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Terra
La Coctelera

Nada es imposible, todo puede suceder...

Para que se haga realidad, primero hay que soñarlo

Categoría: Relato

23 Febrero 2012

¿Por qué huís cuando me véis?...

Me repudian, se apartan de mi.

No lo entiendo. Nunca hice nada a nadie, ante el que previamente no me hubiese sentido amenazada. Soy pacífica, nunca busco brega. Sin embargo cuando notan mi presencia, las caras son un poema. Eso; si no huyen gritando despavoridos ante mi figura.

No sé por qué, el destino quiso que mi aspecto provocase esa reacción en todos. Por más vueltas que le doy, no consigo comprenderlo. Bien mirada, con calma, hasta soy bonita.

Sólo como, cuando tengo hambre. Suelo permanecer inmóvil, mientras lo digiero. Y no busco más comida hasta que el hambre no acucia de nuevo... Jamás ataqué a nadie. No entiendo por qué huyen cuando me ven... ¿A qué vienen esas caras de repulsa?... Nunca lo sabré.

A pesar de todo, tengo mis admiradores. Ummm si, ya lo creo. Aunque bien es verdad que soy del agrado de muy pocos; y a esos pocos, los suelen tildar de extravagantes o depravados, por gustarles yo. Se suele juzgar mal, lo que no se conoce. No sé por qué.

Je... Estos, sonríen. Porque sólo ellos saben lo placentero que es tener a alguien de mis características al lado, haciéndoles compañía.

Cuando me lo permite; me encanta deslizarme poco a poco por encima de mi amo. A él, también parece gustarle. Me llama bonita. Me dice palabras hermosas y cariñosas mientras me acaricia... Dice que me quiere, y que me cuidará siempre. Que a su lado nunca me faltará nada. Yo le hago feliz, porque sé que es verdad. Le hago feliz, enroscándome en su cintura, recorriendo lentamente su torso caliente y desnudo.

Mi piel brilla. Es sedosa y suaaaaveee, quizá un poco fría; pero poco a poco adquiero calidez. A medida que él pasa la mano sobre mi cuerpo, y yo voy resbalando despacito por el suyo... Ummmm... que delicia. Me encanta.

Me encanta observar su expresión satisfecha y relajada mientras lo hago... Así pasamos un rato al día. Justo cuando vuelve fatigado de la dura jornada en el trabajo. Después...

Después es hora de volver a mi sitio, y degustar el manjar que él ha cazado para mi...

Si, ya sé; matar a un pobre ratón es cruel pero, en mi caso, es auténtica ley de vida. No necesito demasiado, me basta con uno al día y si no lo caza él, tendría que hacerlo yo... Dejando de estar bien controlada y localizable en mi confortable terrario.

Je... Seguro que si salgo a buscarlo por mí misma, aun provocaré más problemas entre la vecindad... y no por cazar un minúsculo ratón, no... así que para ahorrarnos malos ratos, es mejor que se encargue él personalmente de ese trámite. Dice que lo hace con gusto. Es el justo pago por mi cariño y compañía.

Shss... sshsss... ¿Sabéis cual es mi momento favorito?... Cuando no hay prisa, y me deja pasearme tranquila por toooodo su cuerpo... hasta que ambos quedamos dormidos en el sofá... ummmm se está tan bien... Así hemos permanecido hasta hace unos minutos. Ahora no está. No sé donde habrá ido.

Ummm ya le oigo... Ya viene, y es hora de cenar. Ummmm.... Percibo que algo se mueve en su mano... Me vuelvo a mi terrario para disfrutar tranquilamente de tan exquisito manjar.

Ah... y hacedme caso... la próxima vez que veáis una serpiente, no salgáis corriendo. No tenemos nada en contra vuestra... No estoy segura de que eso sea recíproco... ¿Verdad?

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16 Enero 2012

El viejo galeón...

Varado en el rincón más olvidado del puerto, las rancias maderas crujían a merced del quedo vaivén en el que las olas viscosas del muelle mecían al fatigado cascarón. Para quién lo recordase navegando a todo trapo, este resultaba un movimiento triste y cadencioso. Una letanía quejumbrosa; que bien recordaba el cabeceo cansado del elefante, que sabe próximo su final.

El dormitar acunado del decadente general retirado, al que el brillo de múltiples condecoraciones en su pecho, da testimonio de las batallas ganadas. Honores que el tiempo oxida hasta borrarlos de la memoria. Nadie se cuadra. Nadie le hace ya los honores al pasar por su lado. Se sabe con facilidad quien, algún día, formó parte de su tripulación. Se sabe porque se detiene, lo mira, baja la vista abatido; para luego proseguir cabizbajo su camino...

Aunque ajado, todavía se adivina en él un galeón imponente, que conoció tiempos mejores. Cuesta poco imaginarlo elegante y majestuoso, devorando legua tras legua, sin muestra de fatiga alguna. Las distancias no suponían más que un mero trámite vital para su existencia. Sus gestas se cuentan por victorias, reflejadas todas en la bitácora de cada uno de sus cientos de viajes. Memoria escrita de quienes fueron sus capitanes. Quedan lejanas, se difuminan en el tiempo. Pero están ahí para quienes quieren saber.

Atrás quedó la gloria de batallas ganadas, tesoros hallados, nuevos mundos explorados. La edad le puso achaques, y le hirió de muerte el vapor. Hoy es sólo un vetusto estorbo que ocupa demasiado espacio. Bravo surcando los mares del pasado, convertido ahora en dócil bueno para nada. Un reo resignado, que se balancea esperando el desguace, como triste e injusto colofón.

Recrujir de maderas nobles, que en realidad son lamento de alma de navegante varado en pena. Sollozo a media voz, con lágrimas de salitre y brea resbalando por el casco. Porque los valientes no lloran, nobleza obliga. Aunque corroa la pena que se lleva por dentro; es la dignidad del soldado rudo... y dentro, muy dentro se queda. Quejidos sordos que únicamente se oyen si paseas por el muelle, cerca, muy cerca de él. Dicen los marinos supersticiosos, que en noches de luna llena, son los tripulantes ya muertos, los que gimen por el triste final.

Ayer arriaron las velas, con la ceremonia afligida de quién es degradado en público. Ya no ondean sus jirones del palo mayor, ni de mesana, ni del trinquete. Estoicos y desnudos permanecen en cubierta, despojados de todo galardón.

Un descendiente del último capitán, remueve cielo y tierra contrarreloj, para hacerle más digno el traspaso. Para que el final no sea final. Son tantas las historias que del viejo barco le contaron, que no se resigna a que el desguace sea la última misión.

Señorial memoria viva de tiempos gloriosos para la navegación; aunque desarmado e indefenso, concluirá con honor su vida. Batido y hundido; pero jamás vencido... ¿Acaso no es esta, la muerte más digna? Convertido en arrecife, de él surgirá la vida. Y sus rincones serán el cobijo de mil criaturas marinas.

Polvo al polvo. Cenizas a las cenizas. Y un viejo galeón, sólo en el mar descansará en paz.

*Reeditado a petición de... mi hija... Pues no se hable más

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5 Septiembre 2011

El viejo búho

El estampido de la persiana daba el pistoletazo de salida a su jornada de cafés, cortados y cañas. Como de costumbre puso en marcha la gran cafetera mientras involuntariamente esperaba oír el tintineo de los cascabeles que anunciaban a su espalda la entrada del habitual primer cliente.

 

Esta vez falló. El repiqueteo dio paso a alguien que le pidió un café con leche bien caliente, para combatir la fría mañana, frotándose las manos con energía.

 

Mientras lo preparaba, con la destreza mecánica que da la práctica, sus ojos se posaron en la discreta mesa del rincón que normalmente ocupaba él.

 

Ya ni recordaba cuando fue el primer día que empezó aquella rutina. Solo sabía que, sin darse cuenta, se había acostumbrado a su presencia. La presencia de aquel hombre de aspecto atractivo y silencioso, extraño, que apenas sí hablaba pero cuyos ademanes daban muestra de ser alguien culto y educado en los buenos modales.

 

De tanto en tanto lo había descubierto mirándola pensativo. Con aquella mirada de ojos ávidos que lo observaban todo. Siempre tenía una palabra amable para ella y una conversación amigable para todo el que quisiera entablarla con él.

 

Pertrechado con su bloc de notas, su bolígrafo y su eterna gorra de viejo marino que no había navegado más que con la imaginación.

Durante años aquella figura siempre había estado allí, con apenas algún cambio en el tono de su cabello, otrora oscuro y que con el paso del tiempo había ido encaneciendo añadiéndole el atractivo de la madurez. El resto igual, siempre igual.

 

Los demás clientes también se habían acostumbrado a encontrarlo en el mismo lugar, por eso cuando entraban aquella mañana, al no verlo, le preguntaban a Laura:

 

-¿Dónde esta nuestro viejo marino?

-No lo sé. Hoy todavía no ha aparecido.

-Que extraño... Se le habrán pegado las sábanas...

-Puede ser... Pero sería la primera vez en tanto tiempo... No se

-Bah, mujer ¿Quién sabe?... A lo mejor se ha ido a navegar por fin...- dijo el cliente intentando imprimir unas notas de humor.

 

Las horas transcurrían pero su mesa continuaba inusualmente vacía, era curioso Laura también se sentía vacía, jamás pensó que echaría tanto de menos su presencia. Sus esporádicas y escuetas conversaciones habían conseguido que la chica dejara de sentirse como un busto parlante tras el lustroso y frío mostrador. Un mero trámite para conseguir lo que a cada cliente le apetecía en ese momento y ya está.

 

A pesar de todo, poco sabía de él; solo lo que de vez en cuando el hombre le había querido contar, y lo que ella misma había deducido por intuición. Por él supo que su nombre era Miguel y por su intuición, que debía vivir solo a juzgar por las horas que se pasaba en aquel rincón, su rincón, como le gustaba llamarlo.

 

Ya eran más de las dos de la tarde y seguía sin aparecer.

Los clientes continuaban entrando y saliendo del bar, la mayoría expresaban su extrañeza al no encontrarlo escribiendo en el lugar de siempre, otros embebidos en sus propias cotidianidades ni siquiera habían reparado en ello... Todo muy normal.

 

A eso de las cuatro de la tarde, cuando el servicio de comedor ya disminuía, era cuando Laura aprovechaba para comer y descansar un poco de tanto ir y venir.

Era el mejor momento del día, no solo por el sosiego que representaba para sus pobres pies, si no porque era el rato que podía dedicar a su pasatiempo favorito; leer en el periódico la columna diaria de “El viejo búho”. Le encantaban aquellas historias cotidianas. Eran tan reales, tan de tú a tú que en ocasiones le parecía estar viéndose a sí misma en alguna de las protagonistas. Incluso a veces, hasta hubiera jurado que algunos de aquellos relatos habían ocurrido en su presencia, solo algunos pequeños cambios en los personajes o en la descripción del ambiente no la dejaban estar segura del todo.

 

Con decisión fue pasando las hojas del diario hasta llegar a la página donde solía aparecer. Allí, en lugar de su amada columna, lo que encontró fue una escueta nota de la redacción del periódico informando del óbito repentino del Viejo búho. Después de un sentido descanse en paz, el diario informaba a los lectores que al día siguiente publicarían la ultima columna de su habitual colaborador...

 

La chica, lentamente devolvió a su lugar el tenedor con el último bocado que se había quedado suspendido a medio camino entre el plato y ella. Sus ojos se inundaron de un agua cálida que la desbordó y resbaló por sus mejillas al tiempo que fijaba la vista en la mesa del rincón sintiendo como si una mano invisible apretara dolorosamente en el interior de su pecho. Acababa de descubrir dos cosas a un tiempo. De súbito su intuición le decía que ahora si sabía quién era Miguel y que lo que sentía por él no solo era el cariño de la costumbre.

 

Aquel cliente tenía razón, el viejo marino se fue a navegar. Emprendió el largo viaje que no tiene retorno.

Desde entonces la mesa permaneció reservada de forma tácita. Como si secretamente esperase que la intuición le hubiera fallado en esta ocasión y que alguna vez quisiera volver a sentarse a escribir en ella...

 

El tiempo pasaba y ella se sentía cada vez más triste. No acertaba a entender qué la desasosegaba más; si saber que nadie, incluida ella, se hubiera ocupado más que superfluamente de aquel hombre discreto, o que a él le hubieran importado tanto sus vidas que los había adoptado como fuente de inspiración sin que nadie reparara en ello.

Cuanto le añoraba. 

 

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28 Septiembre 2010

Lélody la valiente (El concurso ya está aquí...3ª y última parte)

Hay que pensar en el vestuário - (cap. 1º)

El martes las chicas felicitaron a la señorita por lo bien que había llevado las conversaciones con los padres.

-No creáis no me fue tan fácil, me pasé tres días planeando la forma de abordar el tema.

-Pues te los metiste en el bolsillo enseguida- Apuntó Rona

-Si. A veces va bien tener un poco de mano izquierda... Ya estaba otra vez Carla diciendo cosas raras. Las niñas se miraban... -Bueno- prosiguió la señorita- Ahora tenemos que concentrar nuestras energías para pensar en el vestuario.

-Vale. Pero tratándose de Cabaret, tiene que ser algo bien chulo, con glamour...

-Si Rosa, pero hay que acordarse de que también les debe gustar a ellos

-Buenooo... Pues lo tenemos claro señorita. Las bambas y el chándal no son muy glamorosos- Bromeo Lorena poniendo cara de asco. Todas rieron con Lorena y sus payasadas.

-Seguro que los vaqueros y las camisetas también les gustan- mencionó Carla- y con esto las bambas quedan bien. Podemos empezar a buscar por ahí

-Para este tipo de cosas la mejor es Rosa- Propuso Sara.

