JAQUE... (continuación de "La fiesta de disfraces"... final...)...
Esta es la última entrega... Por ahora.
Para entenderla mejor, si lo deseais, podeis refrescaros la memoria aquí:
LA FIESTA DE DISFRACES
A CARA DESCUBIERTA
JAQUE...
La cita siguiente transcurrió de forma agradable. Cuando Clara conseguía olvidar que estaba allí bajo coacción, hasta era capaz de disfrutar con las atenciones que aquel hombre cálido, de apariencia fría, sabía prodigarle.
No obstante, se hacía esperar.-Sin duda, Darío disfruta prolongando la agonía- pensaba Clara- ya han pasado dos meses desde la última…
Aun así, no podía olvidar el incidente en los servicios del restaurante, un par de citas atrás. Ni el cúmulo de sensaciones encontradas que la invadieron tras aquel violento episodio.
¿Quizás él se arrepentía de su conducta, e indultarla del último plazo, era su forma de pedirle disculpas?… Rápidamente se reprendía por esa ingenuidad infantil que se negaba a abandonarla.
Hacía bien; nada más lejos de la realidad...
A él le costaba un mundo espaciar tanto sus encuentros con ella, pero necesitaba que el tiempo enfriara el mal recuerdo de tan deleznable conducta en la mente de Clara.
Centraba su atención en los negocios, combatía así la ansiedad por verla, poniendo distancia física, con prolongados viajes de negocios.
Darío era ahora un tipo al que le sonreía la suerte. De naturaleza inteligente; conocía como nadie el fondo del arroyo, por eso sabía aprovechar sacando la mejor tajada de las oportunidades. Su mente práctica y fría, era capaz de oler a la legua los buenos negocios convirtiendo en oro todo cuanto tocaba.
En esos meses puso el alma en ello; era la única forma de poder sacarse a Clara de la mente.
Como es lógico, esa dedicación obtuvo sus frutos. El patrimonio de la empresa creció notablemente. Tanto que pusieron paquetes de acciones en bolsa, siendo consideradas estas como una buena oportunidad por los inversores.
Los éxitos le hicieron sentirse poderoso, quizás por ello consideró que había transcurrido el tiempo suficiente para reanudar lo que quedó aletargado.
La cita, siempre bajo sus condiciones, empezó tensa. Clara se mostraba recelosa, como un cervatillo presto a escapar a la menor señal de peligro.
Darío, desplegó el amplio abanico de sus dotes de seducción, persuasión y paciencia. En el marco adecuado, tomándose el tiempo necesario, consiguió que el incidente del restaurante quedara, si no en el olvido, por lo menos en un segundo plano.
Una velada con aquella mujer era una verdadera delicia. Se reprendía por haber desperdiciado en los encuentros anteriores a tan magnífica conversadora.
Hablaron de mil cosas, abordaron temas que interesaron a los dos y que, en muy raras ocasiones, podían compartir con otros contertulios.
Se sentían realmente a gusto. Solo una cierta intranquilidad, por parte de la mujer, empañaba la velada.
Clara sabía por, y para, qué estaba allí. Aunque quería relegarlo al lugar más recóndito de la mente, el subconsciente la traicionaba, haciéndole dar pequeños respingos ante cualquier contacto de Darío, daba igual que estos solo fueran producto inocente de la conversación.
Claro que, la compañía, la conversación, la cena y… Sobre todo el vino, contribuían a distender el ambiente. Una cosa fue llevando a otra, cada vez estaban más juntos. El brazo de él sobre los hombros de la chica y un sensual beso en los labios, les anunció que era el momento de cambiar de escenario.
Esta vez todo transcurrió de forma algo más convencional.
Besos, caricias, penumbra... El deseo era creciente en los dos. Tras cerrar la puerta principal del ático, los labios de Darío fueron encendiendo regueros de lava por el cuello y los hombros de Clara, mientras la ayudaba a despojarse de las primeras prendas.
Un leve gemido escapó de los labios de ella, era la señal de aprobación que esperaba para proseguir. No quería precipitarse otra vez. Todo debía ser perfecto.
La hizo girar para apoderarse de su boca, a la vez que las manos acariciaban con sensual delicadeza aquellos senos deseados.
