Publicidad:
Terra
La Coctelera

Nada es imposible, todo puede suceder...

Para que se haga realidad, primero hay que soñarlo

Categoría: Relatos suspense

18 Febrero 2011

No eres mi tipo pero… (Relato erótico)

Te espero unos minutos antes de la hora acordada, allí donde quedamos para vernos. Miro para todas partes, asegurándome de que nadie me haya seguido a esta, nuestra cita clandestina. Apenas treinta minutos para hablar, dijo tu voz al teléfono.

En uno de esos tantos giros de cabeza por fin te veo. Me saludas con un suave beso en los labios. Así, como la cosa más natural, y luego te sientas a mi lado sonriendo.

Te miro y comienzo a detallarte mentalmente... realmente no sé qué te vi, no me atraes físicamente, no eres mi tipo y sin embargo... Ummmm... cuanto me excitas...

Y es que deliro cuando me tocas. Apenas puedo creer las sensaciones que me produce el simple hecho de un roce tuyo.

Te miro y no eres nadie, no eres nada para mí, pero... Uuuffff... todo eso cambia cuando me tocas, cuando una de tus manos se posa sobre las mías. Cuando uno sólo de tus dedos se desliza por la curva de mis hombros... Entonces es cuando se produce el ¡boom! El milagro de la química triunfando sobre la física... La piel erizada y las cumbres de mis senos te lo revelan al instante, bajo el liviano tejido de la blusa.

Me invitas a tomar algo, no hay mucho tiempo, solo quedamos para hablar esta vez, dijiste... será sólo un rato.

Me recorres con la mirada desde el otro lado de la mesa, enigmático, con la luz del deseo prendida en tus pupilas... Ummmm... No me gusta tu boca pero quiero que me beses. Y lo haces, y... Siento un latigazo recorrer todo el cuerpo, mi sangre se calienta como si tu saliva quemara. Mi ropa interior se moja, mi sexo se inflama, se humedece, te desea, clama por ti, por sentirte en su interior, por atraparte y succionarte hasta exprimir tu elixir dentro de mí... pero no, no hay tiempo. Tampoco es el lugar... ¡¡diossss!!

Me separo de ti porque temo irme flotando en ese beso, o desaparecer por propia combustión.

Me tomas de la mano. Tiras de mí y me llevas a un lugar apartado, ligeramente en penumbra, donde sin decirnos nada nos abrazamos como dos locos, como queriendo fundirnos el uno en el otro, como queriendo consumar nuestra unión, sin unión.

Ummmm... Ahhh... Una de tus manos se desliza por el interior de la falda hacia mi sexo, hacia la gruta de los deseos, como tú la llamas... -Ummmm, delicioso-... Un quejido ronco se escapa de tu garganta al sentirme recién depilada, hirviente, mojada, tan expresamente entregada y preparada para ti... Una fruta prohibida apetitosa que ahora no puedes probar, sólo tocar... Ohhhh... Tus dedos me invaden, me atormentan, me poseen allí mismo, nadie nos mira... o si... No lo sé... ¡Que importa!... sólo soy consciente de tus labios en los míos, de tus manos en mi cuerpo, de míiii.... Aaahhhh... Muy, muy consciente de mí... Mi cuerpo se tensa, mi sexo se contrae. Me aferro con fuerza a ti; para luego relajarme, colgada de tu cuello, clavando inconsciente mis uñas en tu espalda... Ummm cómo te deseo... Y eso que no eres mi tipo...

Lo siento cariño, se esfumó nuestro tiempo furtivo... se agotó este espacio robado... Se acabó.

Por hoy...

LiCeMar

*Reedición a petición de alguien muy especial...

servido por licemar 4 comentarios compártelo

27 Octubre 2010

La sombra de la duda...

Entro en casa después de un día de trabajo. Nadie, sé que en casa no hay nadie. Todo está como lo dejé esta mañana al marchar. Pero yo; aun tengo esa sensación, que me acompaña desde hace días a todas partes. De no estar completamente solo en ningún momento.

Se acerca la noche de brujas. Y eso siempre me predispone a pensar en macabras historias. Pura supercherías unas, lo sé. Crueles realidades otras, por desgracia para quienes las sufren, también lo sé.

Enciendo la luz y me dirijo al salón con la asfixiante sensación de ser seguido y observado. Casi podría decir que siento su aliento en la nuca, si la fuente de mis sospechas tuviese aliento. Pero...

¿Quién ha dicho que no lo tiene? ¿O que no tiene vida propia totalmente independiente de mi? No. No puedo contar nada a nadie, me tomarían por loco. ¿Cómo decir a alguien que mi sombra se desvincula y hace lo que le viene en gana sin estar yo?

De alguna manera sé que es la luz quien la domina y me mantiene a salvo de sus perversos actos. Tampoco estoy seguro de que la doblegue, solo la acota, coarta su libertad de movimientos; pero no podría ser tajante al respecto. En cambio, la oscuridad es su reino, su refugio; se mimetiza con ella y le pierdo el rastro.

Estoy en clara desventaja ante sus intenciones... desventaja; porque algo me dice que sus intenciones son de su mismo color y yo, de una u otra manera, soy su principal víctima. Su víctima, porque cualquier rastro que ella deje, me delata y me convierte en culpable. Su víctima, porque debo controlar hasta la extenuación mis más bajos instintos. Esos que todos tenemos, pero que en este caso, estoy convencido se nutre de ellos. Los pone en práctica en cuanto bajo la guardia haciéndome sentir un monstruo ante los demás, y ante mí mismo.