Todas estuvieron de acuerdo. Sin duda era la que tenía mejor gusto para el espectáculo.

La niña algo asombrada de que sus compañeras la elogiaran y la eligieran. Irguió la espalda y empezó a exponer sugerencias:

-¿Qué os parece? Nosotras con un body en dorado. Medias y bailarinas negras, y ellos todo de negro con una pajarita dorada...

Curiosamente esta vez no tenía su acostumbrado aire de sabelotodo. A todos les encantó el conjunto. Les sorprendía lo rápido que pensaba Rosa.

-¿Y de donde lo sacamos?- Preguntó Ruth.

-Chicas, no podemos salirnos de presupuesto. Si hacemos gastar demasiado a vuestros padres, entonces se negarán en bloque.

Todas se quedaron pensativas y algo desinfladas. En aquel momento Rosa volvió a hablar:

-¿Tenéis todavía el body negro del festival del año pasado?

-Si- Al unísono.

-¿Podréis conseguir una chaqueta o torera de punto en color rojo?

Unas dijeron que si y otras que la conseguirían.

-Entonces- Continuó- Nosotras iremos así y a ellos les pondrían la pajarita en rojo.

-¡Muy bien Rosa! Cuando quieres eres genial. ¿Os parece bien la idea chicas?

-Siiii- contestaron todas-

Bueno pues es cosa vuestra convencer a los chicos La animación volvió a reinar en el salón de baile. Solo Jenny estaba inusualmente callada.

-¿Qué te pasa? ¿No te gusta la idea?

-Claro que si, Lélody, seguro que queda fantástico.

-¿Pero?...- Intuyó Lélody.

-Pero todas sois muy altas y esbeltas. Todas menos yo. Yo no soy ni alta ni esbelta- dijo pellizcándose un par de michelines.

-Venga mujer. Tampoco es para tanto.

-No quieras hacerme la rosca. En mi casa hay espejos y aquí también... No se. Yo no me voy a sentir cómoda bailando con esa indumentaria. Mi trasero hace dos de los vuestros... Lélody, seguía pensando que exageraba, pero entendía que no se sintiera cómoda. Una cosa es lo que te dicen y otra como tú te ves. Lo sabía muy bien.

Las llamó a todas para que se reunieran de nuevo, incluida la señorita, Y les expuso el problema.

-¡Oye pues come menos!- Dijeron unas.

-Haz más ejercicio- comentaron otras.

-¡No seáis crueles!- Protestó Carla, consciente de que si no resolvían el problema de forma rápida y satisfactoria podrían encontrarse con otro peor- No se trata de perder peso. Ella está bien. Solo hay que hacer algún reajuste en el atuendo y ya está- Concluyó mirando a Rosa.

-Podríamos añadir una faldita, también roja...- Propuso ésta.

-¿Y de donde la sacamos?- Dijeron las otras.

-Bueno, podemos comprar tela que no sea muy cara y hacérnosla nosotras. No creo que cueste mucho.

-Bien pensado Ania- aprobó la profesora- Yo misma puedo buscarla y ayudaros a confeccionarlas. Con la tela que nos sobre les haremos las pajaritas a los chicos.

Todas aplaudieron por lo buenas que eran resolviendo dificultades.

-¿Te parece mejor así Jenny?

La pequeña asintió, agradecida por el esfuerzo que habían hecho sus compañeras para que se sintiera mejor. Carla estaba convencida de que sus pupilas eran un ejemplo de camaradería. Se sentía muy orgullosa de ellas.

El problema de la pajarita - (cap. 2º)

Ya llevaban un rato bailando en el gimnasio. Las chicas se miraban sin saber como abordar el tema. Por qué serían los chicos tan complicados con eso de la masculinidad. Ellas, al igual que el resto de la humanidad, no acababan de entenderlo.

Los muchachos veían que ese día no paraban de mirarse entre ellas. Empezaban a mosquearse...

-¿Qué os pasa? ¿Es que no lo hacemos bien?

-No. No. No es eso- dijo Lélody conciliadora- Es que ya tenemos pensado el vestuario y no sabemos como decíroslo. Sois tan raritos...

-¿Raritos?...A ver, a ver, contad- dijo Samuel suspicaz.

Las niñas les explicaron con todo detalle los elementos que componían el atuendo dejando para el final lo de la pajarita. Sabían que era lo que acarrearía más problemas. Y no se equivocaban. Cuando oyeron la palabra, pajarita, los cuatro arrugaron la nariz...

-A ver- Intervino Rosa- ¿Podéis conseguir pantalones negros?

-Si- dijeron todos.

-¿Y una camisa negra?

-Si. La podemos conseguir

-Vamos bien- se alegró Lélody- Pues la pajarita os la regalamos nosotras.

Ellos volvieron a arrugar la nariz

-¿Por qué no llevamos pantalón negro y una camiseta roja? También queda "guay" y no tendríamos que llevar pajarita...Sugirió Darío

-Porque entonces en lugar de Cabaret, parecería Greasse- Dijo Rosa con cierto tono de exasperación.- Hay que ponerle un poco de glamour...

-Bueno, bueno- Intervino Lélody temiendo que Rosa enviara todo al cuerno- Si lo que os preocupa es lo que dirán vuestros padres. No os la pongáis hasta que vayáis a salir al escenario. Y no os preocupéis más por eso. Ya veréis que si ponemos ganas todo saldrá bien y se dejarán de bobadas.

Mientras tanto Ruth, había hecho un dibujo de dos figurines. Uno vestido de la forma que habían propuesto ellos, y otro con el atuendo elegido por ellas.

-¿Qué os parece?- Preguntó la niña- ¿No os gusta más el de la pajarita?

-Si claro- Dijo Rubén- como que te has esmerado mas en el dibujo de ese que en el del otro... ¡Que brujas sois las tías!... ¡Siempre nos lleváis al huerto!...

Aunque les costara, debían reconocer que el propuesto por las chicas era el mejor...

Lélody, iba manteniendo al corriente a sus padres de cómo marchaban los ensayos.

-Si mamá, no querían dar su brazo a torcer, pero han reconocido que nuestra propuesta era la mejor.

-No sabes como me alegro, hija, de que todo esté saliendo bien. ¡Hay que ver la que has liado tu solita!... ¡Caray con la tímida!...

-Pobrecillos... Nos lleváis por donde queréis- Intervino el padre

La niña rió feliz y les estampó dos besos a cada uno

-¿Y Rosa? ¿Cómo lleva el, no ser, la protagonista?

-Mamá, estos días estoy descubriendo a una Rosa, para mí, desconocida. Bueno y para las demás también. Está de buen humor, no intenta jugársela a nadie, coopera con los chicos siempre que puede. Esta desconocida. Es más, el vestuario es idea de ella...

-Ella no ha cambiado. Pero vosotras habéis dejado de querer cambiarla y la habéis aceptado como es. Eso la ha relajado y vuestra Rosa se ha quitado las espinas. Deberías entenderla, a ti te pasa lo mismo. Todos tenemos algo que sabemos hacer mejor que los otros. Sólo hay que dar una oportunidad. Después del concurso, no dejareis de ser sus amigas ¿Verdad? Eso no estaría bien.

-No mama. Por lo menos yo no, y estoy segura de que las otras tampoco. Yo creo que le hemos tomado cariño.

-Sin duda, ella a vosotras también. Mañana es el ensayo general ¿No? Pues será mejor que descanses

-Buenas noches. Papá.

-Buenas noches hija, que descanses- Dijo el padre dándole un beso.

-Mamá buenas noches. -Buenas noches mi niña- Dijo la madre, haciendo lo mismo.

En el salón de baile había un murmullo que evidenciaba el nerviosismo de los bailarines. Esta vez también habían ido los chicos. Era sábado y no podían ensayar en la escuela. Además los padres se habían mostrado más cooperadores desde la entrevista en el parque.

Carla se había ocupado de hacer marchar a todos los mayores. Quería que el espectáculo fuera una sorpresa par todos. De paso se aseguraba que los chicos le prestaran mayor atención y se concentraran mejor. Se había pasado tres semanas cosiendo faldas y pajaritas.

-¡Hey! Mirar lo que tengo... Todos se acercaron a donde estaba ella desenvolviendo un gran paquete. Las chicas se pusieron contentísimas dándole las gracias. Besándola y abrazándola con entusiasmo.

-Vale, vale. Ya veo que os han gustado. ¿Y vosotros? Acercaos ¡Vamos! Coged vuestras pajaritas, que no muerden. Los muchachos las cogieron como el que coge una sardina mal oliente, girándolas y mirándolas como si no hubieran visto una en su vida.

-Vamos chicos. Cambiad esas caras, os aseguro que os veréis muy guapos cuando las llevéis puestas y muy masculinos... Carla utilizó adrede la palabra mágica viendo que con solo decirlo obraba milagros. -Además vuestros padres no las verán hasta que estéis en el escenario. Esto derribó por completo las reservas que aún les pudieran quedar.

Los últimos ensayos - (cap. 3º)

Aprovechó el lapso para desviar la conversación y llamar su atención sobre otra cosa.

-Solo queda una semana para el gran día. ¿Por qué no hacemos hoy una especie de ensayo general? Puliremos, fijaremos y daremos esplendor...

Todos estuvieron de acuerdo. Subieron la música y se pusieron en marcha. Las chicas se colocaron de dos en dos en las cuatro esquinas, como si estuvieran sentadas ante una mesa, tipo confidente. Los chicos se situaron, uno detrás de cada pareja a modo de camarero. Así formaron cuatro grupos de dos niñas y un niño cada uno.

Dos tríos detrás, compuestos por: Samuel, con Jenny y Sara. Rubén, con Rona y Ania. Y otros dos tríos delante, compuestos por: Darío, con Rosa y Lorena. Y por último, Dimas con Lélody y Ruth.

A Carla le pareció una buena entrada, con un buen planteamiento. Oprimió el botón del equipo de música y... Dio comienzo el espectáculo...

Ellos, esbozaron unos primeros pasos de baile acercándose a las chicas en ademán de querer atenderlas. Ellas, halagadas por la cortesía coqueteaban con sus ficticios camareros, a la vez que se ponían de pié con unos coquetos cruces de piernas previos. Después, arrancaba de lleno la corografía urdida por todos...

Los entusiastas aplausos de Carla coincidieron con los últimos compases de la canción.

-¡Bravo! ¡Bravo! ¡Bravo!... Me habéis dejado impresionada. Como lo hagáis así el domingo que viene nos volvemos a casa con el premio en el bolsillo... ¡Fijo!...

-¿No hemos de retocar nada?- Preguntaron ellas con ánimo de perfección.

-No. Yo no tocaría nada. Me gusta como está. Y ya lo tenéis muy grabado. Cambiar algo ahora sería liaros, e insisto está muy bien. Parecéis mayores y todo...

Después del último comentario de su, querida, profesora los doce inflaron el pecho y pusieron cara de satisfechos.

-Me tenéis tan contenta y hemos acabado tan pronto, que os invito a merendar en la cafetería de aquí al lado, antes de que vengan vuestros padres a recogeros.

La cafetería se llenó de risas y alboroto con la entrada de los muchachos seguidos por la profesora. Consiguieron tomar todos asiento y escucharon lo que Carla tenía que decirles.

-Bueno muchachos, a vosotros no os veré hasta el sábado, cuando hagamos el verdadero ensayo general. No me falléis ¿eh? A vosotras os veré todavía el martes. Ultimaremos quién lleva la ropa y donde nos cambiamos.-Vale- dijeron todos

A medida que llegaban los padres de cada uno, todos se fueron marchando. Carla pagó y salio del local pensativa: -Desde luego, si bailan como hoy, tenemos muchas posibilidades...

Entre estudios, juegos, últimos ensayos en el gimnasio y muchos nervios llegó el martes.

-¿Ya habéis pensado dónde os vestiréis?... Rosa fue la primera en hablar:

-Me han dicho que el teatro donde actuaremos tiene camerinos. Podemos salir de casa vestidas con lo imprescindible y las faldas y las pajaritas nos las colocaremos allí.

-Bueno- Dijo Carla- Entonces esas dos cosas ya me encargo de llevároslas yo...

-Estupendo.- Convinieron todas- Hasta el sábado señorita... Para el ensayo general podemos ir vestidas normales ¿Verdad?...

-Si claro, solo es para probar las medidas del escenario y tomar posiciones. El baile solo lo puntearemos. Queremos que sea una sorpresa para todos ¿No?... Hasta el sábado. Intentar estar todos tranquilos. Ya sé que es difícil, pero procurad no poneros demasiado nerviosos.

Las jornadas restantes fueron un ir y venir de últimos ensayos, nervios y pequeñas discusiones. Alguno que otro había amenazado con no ir si seguían discutiendo así.

-Bueno a ver si nos calmamos o al final se irá todo a la porra- Aconsejó Lélody- sólo quedan dos días. ¿No vamos a poder aguantar?...Veeenga, tranquilidad para todos. Hagamos un esfuerzo. 

Y...Por fin el sábado.

Cada niño en su hogar era un pequeño terremoto, capaz de acabar con la paciencia de los padres. Menos mal que estos estaban ya muy concienciados, si no, hubiera peligrado la asistencia por algún castigo. Lélody era una pequeña olla a presión, que explotaba por cualquier cosa. Le había costado dormirse. Sus padres no sabía ya que hacer. Todavía les quedaba una noche de suplicio...

El escenario tenia buena pinta. Entre bambalinas había numerosos trastos esperando a que cada grupo participante hiciera su puesta en escena.

