Mi expresión de desilusión, no puede ser más elocuente. Momentáneamente, las lágrimas reprimidas del desencanto dan brillo a mis ojos. No; no era esta la velada que yo planeaba para los dos, pero...
Luego bajo la vista, contemplo tu rostro adormilado en mi regazo y... mi gesto dolido se relaja. Aun a la luz de las velas, puedo percibir tu cansancio. Tus días son muy largos y dejan huella en ti. Un sentimiento de remordimiento e infinita ternura se apoderan de mí.
Te rodeo entonces con mis brazos y mis labios descienden hasta rozar levemente los tuyos. Despacio, muy despacio. No quiero despertarte, es sólo que necesitaba besarte.
Mis dedos, suavemente, se deslizan en círculo por tus sienes, deseo devolverte la paz que me transmites. Con cuidado, una a una, sigo las líneas de fatiga que se dibujan en tu frente, en tus ojos cerrados. Un leve gemido escapa de tus labios... Descansa mi amor - te susurro al oído- déjame llenar tu sueño de cosas bellas. Sonríes. Yo también. Y vuelvo a besar tus labios.
Estás a gusto, muy a gusto. Eso me hace sentir bien.
No puedo dejar de mirarte. No puedo dejar de acariciarte. Llenas mi vida y yo quiero llenar tu paz.
Mis dedos se pierden ahora en tu pelo, lentamente, proporcionándote un masaje que te relaje aun más. La placidez resta edad a tu rostro. Me gusta mirarte, verte tan a gusto y confiado en mí. No podría lastimarte, te quiero demasiado. Y lo sabes.
Coges mi otra mano, la llevas a tus labios y besas la parte interior de la muñeca haciendo que mi sangre hierva, pero... Sé que no, hoy no... Soy consciente de que tu día ha exigido demasiado de ti y yo quiero ser tu remanso de paz.
Sonrío y me muevo sigilosa, casi reptando, para cambiar de posición. Te estiras, pones ahora tu cabeza en la almohada. Yo, siempre al lado, beso con dulzura tu frente, tus párpados, tu nariz... Me recreo tiernamente en el beso de tus labios... Vuelves a gemir quedamente, me abrazas y en un duermevela, me dices que me quieres, y te dejas querer... No necesito más.
Continúo dibujando con mis besos el perfil de tu mentón mientras me acomodo muy pegada a tu costado. Sigo descendiendo, beso la línea de tu cuello hasta encontrar lo que buscaba; ese hueco en tu hombro, creado únicamente para que yo repose mi cabeza en él, no hay otro lugar en el mundo que me haga sentir más en paz.
Al hallarlo, aprieto mi mejilla contra él con ronroneos felinos, como la gatita que al fin encontró su lugar confortable. Tu brazo rodea mi cintura y me aprieta fuertemente contra ti. Vuelvo a sonreír dichosa, mientras mi mano descansa sobre tu pecho. Me gusta sentir tus latidos. Me gusta creer que son por mí.... Vuelvo a besar tu cuello, y susurro cerrando los ojos.... Hasta mañana mi amor... Te quiero...
Esta también es una noche de amor. No se me ocurre lugar mejor donde descansar...
Ummmm... En ningún sitio del mundo, encajo como entre sus brazos. Aha... Y es que; mis formas están hechas, tan a su medida; tan a la medida de ese hueco en su regazo, que... Ufff... Él, como nadie, sabe sacar el mejor partido de mis curvas, de mi estampa sinuosa... Ahhh, y como respondo... Ummm... Sé que le encanta como lo hago.
¡Ayysssh!... Cuando esos brazos me rodean, tiemblo de puro gusto. Cuando sus mágicos dedos me tocan, me crezco, me transformo... Uuuufff... Me derrito.
Aaahhh... Ellos arrancan los mejores sonidos de mí garganta. De veras; él y yo nacimos para esto, para vivir uno en brazos del otro...
Aun recuerdo la primera vez que consiguió ceñirme. Era casi un niño. El brillo de felicidad e ilusión que había en sus ojos no tenía precio... ¡Cómo olvidarlo!...
Hacía ya unos meses que le había lanzado el anzuelo. Se enamoró solo con verme... Je, je, pero se lo puse difícil; le costó mil sudores y esfuerzos conseguirme. Y es que no soy una chica fácil.
Pero sabe que le soy, y le seré, fiel como ninguna. Mientras yo viva. Sé que me ama, lo sé. Como se ama todo aquello que consigues con empeño. Como se ama lo que te pertenece de verdad; porque yo soy suya, solo suya. De nadie más.