La mujer rodeó el cuello masculino, abandonándose a las sensaciones que él, como nadie, sabía despertar.
Deliciosa, le encantaba sentir su entrega, saberla vulnerable a su contacto. La deseaba desesperadamente. La tomó en brazos y juntos llegaron hasta el enorme lecho que presidía la habitación.
Unos instantes bastaron para que se convirtieran en un par de volcanes en erupción. Por ello la ropa de ambos no tardo en yacer revuelta en el suelo. Igual que, momentos después yacerían ellos; enmarañados, unidos, sudorosos y exhaustos entre las sábanas.
Al cabo de unas horas Clara abrió los ojos. Lentamente tomó conciencia de donde estaba...
Le gustaba, se sentía bien. Hasta su nariz llegaba el aroma que desprendía el regazo masculino.
Respiraba acompasadamente, tranquilo, con semblante satisfecho. La verdad es que no le hubiera importado permanecer ahí por siempre, si no fuera porque…
Con sigilo fue liberándose del abrazo de Darío que dormía placidamente.
Envolvió su desnudez con una de las sábanas y tomó asiento en la confortable butaca al lado del gran ventanal… La noche empezaba a romperse con los primeros rayos del día.
Así, en esa penumbra, contemplaba al hombre que unas horas antes la había hecho volar… ¿Qué le estaba pasado? ¿Qué sentía por él?
Debía reconocer que, a su pesar, aquel hombre arrogante había dado un giro a su aburrida vida.
Amaba a su esposo, sí lo amaba. Pero Darío había despertado a una mujer pasional que desconocía; una Clara cuya libido brotaba a flor de piel tan pronto oía aquella voz grave. Su cuerpo reaccionaba con vida propia ante cualquier mirada de deseo que él le dedicara.
Con su esposo, el terreno sexual era tranquilo, convencional. Placentero sí, pero todo dentro de un orden, todo perfectamente predecible y planificable.
Solo en contadas ocasiones tenía cabida la improvisación.
Ya le parecía bien, tampoco había conocido nada mejor. Pero ahora…
Le hubiera gustado poder hacer una composición de los dos:
La conducta ética y la forma de hacer negocios de su esposo, que tanto respetaba y admiraba, por un lado y la osadía erótica de Darío por otro…
-Sí, sería el hombre perfecto- pensó mientras se dirigía a la ducha… -Es increíble lo que un minúsculo pedazo de tela negra ha llegado a cambiar mi existencia- meditaba recordando el incidente con el tanga en su primer encuentro en la fiesta de disfraces- ¡Dios! Pero si después me he comprado decenas… Cerró sus pensamientos al tiempo que el paso del agua en la ducha…
Se vistió en silencio, no quería estar allí cuando despertara, sencillamente porque sus sentimientos encontrados le iban a poner difícil la actitud a tomar…
¿Desearle buenos días con una sonrisa?... ¿Contestar fríamente a su saludo, en respuesta por la situación?... ¿Después de la respuesta de su cuerpo la noche anterior?... La iba a tomar por una histérica… Lo mejor era marcharse sin hacer ruido… Huir… Sí, huir…
Los días pasaban, en cualquier momento tendría lugar la última cita. ¿Qué pasaría después?...
La mente de Clara era un cúmulo de pros y contras. Su mundo interior estaba patas arriba. Darío le había hecho conocer una parte de ella que ignoraba y que, aunque le molestara reconocerlo, le gustaba.
Había intentado introducir esos cambios en su matrimonio, pero Fernando se había acomodado a lo de siempre, no era hombre que aceptara los cambios fácilmente.
Por otro lado, le fastidiaba enormemente que Darío dijera la última palabra, coaccionándola con el chantaje. Su naturaleza rebelde le mordía las entrañas…
Cuando despertó, solo el vaho en el cristal del baño daba muestras de que Clara había estado allí, no hacía demasiado. ¿Por qué esa acción furtiva? No lo entendía… Quizás nunca entendiera a las mujeres… ¿No era de lo que se quejaban todos?...