Carla se aseguró de que las cuatro mesas y las ocho sillas necesarias estuvieran también por allí. Cuando las localizó, las agrupo en un rincón a la espera de ser utilizadas al día siguiente... Bueno eso estaba ya controlado. Ahora, solo le quedaba controlar a sus pequeños bailarines...Eso iba a ser mas complicado...

-A ver chicos... Mañana actuaremos en quinta posición. Son quince grupos participantes y... Creo que no me queda nada mas que decir.

-¿Creéis que se acordarán de nosotros después del decimoquinto grupo?- Preguntó preocupado Samuel.

- De vosotros depende- apostilló la maestra- Si lo hacéis de bien como hasta ahora no creo que os olviden...

-Y si alguien se cae tampoco...

El humor de Lorena vino de maravilla en esta ocasión para distendir el ambiente. Lélody, optimista, dijo:

-Además actuaremos lo adecuadamente tarde para poder calentar los músculos por nuestra cuenta. Y lo suficientemente pronto como para no salir hechos un manojo de nervios... Carla, ya está todo ¿Nos podemos ir?

-Si yo también creo que no hay nada más que hacer y debemos dejar que entre el siguiente grupo a ensayar. Bueno pues hasta mañana mis "bailones". Ya se que es difícil pero intentar dormir esta noche para estar mañana frescos y despejados.

Todos le dejaron bien claro a su profesora que su ultimo consejo iba a ser muy complicado de seguir. Dedicaron el resto de la tarde a los más variopintos menesteres, en busca de distracción. La mayoría eligió actividades físicas para poder quemar adrenalina y así descansar mejor.

-Estoy agotada mamá- Dijo Lélody- Pero así y todo no se si voy a poder dormir.

-Debes intentarlo. Mañana necesitarás de todas tus energías y concentración.

-Ya lo se papá. Buenas noches

-Buenas noches hija- Le contestó él con un cariñoso beso en la frente- Hasta mañana.

El cansancio se impuso y la niña cayó en un profundo y reparador sueño. Los padres pensaron que posiblemente sería algo agitado pero por fortuna se equivocaron...

Hoy es el gran día - (cap. 4º)

-Hola, dormilona. Buenos días...

-Buenos días, papá. Buenos días mamá.

-Te sentó bien el ejercicio de ayer, por lo que veo.

-Si, mama, tuvisteis una gran idea llevándome al parque de atracciones. Me olvidé de todo y he dormido toda la noche de un tirón.

-Tus compañeros estuvieron haciendo actividades parecidas.

-¡Hay va, papá! ¿Eres adivino? ¿Cómo lo sabes?...

-Je, je...Nos pusimos todos de acuerdo ayer, mientras estabais ensayando. Convinimos en haceros hacer ejercicio, pero procurando que no os encontrarais para no daros oportunidad de estar todo el tiempo hablando de lo mismo.

-Cuanto sabéis- Dijo la hija rodeando el cuello de su padre con los brazos- ¿Qué haríamos sin vosotros?...

-Anda pelota- intervino la madre dándole una cariñosa palmada en el trasero.

-¿Celosilla, mamá?... Ven aquí... Si tengo mas para ti.

Así entre bromas, mimos, llamadas telefónicas y otros quehaceres fue pasando la mañana. Poco antes de comer, Lélody y sus padres bajaron a la piscina para hacer unos largos y seguir teniendo la mente ocupada en otras cosas. La niña se mantuvo distraída nadando y jugando con algunos vecinos de su edad.

-Lélody, despídete de tus amigos que ya es hora de ir comer.

-¡Tan prontooo!... -Si. Hoy comeremos antes para que te de tiempo a descansar un rato.

-Pero, si no voy a poder dormir.

-Haz caso a tu madre. Aunque no duermas, siempre puedes echarte un rato.

-Vaaale.

Cuando el grupo de Carla llegó al teatro, los camerinos eran un hervidero de artistas de todos los tamaños, yendo y viniendo. La profesora estaba tranquila. En aquellos momentos agradeció que los suyos hubieran tomado la sabia decisión de guarnecerse, tranquilamente en casa. Así solo les quedaba darse unos retoques y ponerse las prendas que traía consigo.

Les indico el lugar en el que podrían cambiarse y guardar su ropa para luego. Ella salió para reservar asientos con buena vista para los familiares de sus pequeñas estrellas. Habían venido todos los padres, todas las madres, algunos abuelos, unos cuantos amigos, algún profesor de la escuela y, como no, la señorita Jana, esta quizás era la que mayor curiosidad tenia. Parecía que los niños se acoplaban bien pero solo había visto pequeños retazos. Lo estaban llevando todo con mucho sigilo.

Carla, había vuelto con los chicos. Sólo tuvo tiempo de ver que todo iba a la perfección, cuando la intensidad de las luces disminuyó. Sonaron los pitidos característicos de acople al abrir el micro. Una voz bronca, la del organizador, relató de que forma iba a ir el concurso.

El jurado, compuesto por doce personas de distintos ámbitos de aquella sociedad:

Un educador en danza, una profesora de jazz, dos monitores de gimnasia rítmica, tres educadores en música, tres personas no vinculadas a ninguna disciplina, la concejala de cultura y el Alcalde de la ciudad.

Se reunirían en privado, con la presencia de un notario para dar fe de sus votaciones después de que, ante ellos actuarían los quince grupos, por riguroso orden alfabético. Dicho esto, la voz, se dispuso a nombrar a todos los grupos para que tomaran nota de en qué lugar les tocaba actuar...

-¡¿Nombre?!...-Dijeron todos con cara de terror- ¡Si no tenemos!

La señorita movía afirmativamente la cabeza, señalando con el dedo hacia el escenario para que escucharan al hombre, justo cuando...

-En el numero cinco; "Grupo de danza Chispas"... En el numero seis...

Entre bambalinas...

-¡¿Chispas?!...¡Con ese nombre yo no salgo!- dijeron la mayoría.

-Por favor, por favor, perdonarme- Suplicó Carla con las manos juntas- Es que tuve que decidirlo en el momento y no se me ocurrió nada mejor...

-Ya puedes decirlo, ya... ¡Que poca imaginación!- Bromeó Lorena.

Todos rieron y la señorita le agradeció más que nunca que la pequeña le diera ese quiebro a la situación

-Venga chicos no os quejéis más- intervino Rosa- Después de esto nos lo cambiamos y ya está.

-Además, gracias a él salimos los quintos. Recordad que es por orden alfabético

-Tu Lélody siempre viendo el lado positivo. Menos mal que no quería que actuáramos los segundos. Si no, improvisando,improvisando, lo mismo nos inscribe como "Grupo de danza los borricos"

-JA, JA, JA, JA, Qué ídem eres, Samuel...-rieron todos otra vez.

La señorita para infundir ánimo extendió la mano con la palma hacia abajo. Los chicos y chicas la imitaron. Entonces ella dijo en voz alta:

-¡Mucha mierda!...

Todos escondieron las manos rápidamente.

-¡Pero que dices Carla!...

Cuando la risa la dejó hablar les explico que era un grito de guerra entre artistas para desearse suerte. A lo que todos contestaron:

-Ah... Bueno...

-Es verdad- comento Lélody- Mi madre, hace teatro para aficionados, y cuando la he acompañado a algún estreno, he oído como lo gritaban con el mismo ritual que ha hecho Carla ahora.

Bueno mis niños, esto va que arde. Los próximos sois vosotros.

Volvió a repetir el grito de la polémica y se marchó dispuesta a tomar su asiento. Los auxiliares de escena clocaron los bártulos del cabaret en un, pis pas. Cuando estuvo todo en orden la presentadora informó:

-Y ahora damos paso al quinto grupo participante... ¡Con todos ustedes!...¡¡Grupo de danza Chispas!!

Al abrirse el telón, todos estaban en sus puestos. Y las primeras notas de Cabaret empezaron a sonar...

-¡Guapísimos!- pensó Carla, orgullosa, miro de soslayo hacia los padres de sus alumnos.

Las mamas tenían todas un pañuelo en las manos, unas apretujándolo y otras secándose los ojos. Esto la enterneció, pero con lo que mas disfrutó fue viendo que los "papás guerreros" estaban todos con la boca abierta, incluso ella diría, que alguno que otro con los ojillos brillantes.

En la cara de la maestra se mezclaban el brillo en los ojos de la emoción y la sonrisa en la boca por la satisfacción.

La música cesó y el patio de butacas estalló en aplausos, vivas y vítores También se oían estridentes silbidos de bravo, la mayoría los emitían los "papas machotes"... Ella se giró y también les aplaudió a ellos.

-Bueno, Carla- Pensó para sí- Parece que el año que viene también tendrás alumnos, después de todo...

En cuanto cayó el telón para dar paso al siguiente grupo, Carla salió disparada para felicitar a sus artistas.

-¡Fantásticos! ¡Geniales! ¡Maravillosos!- Queriéndolos abrazar a todos a la vez- ¡Pero que niños mas listos tengoooo!... No se dónde quedaremos pero que sepáis que habéis estado soberbios.

Los chicos también estaban muy contentos. Sabían que habían estado bien. No se habían equivocado. No se habían puesto demasiado nerviosos. ¡Hasta habían sido capaces de pasárselo bien y disfrutar!

-Ahora poneros algo encima. No quiero que os resfriéis. Qué preferís ¿Quedaros sentados a ver el resto de participantes? ¿O salir al parque de aquí delante a jugar un rato?

-¡Salir, salir, salir!- Dijeron todos

-Estaba segura de que diríais eso. Vale pero no os mováis de aquí delante ¿Eh? Cuando vayan a decir el fallo del jurado iré a buscaros.

-Gracias Carla, tu si que sabes- Dijeron todos y salieron de estampida.

La señorita, informo a los padres sobre el paradero de sus hijos y les aconsejó que era mejor que los dejasen un rato solos para que se calmaran. De acuerdo con ella y algo más tranquilos siguieron viendo el festival. Cuando se cerró el telón por última vez, la presentadora informo:

-El jurado se retirará ahora a deliberar por espacio aproximado de media hora. Tiempo que podrán ustedes aprovechar para tomar un respiro o felicitar a nuestros artistas. Hasta luego...

Todos salieron del recinto dispuestos a felicitar a los chicos. Les dijeron lo bien que habían estado y lo orgullosos que estaban de ellos. ¡Ah! Y lo bien que les sentaban las pajaritas. Las chicas estaban guapísimas. También se lo hicieron saber.

Entre bromas, felicitaciones y juegos el tiempo fue pasando. Demasiado lento para algunos y demasiado rápido para otros.

Transcurrido éste, todos volvieron a sus asientos. Los artistas tenían que estar encima del escenario aguardando el veredicto. Volvió a disminuir la luz y volvió a abrirse el telón. Todos guardaron silencio... La presentadora invito al Sr. Alcalde a hacer de maestro de ceremonia, entregando los premios a los participantes. La locutora continuó:

-Tras el magnifico espectáculo que hemos tenido la delicia de ver y después de que el jurado haya deliberado... El fallo de éste, recogido ante notario, es:

-Tercer premio para... ¡El grupo de danza española de la escuela Mª Rosa¡

El alcalde hacía los honores mientras el público aplaudía.

-Segundo premio, para... ¡Grupo de danza Chispas y su creación libre del musical Cabaret!...

El patio de butacas estallo en un estruendo de aplausos. Aunque también se podía oír algún que otro silbido de desacuerdo... Salió a recibir el premio Carla. Los chicos se habían quedado algo desinflados por ese segundo puesto.

-El primer premio es, para... ¡El grupo de la escuela de ballet, Nureyev!

 El Alcalde entrego el premio a una pequeña, miembro del grupo. En esta ocasión los aplausos se apagaron antes.

Parecía que todo estaba ya repartido pero la presentadora, parecía que se disponía a seguir...

-Por ultimo, y por expreso deseo del jurado... Mención especial y diploma honorífico, por su dificultad y coordinación, originalidad de vestuario y su ejemplo de integración al haber niños también entre sus filas.... (Al decir esto ya estaba claro)... ¡¡Grupo de danza Chispas!!...

Ahora si que el teatro se venia abajo en aplausos y vítores. Pero...

-Recoge el premio... Lélody Mínde... Que según la profesora es la creadora de la coreografía y la artífice de haber incorporado bailarines en ella.

A la niña le parecía que se le habían pegado los pies en el suelo. En realidad, deseaba que se abriera la trampilla y desaparecer por ella... Pero no podía moverse.

Rosa y Lorena, conscientes de lo difícil que resultaba aquello para su tímida amiga, la agarraron cada una de un brazo y la obligaron a caminar hacia delante. Al llegar a la altura del Alcalde, éste se inclinó para entregarle el premio y darle dos besos, al tiempo que decía:

-Así que tu eres la artífice de todo esto...

-Todos sus compañeros dijeron que si, sabiendo que ella sería incapaz de hacerlo

-Que orgullosos deben estar tus papás- concluyó.

-NO.- Dijo con determinación una vocecita. Sus compañeros no podían creérselo ¡Era ella!...

-Si, si, mis padres si que están orgullosos de mi... Pero no he sido yo la artífice de todo esto. Quizá se me encendió una luz, pero si ellos no lo hubieran aceptado y se hubieran puesto a trabajar no habíamos llegado hasta aquí nunca. Y lo de los chicos... También ha sido porque todos hemos querido, yo sola no hubiera podido hacer nada...

Todos estaban en silencio. Los padres de la niña contenían la respiración. Sabían lo que le estaba costando hacer eso. Lélody prosiguió:

-Yo también quiero darles las gracias a todos por lo buenos compañeros que han sido y por lo que me ayudan siempre que pueden.- Los nervios y las emociones hicieron que el labio inferior le empezase a temblar segundos antes de estallar en llanto. Un llanto contenido, pero no de tristeza sino de felicidad por lo que había sido capaz de hacer.

