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La Coctelera

**LiCeMar**

25 Mayo 2009

En lo bueno y en lo malo... en la salud y... en la enfermedad...

El cava, las ostras, el caviar... La venganza...

Son cosas que se saborean mejor cuando se sirven fríos...

Un reconfortante, pero molesto, rayo de sol le obligaba a tener los ojos algo entornados mientras Amalia daba los últimos toques, con la cuchilla de afeitar, al rostro masculino. Con suavidad deslizó la pequeña toalla por el perfil haciendo desaparecer los copos de espuma finales. Acto seguido, su mano cálida comprobó la perfección del trabajo realizado. Besó dulcemente el pómulo, aspirando el aroma de la loción que acababa de aplicarle, aquella que tanto les gustaba a los dos.

La gratitud se reflejó en la mirada del hombre, todo lo que la luz cegadora le permitía.

Amalia, revoloteo con movimientos efectivos alrededor del lecho para cambiar las sabanas sudadas de la noche, por otras inmaculadas, con olor a limpio y jabón. Un año de inmovilidad, producto de una apoplejía, le había dado presteza en la tarea de cambiar la ropa de la cama de su esposo con él dentro.

Primero, posó el brazo derecho de él en el hombro contrario de ella para, acto seguido, tomar impulso y descargar todo el peso, en horizontal, contra su frágil figura. Mario se sujetó como pudo con aquellos brazos que le transmitían un tacto ajeno, mientras ella sustituía la ropa sucia por la limpia, en la mitad de la cama. En esas condiciones y cegado por la luz de la ventana, aun se sentía mas vulnerable, como el bebé que depende en todo y para todo de su amorosa madre.

Era increíble, aquella débil mujer sacaba fuerzas, no se sabe de donde, y conseguía con habilidad su objetivo.

Suavemente lo depositó mirando hacia el techo. Con diligencia, rodeó el lecho y repitió la operación desde el otro lado. Volvió a dejarlo boca arriba, ancló los puntos de ajuste de la sábana y acomodó el pijama limpio.

Ya con más facilidad, desplegó la sábana superior sobre el cuerpo y tras estirar el cubrecama embozó la sabana trabando todo el conjunto a los pies del colchón. Estiró la ropa y la alisó.

Accionó el mecanismo para incorporar levemente al paciente y acomodó el abundante cabello canoso del hombre.

Mario seguía todos sus movimientos con la mirada; esto y un leve movimiento de dedos, era toda la comunicación con el exterior que le había dejado la enfermedad. Por suerte, o por desgracia, su cerebro había salido bastante bien parado del trance. Era como un pez dentro de una pecera; no paraba quieto, pero no podía ir a ninguna parte... Tenía interminables horas. Interminables días para pensar, pensar, pensar.... Y arrepentirse.... Si él pudiera, se lo diría. Si él pudiera.... Si el pudiera; sabe bien que no se arrepentiría. Sentiría que no había hecho nada por lo que tuviera la necesidad de arrepentirse.... Él siempre había actuado como creía que debían actuar los hombres ¡Cuanta estupidez!...

Amalia dio los últimos toques a la cama, al enfermo y a la estancia. Volteó para asegurarse de que todo estaba a su gusto y se dispuso a salir de la habitación dándose de bruces con su hijo mayor:

-¡Hijo, que susto me has dado!

-De veras mamá, me admira la dedicación que le prodigas en tus cuidados.

-¿Qué quieres hijo? – contestó mientras alejaba al muchacho de la puerta del cuarto- Esta solo y enfermo. – Añadió bajando la voz.

-Está solo, porque él se ha encargado durante toda su vida de quedarse solo. ¿Y enfermo?... También él con sus excesos se lo ha buscado.

-Cariño, no estoy atendiendo a mi marido, ni siquiera a tu padre. Estoy atendiendo a un ser humano indefenso. Además ¿No te parece, justo castigo que él; para el que siempre he sido un inútil e insignificante ser, se vea ahora obligado a depender totalmente de mi?