Es un autodomínio que me agota física y mentalmente. Es imposible controlar la mente veinticuatro horas sobre veinticuatro. En algún momento he de descansar. Y es entonces, aprovechando mi debilidad humana, cuando actúa.

Mis sospechas empezaron cuando, al levantarme, observé cosas a las que durante la noche les había ocurrido algo. Casi siempre desagradable. No cualquier cosa, si no, cosas importantes para mí y que ocupan pequeños santuarios dentro de mi apartamento. De mi vida cotidiana.

Soy obsesivamente metódico y estricto, nunca cambio nada de lugar así como así, sin que haya un motivo de fuerza mayor que me obligue a ello. Mucho menos objetos que ocupan un lugar determinado por alguna razón especial. Como por ejemplo el retrato de mi madre delante del último libro que me regaló.

Ayer lo encontré en el suelo, con el cristal roto. Podría deberse a una fortuita ráfaga de aire, pero cómo se explica que el libro yaciera a su lado, contra el suelo.

No sería más que una mera casualidad, de no ser porque, al recogerlo y darle la vuelta, vi que se había abierto por la página de la dedicatoria; las palabras más dulces y cariñosas que ella me había dedicado en toda su vida pocos meses antes de morir. Unas palabras que disiparon toda incertidumbre sobre sus sentimientos hacia mí... o quizá no. Tal vez solo fuesen producto de la cortesía...

Vale, también pudiera ser que el libro estuviese viciado por la de veces que he leído y vuelto a leer esa parte, pero.... ¿Y la cruz en aspa que cruelmente la emborrona? Seguido de la palabra "FALSEDAD"... siempre me he preguntado si aquellas líneas salieron de su corazón, o solamente de su puño... Pero eso nadie más lo sabe. Jamás expresé en voz alta esa duda.

De los objetos que se han movido de su sitio, ese, es el más significativo y... Si; también el más doloroso... Pero son muchas otras cosas las que no están donde siempre; recuerdos, regalos apreciados, objetos que me son muy especiales. Por ejemplo, el cajón donde guardo los pequeños tributos que me regalan mis fugaces conquistas; aventuras de una noche, de dos a lo sumo. El fin de semana pasado apareció abierto y todas aquellas delicadas prendas de encaje revueltas... incluso algunas estropeadas y por el suelo. Yo jamás las trataría así; por lo menos no de forma consciente.

Que yo recuerde hace mucho que no he dejado de estarlo. Desde que desistí de abandonarme con desenfreno al influjo de los destilados y las sustancias alucinógenas. Prefiero ser consciente y recordar qué he hecho la noche anterior... y lo que es mejor, con quién he estado.

No. No es propio de mí ese desorden. Tampoco entra nadie aquí sin estar yo ¿Exceso de celo? Es posible...

Entonces ¿Cómo puedo atrapar in fraganti a quién me asedia? ¿Cómo puedo demostrar mis sospechas?

Sólo he observado una posibilidad cuando ilumino la estancia con velas. Se mueve sigilosa, apenas es perceptible, pero la he visto separarse de mí. Hasta diría que me mira con una sonrisa sardónica... Pero vuelve a permanecer estática en cuanto me ve pestañear. Probaré dejando las velas encendidas toda la noche. Espero poder permanecer despierto. Aunque le haga creer que no. Si existe alguna posibilidad es esa...

La luz del día bañaba la habitación...

¡¡Mierda!!... -Bramó, mientras intentaba soltar el cinturón del albornoz que le mantenía los tobillos atados entre sí y a los barrotes de la cama-...¡¡Pero qué es esto!!... ¡¡Como diablos ha llegado esto hasta aquí!!... ¿Quién le había atado?... No tenía tiempo para pensar ahora. Se había vuelto a dormir y, lo que es peor, apenas sí tenía unos minutos para pasar por la ducha e ir a trabar.

¡¡¡Diossss!!!... ¡Como odiaba su trabajo! Y más que a nadie al inepto lameculos de su jefe.

Un ser pusilánime que no desperdiciaba oportunidad para humillarle y menospreciar su talento en público. Le producía nauseas sólo de pensar en su expresión babeante, cada vez que le hacía morder el polvo ante sus compañeros... Si se dejase llevar por los primeros impulsos ya haría tiempo que lo hubiese borrado, a él y a su risita estúpida, de este mundo... Hubiese empleado para ello la maldita corbata, del maldito uniforme, que le obligaba a llevar a todas horas. Montando una escena fuera de tono, si alguna vez no estaba colgando del cuello de su camisa...

De camino a la ducha examinaba el recorrido. Contrariamente a lo que se pudiera pensar, las velas no estaban consumidas. Alguien las había apagado. Hacía muchas horas, a juzgar por lo frías que estaban. Cada vez dudaba menos. Sus sospechas eran cada día menos infundadas. Pero, cómo puede una sombra apagar una vela... ¿Soplando?... Y mejor aun... ¿Cómo demostrarlo?...

Seguía dándole vueltas a su obsesión mientras se vestía. La dichosa corbata le estaba haciendo perder un valioso tiempo. El que marcaba la diferencia entre llegar, o no llegar, tarde.