Todo el teatro irrumpió en aplausos hacia la pequeña, a la que sus compañeros ya arropaban con abrazos y felicitaciones. Carla secándose las lágrimas les dijo a sus alumnos abrazando a la niña:

-Pobrecilla, la honestidad ha podido más que su timidez. Cuanto nos has enseñado hoy mi valiente.

Ya en la calle los muchachos se lamentaban por el segundo puesto. Las chicas les rebatían:

-Dejad ya la mentalidad futbolera. Lo que hemos conseguido hoy es mucho mejor que el primer puesto.

-Si- dijo Jana que se había acercado a felicitarles- Hemos descubierto que Lélody tiene voz y carácter.

-Además el año que viene conseguiremos el primero. Ya lo veréis- Aseguro Rosa.

-Pero con otro nombre por favor. Espero que ya nadie recuerde el de este año...- Deseó Lorena dando otra vez muestras de su buen humor.

Riendo todavía todos se despidieron de todos felicitándose de nuevo.

 

-¡Que día mas laaargo! Y que cansada estoy

-Descansa cielo te lo has merecido. No te haces una idea de lo que nos has hecho sentir a tu madre y a mi hoy viéndote, pero, sobre todo escuchándote

- Nos has demostrado que tenemos razón cuando te llamamos. Lélody la valiente.

La niña se quedó dormida antes de poder acabar de oír las palabras de su made. Los dos permanecieron un rato abrazados mirando orgullosos a su hija, antes de darle sendos besos y salir de la habitación... 

Mañana empezaría otro día. Y seguramente otras historias...

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23 Septiembre 2010

LÉLODY LA VALIENTE- (¿Donde están las chicas?)

Los ensayos – (cap.1º)

Desde la prueba de baile, los chicos, encontraban a sus amigas bastante raras. Estaban todo el tiempo hablando de cosas que ellos no llegaban a comprender. Además habían incluido a Rosa en sus tejemanejes. Esto les hacia estar todavía mas despistados con respecto a lo que pasaba. No hacían más que querer llamar su atención proponiendo juegos:

-Vamos chicas, juguemos un partido- dijo Darío llevando el balón entre los pies. Las niñas lo miraron sin decidirse a jugar.

-O si preferís juguemos a pillar- intervino Samuel – O al escondite.

-Puaff. Desde hace unos días estáis muy raras- se lamentó Dimas- no hay manera de jugar con vosotras a nada serio.

Todas se miraron y pusieron los ojos en blanco con un suspiro.

-Vamos a jugar con ellos un rato o no nos dejarán en paz – dijo Sara.

Lorena, de repente salió corriendo mientras decía:

-¡Vamos chicos, mover ese balón! ¡Venga, venga, venga estáis muy parados!

Los chicos se miraron entre ellos y levantaron las manos en señal de no entender nada. Alguno que otro exclamó. -¡Chicas!... ¿Quién las entiende?

Le habían contado su proeza a la señorita y esta después de darles su enhorabuena, les había sugerido que pidieran permiso para utilizar las instalaciones del gimnasio de la escuela. De esta manera podrían aprovechar que la mayoría eran de la misma clase y que tenían un rato de ocio después de comer para poder perfeccionar su coreografía sin que nadie las molestara.

Se comprometió a que ella misma las avisaría cuando tuvieran que subir para las clases de la tarde.

Los días pasaban y los chicos ya estaban mosca de ver que después del comedor sus amigas desaparecían.

-Tenemos que saber de una vez por todas donde se meten- exclamó Samuel.

-Hace semanas que no podemos jugar a nada con ellas después de comer.

-¿Qué se traerán entre manos?- Dijo Darío protestando.

-Pues de hoy no pasa- Estampó Rubén con una palmada en la mesa haciendo saltar a sus compañeros- cuando acabemos de comer, nos esperaremos y las seguiremos.

Las niñas cuando terminaron la comida le pidieron permiso a la monitora para abandonar la sala. La mujer, que ya estaba al corriente de todo, se lo dio sin ningún problema. Todas se levantaron y salieron del comedor.

Los chicos esperaron a que ellas se hubieran marchado. Pidieron permiso y cuando se lo concedieron saltaron detrás de las chicas, con cuidado de no ser descubiertos.

No les costó mucho pues ellas iban alborotando y en su mundo sin darse cuenta de nada mas. Cuando llegaron al gimnasio abrieron la puerta. Entraron y Lélody saco su CD, lo insertó en la cadena y apretó el botón. En un instante todo el lugar se inundo de la música y de las risas nerviosas de las niñas.

-Venga, venga. Que se nos echa el tiempo encima- dijo Rosa- y esto todavía esta muy verde...

Los chicos avanzaban por el pasillo, agazapados, como hacían los detectives de las películas que habían visto. Pusieron cara de sorpresa y se miraron cuando vieron entrar a todas en el gimnasio.

Dieron una pequeña carrera y en un tris estuvieron con las orejas pegadas a la puerta. No salían de su asombro. Sobre todo cuando empezó a sonar la música. Perplejos se miraron, otra vez, entre ellos con la boca abierta.

Samuel, el que estaba más cerca del pomo, fue girándolo lentamente hasta poder abrir una rendija por la que intentó fisgonear...

-¡Están bailando!...

-¡¡¿Queee?!!- Dijeron los otros.

-Si. ¡Están bailando!...

-Pero qué chalaura les ha entrado ahora- Exclamó Dimas

-¿Y para eso tanto misterio?...- Rieron los otros dos.

De pronto la puerta se abrió y los cuatro cayeron uno encima de otro y todos amontonados.

-¡¡Chiiicaaas, tenemos espectadores!!...- dijo divertida Lorena, que era la causante de que se abriera la puerta de aquella manera tan brusca... Todos se rieron de todos.

Ellos poniéndose de pié y riéndose todavía preguntaron:

-¿Pero que hacéis aquí? ¿A que jugáis? Si se puede saber. ¿Por qué os escondéis cada tarde?

-No nos escondemos- Dijo Lélody- estamos ensayando un baile para el concurso. ¿Queréis participar?

Las demás la miraron con cara de horror. Pero los chicos...Los chicos la miraron como si se hubiese vuelto loca.

-¡¿Pero qué dices?!...Si eso es cosa de chicas.

Ellas soltaron el aire, aliviadas de que por lo menos ellos tuvieran los tornillos en su sitio.

-¿Cómo que de chicas?- insistió Lélody- ¿Es que a vosotros no os gusta bailar?

Ellos se miraban con cara de extrañeza. Y ellas hablaban entre dientes a su amiga:

-Lélody ¿Te has vuelto loca? Ellos no saben bailar, solo saben jugar a fútbol...

-Seguro que nadie les ha dado una oportunidad. Apuesto lo que quieras que a más de uno se le van los pies cuando oyen algo que les gusta- insistió la niña- ¿Por qué no lo probáis?...No creo que seáis más tímidos que yo...

Jana llegó para avisarles de que las clases iban a comenzar y se extrañó de encontrar allí a los chicos. Las miró a ellas y, por señas le hicieron saber que no pasaba nada.

Mientras subían Lélody se acercó a la señorita para aclararle lo que había visto en el gimnasio.

-Es que nos han descubierto mientras ensayábamos y se han reído de nosotras. Pero yo les estoy convenciendo para que se unan a los ensayos, nos hemos propuesto enseñarles a bailar.

-¡Válgame el cielo! Esto si que no me lo pierdo. Cuando este ya listo avisadme. Será un placer descubrir que no tienen dos pies izquierdos...

 

Bailar no sólo es cosa de chicas – (cap.2º)

-¡Desde luego! Solo tienes una cosa más grande que tu timidez, y es tu boca- Protestó Rosa, mientras caminaban hacia la clase

-Ja, ja, ja. Dáles una oportunidad, mujer, seguro que hay alguno que lo consigue- dijo Lélody conciliadora.

-¿Ya no te acuerdas de lo que cuesta hacerles dar dos pasos a derechas en el festival de fin de cursa de cada año?- continuó la primera.

- Siento tener que dar la razón a Rosa- Intervino Lorena.- No te acostumbres.

-Si. Pero eso es porque están todos juntos y les da vergüenza verse. Pero estos, solo son cuatro. ¿No vais a poder con ellos?...argumento Lélody.

-Vale, vale- Concluyeron todas camino de sus respectivos pupitres.

Al terminar las clases, en el pasillo que conducía al patio por donde solían salir, las chicas les dijeron a los chicos:

-Mañana os esperamos en el gimnasio...

-¡Lo tenéis claro!...- Dijeron ellos; alguno haciéndose circulitos con el dedo en la sien.

-¿Miedo?...- Preguntó Lélody provocadora y alzando la voz para que se la oyera bien.

-¿Por bailar?... ¡Estas tonta!...- Dijeron ellos con claras muestras de querer escurrir el bulto.

-No. Por los comentarios de vuestros amigos...- Respondió la niña. La frase quedó resonando en el aire y como un eco en sus cabezas, cuando todos salían ya por la puerta para reunirse con las personas que les habían venido a buscar.

Era martes, y por lo tanto día de danza. Las niñas formaron un grupo, con las respectivas madres unos pasos por delante de ellas, camino de las clases de baile. Durante el mismo, las niñas hablaban animadamente, teniendo a los chicos y lo ocurrido con ellos, como tema central. Era Rosa la que hablaba en ese momento.

-Sinceramente, no creo que mañana aparezca ninguno. ¿Que te apuestas?...

-Es posible, pero no será por falta de ganas, sino por miedo a lo que dirán sus padres y sus amigos.

-Pero si solo les gusta jugar a fútbol y hacer el bruto- Dijo Lorena con el gesto torcido y moviendo negativamente la cabeza.

-Si. Y precisamente ellos, también pensaban que las chicas no sabíamos jugar al fútbol porque éramos excesivamente débiles y bien que les hemos demostrado que somos, tan capaces como ellos, de regatear. ¡Y vaya golazos que les metemos!- Admitió Sara, que ya empezaba a darse cuenta de lo absurdo que era dividir los juegos en; para niños y para niñas.

Dicho esto hizo chocar su mano contra la de Lélody en clara señal de ponerse de su parte. Justo a tiempo de entrar en la clase de baile.

Todas a la vez y a voz en grito le intentaron explicar a Carla lo que había ocurrido en la escuela. Ésta les dijo que se calmaran que no había entendido nada. Todas callaron de golpe y Rosa se lo contó con más calma pero dejando clara su reticencia.

-¿Y que es lo que no te gusta de la idea?- Preguntó la profesora.

-No sé. Es que no lo veo una actividad para chicos. No es masculina...- Dijo la niña arrugando la nariz, en un habitual gesto de sabelotodo.

-Solo es cuestión de que se decida el primero, luego el segundo, después el tercero y así hasta que se convierta en algo cotidiano- Argumento Carla- Es lo mismo que nos ha pasado a nosotras durante siglos. ¿Te creerías si te dijera que durante décadas no se nos dejó conducir porque decían que no era femenino? Hasta que unas cuantas pasaron de comentarios y se lanzaron, demostrando que las normas de circulación y la feminidad no están reñidas. Digo esto, solo, por poner un ejemplo de los miles que hay a lo largo de la historia.

Ellos pueden hacer lo mismo. ¡Es más! Si lo creéis oportuno, me ofrezco para ayudaros. Si queréis los podéis traer aquí.

-¡Eso sí que lo veo difícil!- Dijo Lorena incrédula.

-¿Por qué?...

-Porque los tendrían que acercar sus padres o sus madres, y estos sí que son un hueso duro de roer- Dijo, algo desinflada Lélody.

-Vaaale, No os preocupéis. Vayamos paso a paso, primero convenzamos a los interesados. Si conseguimos un buen resultado, los otros se convencerán solos. Ya os he dicho que os ayudaré. Yo soy la primera interesada en que esta idea salga adelante- Dijo Carla esperanzada con el nuevo proyecto de sus alumnas- estoy harta de que a mis clases sólo vengan niñas. Sé de sobras que hay chicos que se muren de ganas de venir. Pero se encuentran de plano con la oposición de sus padres por unos absurdos convencionalismos.

Las niñas, no entendieron demasiado bien lo que quería decir esta ultima palabra, pero sonaba a algo importante. Pretendieron saber de que forma podría ayudarles la señorita, si los niños no iban al local.

-Pues, si Mahoma no va a la montaña. La montaña irá a Mahoma...

-Que cosas mas raras dices Carla...- Apuntaron todas. La maestra, todavía riendo, les explico que cuando les hicieran falta sus servicios, que le dijeran el día, el lugar y la hora. Ella haría los posibles por ir...

Los primeros pasos – (cap. 3º)

-Nosotros no nos hemos comprometido a nada.- Dijeron los cuatro al unísono.

Al día siguiente, las clases transcurrieron de la forma habitual. Durante el recreo las niñas, aprovecharon entre juego y juego, para recordarles a sus compañeros el compromiso que habían adquirido el día anterior.

-Buenoooo, ya se están rajando...- se burló Sara.

-¡Vaya panda de cobardicas!...- Apostilló Ruth-

-¡¿Cobardicas?!... ¡Pues, ni que hicierais acrobacias de circo, en el alambre y sin red!..- Exclamó Rubén.

-No. Eso no. Pero hemos sido capaces de jugar a vuestros juegos sin importarnos lo que dijeran de nosotras- Explicó Lorena- Y eso es justamente lo que os detiene a vosotros...