-Es posible. Pero lo tratas con tanto cariño, con tanto mimo, que me enternece y me subleva a la vez.

- No te dejes engañar, hijo, no te engañes. Si en algún lugar de ese maltrecho cuerpo existe algo parecido a la conciencia, mi actitud también es una venganza y si no... La conciencia que estará tranquila será la mía... Pero insisto, no te dejes engañar...

La mujer se marcho hacia otro lugar de la casa dejando a su hijo contemplando a aquel hombre, que tantas oportunidades perdió de ser un buen padre. Enfermo y desvalido; lo miraba apoyado en el dintel la puerta mientras reflexionaba sobre la conversación:

¿Qué quería decir su madre con aquellas palabras?...

La mañana transcurrió como siempre, entre quehaceres propios del hogar, recados aquí y allá, dentro y fuera de la casa.

Amalia se sentía feliz, incluso era frecuente oírla canturrear mientras desempeñaba sus labores. A veces esto la hacia sentir una punzada de remordimiento:

¿Cómo podía sentirse tan contenta con el panorama que tenía en la habitación de arriba?

Luego se llamaba tonta auto respondiéndose: -¡Porque estoy en todo mi derecho!

A mediodía, cuando la soledad era insoportable, aparecía con la bandeja de los alimentos que la propia Amalia había preparado y que, como a un niño, le haría llegar cucharada a cucharada hasta la boca.

Tras el último bocado, la esposa se incorporó para limpiarle los labios con la servilleta mientras le depositaba un tierno beso en la frente. Recomponía el lecho, para que el paciente se sintiera cómodo y reconfortado. Un sonido a su espalda la hizo volverse:

-¡Hola hija!

-Hola mamá ¿Cómo va todo?- comentó la chica mientras repartía sendos besos.

-Pues ya ves, como siempre.

-De verdad, mamá, te admiro. No se si yo sería capaz

-Claro que si hija, él no siempre te ha tratado bien y sin embargo siempre le das un beso y alguna caricia cuando vienes.

-Si mamá, pero a mí, nunca me golpeó como lo hacía contigo. Como mucho me llevé algún que otro bofetón cuando intentaba intermediar, pero nada más. En cambio a ti, hubo veces que creí que no lo contabas.

-Siempre estuve enamorada de tu padre. Era él el que no me permitía demostrárselo como a mí me hubiera gustado.

-Mi hermano y yo, nunca entendimos esa forma de amar. Nunca comprendimos qué podía tenerte tan atada a él.

Amalia, miró a su hija con una mezcla de decepción e indignación en su rostro mientras respondía:

-Vosotros

-Vale mamá, pero eso tampoco era un hogar

-¿Dónde querías que fuera sin estudios, sin preparación, sin experiencia y con dos mocosos?

-Pero, los abuelos.... Ellos podrían haberte ayudado.

La mujer miró a la chica convencida de que no entendía nada. Eran otros tiempos...

-Mira hija, cambiemos de tema. Este no es el momento ni el lugar.

-Es que cuando te veo tan tierna, tan amorosa, tan dedicada a su cuidado... Se me revuelven las tripas.

-No te dejes engañar, no todo es lo que parece- Añadió mirando a su esposo que asistía impertérrito a la conversación de las dos mujeres... No podía hacer otra cosa... Pero Amalia sabía entender aquella mirada... Sus ojos echaban chispas y el leve movimiento de sus dedos arrugando la sábana, le indicaban que Mario no permanecía impasible.

-Además, no se como lo has hecho, pero has conseguido que sus mejores amigos sigan visitándolo. Con lo celoso que se ponía siempre que alguno osaba mirarte. Cuantas palizas te cayeron a causa de eso.

-Hija, no te dejes engañar, no todo es lo que parece.

-No te entiendo mamá... Aún recuerdo una; que empezó por el absurdo motivo de que, papá, pensó que habías sido demasiado amable con Lorenzo cuando le diste el vaso de agua que te había pedido.

