Impresiones de l@s visitantes, tras la visita guiada por el EDIFICIO HOMBRE:
Al llegar, podemos encontrar un recibidor muy parecido al del edificio mujer.
Al contrario que este, cuantas más muestras ofrezca de estar bien amoblado, más interés por conocer el resto tendrán l@s ocasionales invitad@s. Ojo, sin exagerar; no todo el mundo aprecia, o sabe entender, la decoración barroca. A menudo, si la falta de autenticidad es demasiado evidente, acaba resultando una pura muestra de ostentación… Digamos que cumple la misma función que los colores vivos en las plantas carnívoras. Esta no es otra que, la de atraer a sus víctimas… Cuando el mobiliario es auténtico, lo que consigue atraer no son victimas, si no, conquistas, que muy posiblemente gusten de repetir.
En la construcción hombre, las ventanas también tienen vistas al corazón, pero ignoramos el motivo por el que, sus inquilinos se empeñan en velarlas con espesos cortinajes de dureza. No porque no les guste que nos asomemos, si no porque temen que la trasparencia en sus cristales sean tomados por destellos dudosos de debilidad en los cimientos de su condición de edificio macho…
En esta dependencia del inmueble, encontramos además el centro receptor de sonidos. Menos perceptivo a los ultrasonidos del entorno, pero también son capaces si se lo proponen. Además, son tremendamente reactivos a las palabras con intención y a los sonidos, producto del placer, que emiten en determinados momentos sus invitad@s.
El sensor olfativo, está bastante más desarrollado y receptivo a las sensaciones y estímulos externos que el del edificio mujer. Son capaces de reaccionar sorprendentemente a determinados aromas.
El dispositivo emisor de sonidos, es bastante completo. No sólo es capaz de decir lo que convenga en el momento adecuado, actuando como martillos mecánicos derribando muros, si no que también es capaz de proporcionar momentos indescriptibles de placer a sus visitas. Todo dependerá de la habilidad lingüística del anfitrión.
En este tipo de edificaciones, quizás es necesario, pero no imprescindible, ganarse esta dependencia para pasar al resto. De hecho, existen partes de la casa a las que se puede acceder sin necesidad de pasar previamente por el recibidor.
Una de las curiosidades que, a mí personalmente me llama la atención, es que sus paredes son tan sensibles como las del edificio mujer, pero en ocasiones ellos parecen desconocerlo, siendo las visitas las que deban descubrírselo para sorpresa del anfitrión. Son l@s invitad@s los que tomando la iniciativa, olvidando que son invitad@s y superando el desconcierto inicial de él, muestran al dueño del edificio las múltiples posibilidades de este extenso dispositivo sensorial.
Si seguimos adelante en nuestra visita, nos encontraremos con el… vamos a llamar… jardín de las delicias.
Una estancia en la que se halla el objeto ornamental más preciado por el anfitrión. Seamos sinceros, también por las visitas, todo hay que decirlo. Cuya facultad principal consiste en que cambia de aspecto y de tamaño, según el estado de ánimo del dueño del edificio.
Tremendamente sensible a los estímulos externos y que en ocasiones parece tener vida propia, independizándose por completo del recibidor o control de mandos. Una facultad que, incomprensiblemente, suele contrariar a las visitas, provocando la perplejidad del dueño… Al no entender estas, que es algo que controla cuando quiere de verdad, pero mientras, le permite libertad total de movimiento… Esto suele chocar con el carácter del edificio mujer…
Otra curiosidad de este jardín es que, no es necesario pasar por todo el edificio para llegar a él. Se puede acceder directamente sin problemas, entrando en cualquier momento por el atajo, o puerta falsa, siendo conocido también con la expresión de “aquí te pillo aquí te mato”, (en el edificio mujer también existe este acceso, pero es mucho menos frecuente) sin que sea necesario ganarse de forma exhaustiva el acceso pasando por el recibidor o control de mandos.
Cuando los invitados se sienten cómodos, confiados y a gusto, este maravilloso jardín dispone de diversos objetos de distracción, que convenientemente estimulados hacen las delicias de propios y extrñ@s... Todo depende de hasta donde, y como, te permita jugar su dueño y señor.
También hay una puerta trasera a la que, sus absurdos temores, no permiten sacar todo el partido de sus posibilidades… ¿Y si les gusta?...
Se olvidan de que es un sensor más. Un interruptor, que se activa al tacto, sin importar a quién pertenezca ese tacto…
Al igual que en el edificio mujer, ese detalle (el de las preferencias por quien prodigue ese tacto) viene dictaminado, determinado, por el cerebro alojado en la otra cabeza, la del recibidor…
En el edificio hombre, existe otro habitáculo.
Este sí que requiere toda la sensibilidad y atención del visitante para ser descubierto. Suele ser de unas dimensiones considerables, aunque, ignoro el motivo, el dueño del edificio prefiere hacer creer que no es así, y se empeña en mantenerlo oculto…
Es un departamento que podríamos llamar… ¿Desván?… ¿Buhardilla?… ¿El cuarto de los enredos?…. ¿Armario?...
Una especie de contenedor, de saco sin fondo, de santa sanctórum, al que muy pocos tienen acceso, y en el que suelen guardar bajo siete llaves… Relegar incluso y tirar la llave… sus sentimientos más profundos, sus temores, preocupaciones, prejuicios, inseguridades… Pretendiendo hacer creer a quienes le rodean, que no existen… Que él no tiene de eso…
Insisto, pocos, muy pocos amig@s tienen acceso a esa parte de la casa. Si me apuráis, quizá sólo permita la entrada del edificio mujer, que le dio la vida…
Pocos más sabrán qué hay ahí... Tienden a creer que exponer esa parte de la casa, les deja demasiado vulnerables.
En definitiva; el edificio hombre, es agradable a la vista, aunque tiene tendencia a descuidarse un poco, perdiendo a veces parte de su atractivo.
Afortunadamente, los edificios modernos, o los más abiertos y vanguardistas, están poniendo remedio a este hándicap, obteniéndose magníficos resultados… No sin antes vencer prejuicios propios y ajenos.
Sinceramente, es un pacer visitarlos.








tess dijo
Me he reafirmado en mis gustos, tanto con el diseño del edificio hombre del soltero, como con éste diseño tuyo, puedo decir como tú, que es una arquitectura que me atrae enormemente y que es un placer visitarla.
Besos
9 Febrero 2009 | 02:20 PM