Desde ese primer contacto, ya supimos que la nuestra iba a ser una sólida e interminable historia de amor.
¡Cielos, y como me miraba! Con qué adoración; si es ahora evocándolo y, ummmm... Me derrito.
También recuerdo, como si fuera hoy, el orgullo con el que me presentó a sus amigos. Desde entonces fui con él a todas partes, es más, si alguna vez pretendía dejarme en casa, los colegas le insistían para que volviera a por mí.
Claro, él y yo, les hemos hecho pasar tan buenos ratos a todos. Los dos juntos siempre hemos formado un tándem inmejorable. Pero los mejores momentos... Aaah... Los mejores momentos siempre han sido en soledad.
Es entonces cuando, sin disimulo, saca a flote su lado más tierno y consigue de mí todo cuanto se propone. Ummmm... Es tan habil, que no puedo negarle nada. Y cómo me conoce. Sus dedos arrancan de mi todo aquello que desea. Es tan bueno, que hasta cuida sus manos especialmente para mí.
Desde ese primer día le he acompañado a todas partes: Los primeros viajes, bohemios, solo por el gusto de conocer mundo. Cuando necesitaba dinero, solo tenía que echar mano de mí, y siempre sacaba lo suficiente para subsistir ese día, ¿Y el siguiente?... El siguiente seguramente sería otro país y otra historia...
Gustosa le he acompañado en los otros, los viajes de la fama. Abrazado a mí afrontaba la dura prueba de los escenarios. Cobijada en su regazo superábamos juntos la soledad de las largas noches de hotel.
También los primeros amores, sí, sí; incluso en eso le he ayudado. Conmigo entre los brazos, se atrevía a decirlo todo, y... No es por quitarle mérito, pero yo he sido la artífice principal de sus éxitos con ellas. Gracias a mí se le rendían todas... Je... Es noble, y cuando estamos a solas lo reconoce.
Y los desamores, bueno; los desamores, los sinsabores, los fracasos, las putadas de la vida... Todo, todo ha hallado consuelo a mi lado. Yo le comprendo como nadie. Francamente, no sé cuando es mejor, cuando me acaricia enamorado, o cuando lo hace dejando salir sus frustraciones. Da igual, lo haga como lo haga, yo siempre respondo sumisa a sus deseos.
Con el tiempo llegó el éxito. Y con el éxito el dinero. Y... con el dinero, claro, la competencia. Otras como yo llegaron a su vida; más nuevas, más jóvenes, más modernas... Al principio, he de confesar que me inquieté, incluso me sentí celosa. Ellas podían darle tantas cosas que yo no... ¿Y si se olvidaba de mí? ¿Y si dejaba de importarle?...
Pronto comprendí que mi puesto en su vida, no lo cubría nadie. Jugaba, sí, como un niño con las novedades. Pero, como un niño caprichoso, también pronto se cansaba de ellas. La que de verdad le ataba a sus orígenes, era yo.
Cuando quería algo auténtico, cuando necesitaba aferrarse a él mismo, irremediablemente volvía a mí. Por eso, aprendí a ser paciente y a esperar. A estar siempre dispuesta para él. A dejar que sus sentimientos invadieran mi ser; extrayendo lo mejor de mis entrañas. Solo así seguiría siendo su refugio. La primera.
Las novedades entraban y salían de su vida con rapidez. Pero conmigo volvía a tocar con los pies en el suelo. Yo soy auténtica, no le permito olvidar sus orígenes. Si me abraza y me toca, yo le recuerdo lo que de verdad vale la pena en su vida.
Ahora estoy algo triste, lleva demasiado tiempo sin tocarme, nunca había tardado tanto, y ya le echo de menos.
Soy así, mi cuerpo de granadilla necesita de su calor. Preciso que me cuide, que tense, que me afine, que rasguee mis cuerdas de vez en cuando. Pero es un profesional, él sabe lo que me hace falta y no me abandonará. Sé que no me abandonará. Sé que yo, también le hago falta. Significo demasiado en su historia. No pasa nada soy paciente, ya lo he dicho, no es la primera, ha ocurrido más veces y siempre vuelve. Le conozco como nadie, y lo sabe. Sé cuando es feliz, cuando le han hecho sufrir, cuando le invade la melancolía. Entonces vuelve a mí... Ummm, me abraza... Y, de nuevo, surge el milagro entre los dos.
