CONSUMIDITOS POR LA PASIÓN cap.II... (Un dramón como los de antes)...
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-Buenos días señorita, qué grata sorpresa. No esperaba ver a nadie en este lugar perdido de la mano de Dios. Y mucho menos a alguien tan hermoso.
La mujer, bajó la vista en un refinado ademán de azoro, lo que de inmediato le dio información sobre la depurada educación de aquella extraña, que se vio corroborada cuando escuchó la voz modulada y su forma de hablar.
-Buenos días caballero, yo también me he llevado una sorpresa. Hace más de dos meses que hago este camino y no esperaba ver a nadie en esa casa. De hecho, empezaba a pensar que no había un alma en este recóndito y olvidado paraje.
-Permita que me presente; mi nombre es… -Pensó, que siendo quién era y lo basto de su fortuna, quizás convenía no exponerse, a las primeras de cambio, a la posible codicia de quién aun no conocía- bueno, mis amigos me llaman Nesto, y confío en que podamos ser buenos amigos, si es que va a seguir pasando por aquí.
-Encantada. Yo soy Lina para los amigos, y me temo que deberé seguir pasando por aquí durante mucho tiempo. Por lo menos, desde hoy, será un poco menos penoso. Confío en que, de ahora en adelante, podré hacer un alto y conversar con alguien.
Los dos se tendieron la mano pero él, todo un caballero, llevo la suave mano femenina hasta los labios, he hizo una leve reverencia, que ella respondió con una sutil inclinación de cabeza.
No cabía duda, pensó el observador Ernesto, aquella mujer estaba acostumbrada a los buenos modales y sus manos demostraban que siempre habían estado bien cuidadas.
-Si lo desea, puede descansar un rato en mi casa- él se dió cuenta de que la mujer dudaba- si se va a sentir más cómoda, le puedo servir algo aquí mismo en el porche. No tengo gran cosa todavía, recién acabo de llegar, pero le puedo ofrecer agua y algo de comer.
-Gracias. No tengo hambre, pero beberé gustosa ese vaso de agua- La dama aceptó el ofrecimiento, más por descansar un poco y conversar un rato, que por que tuviera sed- después de tanto tiempo, es un verdadero lujo poder hablar con alguien.
Nesto (Ernesto) volvió con sendos vasos de agua, que inexplicablemente para ella, estaba fresca.
-Ummm… Deliciosa. ¿Cómo consigue que esté tan fresca?
-Por qué no empezamos a tutearnos, si vamos a ser amigos asiduos, quizás podríamos relajar alguna formalidad. ¿Te importa si fumo?
-De acuerdo a la primera pregunta, y estás en tu casa; para la segunda- El hecho de que se la hubiera formulado ya le indicaba a la chica que aquél hombre estaba acostumbrado a una cierta etiqueta- Pero tú no me has contestado a mí.
-¿Eh? ¡Ah!... No es nada especial; detrás de la casa hay un pozo. Tiene poca agua y no es potable, tendré que ocuparme de eso, pero por el momento sirve para refrescar la vasija donde tengo el agua para beber. Espero que te reconforte después de caminar por ahí con tu rebaño. Lo que no consigo explicarme es, lo qué hace una mujer hermosa como tú, sola y en un lugar tan inhóspito como este.
-Yo, podría preguntarme lo mismo con respecto a ti, pero esperaré a que nos conozcamos un poco más para llegar a esas cuestiones un tanto personales.
¡Deliciosamente inteligente!... Le había dicho que se estaba inmiscuyendo en su vida, de la forma más delicada y sutil en que se lo habían hecho nunca.
-Touche- replicó el hombre- quizás sea mejor que dejemos fluir la amistad a su ritmo.
-Me parece lo más adecuado. Yo, me temo que tengo para mucho tiempo todavía por aquí.
-Bueno, el tiempo del que yo dispongo es algo limitado, pero desde luego no justifica que me entrometa en tu vida… De momento- Concluyó con una sonrisa que daba a entender que; lo dejaría estar por ahora pero volvería a querer saber.
Un buen rato después de despedirse aun se sentía inquieto. Aquella hermosa mujer de verdes ojos penetrantes y larga melena oscura le había atrapado. Solo hacía unas horas que la había conocido y no podía apartarla de su mente.
