¿Por qué les concedemos tanto poder?...
Hay que ver, que somos complicados. Porque lo somos... ¿O no?...
Me explico:
Nos pasamos la vida buscando la utopía de la felicidad. Y por si fuera fácil perseguir una utopía, nosotros aun lo complicamos más, colocando esa quimera en la cima del Éverest. Quizás porque pensamos que conseguir esa cota, sería nuestro Shangrila; el elixir que nos mantendría jóvenes y animosos por siempre.
Entre esos vértices que todos tenemos y que componen el prisma de nuestro yo, está; el lado femenino, el masculino, el punto narcisista, el generoso y... También, el masoquista... El que hace que, teniéndolo todo, colocamos la meta de la felicidad en ese punto justo, de lo que no tenemos.
Es algo que nos ocurre a casi todo mortal, y que abarca todos los ámbitos. Se nos olvida disfrutar de lo “mucho” que tenemos, y nos dejamos invadir por el desánimo y la desdicha de lo “poquito” que nos falta.
No quiero decir que por, “poquito”, no sea importante y no haya que ir en su busca. Lo contrario sería falta de espíritu. Es posible que, para nosotros sea lo más importante, pero eso... Es poquito... Y lo mucho, que sí tenemos, debería servirnos para contrarrestar y sobrellevar dignamente esas carencias.
Intentaré desmadejar el ovillo en el que me acabo de meter:
A cuantos de nosotros no nos ocurre que; pudiendo gozar del afecto, reconocimiento y amistad, de todos cuantos nos rodean o nos conocen y nos tratan, nos empeñamos en sentirnos desdichados, menospreciados; hasta el punto de llegar a sentirnos poco más que un gusano, porque ese reconocimiento, nunca llega de las personas que realmente cuentan para ti... Le damos tanto valor a estos seres, que consiguen que dejemos de sentirnos seguros, minando sobremanera nuestra autoestima. En estos casos nuestro pensamiento suele ser:
-Todos me felicitan, parece ser que, lo que hago, lo hago bien. Pero si los míos no lo hacen, o pasan olímpicamente. Ellos; que se supone que me quieren y saben que sus críticas han de servir para que me supere. Si no lo hacen, es que; o no debo ser tan buen@ en lo que hago, o mis cosas les importan un pimiento...
¡Pero, vamos a ver, almas cándidas!... ¿Por qué permitimos que prevalezca uno entre cientos?... ¿Porque esa minoría, son las personas que te importan?... Vale, pero ello, no significa que posean la razón suprema. Pueden ser tus seres queridos, elegidos, sí, pero también, unos enormes egoístas y unos completos ineptos en lo que a relaciones humanas se refiere. Tu incondicional idolatría hacia ellos, no los vacuna contra la estupidez. Por eso, convertirlos en el centro del universo y de tus decisiones, sí que aumenta el grado de estupidez si... Pero la tuya...
Además de, por añadidura, convertirnos en tremendamente injustos con las otras personas que han apostado por nosotros y nos han demostrado su cariño. Al fin y al cabo; estamos infravalorando su criterio. O sea; reproduciendo con ellos, lo mismo de lo que nos estamos plañendo nosotros...
Por eso propongo, y me propongo, un cambio radical de actitud ante esto; que a la larga será beneficiosamente vivificante para nuestra maltrecha autoestima, nos hará mas justos con quienes se lo merecen y, de paso, haremos una declaración de independencia hacia esas otras personas que, constantemente nos demuestran, no merecerlo en absoluto...
¿Cuántas veces nos descubrimos perdiendo nuestra dignidad buscando su aprobación?...
Pues, por eso; por dignidad... ¡Espalda recta!... ¡Cabeza alta!... ¡Mentón elevado!... ¡Mirada al frente!... Y... Y descubramos el inmenso bosque que se despliega ante nosotros. El mismo que los árboles de antes nos impedía ver... Y para los árboles sin sentimientos... ¡Ellos se lo pierden!...
En el peor de los casos, lo que puede ocurrir es que descubramos que no los necesitamos para poder ser. Porque, al fin y al cabo, siempre hemos sido sin ellos... ¿O es que no somos siempre?... Pues eso...
También puede pasar, que por fin veamos que hay más árboles en el horizonte, y así se den cuenta de que lo que tan seguro tenían al lado... Ya no es tan, seguro... Por que a la que se descuiden, serán otros, los árboles que estén delante y aprecien lo que ellos no supieron...
Pero; esta vez, habremos aprendido la lección y, no dejaremos que vuelvan a tapar al resto del bosque. Seremos más fuertes y no necesitaremos que nadie mire nunca más por nosotros.














kilifa dijo
Reconozco que este post me vá como anillo al dedo, yo misma sé que tienes razón....pero ayyy Lidia, que dificil es levantar la cabeza y mirar nuevos horizontes....a mí aún me cuesta tanto!!
Puede que se aprenda la lección una vez superado, pero mientras tanto se pasa mal.
besitos guapa
2 Octubre 2008 | 09:18 PM