Es que yo, pase lo que pase, siempre seré su guitarra... La primera, la única... La mejor.
He aquí, la fuente de inspiración... las manos de Mikel deslizándos por las cuerdas, me hipnotiza.... y el diálogo final con el público, da fe de que estamos ante un genio... (Perdón... me dejé llevar por la admiración... )
Otra vez vamos a jugar a lo mismo. Ahora soy algo más grande, y no me hace tanta gracia. Pero si a ellos les divierte, no me importa pasar de nuevo por la experiencia. La recompensa bien valió el mareo.
Lo recuerdo como si fuese ahora mismo, de hecho, la situación se parece mucho. Ese ronroneo monótono que me adormila. No es culpa mía, no puedo evitarlo. Y menos si mi cesta no para de moverse. A veces se para bruscamente y me despierta, pero doy una vuelta sobre mí mismo, me enrosco y nuevamente quedo endormiscado. Es lo mejor que sé hacer para que, lo que está en mi estómago, siga ahí. Entretanto, las imágenes de aquel día van pasando por mi memoria perruna, proyectadas en mis párpados cerrados.
La cesta era algo más pequeña, yo también. Bastante más. Recuerdo que estaba todo oscuro. Había algo que me tapaba para que no me viera nadie. Me habían puesto súper guapo. Un gran lazo rojo en el cuello, destacaba sobre mi piel limpia y blanca. En realidad el lazo, no era tan grande, es que yo, era muy pequeño. El que me metió en aquella cesta, lo hizo con una sola mano.
Luego, el ronroneo del motor se paró, pero no el traqueteo. Noté que entraba en algún lugar cálido y, de pronto... todo quedó en silencio por unos instantes...
Cuando se hizo la luz... Ja, ja, ja... Cuando se hizo la luz, recuerdo que los tres pares de ojos que me miraban, y sus gritos, me hicieron retroceder asustado dentro de mi escondite. Ja, ja... qué bobo... Bueno, eso y que estaba algo deslumbrado.
Unas manos pequeñas y regordetas me cogieron para sacarme de allí, y ya... todo fueron caricias, juegos, alegrías. Las niñas, no tenían reparos en besarme, y el chaval, no paraba de jugar a todas horas conmigo.
Las otras dos personas más grandes que había en la casa, también eran cariñosas. Me daban de comer, me acariciaban. Me decían cosas divertidas. Entre todos, me educaron. Me enseñaron a esperar para hacer pis hasta estar en la calle... bueno, pis y lo demás. Era muy divertido hacerlo como ellos querían, porque luego me daban alguna golosina que me hacía relamer de gusto. Me encantaba.
Aprendí pronto. Al principio no me fue difícil, todos se peleaban por bajarme a la calle. Luego, con el paso de los meses, me costaba un poco más... es que debía aguantar demasiado, pues entonces todos se peleaban para que me bajara otro...
Aun así, yo les quiero, y me espero lo que haga falta, con tal de que no se enfaden conmigo.
Han pasado los meses, yo me he hecho más grande... no mucho más, pero lo suficiente como para no caber en cualquier sitio como antes.
Los críos, ya no juegan tanto conmigo, y los mayores cada vez me acarician menos. No les culpo, trabajan mucho, y cuando llegan a casa no tienen ganas de nada... mucho menos de ocuparse de mis... necesidades. No se lo tengo en cuenta, yo sé que les gusta que me siente a sus pies, y no dudo en hacerlo. Cuesta tan poco complacerles.
Estos días atrás, el ambiente estaba revuelto en casa; la temperatura ha subido... debe ser por eso. El calor también me altera a mí. Pero, no sé, noto que me miran diferente. Ya no tienen esa sonrisa que tanto me gusta y que invita a acercarme a ellos para brindarles mis monerías... Deben estar pasando una mala racha. Sí, eso será... Estoy seguro.
Uy... Sssshhhh... el ronroneo ha cesado... ¡Ya hemos llegado, donde quiera que debiéramos ir!... qué bien... creí que no iba a poder resistir más sin hacer... Bueno, creí que no llegaba.
Menos mal, me han dejado salir. Voy volando a hacer lo que he de hacer... pero... ¿Pero qué hacen?... ¿Por qué...?
¡¡Ehhh!!... ¡¡Eeeehhh!!... ¡Que os olvidáis de mí!... ¿Es que, yo no vuelvo con vosotros?...Pero... ¿Por qué me dejáis aquí?... Este juego ya no me gusta. No es como el otro. Quiero que se termine...