Irritado desistió. Seguramente la habría dejado en el coche. La odiaba; era lo primero que se quitaba al concluir su jornada y lo último que se ponía al comenzarla.

En el vehículo la buscó; en el asiento de al lado, en el bolsillo de la puerta, en la guantera, en el asiento de atrás... pero nada... ¡¡Al diablo!!... Ya pediría otra, total, seguro que aquel imbécil estaría encantado de tener una nueva oportunidad para clavarle la primera bronca del día.

Aparcó en su plaza de garaje, como de costumbre. Al entrar en el ascensor, un presentimiento asaltó su mente, no todo era como de costumbre, algo le decía que había más agitación en el personal de edificio de la normal a esas horas.

Cuando las puertas del ascensor se abrieron en la planta correspondiente, todas las miradas se dirigieron hacia él y la pechera de su camisa alternativamente.

La expresión que veía en sus rostros le hizo preocuparse, al principio pensó que sería la anticipación a la bronca que le esperaba. A pesar de ello, se encaminó con decisión hacia la oficina de su superior para pedirle la estúpida corbata que necesitaba.

La puerta estaba flanqueada por dos policías que, al verle aparecer, le hicieron identificarse... sólo tuvo que decir su nombre para que las esposas de uno de los agentes rodearan sus muñecas, al tiempo que le informaba de sus derechos.

Le empujaron al interior de la oficina. No podía creer lo que estaba viendo; desmadejado en el suelo, como un muñeco roto, yacía aquel desgraciado... con una corbata de la empresa alrededor del cuello. Para que no quedasen dudas de a quién pertenecía; el pisa corbatas que en letras doradas gritaba su nombre completo, permanecía prendido en el lugar de la tela donde él lo había dejó la tarde anterior...

Estalló en delirantes carcajadas diciendo algo parecido a... ¡Lo sabía!... ¡Lo sabía!... ¡Sabía que algo iba a ocurrir!...

Una letanía que aun hoy repite una y otra vez desde la habitación del psiquiátrico donde permanece internado desde ese día... sine die...

Cada vez que revisan el caso y vuelve a relatar sus sospechas, el expediente con su historial es relegado hasta ocupar el último lugar en el montón....

(Dar mil gracias a nuestro amigo Navegante; él plantó la semilla de este relato, que regado debidamente... je je je, no, no es un eufemismo, regado con agua... dió lugar a este desvarío que espero sea de vuestro agrado... Besos y... ¡¡Feliz Halloween!!...)

servido por licemar 4 comentarios compártelo

1 Octubre 2010

Ruidos extraños....

Sí, bueno, es cierto. Sabía de sobras que el tejado de zinc de su chabola magnificaba cualquier cosa que ocurriera en el exterior; pero aquel extraño repiqueteo cadencioso, le tenía subyugado. Lo estaba poniendo de los nervios.

Arrebujado en las ropas de la cama, apenas si asomaba la nariz; escudriñando con mirada temerosa cada rincón de la silenciosa estancia.

No veía nada...

La oscuridad reinante se lo impedía, pero; es que tampoco había nada que ver... El extraño sonido continuaba su cadencia. Ahora estaba encima de él...

Marco, no se atrevía ni a respirar, para no delatar su presencia. Hasta temía alzar la voz para llamar a los padres que descansaban en la estancia contigua, de la que solo le separaba una cortina... ¿Y si se rompía el techo y, lo que quiera que fuese, le caía encima?...

Ahora; esa cosa se estaba acercando a la zona de la puerta de entrada... ¡¡Dios, aquella puerta, no resistiría ni una patada suya, con que menos, el ataque de un monstruo!!

Oyó un ruido, un sonido sordo; como cuando un saco pequeño pero pesado cae en un suelo de tierra. Las manos se le crisparon en el embozo. Sus ojos se agrandaron, y todo él empezó a temblar cuando notó que las bisagras de latón emitieron leves chirridos, delatando la intención de entrar de... De... De lo que quiera que fuese...

La luz de la luna se filtró por el palmo de abertura que, aquello, consiguió abrir. Mejor, ahora la estancia estaba algo más iluminada... Pero nada, desde su jergón, no veía a nadie. Seguía escudriñando la oscuridad cuando de pronto...

Algo ligero y ágil le saltó encima...

-¡¡Rufo!!¡¡Desgraciado!!¡¡Qué susto me has dado!!... ¡¡Casi me da un ataque!!...

Exhalando todo el miedo en un suspiro alargó la mano, y mientras acariciaba la cabezota de su gato, recordó que él y sus colegas habían empleado buena parte de la ociosa tarde en conseguir ponerle al pobre minino unas medias cáscaras de nuez como calzado... Ja ja ja... ¿Y lo divertidos que estaban todos cuando vieron lo, molonas, que le quedaban?... Olvidándolo por completo el resto de la tarde...

Con algo de remordimiento, mientras se las quitaba se dijo a sí mismo: -¡Te está bien empleado! ¡Por imbecil! ¡Y por dedicarte a mortificar a pobres animales como diversión!...

(Reeditado a petición de mi lectora favorita)

servido por licemar 2 comentarios compártelo

15 Julio 2010

El apagón...

