INTIMI... ¿QUÉEEE?... (Los ginecólogos y este concepto, están reñidos)
A partir de una edad, en nosotras, los conceptos zonas íntimas e intimidad dejan de estar “íntimamente” ligados. Estoy segura de que más de una me entenderá. La cosa suele empezar con el primer embarazo, periodo en el que, si todo marcha a la perfección, las visitas al ginecólogo suelen ser mensuales. Luego ya, por cuestiones de salud, los profesionales aconsejan una visita anual. Las cosas en este terreno han cambiado mucho, somos más liberales, nos hacemos más fácilmente a la idea, pero claro; ello no quita que se siga asumiendo como, un trámite engorroso, aunque necesario que has de pasar. El tema se complica, cuando por el motivo que sea, el reconocimiento te lo han de practicar en un centro sanitario... Y si al nombre del lugar le añaden el vocablo “universitario”... ¡Ay, amiga! Entonces, ponte tus mejores galas. Me explico...
Llegué media hora antes de la convenida, con el fin de tener tiempo de pasar antes por el lavabo y volver a asearme para así, al menos, sentirme más segura. A pesar de todo, y de tener experiencia, no puedes guardar tu timidez en el bolso, aunque le pones la mejor cara de “no pasa nada” que puedes... Cuando por fin te llaman, intentas tranquilizarte y deseas que todo termine cuanto antes. ¿Por qué los conceptos sanidad pública y comprensión no suelen estar unidos?... Al entrar, el Dr. ni te mira, a penas si contesta a tus buenos días. Tú, ingenua piensas- Le debe dar tanto corte como a mí- Je, je, ¿Ingenuidad?... ¡Estupidez supina!... Lo que ocurre es que sufre un empacho de... Pero se olvida por completo de que, tú no... Sigue sin mirarte, y te dice que te vayas desnudando mientras te hace las preguntas de rigor para el historial. Tú, empiezas a mirar a un lado y otro buscando algo donde parapetarte... ¡Por lo menos un biombo!... Nada... Entonces, desconcertada, no sabes qué hacer. La falta de respuestas a sus preguntas unido a que no te oye moverte, hace que por fin desvié la vista de la pantalla del ordenador... -¡¡A qué espera, no tengo toda la mañana!!... -Pero... ¿Aquí?... ¿Así?... -¡Mujer no me venga con remilgos!... Si yo estoy acostumbrado... -Vale... Pero yo no... Y así sin música ni nada... (Solo te queda el sarcasmo como autodefensa) No sé si es eso lo que le hace recapacitar, o que realmente quiere acabar cuanto antes, pero te dice que vayas al lavabo que hay en la consulta y que te cambies allí. Señalándote una bata verdosa que hay encima del “potro de tortura”... Tú, con un cierto alivio en la expresión, obedeces. Has conseguido superar con éxito esa prueba a tu integridad, je, pero queda la siguiente... Esas malditas batas, con la abertura hacia delante, en cuanto te sales de las medidas estándar, no hay manera de mantenerlas cerradas. Casi te da más problemas ponértela, que dejarla donde estaba... Nada, qué se le va a hacer... ¡Valor y al toro!... Bueno potro... Llegas a la altura de la camilla, con la mayor dignidad de la que eres capaz con ese lukc, y entonces llega la siguiente prueba... Te sientes como en uno de esos concursos de la tele en los que; cuanto mayor sea el ridículo que haces, más posibilidades tienes de alzarte con un buen premio... Te has de subir a un taburete, y sentarte cuanto más al filo mejor, a ser posible sin caerte, claro... ¡¡Solo faltaría ya eso!!... Poner una pierna en cada estribo, y... Y, procurar no pensar, en ningún momento, en la pinta que debes tener. Si no quieres, entre tu rojez y el verde de la bata, convertirte en la bandera de Portugal. Vale, vale... Mentalización y pensemos en otra cosa. Cuando estás, con mucho esfuerzo, en pleno mantra mental, el considerado Dr. te devuelve a la realidad con sus gélidas manos. Seguirá trayéndote, una y otra vez, a