Pasaron dos semanas, volver a verla era ya una necesidad vital… Sería la última vez… No le gustaba la idea pero, en esos momentos no encontraba la forma de retenerla durante más tiempo sin faltar a su palabra, y eso era lo último que quería hacer… Era de los que aun pensaban que, el cumplimiento de una palabra dada, diferenciaba a los hombres honestos, de los que no lo eran, aunque debía reconocer que con Clara no lo había sido demasiado.
Desde hacía unos meses, un grupo accionista italiano se había hecho con el control de una parte importante de las acciones sacadas en bolsa. Eso le tenía inquieto, consideraba que podía ser peligroso para su seguridad financiera y laboral, así que pensó que lo mejor era organizar una cena para hacer las presentaciones, y según como fuesen las impresiones mutuas, acabaría derivando en una cena de negocios. Podía proponerles asociarse, puesto que parecían gozar de un buen capital.
Pensó en darle el papel de anfitriona a Clara, una cara bonita siempre distiende cualquier reunión de negocios, y ella además de eso, tenía una conversación amena y una mente despierta para los negocios…
Se felicitó por la buena idea. De paso, cuando los invitados se marchasen, podrían prolongar la velada. Hacerla intima e inolvidable. Sería el broche ideal de sus encuentros.
Para que no tuviera excusa, se las ingenió de forma que su esposo tuviera que estar en viaje de negocios, quedando solo ella para salvar el patrimonio familiar.
El equipo de catering, lo tenía todo en su punto y dispuesto cuando ella llegó. Fue la primera, como él le había pedido.
Estaba deslumbrante… Sencillamente deslumbrante. Arrastró sin disimulo la mirada por la figura femenina, ceñida por el vestido negro, largo, cuyo generoso escote permitía, algo más que adivinar la voluptuosidad de sus hermosos senos. Reparó complacido en la exquisita perla que tentadora descansaba entre ambos.
Tuvo que hacer acopio de toda su templanza para no hacerla suya en ese mismo instante.
El recogido en la nuca la favorecía. Le daba un aspecto maduro, pero frágil. Los mechones que descuidadamente caían alrededor de su rostro, le restaban seriedad. Aunque… Había algo distinto en ella…
Darío no alcanzaba a saber qué… Era como si…
En cualquier otro momento, cuando él la miraba con esa insolencia, ella bajaba la vista notablemente ruborizada, en cambio, aquella noche… Le sostenía la mirada, con gesto desafiante… De las verdes pupilas salían destellos que amenazaban con abrasarle. ¿Qué le pasaba a aquella desconcertante criatura? ¿Qué se traía entre manos?
La llegada puntual de los dos invitados, le impidió intentar averiguarlo. Tendría que dejar las indagaciones para más tarde.
Tomaron asiento en la mesa circular, Clara hizo despliegue de toda su coquetería femenina, cuando se lo proponía podía ser realmente seductora, tenía a los dos italianos comiendo de su palma, pero había algo… Darío no alcanzaba a saber qué…
Sentía como si sus tres invitados ya se conocieran de antes, parecía increíble que hubieran congeniado tan rápidamente. La complicidad era tanta que a él, hasta le resultaba molesta… ¿Estaría sufriendo un ataque de celos?
En estos pensamientos estaba cuando el pie de ella empezó a juguetear por dentro de la pernera del pantalón. Tras salir airoso de la sorpresa inicial, consiguió que encima de la mesa la conversación continuara desarrollándose con aparente normalidad.
Sus invitados italianos satisfacían con sus explicaciones la curiosidad sobre las actividades de la empresa. Así supo que, por el momento solo se dedicaban a la inversión, pero no descartaban especializarse y profundizar un poco más en el mundo de la publicidad…
A Darío le estaba costando procesar toda esa información. No por que fuese complicada, sino porque el pie de Clara seguía su excitante camino. Ahora ascendía ya por la pantorrilla; suave, sensual, enloquecedoramente lento, pero… ¡¿Cómo podía mantener ese semblante de niña inocente?!...
Hablaba con todos como si, lo que estaba ocurriendo encima y debajo de la mesa, perteneciera a dos mundos distintos.
Ella también se interesaba por las actividades de los dos invitados y los planes de futuro.
Escuchaban sus proyectos, durante la degustación del postre.