-Eso...O que sois incapaces de aprender a bailar...- Les retó Lélody, sabiendo, por experiencia personal, que el amor propio obraba milagros en algunos casos.

Al decir esto sonó el timbre que daba por concluida la hora del patio. Las chicas subieron las escaleras, dejando a los cuatro muchachos abajo, de brazos cruzados, mirándolas y pensativos hasta que la señorita, que entraba en ese momento, les preguntó que si pensaban quedarse así el resto de la jornada. Los cuatro salieron de sus pensamientos de un salto y subieron volando las escaleras.

En el comedor las niñas estaban tan habladoras y bromistas como siempre. Por supuesto que algunas de las conversaciones giraban sobre si ellos se atreverían o no a dejarse caer por el gimnasio. Pero también hablaban de otras cosas.

Por el contrario la mesa de los chicos, parecía una timba de conspiradores. Hablaban en voz baja y se miraban de forma que, por un lado escudriñaban lo que haría el otro. Y por otro lado intentaban aclararse con respecto a lo que, querían y debían, hacer ellos mismos.

Llegado el momento, ellas pidieron permiso como de costumbre y salieron en dirección al gimnasio. Ellos, contrariamente a su costumbre, en lugar de jugar a fútbol en el patio, curiosamente, decidieron hacer actividades por separado...

En el, improvisado salón de baile las niñas estaban totalmente entregadas a los ensayos.

-Ya te dije que no vendría ninguno- comentó Rosa.

-Traaanqui... El baile no ha terminado todavía- Contestó Lélody

-¡Hija, que moral tienes! Ya sabemos que la fe mueve montañas, pero es que los chicos son rocas de granito...- Se mofó Lorena.

Todavía estaban riéndose de la payasada de Lorena cuando las bisagras de la puerta chirriaron dando paso a la cabeza de Dimas, después al cuerpo con evidentes síntomas de timidez.

-He aquí la primera roca...- Dijo Lélody con una sonrisa triunfal.

Todas rieron. Dimas visiblemente azorado amenazó:

-¡Eh! Si os vais a poner así me largo ¿Eh?

Lélody, compadecida por lo mal que lo debía estar pasando su amigo, fue hacia él lo cogió de la mano y lo hizo pasar, diciéndole a las demás:

-Venga chicas no espantéis al único valiente.- guiñando un ojo por detrás del muchacho, buscando la complicidad de todas. -Veamos- continuó- Lo primero que vamos a hacer es bailar sin ton ni son, bueno si con son, con el son de la música- dijo empezando a moverse. Las demás la siguieron.

-¿Eh? ¿Sin ningún paso concreto?...

-¡Claro!- explicó Rosa- Lo primero que tienes que aprender es a desinhibirte. Lélody suspiró aliviada. Su amiga había comenzado a cooperar. También a ella había que darle una oportunidad para demostrar que tenía un corazón.

-¡Estas agarrotado chico! ¡Suéltate!... Intervino Rona

-Es que... Aquí... Yo... -¿Solo?...- Sara le ayudó a acabar la frase- ¿Entre tanta chica?...

-Bueno. Pues no somos chicas y chico...Somos...- Lélody buscaba en su mente- ¡Pingüinos!...Todos se carcajearon y Dimas comenzó a sentirse mas relajado. Sus pasos ya no eran los de un oso.

Otra vez los chirridos de la puerta indicaron que alguien entraba. En esta ocasión era Rubén el que asomaba la cabeza. Cuando se topo con la mirada de Dimas, dos preguntas iban en ambas direcciones sin palabras: -¿Tu que haces aquí?... ¿No decías que no ibas a venir?... Los dos se encogieron de hombros a la vez.

Todos pusieron rápidamente al recién llegado al corriente de la situación. A Rubén le hizo gracia lo de los pingüinos y empezó a dejarse llevar por el ritmo. No llevaban más que unos minutos cuando en la puerta se oyeron unos ruidos sordos y una pequeña discusión en voz baja... Lorena abrió la puerta diciendo:

-¡Chicooossss! ¡Los dos pingüinos que faltaban!... Las risas se pudieron oír en todo el pasillo. Darío y Samuel entraron tímidamente y con la cara como tomates por haber sido descubiertos de forma tan flagrante. De nuevo el cruce de miradas y de preguntas sin respuesta entre los chicos. Los dos recién llegados intentaron disimular; uno diciendo que perseguía al otro y el otro diciendo que perseguía al uno...

-Si. Ya. Y mi abuelo es mi abuela- dijo Rosa impacientándose por tanta interrupción. Y, claro, también por no haber acertado en su pronóstico.

Todos se pusieron al corriente de todo. Ania, dando unas palmadas llamó la atención de todos para recordarles que estaban ahí para bailar. Subió el tono de la música y volvieron a moverse al compás... Bueno unos más que otros... Desde que estaban los cuatro, se habían puesto juntos y no había manera de hacerles dar un paso a derechas. Lélody, por señas, les indicó a sus compañeras que deberían separarlos si querían conseguir algo. Habían niñas suficientes para rodearlos e ir separándolos sin que se diesen cuenta.

El plan funcionó a la perfección. Habían dejado de mirarse los unos a los otros y se habían vuelto a soltar.

Jana había conseguido abrir la puerta sin el menor chirrido. ¡No se podía creer lo que estaba viendo! Empezó a aplaudir y todos se giraron de un salto hacia ella. Las chicas sonreían y los chicos enrojecían. Lélody temió por un momento que se fuera todo al garete... La señorita se percato de la cara de preocupación de Lélody y salió al paso:

-¡Bravo chicos!... Ahora si que me habéis demostrado que sois valientes. Tomar una decisión como la vuestra no es fácil y no lo hace cualquiera. Ante sus ojos vio como se disipaba el color rojo de la cara de los chicos a la vez que hinchaban sus pechos con orgullo... Jana miró a Lélody y esta le devolvió un guiño de complicidad y una sonrisa de alivio.

Os recuerdo que aún os queda un par de horas de clase, bailarines...

Todos empezaron a subir. Unas les preguntaban a los otros:

-¿Os veremos mañana?-

La señorita con deleite oyó desde atrás como los chicos, haciéndose los duros contestaban con un a regañadientes, fingido:

-Que siiii. ¡Pesadas!...

Todos los principios son duros – (cap.4º)

Al día siguiente los muchachos volvieron a aparecer por el gimnasio, bajo promesa de que las chicas no se lo dirían a nadie. Ellas eran conscientes de que si algo trascendía darían al traste con la coreografía mixta.

Volvieron a moverse siguiendo la música para conseguir que ellos se desinhibieran. Ya llevaban un rato así cuando Lélody propuso que empezaran a hacer algo de lo que ellas tenían ya ensayado. Sabían que la tarea podía ser ardua, así que le pusieron toda la paciencia de que eran capaces.
Ellos, al principio, se sentían ridículos haciendo aquellas cosas. Ellas... se miraban con cara de circunstancias, temiendo que alguna tirara la toalla de un momento a otro. Pero los chicos se fueron olvidando de sus prejuicios y la cosa empezó a funcionar. Todos se relajaron y empezaron a disfrutar con lo que hacían.
-¡vamos! ¡Vamos! ¡Chicos!...¡Esto marcha! ¡Venga, venga! ¡Que no decaigaaa!- Animaban la chicas siguiendo el compás- ¡Que nadie diga que no sabéis bailar!...
Ellos se fueron envalentonando y, de verdad, que estaba saliendo algo con cara y ojos...
La que no podía creérselo era Jana. Hacia unos minutos que había entrado sin hacer el menor ruido y no daba crédito a sus ojos. Empezó a aplaudir, primero lentamente y luego con mas entusiasmo. Lo que hizo que todos dieran un salto para girarse hacia la puerta con el corazón a punto de salirles disparado del pecho, ellas por el ejercicio y ellos, además, por miedo a ser descubiertos.
-Tranquilos chicos- Dijo la señorita- no pienso decirle nada a nadie. Dejaré que seáis vosotros los que deis la sorpresa cuando lo creáis oportuno... ¡Venga vamos a la clase!... Los niños salieron primero, al galope, circunstancia que aprovechó ella para hacerles una señal de triunfo a sus alumnas.
La profesora subía las escaleras seguida por las chicas, que como siempre iban cuchicheando por el camino...
-¿Creéis que lo conseguiremos?- Dijo preocupada Rona- Van muy lentos, y tampoco queda tanto para el concurso.
-¡Mujer no seas dura! Sólo es el primer día- argumentó Ania
-No son tan malos cuando se dejan ir.
-Si Rosa pero hasta que se dejan.
-¡Vamos Lorena, un poco de fe!- apeló Lélody- Espera un par de días. Ya verás como se sueltan. En cuanto se les convierta en algo cotidiano, entrarán dispuestos a trabajar. No hará falta hacerlos entrar en calor.
-Así sea- Exclamó Sara juntando las manos en señal de plegaria.

Era verdad; los días pasaban y el trabajo y el tesón de todos empezó a dar resultados. Los chicos habían descubierto que eran capaces de bailar y que no era algo ni tan difícil como pensaban, ni tan sencillo como suponían, por ser cosa de chicas. Después de todo requería un gran esfuerzo físico. Tanto como los entrenamientos o el fútbol y... Por qué no decirlo... Les estaba gustando bailar... Y no sentían que fueran menos “machotes” por ello...

 

“Los huesos duros de roer” – (cap.5º)

El concurso se acercaba a pasos agigantados, pero los chicos estaban tranquilos. La cosa funcionaba mas rápido de lo que las chicas hubieran imaginado nunca. Todos se ajustaron tan bien que, prácticamente no necesitaron la intervención de Carla para nada, solo para dar el visto bueno al trabajo final o hacerle los retoques que creyera oportunos.

-Chicos estoy muy orgullosa de todos. Esto ha quedado fantástico. ¡Que bien os habéis acoplado! ¡Buen trabajo!...

-Ahora- dijo Rubén- solo queda una “nimiedad”.- Carla lo miró sin entender. -Decírselo a nuestros padres...

-¡Bah!. Eso dejármelo a mi- Continuó la profesora- ¿Dónde podríamos reunirlos a todos como el que no quiere la cosa?...

-Los viernes jugamos todos en el mismo parque- apuntó Ruth.

-Vale. Estupendo. Buen sitio. ¿Este viernes también iréis?

-¡Si claro!- Aseveró Daniel- El parque de los viernes es sagrado.

Los tres días que faltaban hasta el viernes Carla los pasó planeando la mejor estrategia para convencer a los padres de los chicos. A las madre costaría menos, de hecho ya estaban casi convencidas por sus propios hijos. Pero ellos... Les sugirió a los muchachos que se aliaran con sus madres para que convencieran a los padres de acompañarlas aquel viernes al parque. Ella se haría la encontradiza y cuando viera el momento propicio, les plantearía el tema.

A un día le sucedía otro y un ensayo sucedía a otro ensayo. Hasta que llegó el viernes. Los niños jugaban y se perseguían en el parque como de costumbre. Los respectivos padres formaban un nutrido grupo en una esquina del mismo. Llevaban ya un rato así cuando apareció Carla.

-¡Hola! Cuanta gente hay hoy por aquí...

-Nuestras mujeres se han confabulado para que viniéramos todos. No sabemos que bicho les habrá picado.

-Yo.- Dijo Carla con las manos a la espalda y balanceándose ligeramente. Todos la miraron sin comprender...

-¿Y que quieres tu de nosotros?

-A vuestros hijos...

-¡¡¿¿??!!!...

-Je...Esto. Veréis, necesito que dejéis a vuestros hijos participar en el baile del concurso...

-¿Nuestros hijos?... ¿Bailar?... ¡Pero si no saben!...

-Yo no apostaría por eso- Comentó la profesora con una sonrisa.

-¿Y tienen que hacer posturitas raras y ponerse leotardos?...

-No pasaría nada si así fuera- Dijo ella conteniéndose- Pero no, no es ese el caso. Eso es para ballet y lo que ellos tiene que hacer es un musical- viendo la cara de escepticismo de ellos, prosiguió para despejar dudas- Ellos bailan pero básicamente son el punto de apoyo de las chicas. Es un papel muy masculino... Esto último quedó suspendido en el aire. Los niños y niñas llegaron en el preciso instante de oír toda la frase y también contuvieron el aliento en espera de una respuesta...

Los padres se miraron entre ellos y empezaron a relajar sus semblantes. A Carla incluso le pareció ver una cierta mirada de orgullo en ellos al pensar que sus chicos eran tan importantes. Finalmente todos accedieron. No sin antes advertir que no tolerarían, ni un descenso en las notas, ni un bajón en los entrenamientos.

-¡Que va, papá!- exclamó Rubén- Pero si ahora pasamos los entrenamientos mejor que antes...

-Si- dijo Dimas- Desde que ensayamos lo del baile, somos mucho más flexibles.

-¿Ensayamos?... ¿Pero ya habéis ensayado?...

-¡Anda!...Y ya esta todo listo para el festival... argumentó Darío

Los hombres miraron sorprendidos a sus mujeres y estas se encogieron de hombros. Luego miraron a Carla que les sonrió con cara de niña buena...

-Solo nos falta elegir el vestuario- Dijo, apresurándose a añadir- Tranquilos, tranquilos... El de ellos será muy masculino y el de ellas muy femenino...

Dicho esto soltó el aire contenido en forma de suspiro. Por fin ellos dieron muestra de permitir, sin reservas. Todos rieron. Los chicos se abrazaron a sus padres para darles las gracias. Y las chicas hicieron lo mismo con la profesora

Carla, iba pensativa de regreso a su casa: después de todo no ha sido tan grave. Me los esperaba más tercos. Ahora solo me queda decidir el vestuario... ¡Dios mío! ¿De donde lo saco?...

