Breve historia, de historias breves...
Tiranías del siglo XXI
De nuevo cruzamos las miradas; la mía, tímidamente implora clemencia, la tuya cruelmente sincera y acusadora. ¿Acaso me juzgas? ¿Con qué derecho?.
Hace tanto que se produce esta situación... Pero no siempre fue igual, te has endurecido con el tiempo.
Antes me mirabas con cariño, con benevolencia, escudriñándome a la menor ocasión, pero no me importaba era por mi bien. A mí me gustaba lo que veía, quizá hubiera cambiado algunas cosas, pero me gustaba verte.
Con el tiempo me jugaste alguna mala pasada; tú, me mirabas de una forma extraña y yo, no estaba segura de lo que veía en ti. Hasta el punto que me indujiste a cometer alguna que otra locura... Por fortuna entré en razón y lo superé. Y fui capaz de aguantarte la mirada.
Después; la imagen que tenías de mí se fue transformando, a veces mejor, otras peor... Tenías días... Yo también...
Aunque, últimamente... Últimamente empiezas a ser insoportable. Soy invisible para todos menos para ti, claro, y tu para mi... Delatador, no te callas ni una sola de mis liviandades, pero... De verdad... ¿Es necesario que siempre seas tan repulsivamente sincero?... A veces, aunque solo fuera muy de vez en cuando... ¿No podrías ser algo clemente y mentir? Una mentirijilla. Solo una. Pequeña, piadosa. Suficiente para hacerme asomar al día segura de mí misma...
No. Nada. Es inútil. Eres incapaz de engañar...
Pues ¿Sabes? Pienso que no te mereces ser el primero que me mire cada día. No señor...
¡Que lo sepas!...Estoy considerando muy seriamente trasladarte al desván, en un merecido destierro... ¡No! No me mires así... En tu lugar, colocaré algún cuadro amable, primaveral. O una fotografía de esas que te animan el día... Si, está decidido. Quedas condenado al exilio. Por lo menos hasta que seas un espejo parlante; bueno y capaz de darle a tu ama más miradas de cal que de arena... ¡Tú te lo has buscado! Ya no me tiranizas más..

Un día cualquiera
Despuntó con las luces del alba, que lo llevaron al mediodía. Jugando con luces y sombras llegó el ocaso, hasta que la negrura de la noche le insinuó el fin de su vida.
He aquí el breve relato de un día. Cualquiera. Capaz, en su presencia fugaz y caprichosa, de transformar y volver del revés nuestra propia historia.

Ni piedra ni flor
Hubo una vez una flor, a la que no le dejaban ser flor, porque tenía que ser piedra.
Más no fue una buena piedra, pues carecía de vocación, porque quería ser flor.
A escondidas, cuando nadie la veía, volvía a intentar ser flor.
Con timidez extendía las hojas. Las cuidaba, sacudía y observaba su reflejo en el lago. Y… Y las volvía a guardar, y seguía siendo piedra, a la vista de los demás. Qué zaherían y anulaban, todo intento de ser flor.
El tiempo iba pasando y en cada ensayo; perdía un pétalo la flor. Y cuando ya, no quedaba flor… Decían, qué bien olía, qué bien hacia de flor… Si lo hubiésemos sabido, no la habríamos hecho piedra
Ahora, que ya no es piedra, ni tierra, ni semilla… Ni flor…
Un ser vivo
La primavera le hizo nacer a la vida y el verano fue el escenario donde desplegó su esplendor.
Con el otoño llegaron sus primeros cambios, hasta que, a la vista de todos ofreció su desnudez.
El frío invierno le enseñó a resistir y lo tornó fuerte, para en primavera volver a renacer cual ave Fénix de sus cenizas.
Así, año tras año, desde hace más de dos siglos, el viejo roble fue mudo testigo de nuestras historias. A veces tiernas, otras sorprendentes, absurdas ofuscaciones la mayoría.
Si el viejo roble hablara...

VANIDAD:
Allí estaba, como cada tarde; dejando que la melancolía fluyera por el arco y las cuerdas del viejo violín.
Cómplice de horas vacías. Camarada de mil conciertos de esquina obteniendo, por todo tributo unas monedas que le permitan cenar caliente esas noches de finales de otoño.
El efímero público, aprovechaba su ceguera para escuchar y después marchar sin, ni siquiera depositar una mísera moneda en la caja que yacía a sus pies.
Harto ya, de ver la ingratitud de todos con aquel virtuoso; cambié el letrero con el que solía mendigar limosna, por otro que confeccioné a tal propósito. Con mejor aspecto y una inscripción distinta al consabido: “Soy ciego y no tengo para subsistir ayúdenme con algo”.
Al poco rato las monedas empezaron a caer en la caja una tras otra, causando algo de confusión en el asombrado mendigo, cuyo oído había suplido con creces la falta de visión; como bien podíamos comprobar en cada recital vespertino.
Cuando ya decidió concluir; a tientas, pero seguro, se acercó a mí. Con voz queda y cerca del oído me preguntó:
-¿Qué le has hecho a mi letrero?- Metódico; con un cuidado extremo, le observé guardar su violín. Como el que guarda la joya más preciosa.- ¿Qué pusiste en él?- Continuó- Noté, por tus movimientos, que hacías algo con él, pero no alcanzo a explicarme qué...
-Ja, ja...Nada especial, amigo, nada especial... Me he propuesto sacar partido de la estúpida vanidad humana... Allí solo dice:
“La música es, como todas las artes, expresión sublime que nace de las almas sensibles.
Ella toca plenamente, las mentes inteligentes.
Si a usted le ha llegado, solo le pido a cambio una moneda,
Si no... no se aflija. Yo, se lo dedico gratis”....
Desde ese día, no solo cena caliente, ahora también tiene un lugar decente donde cobijarse...

(Reedición de algunos relatos, despues de rebuscar por el fondo de saco de mi blog. Estas son las favoritas de mi hija.)








Carlos dijo
Linda Lidia:
Preciosas historias. No sé con cual quedarme. Me encantó la del espejo, ese compañero duro e inflexible con nosotros, que nos muestra lo que queremos y lo que no queremos ver (o sea, uno mismo). Y para mi sorpresa me encuentro con más historias. La del día, la de la flor, la del árbol (pura melancolía otoñal, eh?)
Para acabar con la del violín, genial ese tono irónico del cambio del rótulo del mendigo violinista y ciego. Como dices, que boba es la vanidad humana, que nos hace sentirnos inclinados a ayudar a quienes nos dan pena, y no ante la contemplación del arte.
Un gran beso y buen mega finde.
Carlos.
10 Octubre 2008 | 10:21 AM