la cruda realidad, con toda la artillería pesada de la que dispone, por supuesto, tan helada o más que sus manos... En esto estás cuando... Y ahora viene mi explicación a lo de universitario... Con los nervios del momento, no te habías dado cuenta... De pronto, se abre una puerta, que está en el lado opuesto a la que tú entraste... ¡¡Coño!!... ¡¡¿Pero cuantas puertas hay aquí?!!... Y entran seis personas con bata blanca... ¡¡¿?!!... Por si esto no fuera suficiente dejan la puerta, que da a un pasillo transitado por médicos, auxiliares y enfermeras, abierta de par en par. La posición de la camilla hace que desde el pasillo, el primer plano que se encuentran los que vienen es... Una buena panorámica de tu... Levantas lo que puedes la cabeza y miras con los ojos como platos al Dr... -¡Ah, si!... Disculpa, es que son mis estudiantes y les he mandado llamar para observar tu caso...- te suelta, con la mayor tranquilidad del mundo y con una expresión de- ¿No te importa verdad?... Tu a punto de explotar, por tanta desconsideración hacia tu persona, sueltas -¡Hombre!... Si hubiera sabido que me iban a exponer en la plaza pública, me hubiera maquillado con más esmero... ¿Podéis cerrar la puerta?... O si no, cobrar entrada... Claro, la salida no hace otra cosa que provocar las risas de todos... Menos la mía, que aprieto la mandíbula, cierro los ojos y rezo para que todo aquello acabe de una pu... vez. Para colmo de la experiencia, allí; mira, toca y opina todo dios... Ya no sé si estoy roja por la vergüenza o por la ira. Por fin el médico se digna a mirarme a la cara y parece darse cuenta por el mal rato que estoy pasando. Han sido los quince minutos más largos de mi vida. En un atisbo de piedad, me comunica que ya ha terminado y añade: -Tranquila mujer si es algo muy habitual. Nosotros no le damos importancia (es cierto en todo el rato, a parte de una falta total de consideración, no ha habido nada que indujera a sospecha) Tiene razón, podría habérselo dicho antes- Continuó- pero es algo tan rutinario y habitual que no nos damos cuenta, para nosotros es una más- Tú piensas,- Gracias Dr., sentirme como cabeza de ganado me tranquiliza- Pero en realidad lo que dije, mientras me incorporaba y me vestía fue: -Bueno espero que me dé, el día la hora y el lugar, de su próxima exploración prostática- El me miró sorprendido- No, nada es que tengo una despedida del soltera y quería hacer algo diferente. Me ha parecido una buena idea ver, con mis amigas, como le dan por... allí, al ginecólogo que luego nos va a Jo ... robar a nosotras... Los estudiantes estallaron en carcajadas y él, ahora tan rojo como yo, me espetó -¡Señora, hay que tener la mente más abierta! -¡¿La mente también?!... Déjeme preservar algo para mí... ¿Qué ocurre?..¿A caso su próstata merece más respeto que yo?... Las dos estudiantes, por lo menos se solidarizaron y les hicieron entender a los otros que; si bien ellos tenían costumbre, yo no, y estaba en todo mi derecho de reclamar un mínimo de intimidad y de respeto. Desde luego, no salí de allí sin formular la correspondiente protesta en el lugar adecuado. Pero bueno, no creo que ocurra nada... Eso si; tengo su nombre y el número de colegiado, por lo menos intentaré no volver a repetir...
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mixcelaneas dijo
gUAU!!!Bueno... por lo menos el mal momento también se lo has hecho pasar a él.
La verdad es que además de ser un trámite bastante vergonzoso ha sido también humillante. Entiendo como te has debido sentir. Pero vuelvo a felicitarte porque por medio de LA PALABRA (y sabido es que ésta es tu fuerte) has podido vengarte, aunque sea le has devuelto un poco de la humillación que sentiste.
Bsossss y que tengas un muy buen lunes!!!
5 Noviembre 2007 | 12:56 PM