(Continuará)

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22 Septiembre 2010

LÉLODY LA VALIENTE

Hace tiempo que escribí esto, tanto como seis años, pero no acababa de atreverme a ponerlo aquí porque me parecía demasiado largo. Pero hoy, pensando... Las novelas por entregas siempre han tenido buena aceptación... ¿No?... Pues eso... Lo iré colgando hasta completar esta historia. Es una historia juvenil y seguro que en cuanto leáis un poco sabréis cual ha sido mi fuente de inspiración.

LÉLODY LA VALIENTE

En la escuela - (cap. 1º)

Dimas estaba leyendo, era su turno. Cuando llegó al punto y aparte la maestra dijo:

-Lélody, te toca.

Esta se levanto, sintiendo que todo el calor de su cuerpo se le concentraba en las mejillas. Entonces recordó lo que siempre le aconsejaba su madre –respira hondo y piensa que estás tu sola- Comenzó a relatar su parte del cuento. A medida que veía que le estaba saliendo bien fue relajándose y los párrafos fueron saliendo de su boca sin ningún esfuerzo, haciendo que ella misma se fuera introduciendo en la historia.

Los demás compañeros la escuchaban en completo silencio, la mayoría con el codo apoyado en el pupitre y la cabeza descansando en la mano del mismo brazo. Hasta la señorita se había olvidado de dar paso al siguiente lector.

-Sinceramente, Lelody, no entiendo por qué te costó tanto leer en voz alta el curso pasado. Lo haces de maravilla. Parece que estés viviendo el relato.

La pequeña se ruborizó, como siempre, al darse cuenta de que estaba siendo el centro de atención. Por toda respuesta, hizo un encogimiento de hombros y se sentó en silencio visiblemente turbada. Si la señorita Jana supiera lo duro que era para ella cada paso que daba, cada escalón que subía...

Lelody era una niña de nueve años alegre, pizpireta, bromista incluso divertida con la gente a la que cogía confianza. Pero hasta que llegaba esa confianza, era una prueba de superación constante, por su extrema timidez. Sólo ella y sus padres sabían lo valiente que era al dar un nuevo paso hacia delante. Cada día había un nuevo reto, y cada día saltaba una nueva barrera. Era una campeona.

Al volver a casa le contó a sus padres lo que había pasado en la clase. Los dos la felicitaron y le volvieron a repetir lo valiente que era y lo orgullosos que estaban de ella.

Al día siguiente, después del colegio, fue a sus clases de baile. Le gustaban mucho. Cuando conseguía desinhibirse, la música entraba en ella y se dejaba transportar. Tenía gran facilidad para aprender los pasos de una coreografía. Incluso si había faltado a alguna de las clases, le costaba muy poco ponerse al compás de las demás. La profesora la ponía casi siempre delante para que las demás aprendieran.

Esto, a ella, le costaba muchísimo pero pronto el ritmo la atrapaba y olvidaba que la estaban observando. En esa ocasión Carla, la profesora, les dijo que como había tres días de fiesta tenían que aprovecharlos para inventar una coreografía con la música que mas les gustara.

Votarían todas por la mejor, la aprenderían, la perfeccionarían y se presentarían en el concurso de baile que se estaba preparando para el próximo mes de junio en su ciudad.

Lélody volvió a casa con un nudo en el estómago. Por un lado le entusiasmaba aquel reto. Pero por otro, era un muro demasiado alto para su timidez. Lo comentó con sus padres y estos le dijeron que escogiera algo que le gustase mucho, lo ensayara y después ya se vería como acababa todo. Lélody sabía que siempre podía contar con el apoyo de ellos.

Entró en su habitación y rebusco entre los múltiples CDs algo que la inspirara. Se decidió por una de las canciones de la película Cabaret. Era su favorita. Pulsó el botón del aparato y empezó a moverse delante del espejo.

Al instante ya estaba en su mundo inventando pasos de baile, unos nuevos i otros adaptados de coreografías anteriores. Sólo cuando oyó la voz de la madre llamando para cenar se dio cuenta de que habían transcurrido horas desde que empezase a bailar.

La conversación de esa noche giro entorno a la coreografía, pero los padres se dieron cuenta de que empezaba a ponerse nerviosa y eso que no había hecho más que empezar. Sabían que les esperaban tres larguísimos días, así que sería mejor cambiar de conversación por el momento.

Consiguieron encontrar otros temas que fueran relajando a su hija.

La coreografía – (cap. 2º)

Al día siguiente Lélody se levantó y como de costumbre desayunó bien, recogió su habitación y se dispuso a hacer los deberes, lo más rápido posible, para que le sobrara tiempo para bailar antes de que la llamaran a comer.

Se dejo envolver por la música. Ensayó una, otra y otra vez, repitiendo mil veces los mismos movimientos que le sugería la melodía para fijarlos en su mente y a la vez perfeccionarlos.

-Mamá, papá. Venir a ver lo que he montado hasta ahora.

-Enseguida. Espera que acabemos lo que estamos haciendo.

La niña seguía ensayando mientras aguardaba. Cuando los tuvo sentados a los dos en su cama, puso en marcha el aparato y se dejó llevar por el ritmo. Los dos aplaudieron al unísono.

-¡Bravo! -Dijo el padre, todavía aplaudiendo.

-Muy bien. Ahora sólo tienes que fijar los movimientos que prefieras y ensayarlos mas veces hasta que te queden grabados y ya lo tienes - sugirió la madre-

Entre ensayo y ensayo, los días pasaron, mas rápido de lo que ella hubiera deseado. Esa noche le costó conciliar el sueño.

-Mamá, no se si voy a se capaz.

-¡Por qué! Pero si lo haces muy bien.

-Ya. Pero es que...Delante de todos...Me da mucho corte...

-Mira. Tú pon la música cierra los ojos y déjate llevar, como haces aquí.

-No se...No se...Ya veré...

-Tu misma. Pero sería una pena, después de todo lo que te has esforzado.

La madre sabía que esa noche le iba a costar dormirse. Por eso le leyó su cuento favorito, uno de los más largos, para ayudarla a pensar en otra cosa. El cansancio, por un laaargo día de baile y la dimensión del relato hicieron su efecto y Lélody se quedo dormida antes de terminar este.

La madre le dio un cariñoso beso en la frente mientras la arropaba, consciente de la dura lucha que se libraba en el interior de su pequeña – duerme mi vida, verás como este obstáculo también lo saltaras. Por algo eres Lélody la valiente- Salió de la habitación y entornó la puerta para que nada perturbara su descanso.

Un duro día – (cap. 3º)

Esa mañana se levanto como si le hubieran colocado un motor. Se lavó, se vistió y se peinó en menos tiempo del acostumbrado. También es cierto que tenia un humor de mil demonios. Nada usual en ella. Siempre se levantaba contenta repartiendo besos a diestro y siniestro. Pero ese día, se discutió con todos y por todo. Hasta el perro se llevó algún que otro bufido por ponerse por en medio.

-¡Lélody mujer! Ya sé que estas nerviosa, pero no lo pagues con nosotros.

-Perdona mamá, pero es que... es que...

-Si. Ya, ya. Ya te conocemos y por eso mismo te digo que no te pases el día pensando en lo mismo. Intenta distraerte o llegarás echa un manojo de nervios a la prueba.

-Vale. Lo intentaré. Hasta luego mama

El padre también sabía lo nerviosa que estaba su hija e intentó no llevarle la contraria más de lo normal. Se limitó a esperarla en la puerta, para coger el coche y acercarla al colegio.

Al llegar al patio donde hacían fila para subir a la clase, se encontró con las compañeras que también iban al mismo centro de baile que ella y debían pasar la misma prueba.

Rona, la más entrometida le preguntó:

-¿Qué, Lélody, ya tienes algo ensayado?

Antes de que contestara saltó Rosa la más impertinente:

-¿Quién? ¿Ésta? ¿Con lo tímida que es? ¡Me extraña!

Todas rieron. Lélody, cerró los puños con fuerza y la miro con los ojos empequeñeciéndosele por la rabia contenida.

-¡Ya lo veréis cuando llegue el momento!

-Seguro que no tiene nada- continuó Rosa.

Era la niña más presumida de la clase y también la más antipática. Sobre todo con Lélody, a la que le tenía un poco, bueno un mucho, de envidia. No entendía por qué, con lo “guapa y simpática” que era ella, todos preferían jugar con una niña tan tímida e insulsa.

-Bueno, ya está bien- dijo Lorena, la mejor amiga de Lélody- No todos tienen tanta cara dura como tu. Además, es muy divertida y se puede jugar a todo con ella. No como tu, que en el recreo no quieres hacer nada porque; dices que son juegos de chicos o porque te despeinas, o porque te ensucias la ropa o cualquier otra cursilería por el estilo.

Todas rieron de nuevo. Lélody con un apretón de manos, casi imperceptible, dio las gracias a su buena amiga por haberla defendido de la fastidiosa Rosa.

Lorena que todavía tenia cogida la mano de su amiga, hizo que se rezagaran adrede para poderle preguntar en voz baja;

-¿Pero tienes algo, si o no?

-Si. Pero no se si lo haré.

-¡¿Qué dices?! No seas tonta conociéndote seguro que es muy bueno.

-¡Ay! Lorena. No se...Por favor vamos a cambiar de tema. Si me paso todo el día pensando, o hablando de esto, seguro que me pondré tan nerviosa que me bloquearé y entonces si que no haré nada.

-Vale, vale. Prohibido hablar de esto en todo el día.

La niña se entrego a todas las tareas de la jornada en cuerpo y alma para no darse tiempo a pensar. Durante el patio y el comedor, Rosa intentó sacar el tema otra vez para fisgonear (ella tenia una coreografía “buenísima” pero sabía que si Lélody se lo proponía arrasaría con todas) y también para ridiculizarla otra vez y así, conociéndola, ponerla nerviosa a ver si se retiraba.

Lorena se lo impedía cada vez y las demás también le echaban un cable. Le tenían mucha simpatía a Lélody y muy poca a la engreída de Rosa.

Por fin las clases terminaron, se le hicieron largiiiisimas. Salió corriendo y en la puerta, como de costumbre estaba su madre esperándola.

-Hola cariño. ¿Qué tal el día?

-Bien. Un poco largo.

-Y tú como estas. ¿Nerviosa?

Lélody infló las mejillas y se encogió de hombros dejando salir poco a poco el aire contenido... Detrás, pudiendo apenas seguirla, salía Lorena.

-Déle algo para tranquilizarla o explotará.

-¡Venga ya! No seas exagerada...

-No. ¡Que va! Si por poco te matas bajando las escaleras de dos en dos.

-Será mejor que nos pongamos en marcha o llegaremos tarde a las clases de baile- dijo la madre con una mirada de complicidad hacia Lorena, sabía perfectamente lo que ésta había querido decir.

-Mamá no voy a ir... Lorena abrió los ojos como platos mirando suplicante a la madre de su amiga. Esta con un ademán, casi imperceptible, de sus manos calmó a la amiga de su hija y le dijo a ésta:

-Como quieras cariño, pero es una pena. Con todo lo que has trabajado y que solo lo hayamos podido ver nosotros y tus peluches...

Lorena vio por donde iban los tiros. Conocía a su amiga y sabía que lo mejor era apelar a su amor propio.

-Bueno. Pero ya me veo, otra vez, aprendiendo los pasos de la coreografía de Rosa. Es buena, pero seguro son los mismos de siempre.

-Si.- dijo la madre- y además se habrá salido con la suya. Ha querido eliminar una buena rival y lo ha conseguido

– concluyó, guiñándole un ojo por detrás de su hija a Lorena.

-¡¡Ah no!! Se va a enterar esa ñoña de lo que vale un peine...

La madre y la amiga se miraron por encima de la cabeza de Lélody con una sonrisa de: ¡Lo hemos conseguido! Continuaron hablando de otra cosa y jugueteando el resto del camino para no darle tiempo a desdecirse.

La hora de la verdad – (cap. 4º)

Cuando llegaron a la puerta de la clase ya estaban todas las demás. La mayoría eran compañeras de aula en el colegio, otras no. Carla las recibió con el mismo entusiasmo de siempre.

-¿Qué? ¿Tenéis algo para mí?

-¡Siii! –Contestaron todas a la vez-

-¿Habéis ensayado mucho?

- ¡¡Siii!! -Otra vez al unísono-

-¿Tu también Lélody?

Todas se giraron para mirarla. La pobre, se encogió toda ella y con la cabeza asintió notando que el calor la iba a fundir de un momento a otro.

-Muy bien valiente, así me gusta. ¿Quién dijo miedo?...- Carla la quería mucho y sabia muy bien del valor que necesitaba la niña para dar ese paso, por eso no dudaba en hacérselo saber en cuanto tenía oportunidad.

-¡A saber! Seguro que será una memez...

-Rooosaa- dijo Lorena entre dientes- Ten cuidado que te estas poniendo verde...

Todos se rieron por la salida de Lorena. Subieron a la clase y la señorita preguntó que quién quería empezar. La conocía y sabía perfectamente que no iba a ser Lélody, por eso no la presiono. Carla, se deleitaba viendo bailar a sus alumnas. No eran la Paulova, pero se lo pasaban bien en las clases y de eso era de lo que se trataba. Incluso habían algunas que tenían, verdadera madera de bailarinas, como Lélody.

Ante sus ojos y oídos fueron desfilando las diferentes músicas con sus respectivas pequeñas coreógrafas. Había observado que cada vez que le iba a tocar a Lélody, ésta daba un paso atrás y dejaba pasar a la siguiente. Prefirió no decir nada, esperaría a ver como evolucionaba todo. Pero ya solo quedaban dos. En esta ocasión fue Rosa la que dando un bufido desplazó de un empujón a Lélody.

