Cosas curiosas que me ocurren de vez en cuando...
Hoy me ha ocurrido algo curioso. De hecho no es la primera vez, ya me ha pasado en otras ocasiones. El caso es que no sé a qué es debido y siempre me sorprende.
Resulta que hemos ido a pasar la mañana a un parque, semisilvestre, que hay cerca de donde vivo. Digo semisilvestre, porque a pesar de que está en plena naturaleza, muy cerquita del Macizo del Garraf, y la vegetación, así como la fauna autóctona crece a sus anchas, bien es verdad que también lo cuidan los alumnos de la escuela de jardinería del municipio.
Ellos son los que han incorporado un grupo de columpios, de los que llaman integrados, o sea, de esos de madera tratada, cuerdas, neumáticos, etc.
Pues bien, allí estábamos; nos hemos puesto a desayunar lo que habíamos preparado en casa y después, tras recogerlo todo, mi marido y mi hija se han ido de exploración por los montes. Yo he preferido quedarme para dibujar un rato.
Cuando estaba más absorta en mi dibujo, noto por el rabillo del ojo, que algo se mueve, más o menos, a la altura de mi hombro izquierdo...
Imaginaros mi sorpresa cuando veo que una ardilla, si, si una ardilla, está toda descarada y campante sentada en el respaldo del banco que yo ocupo, comiéndose, más bien tratando de hacerlo, una de las piñas que yo había recogido del suelo para ponerlas en mi centro de mesa, como me gusta hacer (me encanta ese olor).
Me la quedo mirando, porque me gusta y porque a la vez me divierte su descaro. Ella me mira a mi, suelta la piña y como si me conociera de toda la vida, empieza a trepar por mi hombro... Y allí se ha quedado todo el rato mientras he seguido dibujando.
Allí, tan calentita y agusto, estaba aun cuando ha regresado mi gente.
Mi hija me dice: -¡¡Jo, mamá!! Siempre estás rodeada de bichos...- J eje, yo me he reído por que, mentalmente, le he dado doble sentido a la frase...
Pero es cierto. Es algo que me pasa muy a menudo, incluso como en esta ocasión, con animales que son extremadamente tímidos al contacto con el ser humano.
Ya os conté (a los más asiduos) en otra ocasión lo que me ocurrió con aquel gato chipriota. Y las confianzas que se tomó conmigo. Pero me ha pasado muchas más veces y con diferentes especies.
Recuerdo otra excursión a la “Fageda d’en Jordà” en Girona; también la situación fue parecida, cuando mi gente se fue a dar una vuelta, yo escogí quedarme a dibujar.
Al poco de estar absorta en mi dibujo, empecé a oir un ruido, me giro y era un zorro. Un zorrito joven, que evidentemente había olido la bolsa de la comida. No hice ningún movimiento y se fue acercando a mí, así, por las buenas.
Cuando volvieron los paseantes me encontraron en pleno juego con el zorrito y dándole de mi mano algunos trozos de las sobra de la comida.
Así, podría contar un montón de anécdotas más; cervatillos, jabatos; bueno quizás algo mas grandes que jabatos. Incluso, con lo tímidas que son, he jugueteado con alguna nutria en la sierra del Cadí, allá por el nacimiento del Llobregat. Pero nunca soy yo la que va a por ellos, son ellos los que vienen a mí.
Es precisamente eso lo que me asombra, y el motivo de que haya hecho este post. ¿Le pasa esto a mucha gente?... Espero que sí.. je je... Pero... ¿A qué es debido? ¿Por qué se toman esas confianzas conmigo?
La verdad es que me gusta, no lo voy a negar, pero me deja perpleja... ¿Alguien tiene alguna respuesta?...
Se parecía mucho a esta.










intelecto111 dijo
Amiga:
Fabuloso eso que cuentas de dibujar con una ardilla en el hombro, creo que muy pocos pueden decir eso. Tu afición por el dibujo es algo común conmigo. Me encanta eso de "relativamente" y que eres muy amiga de Einstin. Bien por eso, mucho amor propio y mucho para copmpartir, besos.
18 Octubre 2008 | 07:14 PM