Cuando bajó del autobús, en su parada, el sector de la ciudad por donde debía caminar para volver a casa se hallaba inmerso en un apagón. No se sorprendió, era lo habitual. Cada vez que caían cuatro gotas, y a juzgar por los destellos que los faros de los pocos coches que transitaban a esas horas arrancaban del pavimento y el leve chapoteo de sus zapatos, ello no hacía mucho que había ocurrido.

 

 

No se tenía por una muchacha especialmente miedosa; pero la hora y las circunstancias hacían que un cierto hormigueo de intranquilidad recorriera su estomago. Se oían tantas historias truculentas todos los días que...

 

 

No quería sugestionarse por esos pensamientos, pero si sus sentidos hubieran sido antenas, estas se hallarían extendidas en toda su longitud, como las de un satélite artificial a la caza de cualquier indicio.

 

 

Fugazmente sonrió por lo estupida que se sentía al estar haciendo tiempo para que el semáforo le permitiera cruzar la calle... ¡¿Se puede saber qué estas esperando?!... Se reprochó moviendo la cabeza por tan tonta situación. Con precaución se aventuró a cruzar. Paró en la esquina de enfrente tomando aire para infundirse valor. Apretujó el cuello del abrigo y con decisión guió sus pasos hacia la estrecha y larga calle que la llevaría a su domicilio.

 

 

Había caminado unos cuantos pasos cuando le pareció oír un extraño tintineo. Solo se oía de vez en cuando, pero lo curioso es que lo escuchaba incómodamente cerca. La chica apretaba con más fuerza el cuello del abrigo y la brida del bolso de bandolera que colgaba de su hombro diciéndose a si misma que se estaba dejando influenciar por las circunstancias. Aceleró el paso sin siquiera girar la cabeza, no atreviéndose a mirar más que de reojo hacia atrás.

 

 

El ruidito seguía pero ahora era más frecuente, aunque no continuo. Le empezaron a sudar las manos y en la boca tenía el sabor metálico característico que provoca el miedo. Las sombras de las inútiles farolas, el crepitar de las copas de los árboles, la oscuridad de los portales de entrada de los edificios como bocas de lobos acechantes, todo adquiría un aspecto tétrico producto de la oscuridad.

 

 

Miró al cielo como implorando clemencia y allí estaba la luna, su única aliada esa noche, gracias a ella y a haber pasado mil veces por aquella calle podía caminar tan deprisa, pero aun así, temía perder el equilibrio a causa de los nervios. El repiqueteo metálico sonaba con más frecuencia haciendo que la ansiedad de la chica fuera cada vez mayor. Empezaba a respirar con dificultad. Caminaba tan rápido que un leve tropezón la hizo trastabillar de forma peligrosa. Esto no podía seguir así.

 

 

Se detuvo determinada a plantar cara a quien quiera que fuese; más valía eso que ir a dar con sus huesos contra el brillante pavimento, ofreciéndose aun mas indefensa a un posible asaltante. Con los ojos de par en par oteó a su espalda todo lo que la intensa oscuridad le permitía, despacio, giró sobre si misma... Nada, no había nadie...

 

 

No sabía si tranquilizarse o inquietarse aun más. El sonido era real y estaba ahí. Aunque ahora se había detenido. Que extraño...

Sacudió la cabeza, más por querer apartar aquellos turbulentos pensamientos que por despejar del rostro unos molestos mechones de pelo.

Volvió a respirar hondo. Se aferró al bolso y al cuello del abrigo, como si ello le proporcionara algún tipo de protección, reemprendiendo la marcha anhelando cubrir lo antes posible la corta distancia que le separaba ya de su destino.

 

 

Otra vez... Ahí estaba el sonido...

 

 

¡Dios, que largo se le estaba haciendo!..

Ya había recorrido más de la mitad, quedaba poco. Aceleró el paso más aun, deseosa de acabar cuanto antes con aquel tormento.

 

 

De pronto, sin saber de donde ni por qué, un extraño y desgarrador grito la paralizó por completo. Se detuvo en el momento justo que un gato, maullando con todas sus fuerzas, trepaba como alma que lleva el diablo por el tronco de uno de los robles que flanqueaban la acera. Resultaba difícil valorar quién de los dos estaba más asustado.

 

 

Tuvo que apoyarse brevemente en la pared para no caer. Totalmente pálida, no sabía si reír o llorar... ¡¿Qué más iba a ocurrir aquella espantosa noche?!

Cuando su respiración volvió a tener el ritmo normal, un relámpago iluminó la oscura calle sobrecogiéndola. A este le siguió un estentóreo trueno, preludio del torrencial chaparrón que se precipitaba en esos momentos sobre la ciudad... y sobre ella.

 

 

Desesperada se dispuso a recorrer los escasos veinte metros que la separaban del portal del edificio de apartamentos donde se encontraba el suyo. Cubrió la distancia como una exhalación, perseguida en todo momento por aquel angustioso tintineo...

 

 

A resguardo de la marquesina de la entrada, empapada y respirando aun agitada por la carrera, buscaba con manos temblorosas el bolsillito exterior de su bolso donde acostumbraba a guardar la llave, sin dejar de lanzar rápidos vistazos a su espalda.

 

 

¡Usssh... ahora la cremallera se resistía!... ¿O era ella?... Por fin logró acceder al interior del dichoso bolsillo...