Recuerdo que incluso Lorenzo quiso interceder y le impidió tocarte en su presencia. Lo cual, no hizo más que enfurecerlo aún en mayor medida y cayó sobre ti como un energúmeno en el momento que su amigo se marchó.

Y es precisamente Lorenzo, el amigo que más lo visita.

Amalia, seria, miraba a su esposo. En los ojos de él había furia, tanta que no pasó desapercibida tampoco para su hija, pero solo podía mover compulsivamente los dedos y hacer un puñado con el embozo de la sábana.

-Ay, papá. Genio y figura... Ni siquiera ahora puedes disimular tus celos enfermizos.

El hombre tragó saliva con dificultad y cerró los ojos como si así pudiera dar por terminada la conversación entre las dos mujeres y hacerlas desaparecer de allí. Pero no. Al abrirlos allí estaban y su mujer parecía dispuesta a hacer algo:

-Hija ¿Tienes mucha prisa?

-No mamá, hasta la tarde no tengo que ir a recoger a los niños.

-Quédate conmigo. Tengo unas cuantas cosas que explicarte

La chica asintió y se encaminó hacia la salida del cuarto.

-No, ven, hoy comeremos aquí, así le haremos compañía mientras hablamos. Lo que tengo que contarte él ya lo sabe... ¿Verdad cariño?- dijo girándose hacia el enfermo.

Un nuevo apretón en la sábana fue toda la respuesta con los ojos clavados en ella...

Lo dispusieron todo en la, breve, mesita. La comida de hoy sería ligera y frugal. Una excusa para confidencias entre mujeres....

-Hija no pienses, ni por un momento, que he olvidado todo lo que tu padre nos ha hecho vivir.

-No lo parece

-No te lleves a engaño... Escucha, escucha... No creas que he perdonado todos los moratones, todas las vejaciones ni todas las excusas que he tenido que dar a lo largo de mi matrimonio para explicar mis heridas y cicatrices.

Al principio no fue así y como toda esposa joven e inexperta confiaba en que aquello no se repetiría. A veces incluso lo justificaba creyendo que yo había hecho algo para molestarle.

Cuando quise darme cuenta, de que aquella no era la forma de demostrar amor, ya estabais vosotros dos en el mundo y, créeme, no era fácil...

-Pero... ¿Y los abuelos?...

-Los abuelos eran mayores y de una época en la que el matrimonio era para toda la vida.

Hasta se veía normal y una muestra inequívoca de cariño, el que tu marido te soltara alguna que otra bofetada.

Nunca pude contar con ellos. Ya sabes que tu padre, cuando quería, podía ser encantador. Siempre lograba conquistarlos... La cruz de su carácter la guardaba para nosotros...

-¿Y entonces?...

-El resto ya lo sabes. Tú vivías aquí

-Pero... ¿Esto es lo que querías contarme?

-No hija, no hace falta, esto lo conoces tan bien como yo. Lo que yo quiero que sepas, es que no te debes dejar engañar por las apariencias.

Vosotros crecisteis y os faltó tiempo para abandonar el hogar. Precisamente porque esto no era un hogar. Yo hubiera hecho lo mismo.

Eso me dio el valor que me faltaba para determinar que quería separarme de él. No quería seguir viviendo con un monstruo de dos caras.

Al poco de quedarnos solos, aprovechaba las salidas de tu padre para buscar un lugar donde refugiarme. Incluso apalabré un par de escaleras para fregar y poder mantenerme cuando decidiera dar el paso definitivo.

Un día, cuando él salió a su trabajo, escribí una carta vomitando toda la amargura de mi alma y dejándole claro que ese día salía definitivamente de su vida. Cogí la maleta que llevaba varios días hecha en el fondo del armario y salí dispuesta a olvidar finalmente estas cuatro paredes de mi desdicha.

Cuando regresó, a altas horas de la noche como tantas otras veces, se encontró con mi nota. Eso, su orgullo de macho herido y mi ausencia fueron demasiado para él. El exceso de alcohol que había en su cuerpo hizo el resto...