A la vez su conciencia le mordía el alma. Él ya estaba comprometido. Lo estaba desde hacía años y debía cumplir con esa promesa, como correspondía a un hombre de su rango y posición social. Él sabia que aquellas cosas se hacían así entre los de su estirpe. No había visto nunca a su futura esposa, pero dió palabra a su padre en el lecho de muerte y debía cumplirla. Era un caballero de buenos sentimientos y quería serle fiel a la que, en breve, sería su esposa, y aquellos sentimientos que empezaban a despertarse en él le inquietaban.
Lina, volvía sumida en sus pensamientos a la hacienda recóndita donde la había confinado su padre, confiado en que un tiempo de soledad, austeridad y trabajo haría entrar en razón a su terca hija.
La muchacha reconocía que aquel desconocido había conseguido despertar su curiosidad, además de otras cosas que, precisamente en aquellos momentos, no quería sentir. Si estaba allí, por no querer acceder a los arcaicos deseos matrimoniales que le había concertado su padre, prácticamente desde la cuna; no iba ahora a caer rendida ante el primer hombre que se cruzara en su camino… Por muy apuesto y educado que fuera, como se vio obligada a reconocer.
Los días pasaban y Nesto fue acomodando la casa a sus necesidades. Todo estaba en orden y acogedor. El agua del pozo volvía a ser potable. La despensa comenzaba a tener todo lo necesario para la subsistencia.
A su pesar, en más de una ocasión se sorprendió oteando el horizonte con la impaciencia de un adolescente, anhelando divisar alguna de las ovejas que, en avanzadilla, advertían de la llegada de tan bella pastora.
Cada día, el rato que pasaban conversando era mayor. Ya, no se trataba de un trago de agua fresca, también en más de una ocasión habían degustado y compartido el almuerzo. A veces preparado por él, y otras elaborado por la chica.
Hablaban de todo, dando muestra los dos de tener una amplia cultura así como una mutua afición por los libros. Poco a poco fueron sabiendo detalles (aunque no todos) personales el uno del otro, y el motivo por el que los dos estaban allí, pero también estaban surgiendo unos lazos invisibles que los unían sin que fueran conscientes de ello.
Un ágape excelente, unas copas de vino, una tormenta inoportuna que empapó a los dos cuando volvían de dar un paseo… El destino se estaba confabulando en contra de sus mentes racionales, dando rienda suelta o los instintos animales, largo tiempo reprimidos por los dos.
El fuego del hogar secaba las ropas extendidas por toda la estancia, mientras ellos permanecían sentados en la jarapa que había extendida delante, envueltos en sendas mantas por toda indumentaria.
Nesto volvió a llenar la copa de la mujer, e hizo lo propio con la suya. Los dos las levantaron en un brindis que dedicaron a aquel momento tan acogedor. Afuera, el cielo parecía sonrojarse antes de anochecer al ver aquella intimidad; dos hermosos seres tan cerca, tan juntos, tan hechos el uno para el otro… Sus miradas se clavaron en los ojos del otro y los vapores del vino contribuyeron a derribar las pocas reservas que aun les pudieran quedar fundiéndolos en un anhelado y largo beso. Ese fue el detonante que dio comienzo a la tórrida escena que se desencadenó a continuación. Un diluvio de nuevos besos, mil caricias por inventar y dos cuerpos desnudos entrando en dura competición con las llamas que danzaban ante ellos. No pensaron, ninguno quiso pensar, solo se dejaron llevar por aquel momento embaucador.
Las luces del día, trajeron de nuevo las dudas y los remordimientos a la mente de Nesto. Sería mejor que se fuera de allí si quería mantener la palabra dada a su padre.
Tendría que marchar, antes de que sus sentimientos se lo hicieran imposible. Aunque sabía que después de aquello, su honestidad ya no sería tal, por mucho que se empeñara.
Podría serle fiel, a su todavía desconocida esposa en cuerpo; pero nunca más, ya, en alma… Aun le gustó menos la forma en que se marchó de allí; como un fugitivo, como un cobarde. Pero sabía que si esperaba a que ella se despertara y miraba esos dos profundos lagos verdes, le iba a ser imposible partir.