En este sitio hace frío y está muy sólo... No conozco nada... ¡¡Eeehh!!... ¡¡Eeehh!!... Volved por miiii... No volveré a hacerme pis en el pasillo... os lo prometo...
Oh... Está bien... ya lo he comprendido. No vais a volver por mí... ¿Verdad?...
De nuevo, el golpe de maza en el taco revolvió mis tripas. Otra vez, mis puños se cerraron crispados al oír la voz del juez pronunciar las palabras malditas. Palabras que con demasiada frecuencia para unos, y con poca para otros, acompañan a ese golpe.
Quizá debería sentirme complacido; en un par de semanas, tres a lo sumo; tendré un encargo. Pero no, nunca he sido capaz de alegrarme por ello. Detesto mi trabajo. Nunca lo quise. Y nunca lo querré. Pero hay una familia que mantener y es todo lo que tengo. No lo quiere nadie, y... alguien ha de hacerlo.
Lo único que me hace sentir bien, de lo único que me siento orgulloso; es que pongo todo mi oficio y saber hacer, para que resulte rápido, limpio y acabe pronto. Es todo lo que puedo hacer por el pobre desgraciado que ha de recibir mis servicios.
Ahora, hasta que llegue el día; la gente se echará a la calle pidiendo clemencia para el reo. A pesar de ser probadamente culpable, se rasgaran las vestiduras. Tacharan de inhumana y trasnochada la sentencia. Acusando de ser cruelmente despiadados al juez, a las leyes... y a mí
¿Qué saben ellos lo que yo pienso o siento? ¿Acaso les importa mi parecer? He vivido en este oficio lo bastante como para saber que hay quienes merece el veredicto mil veces más que este pobre infeliz. Pero tenían dinero, y abogados más convincentes. A mí nadie me preguntó.
Sólo esperan que cumpla con mi función de la manera más rápida y limpia posible... no por no hacerle sufrir a él, no... si no, para no sufrir ellos. Es desagradable ser testigos de la agonía.
Son tan falsos, tan insufriblemente hipócritas, que ellos que son quienes me proporcionan la víctima... alguien a quien yo ni conozco siquiera... rehúsan luego, verme la cara. Prefieren ignorar quién soy. No quieren poner rostro a su pesar de conciencia. Qué más da si me pesa a mí.
Aunque... yo también lo prefiero. Cuando alguna vez, por descuido, mis allegados han descubierto cómo me gano el pan; con gesto contrariado y mirándome de soslayo, dan un paso al lado, como si les tiznase mi proximidad...
Incluso el sepulturero goza de mejor reputación entre la gente que yo. Es comprensible, al fin y al cabo, él sólo se ocupa de cubrir legalmente el fruto de mi oficio...
¿Qué cuál es mi oficio?... uno, tan digno como cualquier otro. Que sólo cumple órdenes, y hace lo que nadie quiere hacer... Soy, el verdugo... para servirles, a ellos... y a usted...
Întuneric, era el miembro más débil de la tribu, pero ahora también el más fuerte. La culpa fue de la última cacería. Las cosas no salieron bien y los más fuertes no volvieron. Una de las pocas ventajas de ser un cobarde. El inconveniente era tener que aguantar el rechazo de sus semejantes. Daba igual, ahora lo único importante es que todo el clan dependía de él. Era el último macho joven.
Ya estaba preparado para asumir su papel. De un tiempo a esta parte, había dejado de ser el sujeto temeroso y asustadizo de siempre. No sabía por qué, pero desde que conoció a aquella hermosa y distante dama, de ademanes misteriosos, cuya piel era blanca y fría como el mármol, había dejado de sentir miedo.
Apareció en el bosque una noche, envuelta en neblina. Desde el principio se sintió cautivado por ella. No comprendía cómo una criatura tan hermosa, se había fijado en él.
Amparados por las sombras de la noche, buscaron un lugar oculto e íntimo para dar rienda suelta a sus instintos. Desde entonces, desde esa noche, sentía que la cobardía se había esfumado de su espíritu.
Por alguna razón, que Întuneric no alcanzaba a comprender, durante el día se mantenía oculto en la guarida. La luz quemaba extraña y dolorosamente su piel, por eso sólo se atrevía a abandonar la cueva cuando las sombras se adueñaban del valle. Era entonces cuando la mujer regresaba y volvían a entregarse a la orgía de sexo y sangre que le ataba más a ella en cada encuentro. Poco a poco sentía como su voluntad dejaba de pertenecerle, pasando a ser posesión de la dama.