-No sabía nada de una nota.

-Hortensia me ayudo a decidirme a dar ese paso. Ella conocía bien el infierno en el que yo vivía. Ya sabes que las paredes de este edificio no son muy consistentes.

Cuando salí esa mañana, ella fue la única persona que conocía mis señas. Le tenía confianza y sabía que jamás se las daría a él.

Casualmente esa noche tu hermano vino a buscar no se qué y se encontró con tu padre en el suelo. A Hortensia fue a la primera persona que llamó. Al entrar, nuestra vecina y ver el cuadro que se extendía ante ella, en lo primero que se fijó fue en el papel arrugado que había en sus manos. La cogió, la miró y cuando supo de qué se trataba la guardó en su bolsillo y llamó a la ambulancia.

Tu hermano se fue con él y ella me llamó por teléfono contándome lo que había pasado. Luego me dio el papel a mí y yo lo destruí.

Cuando los médicos me contaron lo que le ocurría a tu padre, sabiendo que estaba solo, no tuve más remedio que volver aquí.

Ya sabes; en lo bueno y en lo malo. En la salud y en la enfermedad.

-¡Dios mío, mamá! ¡Qué poco te duró la libertad!...

-No te equivoques, cariño- Dijo la mujer acariciando el rostro de su apesadumbrada hija- Mi libertad empezó entonces. Nunca he sido más libre que ahora.

-Pero; si tienes que estar pendiente de él.

-No más que lo estuve siempre de vosotros.

-Si pero... No tienes la ayuda de nadie

-Tampoco la tenía entonces. Pero hace un año que no me pongo a temblar cada vez que oigo la puerta de la calle. Hace un año que hago lo que quiero con mi tiempo sin temor a tener que rendir cuentas. Un año, que duermo tranquila en mi cama sin que nadie quiera tomar por la fuerza lo que no le quiero dar.- Esto último lo dijo mirando directa y fríamente a su esposo – Cuidándolo no hago mas que prodigarle el amor que tenía para él y no me dejó darle durante nuestra convivencia.

-Pobre mamá, pero estás sola

-Como llevo diciéndote desde hace tiempo, no te lleves a engaño- La hija la miraba sin entender- La vida, después de todas las desdichas me ha concedido el placer de la venganza. Si, venganza. No me mires así. No estoy tan sola. Como tu bien has observado, Lorenzo nos visita con frecuencia.

El siempre me ha tratado con normalidad. Después de aquella pelea delante suyo, se dio cuenta de mi situación y las pocas veces que coincidíamos fue muy atento y afectuoso conmigo. Yo lo achacaba a que, posiblemente debía sentir lástima, pero sus atenciones fueron haciendo mella en mi. Al principio pensaba que era porque sentía gratitud. Él era el único que me trataba como a una persona... No pasó de ahí.

Cuando tu padre tuvo el ataque, empezó a venir a visitarlo y se entabló entre nosotros dos una bella amistad, que poco a poco fue derivando en algo más. Un día estábamos los dos contemplándolo desde los pies de la cama y de pronto Lorenzo me dijo: -Este cabrón, no merece tenerte- e impulsivamente me abrazó y me besó delante de sus narices con toda la pasión contenida durante tanto tiempo. Yo al principio no supe como responder, pero su insistencia sus ganas y mi ayuno me hicieron sucumbir a aquel beso.

Ahhh... No se qué disfruté más, si aquel tórrido y anhelado abrazo, o que por fin después de tanto hacerme sufrir por sus sospechas infundadas, ahora se iba a convertír en realidad la peor de sus pesadillas. Así, delante de sus ojos y no podía hacer ni decir nada para impedirlo...

-¡¡Mamá!!... Pero, pero...

-Paula, cariño siempre le fui fiel, en todos los sentidos, pero nunca supo valorarlo. Se regocijaba humillándome, sin importarle quién estuviera presente y creyendo siempre lo peor de mí. Por fin la vida, después de tantas putadas, me daba la oportunidad de resarcirme. Me lo estaba entregando en bandeja para poder cobrarme algunas deudas.