 

¡Dios, no está!...

 

Siguió buscando frenéticamente por todos los compartimentos... ¡No está, no está!... ¡Dios mío!... Giró y rebuscó una y otra vez en el bolso... Pero... ¡No es posible!... ¡¿Dónde está?!...

 

 

De pronto, una luz como la del relámpago anterior iluminó su mente. Cerró los ojos y aferrándose a los barrotes metálicos de la puerta estalló en carcajadas.

 

Unas carcajadas mezcla de risa, sollozo e incredulidad. Cualquiera que la hubiera visto pensaría que el pánico había hecho saltar algún resorte dentro de su cabeza y la había llevado a perder la razón...

 

 

Con resignación metió la mano en el bolsillo del abrigo sacando un pequeño llavero de donde pendían tres llavines. Los miró y volvió a reír...

 

 

¡Ellos eran los que habían estado sonando a cada uno de sus pasos!...

 

 

Ahí, colgando de su mano, estaban los causantes del misterioso tintineo aterrador... No podía creerlo... No lo podía creer.

 

 

Acababa de recordar que la última vez que utilizó las puñeteras llaves no tenía el bolso a mano y, provisionalmente, las guardó allí, con la intención de ponerlas en su lugar a la primera oportunidad...

 

 

Por desgracia, para su maldita desgracia, evidentemente no lo hizo... Lo había olvidado por completo.

 

servido por licemar 4 comentarios compártelo

31 Octubre 2009

Es el destino quien nos escoge........ (Especial para esta noche)

¿Qué estaba haciendo allí?... ¿Por qué estaba todo en penumbra?... ¿Por qué estaban todos tan abatidos?...

Desde su ángulo no podía ver mucho más. Lo intentaba, pero tuvo que dar unos cuantos pasos. Se paró en el umbral, ahora podía ver el enorme cristal al fondo que separaba la estancia, de otra más reducida y algo más oscura.

A este lado, una decena, quizás alguna más, de personas. Hacían corrillos de pie hablando, más bien susurrando. Otros sentados con el rostro sombrío. Allá cerca del vidrio, también sentada, una mujer, ligeramente reclinada, cuyo rostro ocultaba en el hueco de las manos. Las leves sacudidas de sus hombros revelaban unos sollozos contenidos…

Entró unos pasos más… Que curioso, le pareció que todo era gente conocida; muy conocida. Amigos, compañeros… ¡¿Sus hermanos?!!... ¡¿Qué hacían allá sus herm…?!... Pero… La mujer llorosa… ¡Era su esposa!... ¡¿Qué diablos estaba pasando?!...

De dos zancadas se puso delante de la cristalera. Al otro lado… Un ataúd… Y dentro… ¡¡Él!!... Desesperado, empezó a golpear el cristal gritando su propio nombre, intentando en vano despertar al yacente. Pero nadie se movía. Era como si nadie le oyera, como si nadie lo viera, como si…

La angustia creciente lo agitaba, le hacía sudar… Al otro lado había alguien. Una… Una figura femenina que permanecía inmóvil. De espaldas…

Tomó impulso. Quería traspasar como fuese la pared transparente… Al tremendo golpe, la extraña se giró dejando a Ernesto petrificado… Era ella… La innombrable… La que cuando nos visita se acaba todo… La reina de las tinieblas… Su horrendo rostro dibujaba una sonrisa burlona:

- ¿Has venido a la cita?... Es demasiado pronto…

Con un gesto de cabeza señaló el reloj digital de la pared que también marcaba los días… ¡¡Las 24 h. Del día 31 de octubre de ese mismo año!!... ¡Tres días más tarde!...

Catapultado y sudoroso se sentó en la cama. Agitado, con la respiración aun entrecortada. La sacudida en el lecho fue tal que Irene se despertó tan sobresaltada como él…

-¡¡Ernesto!!... ¡¿Qué te ocurre?! ¡¿Qué tienes?!

-Era yo… Era yo… Irene, era yo…

-¿El qué eras tú?... ¿Quién eras tú?... Has tenido otra pesadilla… ¿Otra vez te has visto?... Vamos, cariño- le arrulló para calmarlo- todo ha sido un mal sueño, ya está, todo pasó.

-¡Dios mío, Irene!... Era tan… Tan real…

-Pero ya pasó. ¿Quieres que te traiga un vaso de leche caliente? Eso te calma, ya lo sabes de otras veces.

-He vuelto a verme sí… Pero esta vez ha sido por que nunca… Estaba dentro del féretro... Todos me velabais, y la figura de la muerte estaba al lado de la caja... Ella me ha hecho mirar el reloj calendario y… y… Eran las doce de la noche, de dentro de tres días…

-Si, es angustioso, lo comprendo. Pero solo es un sueño, no le des más vueltas. No te obsesiones o se repetirán una y otra vez las mismas pesadillas. Debes intentar sobreponerte a tus miedos. Son ellos los que te inducen estos sueños.

Tomó la leche tibia, consiguió tranquilizarse, pero le costó volver a dormir, y cuando lo logró fue un dormitar agitado.

Al día siguiente, su organismo, pero sobre todo su humor, se resentían. Arrastró durante todo la jornada el cansancio del mal dormir y la angustia de aquella pesadilla tan vívida.

