SÍ, YO, CREO...
Creo en el ser humano como tal, con sus virtudes y sus defectos.
Creo en la buena gente, que lo es por naturaleza, sin esperar nada a cambio. Porque sí, porque les sale de adentro. Porque esa es su respuesta visceral ante el mundo.
Creo en esas personas, que se encuentran disfrutando de un día de playa, y que cuando ven aparecer un grupo de inmigrantes exhaustos (uno de tantos que la marea desembarca a la fuerza y arrastra hasta ellos) olvidan sus prejuicios, su temor ancestral a ser invadidos, sus reparos infundados o con fundamento, y sólo ven a seres humanos desvalidos que precisan ayuda. Y, sin pensarlo dos veces, se mueven con rapidez para prestarles auxilio, abrigándolos, arropándolos, dándoles calor con sus propios cuerpos si fuere preciso.
Creo en esa madre, que viendo lo grave de la situación, no duda en compartir el que es alimento para su hijo, ofreciendo la leche de su seno a otro bebé, de otro color, de otra raza, de otra madre, al que también arrastró esa marea, entre la marea humana de seres exhaustos que simplemente quieren vivir como seres humanos. Lo amamanta, por el sólo hecho de creer que es lo mejor que puede hacer por él en ese momento, y lo es. Mientras contempla como esa otra, la madre verdadera, es atendida y reanimada por el resto de bañistas, que como ella, fueron allí a disfrutar de un tranquilo día de playa.
Creo en el ser humano, que teniendo todo lo que necesita, es capaz de darse cuenta de los que tienen menos, o nada, y lo considera injusto, y se pone en marcha para remediar lo injusto, porque sabe que el movimiento se demuestra andando. Sin esperar a que sea la providencia la que provea.
Creo en los jóvenes, que disconformes con la injusticia de lo que les rodea, ponen manos a la obra para paliar las injusticias, entregando su tiempo y su labor desinteresadamente a las causas más variadas. Sin esperar nada. En damasiadas ocasiones sin recibir nada, o lo que es peor, engrosando injustamente la lista de egoístas natos, sin oficio ni beneficio, maleducados por decreto, neo-delincuentes potenciales, sólo por el hecho de ser jóvenes… ¡Qué gran error! ¡Qué poco sabemos, o nos hemos molestado en saber, de ellos!...
Cuantos son los que mueven el tejido social del voluntariado. Pero claro, estos no son noticia, a penas se sabe nada de ellos. Pero los hay. Muchísimos, me consta. Y por eso creo en ellos.
Creo en las buenas personas que son así por que les nace, porque no podrían ser de otra manera. Incapaces de ver enemigos en los demás, antes de tener motivos reales para ello. A los que un color de piel, un acento o una cultura diferente, no es condición suficiente para ponerse en guardia.
Bien al contrario, les despierta el ansia de conocer, de querer saber, y con el conocimiento; saber querer y respetar lo diferente. Incapaces de apartar o discriminar por diferente.
Buenas personas, a las que la experiencia les da sabiduría. Saben ser cautelosos, sin generalizar. Saben ser prudentes, sin dar la espalda. Saben que si vuelven a ser engañados, no es culpa de ellos. Que prefieren pecar de ingenuos a que; el no querer que les engañen otra vez, les vuelva insensibles ante las vicisitudes ajenas.
Esas son mis creencias. En todo eso sí que creo…
¿En Dios?... Buufffff… ¿En un Dios que me premie por mis buenas acciones?... ¿Qué colme de bendiciones mi vida, mientras se olvida de la de gran parte de mis semejantes? ¿Qué me conceda una hipotética salvación eterna?... No, no creo.
Como tampoco creo en la bondad sincera de quienes depositan su fe en él bajo esas condiciones.
Sinceramente, creo, que no hay más vida que esta. Y lo que de bueno o malo hagamos con ella es, sólo y exclusivamente, competencia nuestra. Incluso en, quién o qué, depositamos nuestra fe (buena o mala).
Para bien, o para mal…









universo-de-luz dijo
SI POR CREER SE ME RIDICULIZA, PUES YO CREO, CREO EN LA VIDA, EN LA LUZ, EN LA SONRISA DE MI HIJA, EN EL AGUA QUE ME RESBALA Y ME LIMPIA...
SÍ YO CREO.
CUANTO DE BUENO ME HE PERDIDO.
9 Enero 2009 | 05:28 PM