustraban y nos guardaban juntitos en el zapatero del pasillo… ¿Se puede pedir algo mejor?...
Es curioso como algunos seres, son capaces de salvar todos los obstáculos y superar todas las adversidades de la forma más sencilla... ¿Verdad?...
(Dedicado a todos, los que la vida, nunca nos lo pone facil...)
Ummmm… En ningún sitio del mundo, encajo como entre sus brazos. Aha… Y es que; mis formas están hechas, tan a su medida; tan a la medida de ese hueco en su regazo, que… Ufff… Él, como nadie, sabe sacar el mejor partido de mis curvas, de mi estampa sinuosa… Ahhh, y como respondo… Ummm… Sé que le encanta como lo hago.
¡Ayysssh!... Cuando esos brazos me rodean, tiemblo de puro gusto. Cuando sus mágicos dedos me tocan, me crezco, me transformo… Uuuufff… Me derrito.
Aaahhh… Ellos arrancan los mejores sonidos de mí garganta. De veras; él y yo nacimos para esto, para vivir uno en brazos del otro…
Aun recuerdo la primera vez que consiguió ceñirme. Era casi un niño. El brillo de felicidad e ilusión que había en sus ojos no tenía precio... ¡Cómo olvidarlo!...
Hacía ya unos meses que le había lanzado el anzuelo. Se enamoró solo con verme… Je, je, pero se lo puse difícil; le costó mil sudores y esfuerzos conseguirme. Y es que no soy una chica fácil.
Pero sabe que le soy, y le seré, fiel como ninguna. Mientras yo viva. Sé que me ama, lo sé. Como se ama todo aquello que consigues con empeño. Como se ama lo que te pertenece de verdad; porque yo soy suya, solo suya. De nadie más.
Desde ese primer contacto, ya supimos que la nuestra iba a ser una sólida e interminable historia de amor.
¡Cielos, y como me miraba! Con qué adoración; si es ahora evocándolo y, ummmm… Me derrito.
También recuerdo, como si fuera hoy, el orgullo con el que me presentó a sus amigos. Desde entonces fui con él a todas partes, es más, si alguna vez pretendía dejarme en casa, los colegas le insistían para que volviera a por mí.
Claro, él y yo, les hemos hecho pasar tan buenos ratos a todos. Los dos juntos siempre hemos formado un tándem inmejorable. Pero los mejores momentos… Aaah… Los mejores momentos siempre han sido en soledad.
Es entonces cuando, sin disimulo, saca a flote su lado más tierno y consigue de mí todo cuanto se propone. Ummmm… Es tan habil, que no puedo negarle nada. Y cómo me conoce. Sus dedos arrancan de mi todo aquello que desea. Es tan bueno, que hasta cuida sus manos especialmente para mí.
Desde ese primer día le he acompañado a todas partes: Los primeros viajes, bohemios, solo por el gusto de conocer mundo. Cuando necesitaba dinero, solo tenía que echar mano de mí, y siempre sacaba lo suficiente para subsistir ese día, ¿Y el siguiente?... El siguiente seguramente sería otro país y otra historia…
Gustosa le he acompañado en los otros, los viajes de la fama. Abrazado a mí afrontaba la dura prueba de los escenarios. Cobijada en su regazo superábamos juntos la soledad de las largas noches de hotel.
También los primeros amores, sí, sí; incluso en eso le he ayudado. Conmigo entre los brazos, se atrevía a decirlo todo, y… No es por quitarle mérito, pero yo he sido la artífice principal de sus éxitos con ellas. Gracias a mí se le rendían todas… Je… Es noble, y cuando estamos a solas lo reconoce.
Y los desamores, bueno; los desamores, los sinsabores, los fracasos, las putadas de la vida… Todo, todo ha hallado consuelo a mi lado. Yo le comprendo como nadie. Francamente, no sé cuando es mejor, cuando me acaricia enamorado, o cuando lo hace dejando salir sus frustraciones. Da igual, lo haga como lo haga, yo siempre respondo sumisa a sus deseos.
Con el tiempo llegó el éxito. Y con el éxito el dinero. Y… con el dinero, claro, la competencia. Otras como yo llegaron a su vida; más nuevas, más jóvenes, más modernas… Al principio, he de confesar que me inquieté, incluso me sentí celosa. Ellas podían darle tantas cosas que yo no… ¿Y si se olvidaba de mí? ¿Y si dejaba de importarle?...
Pronto comprendí que mi puesto en su vida, no lo cubría nadie. Jugaba, sí, como un niño con las novedades. Pero, como un niño caprichoso, también pronto se cansaba de ellas. La que de verdad le ataba a sus orígenes, era yo.
Cuando quería algo auténtico, cuando necesitaba aferrarse a él mismo, irremediablemente volvía a mí. Por eso, aprendí a ser paciente y a esperar. A estar siempre dispuesta para él. A dejar que sus sentimientos invadieran mi ser; extrayendo lo mejor de mis entrañas. Solo así seguiría siendo su refugio. La primera.
Las novedades entraban y salían de su vida con rapidez. Pero conmigo volvía a tocar con los pies en el suelo. Yo soy auténtica, no le permito olvidar sus orígenes. Si me abraza y me toca, yo le recuerdo lo que de verdad vale la pena en su vida.
Ahora estoy algo triste, lleva demasiado tiempo sin tocarme, nunca había tardado tanto, y ya le echo de menos.
Soy así, mi cuerpo de granadilla necesita de su calor. Preciso que me cuide, que tense, que me afine, que rasguee mis cuerdas de vez en cuando. Pero es un profesional, él sabe lo que me hace falta y no me abandonará. Sé que no me abandonará. Sé que yo, también le hago falta. Significo demasiado en su historia. No pasa nada soy paciente, ya lo he dicho, no es la primera, ha ocurrido más veces y siempre vuelve. Le conozco como nadie, y lo sabe. Sé cuando es feliz, cuando le han hecho sufrir, cuando le invade la melancolía. Entonces vuelve a mí… Ummm, me abraza… Y, de nuevo, surge el milagro entre los dos.
Es que yo, pase lo que pase, siempre seré su guitarra… La primera, la única... La mejor.
(Recupero uno de los relatos del fondo de mi baul)
No soy lo que buscas, soy lo que encuentras... En definitiva, soy; con eso tengo bastante...
Mas vieja de lo que me gustaría, pero bastante más joven de lo que les gustaría a mis "amigas"...
¿Mis aficiones?... Pues depende:
Unas son más caras de lo que me puedo permitir.
Para otras, (la mayoría) dependo sola y exclusivamente de mi misma:
mi garganta, mi imaginación, mis manos, mi esfuerzo...
Einstein y yo estamos estrecha, íntimamente ligados; por la ley de la relatividad:
Soy relativamente alta, relativamente guapa, relativamente delgada (aplíquese aquí el mismo varemo que con lo de la juventud...) relativamente feliz... Y no me quejo...
Relativamente.......
"EL QUE NO IMAGINA NUNCA, ES COMO EL QUE NO TANSPIRA... ALMACENA VENENO"... (Thruman Capote
Un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales. (Mahatma Gandhi)