En algún momento, ella dejó descansar la mano en el muslo masculino. Por lo visto se había propuesto ponerlo a prueba durante toda la velada. Los músculos de su rostro se tensaron cuando la mano femenina alcanzó el que, sin duda, era su objetivo…
Era ella la que hablaba ahora, todos la miraban, pero obviamente no con la misma intensidad. Seguía como si nada, los miraba a todos al hablar. Continuaba la conversación con toda naturalidad. En ningún momento puso la vista de forma especial sobre nadie.
La frente de Darío empezó a brillar de forma notoria al sentir como la mano de la mujer traspasaba las últimas barreras que la separaban la meta… ¡¡Dios!!... ¡¡Pero qué pretende!!... Una mezcla de irritación, desconcierto y excitación, amenazaba con hacerlo explotar. Lo más disimuladamente que pudo, intentó hacerla parar… No lo consiguió… y era evidente que no lo iba a conseguir de forma sutil…
¡¡Dios aquella mano seguía avanzando en su propósito!!... ¡¿Intentaba volverlo loco?!...
En unos instantes de lucidez, Darío recompuso su atuendo y pidió disculpas para ausentarse unos instantes.
Al salir, pidió a Clara que le acompañase un momento. Tan pronto desaparecieron de la vista de los presentes, se abalanzó sobre ella agarrándola con rudeza por los hombros, mientras besaba su escote:
-¡Mujer! ¡¿Se puede saber qué te ocurre?! ¿Te has propuesto arruinar la reunión?
-¿Qué pasa?- ronroneó provocadora- ¿No te gusta que tome la iniciativa?... Pensaba que te gustaban los juegos.
-Pero… ¡¿Te has vuelto loca?!... Me estás volviendo loco a mí- espetó a punto de perder los estribos- ¿Te has tomado algo antes de venir aquí?
-No querido, Solo estoy poniendo en práctica todo lo que me has enseñado en estos meses. ¿No te gusta saber que soy una buena alumna?
-¡¡Bruja!!... Sabes que esta es una reunión de suma importancia, está en juego el futuro de la empresa. ¿A caso quieres arruinarla?
´¡¡Bah, no seas tan conservador!! Ellos no se han dado cuenta de nada…- dijo apretándose contra el cuerpo varonil…
-¡¡¡Zorra!!!... Espera a que se larguen… Te voy a enseñar unas cuantas cosas más…
-Ummm… No seas tan engreído… Quizás sea yo, la que te enseñe algo a ti…
Terminó su enigmática frase fundiéndose en un largo y húmedo beso. Tras lo cual volvió al comedor dejando a Darío a punto de convertirse en cenizas por su propia combustión…
Sorprendido y excitado por las palabras de ella tuvo, obligatoriamente, que pasar por el servicio. Necesitaba refrescarse y calmarse antes de reaparecer en el salón.
La velada transcurrió dentro de los cánones de la cortesía, si bien, Darío se vio obligado a guardar las distancias con aquella provocadora criatura; aquella gata en celo, en la que se había convertido Clara en esa noche.
La conversación de negocios consiguió llegar hasta la asociación con los inversores. Esta corporación, significaba una inyección saludable de capital, pero también el cambio de posición en las funciones de Darío dentro de la misma. A partir de entonces pasaría a tener que rendir cuentas a un superior, algo a lo que ya no estaba acostumbrado, tendría que adaptarse, por el interés de la agencia y, claro está, por el propio.
Cuando se marcharon, en el apartamento solo quedaban los responsables del servicio de catering. Estos se movían con eficacia y rapidez en su tarea de recoger y ordenar todo antes de marcharse, sin reparar en nada más…
Darío se refugió momentáneamente en su despacho, sentado en el sofá con los ojos cerrados, pretendía dejar trabajar sin presión a los del catering, y a la vez, aclarar su mente…
No pudo… Clara entró sin llamar, contoneándose provocadora, como había hecho durante toda la noche. Al llegar a su altura, se arrodilló entre las piernas masculinas dispuesta a terminar la excitante labor que había dejado a medias durante la cena.