Esa noche, tras su encuentro, y después del último beso, ya estaría preparado para volver a reunirse con la tribu, y construir así su propio clan. Un clan fuerte e indestructible hecho de seres especiales. Humanos medrosos y débiles, convertidos en valientes criaturas de la noche... Una tribu que crecería y a la que ya no tendría que proteger...
-Te equivocas, querido. Tú, no eres perfecto en nada. En eso tampoco.
-Confiaba en ti. Creía en ti... por eso nunca dudé. Nunca creí necesario tener que vigilarte de cerca.
-Te equivocas de nuevo- dijo sonriendo irónicamente- no fue en mí en quién confiaste, si no en tu criterio. Yo ya no tenía nada que pudiera gustarte. ¿Qué podía gustarle de mí a los demás? No dudaste, porque estabas convencido de que no tendría la más mínima posibilidad con otros hombres. ¿Qué iban a encontrar en alguien que tú mismo te habías encargado de anular y poner contra el suelo? No, es verdad, no me vigilaste, sencillamente porque pensaste que no había nada que vigilar... ¿Quién iba a fijarse en mí?... Tú, hacía mucho que no. ¿Por qué lo iban a hacer los demás? ¿Qué de bueno podrían encontrar en alguien que no es capaz de valorarse?
-Está claro que te subestimé...
-No. Fui yo quien se subestimó. Por eso permití que tú lo hicieras. Afortunadamente eso ha cambiado. Yo, he cambiado. Todo ha cambiado... Todo, menos tú.-espetó mirándole fríamente a los ojos, para luego añadir- No pasa nada, yo sí te puedo cambiar... Cambiar por alguien que sea capaz de darse cuenta de que existo.
-¿Otro?... ¿Ya... hay... otro...?
-¿Qué se fije en mí?... Aunque no lo creas hay cientos. ¿Qué ocupe tu lugar? No.
Aunque eso es fácil, también hay cientos. Pero no quiero que nadie ocupe tu lugar; lo que quiero es alguien que sea capaz de ocupar tus vacíos. Capaz, de vez en cuando, de ponerse en mí lugar. Ocupar un sitio vacío, es fácil. Lo complicado es ponerse en un espacio tan lleno como el mío. Pero he aprendido. Además de alguna que otra arruguita, también eso me han traído los años. No necesito nadie al lado, que viva a años luz de mí. No quiero llenar un espacio en la cama, en el baño o en el salón. Lo que deseo es llenar los silencios con palabras que son escuchadas y mi vida con quien tenga mucho que contar.
-¡¿Cómo pudiste?! ¿Es que nunca te paraste a pensar un poco en mí?
-Ummm... te equivocas cielo. No te haces una idea, de lo mucho que pensé en ti. Pero aciertas en algo. No me paré- sus ojos centellearon de rabia-Al contrario; me moví con más ganas. Ni te imaginas cuanto disfruté derrochando todo el placer que tú rechazas. Recibiendo el que desde hace años me niegas a mí... Lo siento amor, pero hoy, he vuelto a existir. A sentirme viva. Hoy de nuevo me han hecho sentir mujer... ¿Recuerdas lo que es eso?... Yo, lo había olvidado.
-Claro. Claro que lo recuerdo. Eres una mujer... Mi, mujer.
-Ese es el problema. Si sólo ves en mí una propiedad, es que tú también lo has olvidado... No sé cuándo, pero en algún lugar del camino perdí a mi compañero... ¿Dónde fue?... No lo sé... Quizá es que yo también estoy equivocada y nunca hubo un compañero.
-Entonces... ¿Yo ya no existo para ti?
-Por supuesto que existes, como siempre. Lo que ha cambiado es que, ahora, en mi mundo... también existo yo.
-¿Aun tienes chocolate? ¿Aun te queda del que compraste ayer de estraperlo? ¡Quiero pan con chocolate!...
-Como prefieras mi amor.
-Si, eso. Eso es lo que más me apetece...
Tras estas palabras; la placidez invadió el arrugado y enjuto rostro de piel casi transparente. Han sido demasiadas semanas en el lecho. Cerró los ojos; y la mano que durante horas había estado aferrada a la de ella se fue aflojando despacio, lentamente. Para siempre.
Envuelta en resignación, no pudo evitar que dos lentas y amargas lágrimas resbalaran por sus mejillas. Era la hija; pero desde hacía unos días había asumido, el maternal papel de la abuela que le otorgó su propio padre. Un niño de pelo cano, cuya lejana infancia estaba más presente en aquella desbaratada mente, que su actual vejez.