-¿Y Lorenzo?

-Después de aquel beso vinieron más. Le amo, me encanta su forma de abrazarme de acariciarme, amorosa, atrevida, sensual. De esa manera que le hace sentirse a una mujer, mujer. Pero además, su tributo a la venganza era hacerlo en su presencia. Como disfruta haciéndole morder el polvo. Le gusta darle motivos de verdad para sus celos... Y a mí que lo haga... - Paula no podía creer lo que su madre le estaba contando- Ya sabes unas caricias traen otras y el fuego se va encendiendo. Mi cuerpo, tantas veces maltratado y menospreciado necesitaba de ese calor y la cosa fue a más y mas y...

-¡¿Aquí?!... ¡¿Delante de él?!- La chica no podía creerlo- ¡Qué crueldad! ¿Legasteis a...?

-Lorenzo quería... Pero mi pudor y quién sabe, quizás compasión, me lo impedía. Así que nos fuimos al otro cuarto, pero yo me cuidé muy bien de dejar las puertas abiertas... Así la habitación se ventilaría... Y yo pondría todo de mi parte para que no le quedara ni una sola duda sobre lo que estaba ocurriendo al otro lado de la pared... Me empleé a conciencia para que no se perdiera ni un solo de nuestros jadeos, de nuestros suspiros... De mis gemidos, aquellos que podían haber sido suyos...- dijo mirando fríamente al hombre postrado- Estoy segura que, desde aquel día, no se ha perdido ni una sola nota de nuestras sinfonías de vida... Ni un solo movimiento de nuestra danza del amor... La danza de amor que pudo haberle pertenecido... La danza de amor y resentimiento que cada tarde represento solo para él...

Amalia calló cuando el nudo en su garganta amenazaba con ahogarla. Sus ojos acuosos de rabia y frustración se encontraron con los de él. Paula siguió esa mirada para encontrarse con un hombre cuyas manos estrangulaban crispadas el embozo de las sábanas. Cuando atinó a cruzar su mirada con la del padre, de los ojos centelleantes de aquel mosntruo en decadencia, cayeron dos gruesas lágrimas que ardían al pasar por sus mejillas hasta caer en la pechera del pijama.

La chica no sabía que decir, ni de qué parte estar. ¿Cómo hubiera actuado ella en una situación semejante? Habían sido demasiados años de sufrimiento...

- ¿Y Marcelo?

-No. Tu hermano no sabe nada- Interrumpió Amalia – Al fin y al cabo él es hombre y aún encontraría un motivo de disculpa y de descarga para tu padre en mi acción

-Pero es que yo tampoco se que postura tomar

-Ninguna, hija ninguna....Como siempre- Esto último se quedó para sus adentros- Ya ves que lo tengo bien cuidado y no le falta de nada, tiene todo lo que necesita. Todo lo que él siempre quiso... Mi servidumbre. En sus palizas siempre me decía que la vida me había creado para servirle a él... Y eso hago...

Lo otro es para que sepa lo que pudo haber encontrado en mí si nuestras vidas hubieran sido de otro modo. Si él hubiera dejado que fueran de otro modo... Si hubiera sabido apreciar lo que tenía...Yo siempre le he amado.

Con sentimientos encontrados la muchacha se incorporó y recorrió la distancia que la separaba de la cama y después de besarlo tiernamente le secó las lágrimas con el dorso de su mano.

Paso junto a su madre sin saber que hacer, no quería juzgarla. Optó por salir lo más a prisa que pudo de aquella casa. Necesitaba aire, aire fresco. Abrió la puerta para salir, dándose de bruces con Lorenzo. Inmóvil, como si hubiera recibido un golpe en la frente, se lo quedó mirando sin poder articular palabra. Haciéndose a un lado lo dejó pasar, consciente de lo que iba a ocurrir en breve entre aquellas paredes...