Siempre le había preocupado el tema de la muerte, pero debía reconocer que en los últimos años, sin saber por qué, se había dejado invadir por una serie de supercherías que le estaban obsesionando. Quizás las muertes violentas o tempranas de gran parte de su familia tuvieran la culpa.

Sonó el teléfono, tal era la tensión de su cuerpo que esto le hizo saltar

- ¡Dios mío, estas como las cuerdas de una guitarra!- pensó mientas descolgaba el auricular: -¿Sí?...

-Hola querido… Después de la noche que has pasado, no sé como decirte esto...

-Di lo que debas, ya estoy mejor- mintió- pero no te pongas tan seria, me estás preocupando…

-Ay, Ernesto, cuanto siento tener que darte esta noticia…

-Pero habla mujer. Me estás alarmando…

- Amor mío; es Daniel, tu tío… Ha tenido un accidente esta mañana y ha…

-¡¿Muerto?!... La respuesta afirmativa del otro lado del auricular lo dejó helado, sin poder moverse. Como si le hubieran dado con una barra de hierro… -¡¡Dios!!... Pero… ¿Cómo ha sido?... Es muy joven… Era…

-Parece que iba a demasiada velocidad. En una curva perdió el control y se precipitó por el acantilado… Los siento… De veras que lo siento cielo…

-Era el único que quedaba de la familia de mis padres. Otro más en la lista de muertes atroces… ¿Cuándo es el … - le costaba decirlo- ¿Se sabe cuando será?

-Sí. Hoy le harán la autopsia y parece que el sepelio será pasado mañana, para darles tiempo a llegar a tus primos. Lo siento… Lo siento…

-Lo sé querida, lo sé. Tranquilízate. Salgo ahora mismo para ahí.

Durante el trayecto a casa, no podía dejar de pensar en su sueño y la coincidencia con la terrible noticia… ¿Sería premonitorio?... ¿Le estaba avisando de eso?... Conducía con sumo cuidado. Siempre lo hacía, pero en esos momentos con mayor razón. Se había convertido en obsesivo; ni números trece, ni gatos negros, ni pasar bajo escalera alguna, si era necesario daba un largo rodeo para no hacerlo.

Al principio, eran pequeñas manías sin importancia. Incluso un motivo de de diversión a su costa para amigos y parientes. Pero, poco a poco se había transformando en una tortura, algo que lo atenazaba cada vez que tenía que salir de casa, que condicionaba todos sus actos en la vida diaria. Pendiente de que, lo que hacía o comía, fuera saludable.

Sin duda, la larga lista de enfermedades terminales, o de accidentes fortuitos que habían ido acabando con su familia, le habían predispuesto a aquella superstición…

En el tanatorio, la sala de vela lo dejó petrificado. Irene estaba agarrada a su brazo y notó la repentina tensión. Alzo la vista y percibió el incipiente brillo de su frente…

-Cariño… ¿Qué te ocurre?... Él la miro angustiado, apretando la mano femenina que descansaba en su antebrazo…

-Irene… Era esta…

-¿El qué?... ¿Qué era esta?...

-La habitación de mi sueño del otro día… Era esta… No me cabe duda… Era esta… El féretro era igual… La distribución de la estancia, la misma… Hasta la hora y el día del reloj de la pared… Solo que en esta ocasión son las 12 h… Pero del medio día…

-Quizás eran esas 12… Las del día…

-No… Lo recuerdo perfectamente… Marcaba las 24 h…. Algo me dice que este también lo hará... Deseaba poder quedarse a comprobarlo… En diez minutos sabría si aquellos dígitos cambiarían al número uno, o al trece… Comprobar esa bobada, le tranquilizaría… o no… Se sacudió ligeramente, para salir de sus pensamientos… Vamos Ernesto… Ya te estás dejando llevar otra vez por tus miedos… Se decía obligándose a no pensar.

No pudo comprobar el reloj. La comitiva desfilaba ya dirigiéndose al cementerio situado tras el edificio destinado a velar a los difuntos.

Al entrar al recinto, se detuvo en la verja metálica que daba acceso. Era baja, a Ernesto le llegaba poco más arriba de la cintura. A cada lado unas columnas sencillas, cuyo único fin era hacer de soporte para la puerta. Estaban culminadas por un par de farolas de aspecto modernista. Ellas permitían hacerse una idea de la antigüedad de aquel cementerio. En la columna de la derecha, delante de la farola, había un angelote cuyas manos sostenían algo parecido a una urna, la ranura superior, le hizo suponer que aquello estaba allí esperando la voluntad de los concurrentes. Seguramente lo emplearían para mantener en perfectas condiciones el lugar… Instintivamente, rebuscó en su bolsillo, sacó una moneda y… En el preciso instante en que iba a dejarla caer en la ranura:

-¡¡No!!... Ernesto pero qué haces…- uno de los hijos del finado le detuvo la mano- ¿Tú tan aprensivo, y no sabes que esta figura está maldita?… Cuando le echan alguna moneda, el dueño de la misma está perdido. Dicen que es fulminante… Yo eso no lo he visto, pero otras cosas sí… Por eso no la tiento…

-Vamos Miguel, deja de tomarle el pelo a tu primo… No me parece el mejor momento para gastar bromas, y menos sabiendo lo aprensivo que es con estas cosas…

-No es broma Irene… No es ninguna broma… Vosotros no sois de este pueblo y es lógico que no lo sepáis. Pero en esa ranura nadie de por aquí mete ya nada.

