Caprichos... y necesidades...
¿No te ha pasado nunca?...
Existen necesidades ineludibles. Imagínate la situación:
Entras en un lavabo público, a la vez que sale el autor del olorcillo que invade el recinto.
Estás solo, pero decides que ante semejante aroma, te aguantas y no vas a utilizarlo. Te limitas a lavarte las manos, lo más rápido posible; justo el tiempo que aguantas sin respirar, mientras piensas:
--¡Joder, pero este tío qué come!
Que es justo lo que piensa de ti, el nuevo usuario que acaba de entrar.
Ante la mirada que te dedica, sabes que no valen explicaciones. Porque piensas que pensará:
--Si. Ya, ya...
Que es justo lo que está pensando... ¿O tú no lo pensarías?...

Mas tarde, cuando por fin consigues olvidar semejante bochorno, tu; que dedicas una buena parte del presupuesto mensual en comprar, y por supuesto usar, gel de baño, colonias, perfumes y desodorantes, para mantener a raya el olor a tigre; decides coger el ascensor, para bajar los diez pisos que separan tu oficina de la calle . No paras en todo el día, por lo tanto esos momentos de ascensor son otra necesidad.
A la vez que tú, también sube el de la oficina de al lado; un individuo, cuyo presupuesto en higiene es cero.
¡¡El muy guarr...!! ¡Encima se baja en el noveno!... Esto, es un capricho… ¡Lo podía haber hecho andando y se mantendría en forma! ¡Que falta le hace!... Dos segundos han bastado para dejar en, tan reducido habitáculo, su aroma porcino…
A ti, sólo te queda soportar el olor y rezar...
Rezar; para que el limitado receptáculo tome la directa hasta la planta baja y así, poder salir a escape sin detenerte a mirar a nadie y que nadie pueda reconocerte...
También, claro está, para volver a respirar aire puro antes de desmayarte. Pero no... No señor...
Ese día, el espíritu de Murphy estaba por allí y el endemoniado trasto hace parada en todas las estaciones y apeaderos...Volviendo interminaaaable tu Vía Crucis hasta la calle…
A medida que van entrando; crees que para ellos, tu grado de culpabilidad es directamente proporcional a la intensidad del tono rojo que va adquiriendo tu rostro. No hay más que ver cómo te miran… ¿O no te miran?... ¿Te lo estás imaginando todo?...
Lo más probable es que a partir del séptimo piso ya no se note. Pero, el el punto de ebullidión que ha alcanzado tu propio bochorno, hace que ya no estés seguro de nada…
Quizás con esa forma de transpirar, ahora sí, que tu desodorante te ha abandonado...Te agobias… ¡Ya no aguantas más!...
Sales de estampida en la primera ocasión en que se vuelven a abrir las puertas y… Y… Y; bajas los cuatro pisos que aun quedaban, a pié...¡¡Con lo fácil que hubiera sido que el gorrino encorbatado bajase solo uno!!...
O, en su defecto, que su presupuesto y dedicación a las necesidades básicas, que él considera un capricho, fueran más generosos con la cuota destinada a la higiene… Por necesidad…









fantasmita dijo
Como soy de las precavidas llevo siempre un pequeño dosificar con colonia para esos casos.
Besos guapa.
4 Febrero 2009 | 07:29 PM