El hombre intentó apartarla, le incomodaba sentirse dominado, pero la determinación de ella fue más rápida. Y la maestría que demostraba en lo que estaba haciendo, dieron al traste por completo con las pocas reservas que aun le quedaban…
-¿Dónde ha aprendido, una chica con tan buena formación como tú a hacer estas cosas?- musitó con voz ronca y entrecortada, restándole toda la mordacidad que, en principio, quería imprimirle…
-Ummm… soy una buena alumna… aprendo rápido… -Logró comentar entre breves interrupciones de su labor- ¿Es que no lo hago bien?…
-Ufffff…. Como toda una profesional… -Seguía intentando ofenderla y recuperar así algo de control…
-¿Cómo lo sabes?... ¿Tienes mucha experiencia en eso?... ¿Las frecuentas mucho?...
-Lo suficiente para reconocerlas…
Ella le lanzó desde su posición, uno de sus dardos verdes. Pero continuó sonriendo provocadora mientras lo llevaba al éxtasis.
-Yo no te obligo a estar aquí- dijo, rememorando algo que él le había dicho en otra ocasión- si te molesta, paro ahora mismo… --Dijo a la vez que se esmeraba aun más.
-¡¡Ni lo intentes!!...
Clara reptó por el cuerpo masculino hasta alcanzar sus labios. Darío resoplaba cada vez con más fuerza. Apresó los labios femeninos, a la vez que la despojaba por fin de su vestido. Las manos de él se perdían entre los pliegues de la sedosa y cálida piel. Buscaba y redescubría su delicioso cuerpo. Activaba como nadie los resortes conocidos. Estimulaba hábilmente los nuevos y recónditos… Clara, gemía, suspiraba, se agitaba, presa del deseo animal, instintivo, incontrolable...
No cabía duda, perder a Darío como amante, sería un error. Una verdadera catástrofe en su vida… Ahora que había conocido las mieles de su propio potencial, le iba a ser muy difícil ahogarlo de nuevo. Prescindir de ello…
Darío la llevaba al éxtasis, tan pronto como se lo proponía. Estaba perdiendo las riendas... No debía dejarle. Quería ser ella la que llevase la iniciativa...
Se apartó como pudo y comenzó a desabrocharle la camisa. A cada botón su lengua exploraba la piel que descubría. Seguía descendiendo, lamiendo y explorando todo cuanto encontraba a su paso; lanzando miradas llenas de lujuria que aumentaba al percibir la expresión de él. Aquella expresión de deseo la hipnotizaba y la alentaba a seguir.
Volvió a ascender de la misma forma, reptando por el cuerpo de él, hasta convertirse en una deseable y enloquecedora amazona sobre Darío cuando estaba a punto de llegar al límite de su resistencia...
Es tan hermosa… ¡¡Como la deseaba!!... Tanto; que un leve movimiento bastó para unirlos; intima, profunda, apasionadamente… Dando comienzo a una deliciosa danza primitiva… Lenta al principio… In crescendo... Las manos de él atormentaban sus pezones… Las de ella, se aferraban al pecho masculino, para no caer… La danza proseguía… Frenética… Una sinfonía de jadeos y abrazos… Sin tregua… Sin pausa... Sin vuelta a tras… Hasta quedar exhaustos, saciados… Entrelazados… En paz….
Abrazados todavía, recuperando el ritmo en la respiración:
-Bufff… Nena… ¿Te has propuesto hacer inolvidable la última cita eh?... -Quieres que te suplique para que te quedes… ¿Es eso? ¿Verdad?
-Ja ja… Pero qué engreído eres… Solo quería que hoy fuese diferente. Que vieras de lo que soy capaz. Que sintieras a la mujer que has despertado... Que he descubierto… Que esta sea la última cita, o no… Sólo depende de ti.
-Una mujer inteligente, deseable, arrebatadora… ¿Significa eso que quieres que sigamos viéndonos?... Tu, “compromiso”, ha concluido ya eres libre. Esa fue mi palabra, ya no hay nada que te obligue conmigo. Nada debes temer… Cumpliré lo pactado, soy hombre de palabra- dijo esto con un cierto deje de pesar.