Como un acto reflejo; giró la cabeza depositando la vista en el ancestral reloj de pared, intentando grabar en su recuerdo la hora exacta del desenlace. Qué curioso... El péndulo decidió, en ese preciso instante, detener su perpétua y aburrida cadencia.
Las dos maquinarias quisieron descansar al unísono. Juntos entraron en la familia; según él le había contado infinidad de veces, y juntos por decisión de ella, dejarían de funcionar. Darle cuerda, fue la última rutina que la enfermedad había conseguido arrebatarle de la mente a su padre, y pararse; fue la última voluntad del viejo reloj... Él también olvidaría marcar las horas eternamente...
Descansen en paz.
(Mi pequeña contribución al día 21, jornada internacional contra el alzheimer)
De nuevo apareces; convirtiendo en un dilema cualquier opción que el destino pone frente a mí. Revolviendo mis entrañas. Embotando mis sentidos. Haciendo de toda alternativa desazón y congoja. Una vez más, consigues que la elección de un camino sea la más difícil de las gestas. Tomando conciencia de mi condición de simple mortal... ¿Esta o aquella?... ¡Qué sé yo!
Cuando creo que ya está. Que todo es sencillo; claro y diáfano como el sol que brilla tras la lluvia de verano, llegas tú y lo estropeas sembrando en mi pensamiento tu sombra. La incertidumbre. Me haces ver que nada es tan fácil como yo creía. Dándome de bruces con la realidad desnuda. Y mi seguridad se tambalea. Y la decisión entre, este o aquél, blanco o negro, arriba o abajo; es más cuesta arriba de lo que a simple vista pueda parecer... ¿Quién sabe? Quizá no...
Cuando creo haberte vencido, me traicionas al menor intento, haciéndome saber que aun estás ahí. Nunca tengo la seguridad total de haber escogido acertadamente. Si alguna vez me siento satisfecha, creyendo haber hecho lo mejor. De nuevo aparece tu letanía susurrante martilleando mi sien... No, no basta, no es suficiente. Podías haberlo hecho mejor... O puede que no...
Eres diabólicamente cruel. Devanas mis sesos hasta la obsesión. Una vez y otra me digo... ¿Si, no?... ¿Me quiere? ¿No me quiere?... ¿Izquierda, o derecha?... ¿Blanco, negro, gris?... ¿Norte o sur?... Y cuando creo tenerlo claro, de nuevo asaltas mi mente y vuelta a luchar contra el vértigo. Vuelta a empezar con la espiral.
Día a día vives conmigo. Te has instalado. Cómodamente habitas dentro de mí.
Te aletargas, hibernas agazapada, me haces creer que te extirpé y ya no existes. Pero a la menor oportunidad, vuelves a oprimir mi pecho, entrecortando mi respiración. Te mezclas en mis sueños convirtiéndolos en pesadillas que me abocan al insomnio. Ya desvelada, te encuentro en mi interior, mirando con los ojos de una niña asustada, las decisiones tomadas con la que parecía seguridad de mujer. Sopesando pros y contras... Pros y contras, que por tu culpa sopesaría igual, fuere cual fuese la decisión final.
Tú, duda, eres la única causante de mi desasosiego, de esta desazón. Tú, reina de la zozobra, cruel carcoma, que minas despiadada el centro de mi ser... o no ser.
Abandona de una vez mi mente. Abandónala, te lo ordeno... Si no, nunca más te escucharé... ¿O sí?..
No soy lo que buscas, soy lo que encuentras... En definitiva, soy; con eso tengo bastante...
Mas vieja de lo que me gustaría, pero bastante más joven de lo que les gustaría a mis "amigas"...
¿Mis aficiones?... Pues depende:
Unas son más caras de lo que me puedo permitir.
Para otras, (la mayoría) dependo sola y exclusivamente de mi misma:
mi garganta, mi imaginación, mis manos, mi esfuerzo...
Einstein y yo estamos estrecha, íntimamente ligados; por la ley de la relatividad:
Soy relativamente alta, relativamente guapa, relativamente delgada (aplíquese aquí el mismo varemo que con lo de la juventud...) relativamente feliz... Y no me quejo...
Relativamente.......
"EL QUE NO IMAGINA NUNCA, ES COMO EL QUE NO TANSPIRA... ALMACENA VENENO"... (Thruman Capote
Un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales. (Mahatma Gandhi)