LA MÁGIA DE UN INSTANTE
¿No os ha pasado nunca?... Seguro que sí:
A veces; un instante, sin saber por qué, tiene alguna cosa especial. Tiene magia. Y eso hace que quisierais congelarlo para siempre, de alguna manera, en el espacio y en el tiempo, en vuestra memoria, en vuestras retinas... En vuestras cámaras... Por desgracia, que yo sepa, no existe ninguna máquina todavía con ese poder.
El instante que evoca ahora mi memoria, no me preguntéis por qué, no lo sé; es un atardecer en Chipre.
¡Fue algo increíble!... Cansada de hacer el turista todo el día, dejé que mi esposo y mi hija visitaran el enésimo monumento. Yo preferí esperarlos fuera y sosegar el cansancio, el calor y la sed. De paso gozar de las vistas que me estaban ofreciendo las luces del atardecer de Nicosia.
Allí, entre ruinas, dejé que como siempre, mi imaginación volara a su antojo a otros mundos y otras épocas...
El sol, continuaba su imparable descenso, mientras yo seguía sumida en mi ensoñación. De pronto, quiso el azar que uno de sus rayos diera de lleno en un trozo de cristal roto que había en el suelo y ese cristal desvió el haz de luz de tal manera que dio de pleno en mis ojos, devolviéndome de pronto al mundo terrenal... Bufff... ¡Como lo agradecí!... Se estaba desplegando ante mí un espectáculo de luces y sombras que parecía irreal.
La luz cobriza, teñía de un verde extraño los árboles del entorno. El sol, se colaba juguetón, por entre las columnas que quedaban en pie del monumento que tenía enfrente, dándole un aspecto majestuoso y fantasmagórico a la vez. Me sentí tan especial, estaba yo sola y parecía como si todo aquello estuviera sucediendo especialmente para mí. Estaba en éxtasis.
Debía ser tan latente mi sentimiento de plenitud y felicidad en ese instante; que hasta un gatito que merodeaba por allí sintió la necesidad de acercarse ronroneando y participar de mi fiesta privada. Sin más ni más, saltó a mi lado en el asiento y empezó a frotar su cabecita contra mi muslo. Con sus carantoñas, logró sacarme de ese éxtasis momentáneo, sorprendida y divertida por las confianzas de aquel granujilla descarado.
Hice ademán de querer cogerlo, pero como si fuera la señal que estaba esperando, él solo saltó a mi regazo, mostrándose realmente encantado de estar allí con mis mimos. Como si nos conociéramos de toda la vida.
Lo cierto es que me costó separarme de él, y a mi hija no digamos.
Pero no entraba en mis planes traerme un gato como souvenir, a parte de que hubiera sido harto complicado, en aeropuertos, aduanas y aviones. Además me consta que en Chipre los cuidan bien; algo así como aquí a las palomas.
De esta guisa, me encontraron mis chicos al salir de su visita cultural; acariciando a aquel gatito que pearecía de peluche...
Quise explicarles lo ocurrido, pero para qué... No lo hubieran entendido. Aquello había que vivirlo...
Con pesar, dejé a mi compañero de ensueños en un lugar cercano y le hice una foto, para que, por lo menos, ilustrara mi recuerdo, aunque no me hiciera falta.
Con esa foto como modelo realicé, otra de las veces que he pensado en aquel atardecer, el óleo que ilustra ahora esta historia; esta tonta y quizás extraña historia. El recuerdo de una visión mágica, en un atardecer chipriota...









ramrockmanchesterunited dijo
A mi...la primera foto que recibí de Lynx.
Bonna nit, hasta mañana.
Petonets.
15 Julio 2008 | 02:10 AM