Carla frunció el ceño pero no dijo nada, dejó que todo fluyera. Como no. Rosa puso el último éxito que sonaba en todas partes. La niña empezó a moverse con gracia y seguridad. La señorita tenia que reconocer que su técnica era precisa y depurada, pero excesivamente convencional. Aunque, si no aparecía otra cosa, esa era la mejor para el concurso. Cruzo los dedos a su espalda esperando que Lélody no la defraudara, aunque con ese carácter.... Además sentía curiosidad por ver que había hecho aquella niña tan tímida, pero que llevaba tanto ritmo dentro.

La música y el baile de Rosa cesaron y todas las miradas se dirigieron hacia Lélody. Carla contuvo la respiración, sabía que eso era lo peor que podía pasar.

En efecto la pequeña se iba encogiendo y empezó a dar pasos hacia atrás. En cualquier momento podía echar a correr... De pronto las notas de Cabaret empezaron a sonar en el aparto de música. Lélody miró a Lorena, solo ella sabía la pieza que había escogido. Esta le sonrió con cara de niña buena y le guiño un ojo haciendo gestos con la cabeza para que se lanzara.

En vista de que no acababa de surgir efecto, hizo que mirara hacia Rosa. Esta estaba con los brazos cruzados con aire de superioridad y con una sonrisa en la cara de...Soy la mejor...Eso y que el ritmo ya había empezado a hacer su efecto... Lélody llevada por un impulso entro en el centro de la pista, cerró los ojos y empezó a desarrollar la coreografía que había estado ensayando... Carla siguiendo el ritmo con los pies, se la miraba pensando...Esta es mi niña. Y como se mueve la condenada. Ya sabía yo que no me iba a traer una cancioncita de moda. Es tímida pero tiene personalidad.

La música y el baile cesaron y se oyó al unísono:

-¡¡Bravo Lélody!! ¡¡Eres genial!!

-¡Fantástico mi valiente!- dijo la señorita, consciente de lo que le había costado decidirse.

Lélody, volvió a sentirse abrumada por tanto elogio. Era lo que peor llevaba. Como ademas tenía un gran corazón, empezó a sentirse mal por haber desplazado a Rosa. Entonces la miró y fue hacia donde estaba ella.

-Son unas exageradas. El tuyo era muy bueno.

-Si. Pero el tuyo era mejor – dijo con cara de fingido enfado.

Se quedaron mirando, Lélody algo preocupada, pero Rosa fue esbozando una sonrisa que se fue contagiando a la otra. Las dos se abrazaron. Estaré encantada de aprenderme tu coreografía. Pero haber si te comes ya esa timidez o acabaré bailándola mejor que tu.

-Si es por caradura estoy segura que serás la mejor...-dijo Lorena en broma poniendo fin a aquella imagen tan tierna.

La señorita orgullosa de cómo resolvían sus pupilas las pequeñas diferencias exclamó:

-¡Estas son mis chicas! Pero no lo deis todo por hecho, todavía hay que someterlas a votación.

-¿Quiere decir? –Dijo Lorena- Cabaret ha sido la mejor ¿Verdad chicas?

-¡¡Siii!!

-Vale, vale. Pero que conste que la habéis elegido vosotras ¿Eh? Luego no os quejéis- Dijo Carla descruzando los dedos, que ya se le habían dormido a la espalda....

Sus padres la felicitaron y la llenaron de besos.

-¿Ves como valía la pena intentarlo- dijo la madre.

-Ya has saltado otro obstáculo. ¡Que orgulloso estoy de ti!- dijo el padre abrazándola con fuerza.

Lélody se sentía dichosa.

 (Si os gusta, el lunes más  )

 

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24 Junio 2010

Agua bendita... oro sin color

Cuando el notario acabó de leer al testamento, un silencio tenso invadió su despacho. Los tres rostros que tenía ante él lo decían todo sin hablar.

Conocía a la familia desde siempre, desde que el imperio del finado no era más que un proyecto y un puñado de sueños.

También conocía como él a sus tres hijos y estaba de acuerdo con su amigo en que esa era la mejor partición de bienes que podía hacer.

-Siempre estuve convencido de que tú eras su favorito, por ser el primogénito- Dijo el mas joven- pero ahora, viendo cual ha sido tu parte de la herencia, no sé que pensar…

-Es verdad, no acabo de entender esta partición del patrimonio- añadió el mediano- Nos ha dejado, prácticamente todo a nosotros dos y a ti, solamente el páramo de la cabaña y el arroyo.

-No os preocupéis, padre nos quería a todos por igual y también nos conocía perfectamente a los tres. Yo estoy feliz con la parte que me ha tocado. Lo único que empaña todo esto es que él ya no esté.

-Pero… La gran llanura de los pozos de petróleo y la mansión, nos la ha dejado a nosotros- insistió el primero- Tus tierras son menos, y tu casa, está bien pero… No se puede comparar con la otra.

-Como se nota que cuando vosotros llegasteis ya estaba todo hecho. Si hubierais vivido los inicios como yo, sabríais que no es tan poco lo que me ha dejado. A vosotros, os ha dado la leche, pero a mi me ha dejado la vaca. ¿Qué más puedo pedir?

-Vaaaya… Aquí está de nuevo nuestro altruista hermano mayor… Siendo el predilecto de sus favores es fácil ir de santurrón Yo, nunca fui nada. Siempre estuve en medio. Ahora, por fin, podré tener mi lugar… Aunque sea comprándolo.

El notario, escuchaba y observaba sin abrir boca. Cada vez estaba más convencido de que su buen amigo había hecho lo mejor. De no ser así, sus dos hijos menores acabarían con la fortuna familiar y viviendo en la indigencia. De esa forma, también lo harían, pero sabía que su hermano mayor nunca los dejaría en la estacada. Se incorporó en su sillón y apoyando los codos en el escritorio les preguntó:

-¿Por qué creéis que vuestro legado tiene más valor que el de vuestro hermano?

-Vamos, don Julián; nuestras tierras están repletas de ese oro negro- contesto con sorna el menor- Hay cientos de pozos en funcionamiento y si fuera necesario, aun se pueden abrir más. Invertir en nuevos pozos, será fácil con las ganancias de los otros.

-¿Y cuando el petróleo se agote?- Insistió el notario- Vosotros, no coméis ni bebéis petróleo ¿Cómo pensáis remediar eso?

-No tema, quizás su edad no le deja ver que nos sobra gasolina y dinero para ir a buscar todo eso a la ciudad más cercana. Mi hermano pequeño y yo, no pasaremos, ni sed ni hambre.

-Dios te oiga, pero todos estamos viendo que el agua escasea. Pronto el oro incoloro será más preciado y deseado que el negro. ¿No pensáis hacer nada para conseguir agua propia en vuestras tierras?

-Mi hermano tiene razón, tenemos riqueza de sobra para estar tranquilos. Nadie nos negará agua a cambio de dinero…

-Mientras les sobre a ellos no… ¿Y tú? ¿Qué opinas del concepto de supervivencia que tienen tus hermanos?

-Que son muy jóvenes y la vida siempre les ha tratado con indulgencia. Decidme ¿Qué haríais si no tuvierais una ciudad cerca? ¿Qué comeríais? ¿Qué beberíais? ¿Cómo pensáis sobrevivir?

-Mira hermanito, si todo se pusiera tan negro como nuestros pozos- el menor de los hermanos, arrastró deliberadamente las dos últimas palabras- Siempre podemos salir a cazar y comprar lo que nos falte en pueblos cercanos.

-¿Y tú como piensas salir adelante con lo que te ha dejado?- pregunto el mediano.

-Tengo todo lo necesario para subsistir, y lo que me falte lo construiré con mis propias manos. Tengo agua, así que nada me faltará.

-¿Solo beberás agua?- preguntó uno- Te conservarás delgado, no hay duda- apostilló, burlón, el otro.

-¿Veis, como os ha tratado muy bien la vida?... Si tengo agua, tengo la posibilidad de cultivar mis propios alimentos. Solo tengo que procurarme las primeras semillas; no creo que eso sea muy difícil, de ahí en adelante me las proporcionarán mis propias cosechas.

-Así que, piensas hacerte vegetariano- se burló el segundo de los hermanos.

-No- continuó el mayor- pero… ¿A que parte del valle creéis que irán los animales cuando tengan sed? Nada más tengo que esperar y cazar solo lo que necesite, para que no teman volver. Teniendo agua y cultivos, también puedo pensar en crear una granja, con lo que no me faltará leche ni huevos, ni carne así no dependeré solo de los animales que vengan a abrevar. Hasta me puedo procurar vestido y calzado con ellos.

-¿Y si se acaba el agua?- Preguntó pensativo el más joven

-No debo esperar que eso ocurra, todo es cuestión de prevenir. Si construyo canales que almacenen el agua de lluvia en el lugar adecuado; de esa forma, será difícil que me quede sin reservas. Algunas cosas, solo algunas cosas, sí que caen del cielo... Basta con estar preparado para cuando sucede. De todas formas, las introspecciones para buscar agua, no son tan profundas y a su vez menos costosas, que las que se hacen para buscar petróleo. No os iría mal si vosotros invirtierais un poco en eso. ¿Quién comprará vuestro petróleo, cando lo que todo el mundo necesite sea agua?...

Se hizo el silencio, pero esta vez solo era meditación por parte de los hermanos. El notario, sonriendo y con las manos entrelazadas se recostó satisfecho en el mullido respaldo de su sillón... Sí; su amigo conocía realmente a sus hijos. Su última decisión era la más acertada. Sin duda alguna…

 

 

Tags: agua, sentido, razon

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21 Junio 2010

Cuando le importas a alguien... el aspecto exterior es lo de menos...

Soy incapaz de poner una cifra al tiempo que pasé en aquel escaparate. No sé si porque fue mucho, o porque mi cabeza está rellena de algodón. Podría ser peor, las hay que están huecas o llenas de serrín...

La tienda, ubicada estratégicamente en el camino a una escuela cercana en uno de los barrios más exclusivos de la ciudad, atraía las miradas curiosas de todos los niños y niñas que desfilaban diariamente por allí. Los conocía prácticamente a todos:

Había un grupo, siempre bien vestidos y acicalados, que presumían entre ellos por las caras marcas de su indumentaria. El que ese día no llevaba nada con el logotipo de moda sufría las despiadadas mofas de sus compañeros. La más frecuente era que le dijeran que tenía mi aspecto, con el consiguiente cabreo por parte del mártir de turno. No me extraña, a mí tampoco me gustaba tener mi aspecto...

También pasaban diariamente por allí, otro grupito formado por dos niñas y un niño algo menores que los anteriores, tal vez por ello más inocentes y más sinceros, que se divertían ante el aparador imitando cómicamente mis mofletes regordetes, mis ojos redondos siempre abiertos, y mi boca desproporcionada con el resto en una diminuta y perpetua “O” de sorpresa. Se reían, los unos de ver las cómicas caras de los otros. Me gusta el sonido de las risas de los niños. ¿Hay algún sonido mejor?

Yo, permanecía tontamente impasible, testigo de todo aunque no quisiera. En el mismo lugar y en la misma postura. Sin pestañear; sencillamente, porque no podía. Pese a tener la cabeza de trapo, me daba perfecta cuenta de la diferencia entre lo que me rodeaba y yo:

Muñecos adorables, con aspecto de bebé casi real unos. Capaces de hacer las cosas más complicadas otros como; cantar comer, hablar, llorar... Hasta los que hacían las cosas más escatológicas eran mucho más atractivos que yo a los ojos de nuestro joven público itinerante.

Y qué decir de las Barbies: Tan emperifolladas ellas, con toda su moda y todos sus complementos exclusivos que podían compartir con las ocasionales amitas, la mayoría de ellos en un rosa estridente que llenaba de luz y vida aquella vidriera. Un tono al que las niñas, dándose cierta importancia delante de sus compañeros, llamaban fucsia.

Compartía el lugar con algunos juegos de mesa y dos o tres puzzles en cajas muy vistosas. También habían varios juguetes multifunciones y plurirruidosos llenos de luces parpadeantes de variados colores.

No, desde luego no me aburría en absoluto. Lo que me tenía al borde de la locura, (si hubiera sido una de las muñecas parlantes creo que hubiera gritado) era el trenecito. Venga dar vueltas y más vueltas, desde que se abría la juguetería hasta su cierre. Una vuelta y otra vuelta y otra, y otra... ¡Dios!... A veces pienso que mis ojos se han quedado así por su culpa. Producto, no se si del mareo o del hastío...

Con todo este derroche de alegría y destellos a mi alrededor. ¿Cómo podría llamar la atención de alguien? Yo, una tosca muñeca de trapo rechoncha, con la boquita pintada y el pelo de lana, de un marrón difícil de definir, peinado en dos coletas de tirabuzones sujetas con dos enormes lazos amarillos pasados de moda. Tan pasados de moda como el vestido de granjera estampado de pollitos que cubre mi cuerpo rollizo.

¿Y mis zapatos?... ¡Cielos! Son unas cosas negras, con gruesos cordones naranja, cosidas a los pies... De verdad que el que me diseñó, lo debió hacer después de haber tenido una noche de pesadillas... Pero... ¿Y yo?... ¿Qué culpa tenía?...

El único rasgo que juega a mi favor, es el tacto mullido y suave de mi cuerpo abultado. A algunos, les resulta bastante cómica la postura en cruz de los largos brazos con las manos abiertas en un eterno ademán, que parece querer abrazar a quién se atreva a adoptarme. Pero eso es algo en lo que muy pocos reparan, solo los más perceptivos o los necesitados de afecto.