-Quizás yo a ti, ya no te deba nada… En realidad, nunca te he debido nada... Pero tú, no puedes decir lo mismo con respecto a mí…
-¿Qué quieres decir?... No comprendo…
-Quizás, yo ya no deba temer tu chantaje, pero tú… Si deseas continuar con tu vida de ejecutivo, y su cómodo nivel social, no permitas que cambie nada… Nada… Nuestros encuentros han de ser tan satisfactorios para ambos- dijo esto dándole toda la intención de la que fue capaz- como lo han sido hasta ahora…
Darío se apartó de aquel abrazo, como si le quemaran, para poder mirarla a los ojos… Ella, con pose ingenua, esbozó una sonrisa maliciosamente inocente, para añadir juguetona:
-Si quieres conservar tu posición en la empresa, solo tienes que continuar sirviéndome más momentos como el que acabamos de vivir…
-¿Qué te hace presumir tanto poder sobre mí?... ¿Acaso tienes un látigo?...
-Nooo… mucho mejor… Tú eres inteligente y te gusta la buena vida y yo… Desde hace unas horas soy la poseedora del sesenta y cinco por ciento de la agencia… Carlo y Roggerio, son mis representantes… Soy, yo, la persona con quien te has asociado durante la cena…
- ¡Serasss!..-No sabía que sentimiento era mayor, la rabia, el asombro, la incredulidad- ¿Dónde has aprendido tanto sobre negocios y finanzas? ¿En el mismo lugar que tusss… otras habilidades?- Quiso ofenderla, pero no lo consiguió. Clara estaba exultante, disfrutando palabra a palabra, momento a momento de su, pequeña, gran victoria…
- Mi querido y arrogante amor… Todo lo aprendí de ti, de tus éxitos... Pero también de tus errores...
Uno de ellos, el mayor, fue el mismo que solemos cometer todos en esta, deshumanizada, sociedad…
Tuviste la torpeza de poner a Tomás en el mismo lote que sus muebles antiguos, al tomar posesión de este ático…
Afortunadamente, en mi costosa formación, esa de la que te mofas continuamente; me enseñaron a respetar, escuchar y dejarme guiar por la experiéncia de los mayores.
Sobre todo por los que me aprecian y Tomás siempre se ha portado como un padre conmigo… Fue fácil. Con él, con su experiencia, con su saber hacer; aprendí todo lo necesario para moverme con soltura y eficacia en el mundo de las finanzas y los parkets…
Con su sabio asesoramiento y mi innata predisposición, solo he necesitado unos meses para poder estar a tu altura en los negocios y…. Ahí tienes... Pavesse Projects…
Hoy accionista mayoritaria de la que considerabas tu agencia de publicidad… Y por lo tanto… Tu Superior… La misma que puede rescindir tu contrato cuando no te necesite… Pero no temas; si continúas siendo tan resistente, excitante y eficaz como hasta ahora, no tengo la minima intención de cambiar nada... Por supuesto, deberás conservar tus dotes… y tu exquisita discreción…
Darío se movió incomodo en el asiento, al comprender que aquella dulce e inofensiva zorra le había atrapado… Aun así quiso saber:
- Pero… ¿Pavesse?... Es un nombre italiano… ¿Qué tiene que ver contigo?... ¿De donde lo has sacado?...
Mirándolo con su mejor cara de inocencia, aun colgada de su cuello y dibujando con la punta del dedo el tenso mentón varonil respondió:
- Ahaaah… Mi querido egoísta… ¿Cuándo te han interesado a ti mis intimidades, más allá de las que cubren mis vestidos?... Yo, como casi todo el mundo en este país, tengo dos apellidos… Nunca adivinarías cual es el segundo...
Estaba disfrutando como nunca viendo las expresiones cambiantes de Darío.
-¿Y qué te hace pensar que accederé tan facilmente a tus caprichos?... Puedo olvidarme de todo y empezar de nuevo, ya lo he hecho otras veces, y lo sabes… Pero primero claro está, me ocuparé de que, a tu esposo, no le quede ninguna duda sobre la clase de bruja con la que está casado…
-Sí, podrías… Es tu elección… Pero te consideraba un tipo inteligente… Yo, ya no dependo de nadie… Solo perderé un marido que, si me deja, habrá demostrado no amarme tanto como dice… En cambio tú... ¿Ya has pensado en todo lo que perderás tú?… Concluyó sonriendo mientras dejaba que la contemplara en todo su esplendor… No, no solo estoy hablando de esto...








perh dijo
Insuperable. Un besazo.
28 Octubre 2008 | 10:28 PM