Ernesto, con la moneda en la mano todavía…

- ¿Por qué no quitáis la estatua, o selláis la ranura?

-La estatua la hemos quitado mil veces. Nunca ha tardado más de cuarenta y ocho horas en volver a estar ahí. La ranura igual, yo mismo la he tapado cientos de veces, pero se vuelve a abrir. Nadie sabe por qué… Nadie ha visto a nadie…

-¿Y poner un letrero avisando?- Pregunto intrigada Irene

-Je je… Querida prima, también se ha hecho… Pero tampoco sirve de mucho. Los del pueblo ya lo sabemos, no nos hace falta. Y los forasteros nos toman por estúpidos ignorantes y no le hacen caso. De todas formas lo hemos puesto muchas veces y de distintas formas, pero desaparece. Nadie sabe el motivo. Pero tampoco nadie quiere acercarse a este angelito. Hay quienes dicen que no es un ángel normal, si no que representa al ángel caído. No sé… Claro que las circunstancias dan lugar a todo tipo de leyendas y especulaciones, pero…

Ernesto ya había oído suficiente… Definitivamente no iba a ser él quien tentara a la suerte. Le sugestionaba tanto la historia que ya, ni siquiera quiso la moneda que estaba en su mano y que iba destinada a aquella urna… La dejó delante de la farola de la otra columna…

-Pero… ¿Qué haces? ¿Por qué la dejas ahí?

-Irene, cariño, no me hagas preguntas difíciles de contestar. No la quiero… Quién sabe; si la encuentra alguien que le haga falta, a lo mejor hasta le hago un favor y toma algo caliente gracias a mí…

Su esposa no dijo nada, era inútil; y si aquello le hacía sentirse mejor pues estaba bien empleado.

Las horas pasaban… Ya de vuelta en su hogar Irene estuvo pendiente de él. Sabía que Ernesto no estaba tranquilo, aunque cada vez estaba más convencido de que su sueño era la premonición de la muerte de su tío.

-Querido, no le des más vueltas. Nadie se va hasta que le llega su hora…

-Lo se querida, pero… ¿Y cuando le llega?...

-Vamos, vamos… Vive lo mejor que puede hasta entonces… Que es lo que deberías hacer tú… Anda ayúdame a preparar las cosas para esta noche.

-No sé si tengo ganas. No estoy para celebraciones. Además ya sabes que la fiesta de hoy a mí no me…

-Ya, ya lo sé Ernesto. Yo tampoco voy a celebrar nada. Pero no pasa nada por tomar unas copitas de licor con alguna castaña o algún boniato. Hablo de las cosas tradicionales nuestras. No de la fiesta de disfraces.

-Está bien, no creo que nos perjudique tomar algo. Tú, prepara los boniatos para el horno, y yo me encargaré de asar las castañas…

La noche avanzaba. Las calles estaban siendo invadidas por un bullicio creciente. Jóvenes y no tan jóvenes se preparaban para la fiesta. Una fiesta importada, Sí, pero que se había convertido en una oportunidad más para la diversión.

Ernesto e Irene, se distraían mirando el desfile de monstruos y seres grotescos, desde la ventana… Pero ellos eran de los que preferían seguir las tradiciones autóctonas.

En el pueblo donde esa misma tarde habían dado sepultura a su familiar, un grupo de jóvenes se disponían a celebrar esa noche a su manera… Vampiros, brujas, demonios, esqueletos… Todos vestidos y maquillados como las siniestras criaturas de la noche, se habían dado cita en la puerta del cementerio. Los disfraces eran buenos, y el lugar elegido para una noche diferente, mejor…
Faltaban dos minutos para las doce y ya estaban todos. Cuando el campanario de la iglesia, con su voz de bronce, les advertía de la llegada de la media noche, la bulliciosa comitiva entró en el recinto. Aprovecharían para divertirse mientras pudieran… Eso sería, como cada año, asta que el guarda les echara.

Justo al entrar, con la última campanada, uno de los ficticios demonios vio la moneda de la columna… El exceso de alcohol hizo que no le diera demasiada importancia. La miró, la volteó en sus manos, y soltando una carcajada diabólica, volvió a entrar en su papel…

Sin ser demasiado consciente de lo que hacía, dejó caer la moneda en la ranura de la urna del angelote…

Al instante… A varios kilómetros de allá…

-¡¡Ernesto!!... ¡¡Ernesto!!... ¡¡Contesta!!... ¡¡No me hagas esto!!... ¡¡Háblame!!... ¡¡Nooo!!...

Irene sollozaba sobre el pecho de su esposo que, de pronto y sin saber por qué, se había desplomado ante sus ojos…

supersticion

servido por licemar 10 comentarios compártelo


Sobre mí

Avatar de licemar

Nada es imposible, todo puede suceder...

ver perfil »
contacto »

No soy lo que buscas, soy lo que encuentras... En definitiva, soy; con eso tengo bastante... Mas vieja de lo que me gustaría, pero bastante más joven de lo que les gustaría a mis "amigas"... ¿Mis aficiones?... Pues depende: Unas son más caras de lo que me puedo permitir. Para otras, (la mayoría) dependo sola y exclusivamente de mi misma: mi garganta, mi imaginación, mis manos, mi esfuerzo... Einstein y yo estamos estrecha, íntimamente ligados; por la ley de la relatividad: Soy relativamente alta, relativamente guapa, relativamente delgada (aplíquese aquí el mismo varemo que con lo de la juventud...) relativamente feliz... Y no me quejo... Relativamente.......