Todos mis compañeros de exposición iban cambiando, algunos los ponían por la mañana y al mediodía ya no estaban. Casi no me daba tiempo a conocerlos. Otros tardaban un poco más, pero no demasiado. Yo, era la única que permanecía allí día tras día, semana tras semana, mes tras mes... Cada vez que don Vicente, el dueño de la juguetería, hacía la limpieza del aparador me cogía, me observaba y me apretujaba preguntándose en qué momento se le había ocurrido comprarme. Estaba seguro que él no había sido. Sin duda se la había colado doblada Sebastián, el mozo del almacén de juguetes... Es que este engendro- pensaba mirándome- o te lo ponen sin que te des cuenta, o no hay manera de que tenga salida.

Mientras torcía el gesto, su mirada iba alternativamente del rincón de la basura a mí y viceversa... Yo creo que en más de una ocasión lo único que me salvó fue su tacañería. Le dolía como si le sacaran una muela tener que deshacerse de algo por lo que había pagado, sin poder recuperar ni un euro de lo invertido. Las palabras donar y regalar, no figuraban en su vocabulario. En esta ocasión decidió que estaba harto de verme, así que me colocó un cartelón bien rampante rebajando bochornosamente mi precio. Según él; más valía eso que nada.

¡Eureka! el reclamo surtió efecto. A media tarde una señora algo desquiciada me adquirió, como por casualidad, junto con algunos de mis compañeros. Dijo que, yo, sería el premio de consolación en no sé qué concurso escolar. El dueño estaba encantado de poder perderme de vista, pero le oí mascullar mientras me envolvía:

-¡¿Consolación?!... ¡¿Quién será el pobre desgraciado que le toque acarrear con esto?! Para que encima le recuerde constantemente que ha perdido... Por supuesto, se guardó muy mucho que la señora oyera su comentario...

Mi nuevo amo me acepto resignado, avergonzado diría yo, pero fui a parar de golpe al rincón más escondido de su habitación, donde me lanzó en un ademán de frustración por no haber quedado en uno de los primeros puestos del concurso donde, además del prestigio, los regalos eran mucho mas atractivos que yo, sobre todo para un chavalote. ¿Qué iba a hacer él con una horrenda muñeca?... ¡Los niños no juegan con muñecas!...

Allí estuve durante meses, sepultada por el resto de peluches a los que el crío tampoco hacía ni caso. Solo cambiaba de lugar esporádicamente. Cuando la madre hacía limpieza de la habitación.

Al concluir esta, la mujer volvía a colocarme otra vez en el mismo sitio hasta que volvía a tocar limpiar.

En una ocasión, en las proximidades del cumpleaños del muchacho, la señora decidió que convenía hacer espacio para los nuevos regalos que recibiría su hijo. Resuelta, la vi aparecer con una gran bolsa de plástico negro, a cuyo fondo fueron a parar gran parte de mis compañeros de refugio. Los mutilados y los más estropeados fueron los sentenciados. También acabaron allí todos los trastos y restos de juguetes con los que ya no jugaba el niño.

Por último me cogió a mí dispuesta a darme el mismo destino pero se detuvo. Aún no sé por qué; quizás por que vio la etiqueta que todavía pendía de mi vestido.

-¡Santo cielo! ¡Pero si, ni siquiera la ha estrenado!... ¡Este niño tiene demasiados caprichos!-

No recordaba en ese momento de donde había salido yo... El hecho de que aún estuviera nueva hizo que se apiadara de dar ese triste fin a mi corta vida... Si supiera cuan equivocada estaba. No se imaginaba lo larga y tediosa que era mi existencia hasta ese momento. Acabó de llenar la bolsa, la ató y me colocó a mí bajo su brazo dispuesta a salir a la calle para tirar la basura. Cuando llegó al contenedor correspondiente, con la mano libre, levantó la tapa de éste y lanzó con fuerza la bolsa en su interior. Acto seguido lo cerró y me dejó encima bien a la vista, así, como crucificada, con mis grandes e inmóviles ojos mirando a un cielo que oscurecía en aquellos momentos y amenazaba con lloverme encima.

¡Solo me faltaba eso!... No se cuanto tiempo permanecí en aquel lugar y en la misma postura. Medir el tiempo no es lo mío, mi cerebro de algodón no da para más. Suplicaba, todo lo que una muñeca de tela es capaz de suplicar, para que alguien me encontrara antes de que empezara a llover.

De pronto noté como alguien me levantaba, me sacudía enérgicamente. ¿Así iban a ser escuchadas mis súplicas? Pero no, no era lo que parecía. Noté como aquel ser humano me colocaba bien la ropa, el pelo y me miraba detenidamente. Yo, imploraba que no se fijara demasiado, mi alma de trapo sabía que si me observaba en exceso mis posibilidades de ser acogida disminuirían poderosamente. Finalmente, vi dibujarse una sonrisa en su rostro.

Era la sonrisa de alivio, la de alguien que había encontrado una buena solución a algo. El hombre que me estaba mirando, me acarició los cabellos, se aseguró que todo estuviera en buen estado y en su sitio. Luego, me estrechó con ímpetu contra su pecho, donde noté que latía con fuerza un corazón. Eso me tranquilizó. Estoy segura de que, de haber podido, me habría puesto a temblar de emoción. Pero... ¿Qué podía haber visto aquel hombre de rostro amable en mí, para que se sintiera de aquella manera? No parecía tener edad de ponerse a jugar conmigo. ¿Tendría algún problema mental?

No tardé demasiado en conocer la respuesta. Si, tenía más de un problema, pero desde luego no eran mentales.

Me guardó en el bolsillo interior de su chaqueta. Nunca había estado tan confortable. Después de mucho, muchísimo, rato caminando llegamos a una casa donde me sacó de mi cómodo escondrijo y me entregó a dos niñas diciendo:

-Tomad hijas. Os dejo esto, para que la cuidéis juntas y os acordéis de mí siempre que juguéis con ella.

-¡¡Gracias papi, es preciosa!! Pero no es necesario que nos regales nada para que pensemos en ti.

-Si papá, claro que pensaremos en ti y solo por que nos la has regalado tu la cuidaremos mejor.

-Ya lo sé hijas, ya lo sé. Pero esta vez voy a estar mucho tiempo fuera. He de ir a otro país para trabajar y ganar el dinero necesario para que vosotras podáis estudiar y no tengáis que hacer lo mismo. También para que mamá y yo podamos vivir.

-Oye papi- dijo la más pequeña tirando de mi etiqueta- y si no tenemos dinero ¿Como has comprado una muñeca tan bonita?

- ¿Y eso que más da? -Contestó el hombre acariciando la cabecita de su pequeña curiosa, al tiempo que se encogía de hombros. A veces la vida tiene estas cosas, pensó, con una mano te ofrece un regalo oportuno, para compensarte por todo lo que niega con la otra.

Enseguida me di cuenta de mi error, no había entrado en una casa; había entrado en un hogar. Desde entonces estoy aquí, soy la mimada, la consentida de las dos pequeñas. Juegan conmigo durante horas y a mí me encanta. Me llevan a todas partes. Cuando alguna vez no me encuentran, remueven cielo y tierra gritando mi nombre: ¡Bonita! ¡Bonita!... Hasta que dan conmigo.

¿Os habéis dado cuenta? ¡Me han puesto como nombre Bonita!... ¿Cómo no las voy a querer?. Cada noche, después de cenar y poco antes de ir a dormir, se acurrucan en el sofá junto a su madre. Siempre hablan del padre e intentan imaginarse qué estará haciendo en ese momento, entonces ellas salen corriendo a buscarme para continuar hablando de él conmigo en brazos. Una me achucha, la otra me besa. La madre de vez en cuando también me coge y me abraza con nostalgia, haciendo como que me está poniendo bien la ropa para que las niñas no lo noten...

Ssssshhh... Que no se entre nadie; pero he notado más de una vez, como caía alguna lagrima suya sobre mi cuerpo de trapo.

Yo, rápidamente la he absorbido para que las pequeñas no se dieran cuenta. Ojala pudiera hacer algo más por ellas.

Qué vueltas da la vida; quién me iba a decir a mí, en aquel frío aparador, que mi vida sería tan útil y placentera. Si mis estirados compañeros de escaparate pudieran verme... Seguro que se morirían de la envidia. Apuesto lo que queráis, a que muchos de ellos yacen olvidados en algún rincón de la habitación de cualquiera de aquellos niños que nos visitaban a diario...

¡Quién lo iba a decir!... Yo, después de una larga espera, inicié mi andadura como premio de consolación y eso es lo que sigo haciendo; consolar a mis niñas de la ausencia de su padre y ellas me devuelven el favor con su cariño, abrazándome y jugando conmigo como si fuera la más hermosa de las muñecas.

Y es que... Cuando le importas a alguien de verdad; el aspecto exterior es lo de menos...

(Mientas vuelven las musas  )... Reedición especial para la Mini-Bruji... es su favorito

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No soy lo que buscas, soy lo que encuentras... En definitiva, soy; con eso tengo bastante... Mas vieja de lo que me gustaría, pero bastante más joven de lo que les gustaría a mis "amigas"... ¿Mis aficiones?... Pues depende: Unas son más caras de lo que me puedo permitir. Para otras, (la mayoría) dependo sola y exclusivamente de mi misma: mi garganta, mi imaginación, mis manos, mi esfuerzo... Einstein y yo estamos estrecha, íntimamente ligados; por la ley de la relatividad: Soy relativamente alta, relativamente guapa, relativamente delgada (aplíquese aquí el mismo varemo que con lo de la juventud...) relativamente feliz... Y no me quejo... Relativamente.......

"EL QUE NO IMAGINA NUNCA, ES COMO EL QUE NO TANSPIRA... ALMACENA VENENO"... (Thruman Capote

Un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales. (Mahatma Gandhi)

ERA GUARDIOLA:

CAMPIÒ DE LLIGA... 2008-2009... 2009-2010... Y... 2010-2011... FORÇA BARÇA!!...

CHAMPIONS: 2009, 2010, 2011

PILDORAS PARA PRENDER LA LUMBRE

Mi primer libro. Si sentís curiosidad, podéis echarle un vistazo klicando en el título que aparede debajo de estas líneas

Píldoras para prender la lumbre
2 horas de lectura
Autor: LiCeMar
Categoría:Narrativa
Subcategoría:Novela erótica
N° de páginas:105
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Mi conquista, no es que no te atrevas a irte, si no, que siempre quieras volver...

Hagamos un trato: Tú olvídate de mis quilos, y yo, te recordaré como es el Paraiso... Palabra de bruja...


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DÍJOLE LA BRUJA AL PRÍNCIPE

No me beses que te encantaré...

Él, no hizo caso... La besó, y quedó...

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Ante cualquier hecho violento, la primera víctima es la razón... ¡¡BASTA YA!!...

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LA CRUELDAD Y LA INJUSTICIA, CARGAN DE RAZÓN A QUIÉNES, EN PRINCÍPIO, PUEDE QUE NO LA TUVIERAN... (YO)

¿NO PAGAMOS CON CRUELDAD SU AMOR POR NOSOTROS?... ¿Y NO ES LO MISMO QUE LES OCURRE A LAS VÍCTIMAS DE LA VIOLENCIA MACHISTA?... ENTONCES... ¿DONDE ESTÁ EL PROBLEMA?....(Cuando le señalan la luna, el necio, se queda mirando el dedo... [Proverbio chino])

"LA DIPOLOMACIA: ES EL ARTE DE MOVER EL TAPÓN Y LA BOTELLA, HASTA QUE LA ROSCA ENCAJE. DE TAL FORMA QUE; NI EL TAPÓN, NI LA BOTELLA PERCIBAN QUE LOS HAN HECHO MOVERSE..."
(YO)


Querer ser independientes no significa odiar al resto del mundo... Cuando un hijo se siente capaz de independizarse ¿Significa que odia a sus padres? ¿O es simplemente que se siente capacitado para vivir por su cuenta?....

CUANDO LA VOZ DE LOS OPRIMIDOS ES SILENCIADA, LA VIOLENCIA TOMA LA PALABRA Y LO QUE ES PEOR; LA DISFRAZA DE RAZÓN...(YO)

TODO MI APOYO Y SOLIDARIDAD CON LOS VALENCIANOS QUE QUIEREN SEGUIR VIENDO "TV3"...

"Detesto lo que escribes, pero daría mi vida para que puedas seguir escribiendo." (Quien quiera que lo dijese, tenía más razón que un santo...)


"LE DI UN BESO A UN PRÍNCIPE Y...

ESTO FUE LO QUE PASÓ"...

Primero cogieron a los comunistas, y yo no dije nada porque yo no era un comunista. Luego se llevaron a los judíos, y no dije nada porque yo no era un judío. Luego vinieron por los obreros, y no dije nada porque no era ni obrero ni sindicalista. Luego se metieron con los católicos, y no dije nada porque yo era protestante. Y cuando finalmente vinieron por mí no quedaba nadie para protestar.
Martin Niemöller

El peor analfabeto es el analfabeto político, El no ve, no habla, No participa de los acontecimientos políticos, El no sabe que el costo de la vida, precio del poroto, de la carne, de la harina del alquiler, del remedio, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece e hincha el pecho diciendo que odia la política. No sabe el imbecil que de su ignorancia política, nace la prostituta, el niño abandonado, el asaltante y el peor de los bandidos, que es el político corrupto y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales...
Bertolt Brecht


Hay hombres que luchan un día y son buenos, hay otros que luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles...
Bertolt Brecht

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