La luz del sol jugaba con el hermoso rostro de la mujer obligándola a despertar. Parpadeó varias veces antes de ser del todo consciente de donde se hallaba.
A su lado en aquel sencillo lecho solo encontró la ausencia de Nesto. Le bastó incorporarse y echar un vistazo a su alrededor para darse cuenta de que él se había ido de verdad. Posiblemente para siempre
Se vistió maldiciendo su ingenuidad. ¿Qué le había hecho creer que este era diferente? Había caído en la trampa como una estúpida, entregándole el mayor tesoro que una mujer poseía… Su primera vez… Después de eso, le iba a ser muy difícil volver a confiar en ninguno más.
Lo mejor que podría hacer era claudicar ante su señor padre y… Acceder a aquella boda que le tenía concertada desde siempre. Esperaba que su desconocido esposo no fuera demasiado listo, para poder convencerle de que él había sido el primero.
Nesto, no podía apartar a aquella mujer de sus pensamientos. Por ello creyó que cuanto antes se llevara a cabo la boda para la que se estaba preparando, antes, su mujercita, le haría olvidarla. O por lo menos no pensar tanto en ella.
Tras un par de días recibiendo y dando saludos, abrazos y agasajos de alegría por la vuelta; se reunió a solas en el estudio con su querida madre. Para ella sería fácil con su don de gentes y con esa habilidad innata que la caracterizaba para preparar eventos de sociedad, acelerara los tramites de presentación, y así concretar cuanto antes la fecha de la boda. Esta última parte, la guardó en lo más profundo de sus pensamientos. No quería levantar ninguna sospecha con tantas prisas.
La madre, se mostró encantada y halagada por que su hijo confiara en ella para realizar semejante empresa. No le llevó demasiado tiempo, a la hermosa dama, fijar una fecha para presentar a los jóvenes:
-Cachetín, querido; el Sr. Aleonar del Pozohondo y yo hemos acordado, para vuestra presentación, organizar este sábado un encuentro familiar a la hora del te. ¿Te parece bien?
-Me parece perfecto mamá. Ya sabía yo, que lo dejaba en las mejores manos.
Bueno, solo tendría que esperar un par de días más y conocería a su futura esposa. Deseaba con todas sus fuerzas que ese fuera el antídoto, potente y efectivo, que le ayudara a sobreponerse del recuerdo obstinado de Lina.
Los días pasaron, más lentos de lo que le hubiera gustado, pero al fin estaba allí, en unos minutos más se conocerían.
Estaba de pie en el porche, donde se había dispuesto todo lo necesario para disfrutar de una agradable hora del te.
Hablaba con la madre dando la espalda a la puerta que daba al salón. Eustaquia, se apresuraba a recibir a las personas que llegaban en ese momento y llamaban a la puerta principal, en el otro lado de la casa. La oronda criada los guió hasta el porche donde les aguardaban todos.
-Hijo, ya están aquí nuestros distinguidos invitados. Permíteme que te presente a la señorita Angelina Olivia del Sagrado Corazón Aleonar del Pozohondo y Vistahermosa del Castillo y su padre el Sr. Aleonar del Pozohondo Nesto se giró para mirar a quienes le estaban presentando... La sangre se le heló en las venas... Lina, más bella aún de lo que la recordaba, estaba allí mirándolo; can la misma expresión de estupor con que lo estaba haciendo él...
Los dos fueron a decir sus nombres de intimidad, pero supieron callar a tiempo. El mínimo de cordura que les quedaba les indicó a ambos que sería mejor así, si no querían tener que empezar a dar explicaciones.
-Encantado de conocerla señorita. Permítame decirle que nunca había visto a una mujer tan bella… ¿O quizás si?- Añadió acercándose levemente y bajando la voz para que solo ella pudiera oírle…












Aledis dijo
He encontrado de casualidad tu blog y le he estado echando un vistazo y está genial... me gusta la historia... donde podré seguir leyendo??
Saludos
Aledis
http://www.elsilenciodealedis.blogspot.com/
26 Febrero 2008 | 03:47 PM