"EL QUE NO IMAGINA NUNCA, ES COMO EL QUE NO TANSPIRA... ALMACENA VENENO"... (Thruman Capote

Un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales. (Mahatma Gandhi)

ERA GUARDIOLA:

CAMPIÒ DE LLIGA... 2008-2009... 2009-2010... Y... 2010-2011... FORÇA BARÇA!!...

CHAMPIONS: 2009, 2010, 2011

PILDORAS PARA PRENDER LA LUMBRE

Mi primer libro. Si sentís curiosidad, podéis echarle un vistazo klicando en el título que aparede debajo de estas líneas

Píldoras para prender la lumbre
2 horas de lectura
Autor: LiCeMar
Categoría:Narrativa
Subcategoría:Novela erótica
N° de páginas:105
Tamaño:
150x210

Mi conquista, no es que no te atrevas a irte, si no, que siempre quieras volver...

Hagamos un trato: Tú olvídate de mis quilos, y yo, te recordaré como es el Paraiso... Palabra de bruja...


I like Castafiore

DÍJOLE LA BRUJA AL PRÍNCIPE

No me beses que te encantaré...

Él, no hizo caso... La besó, y quedó...

¡¡¡¡ ENCANTADO !!!!.......


Ante cualquier hecho violento, la primera víctima es la razón... ¡¡BASTA YA!!...

MI CANAL ENyoutube-logo.png


NO HAY CAMINOS PARA LA PAZ; LA PAZ ES EL CAMINO...(Māhatma Gandhi)

LOS OCÉANOS ESTÁN CONSTITUIDOS POR PEQUEÑAS GOTAS DE AGUA... (Teresa de Calcuta)

Thig crioch air saoghal, ach mairidh gaol is ceòl

El mundo se acabará, pero el amor y la música perdurarán

Gealladh gun a'choimhgheallad, is miosa sin na dhiultadh

Prometer y no cumplir, es peor que rechazar

DÍJOLE EL VASALLO AL REY CADA UNO DE NOSOTROS SOMOS TANTO COMO VOS PERO TODOS JUNTOS... SOMOS MÁS QUE VOS...

(proverbio aragonés)

LA CRUELDAD Y LA INJUSTICIA, CARGAN DE RAZÓN A QUIÉNES, EN PRINCÍPIO, PUEDE QUE NO LA TUVIERAN... (YO)

¿NO PAGAMOS CON CRUELDAD SU AMOR POR NOSOTROS?... ¿Y NO ES LO MISMO QUE LES OCURRE A LAS VÍCTIMAS DE LA VIOLENCIA MACHISTA?... ENTONCES... ¿DONDE ESTÁ EL PROBLEMA?....(Cuando le señalan la luna, el necio, se queda mirando el dedo... [Proverbio chino])

"LA DIPOLOMACIA: ES EL ARTE DE MOVER EL TAPÓN Y LA BOTELLA, HASTA QUE LA ROSCA ENCAJE. DE TAL FORMA QUE; NI EL TAPÓN, NI LA BOTELLA PERCIBAN QUE LOS HAN HECHO MOVERSE..."
(YO)


Querer ser independientes no significa odiar al resto del mundo... Cuando un hijo se siente capaz de independizarse ¿Significa que odia a sus padres? ¿O es simplemente que se siente capacitado para vivir por su cuenta?....

CUANDO LA VOZ DE LOS OPRIMIDOS ES SILENCIADA, LA VIOLENCIA TOMA LA PALABRA Y LO QUE ES PEOR; LA DISFRAZA DE RAZÓN...(YO)

TODO MI APOYO Y SOLIDARIDAD CON LOS VALENCIANOS QUE QUIEREN SEGUIR VIENDO "TV3"...

"Detesto lo que escribes, pero daría mi vida para que puedas seguir escribiendo." (Quien quiera que lo dijese, tenía más razón que un santo...)


"LE DI UN BESO A UN PRÍNCIPE Y...

ESTO FUE LO QUE PASÓ"...

Primero cogieron a los comunistas, y yo no dije nada porque yo no era un comunista. Luego se llevaron a los judíos, y no dije nada porque yo no era un judío. Luego vinieron por los obreros, y no dije nada porque no era ni obrero ni sindicalista. Luego se metieron con los católicos, y no dije nada porque yo era protestante. Y cuando finalmente vinieron por mí no quedaba nadie para protestar.
Martin Niemöller

El peor analfabeto es el analfabeto político, El no ve, no habla, No participa de los acontecimientos políticos, El no sabe que el costo de la vida, precio del poroto, de la carne, de la harina del alquiler, del remedio, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece e hincha el pecho diciendo que odia la política. No sabe el imbecil que de su ignorancia política, nace la prostituta, el niño abandonado, el asaltante y el peor de los bandidos, que es el político corrupto y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales...
Bertolt Brecht


Hay hombres que luchan un día y son buenos, hay otros que luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles...
Bertolt Brecht

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?