Estoy muerta de... ¿Miedo?.... no sé...
¡Otra vez hablando de mi!... ¡¡Uusssh!!... Y, mira que me había jurado no hacerlo, pero… Es que… Estoy muerta de miedo… Si, si, como lo oís… Bueno leéis…
Mañana, me enfrento a mi primera entrevista de trabajo, a este lado del diluvio…
Lo malo es; que la mitad de mis títulos y acreditaciones, son del otro…
Nuevos, flamantes, estrenados a duras penas… Pero dignos de figurar en la galería de antigüedades curiosas de un anticuario.
Entre ellos, uno con matrícula de honor… El de secretaria taquimecanógrafa. Tiene una mención especial por las 600 pulsaciones alcanzadas (De corazón no, eh… Esas ahora mismo, yo diría que se han parado… Están in albis…) y otra en taquigrafía por ser la más rápida de mi promoción… (Que actualmente, solo me sirve para ser la más rápida leyendo y escribiendo mensajes de móvil…)
Ya imaginareis que ambos logros fueron conseguidos a base de horas de práctica esfuerzo y superación en su momento, pero que hoy… Solo son una rareza; algo curioso de lo que solo se habla en reuniones de amigos, como saber esperanto, o coleccionar latas, o hacer equilibrios con la nariz…
Esto es lo que pasa cuando eres la única chica de la familia, y además tienes el espíritu del ejército de salvación. Que te pasas la vida preparándote laboralmente, consiguiendo títulos, para después guardarlos en el álbum de recuerdos como una más de tus etapas vitales, junto al retrato de la primera comunión. Porque eres “la chica”, y los abuelos, los enfermos y los niños de la familia te necesitan… Para que los demás, SÍ, puedan seguir trabajando. Y tú, caes en la trampa y te lo crees... Hasta que al fin se te cae la venda y ves que ya no necesita nadie tus “servicios” (entiéndase por domésticos)…
Y es entonces cuando miras tus títulos y… Te los imaginas enmarcados y expuestos como en una de esas colecciones de vetustas sagas familiares inglesas, que decoran un pasillo o una escalera...
Tú sabes que si te dieran la mínima oportunidad; has tenido horas de vuelo en espabilarte y tirar para adelante en la vida suficientes como para no desaprovechar esa oportunidad. Pero también sabes que sin la presentación previa de una títulación, lo más actualizados posible, nadie te la va a brindar… Ni siquiera mínima.
Con todo esto, tu autoestima pende de un hilo. NO solo eres consciente de que el tiempo ha pasado dejándote su huella inexorable, con mayor o menor fortuna; si no que además te ha dejado fuera de circulación y los posibles entrevistadores no van a tener ningún reparo en hacértelo saber… Unos con mejor tacto que otros… Pero igual de claro y frustrante.
Da lo mismo que tu predisposición hacia la vacante a cubrir sea la idónea; por que el tiempo también te ha hecho más responsable, tienes capacidad, aptitud y actitud… Es igual, difícilmente te lo van a dejar demostrar.
Solo un milagro, o un enchufe de los de toda la vida, permitirán que pases más allá del despacho del seleccionador de personal y eso… Eso, según parece, está tan desfasado como mis títulos… Porque el enchufe ya no existe ¿Verdad?....


















1971 dijo
seguro que todo ira bien, besitos.
15 Septiembre 2008 | 06:55 PM