Tenía que pensar... Tenía que pensar...Tenía que pensar en todo aquello...

servido por Lidia 10 comentarios compártelo

10 comentarios · Escribe aquí tu comentario

tess

tess dijo

Ufff, relato bueno, de peso, como lo que acostumbras a darnos.
Uff, tema para pensar en que lado estaríamos en una situación así, si seríamos capaces de seguir cuidando al que nos destrozó antes y otro punto, si haríamos lo que la protagonista, servir la venganza fria y en bandeja de plata...
ufff déjame pensar.

Besos, super bruja.

25 Mayo 2009 | 05:15 PM

kilifa

kilifa dijo

Yo no soy vengativa, no sé hasta que punto me parecería bien que me contaran algo así...prefiero que me lo oculten.

súper guapa, me ha gustado, y te hace pensar.

besitos bruji

25 Mayo 2009 | 08:35 PM

Lidia Cervantes

Lidia Cervantes dijo

¡¡Tess, Kili!!! Je je je je...dos de mis brujis favoritas... Son mis heroínas, no las puedo dejar mal paradas... Aunque reconozco que esta es un peliiinnn perversa, pero oye... tantos años de sufrimiento merecen una recompensa y un castigo... Cada uno tiene lo que se merece.
je je je je venganza de bruja, mala baba je je je.

Besos par de dos bujis

25 Mayo 2009 | 09:26 PM

kilifa

kilifa dijo

buenooooooooo, pero es que me dá penita el hombre...

creo que me queda mucho que aprender aún!!!

25 Mayo 2009 | 09:40 PM

Lidia Cervantes

Lidia Cervantes dijo

¿Por quéee?... está acompañado, limpio, bien cuidado, bien alimentado, bien atendido... mucho más, infinitamente mucho más, de lo que tuvo ella a su lado... ¿O no? je je je ;oP
Besitoooosss... guapa

25 Mayo 2009 | 09:45 PM

kilifa

kilifa dijo

que si, que estoy deacuerdo...pero como que no me hace mucha gracia que sea muy largo...y ya lleva un año, no?

Seguro que ese infeliz, quiere morirse!!!
matalo!!! venga, dejalo ya brujaaaaaa

25 Mayo 2009 | 09:49 PM

kilifa

kilifa dijo

me referia en el relato, no que lo mates de verdad...jijiji

25 Mayo 2009 | 09:50 PM

Lidia Cervantes

Lidia Cervantes dijo

Ja ja ja... en el relato puedo hacer lo que prefieras.. no sé... ¿Palillo bajo las uñas?... ¿Depilación púbica con pinzas?... ¿Audición ininterrumpida del Chikilicuate y su chiqui chiqui? porque el chiquichiqui de Amalia y Lorenzo, lo oía cada tarde... No sé, lo que quieras...

De verdad no, no je je primero por que no existe, bueno sí hay muchos, pero este concretamente no existe, y si existiera... Pues pa qué nos vamos a engañar, tampoco soy capaz... Si es que esta bruja es una birria, y más bnadengueee... buajj..

Besos so guapa, que estás hoy pletórica, se te nota.

25 Mayo 2009 | 10:25 PM

lilian fernandez

lilian fernandez dijo

Desde luego es para pensar y razonar bien, la vida a veces nos pone en el camino quien nos ha hecho daño, y porque no dar una cucharada de la propia medicina, al fin y al cabo en esa situacion estaba cuidado estaba mejor de lo que se merecia No se es complicado y desde luego nadie sabe como comportarse hasta que se ve en la situacion
BESAZOS

25 Mayo 2009 | 11:08 PM

kilifa

kilifa dijo

depilación púbica con pinzas?
joer, que cruel eres!!!

casi que dejalo como está, que está muy bien...

buf, que daño, dios!!!

26 Mayo 2009 | 10:46 PM

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No soy lo que buscas, soy lo que encuentras... En definitiva, soy; con eso tengo bastante... Mas vieja de lo que me gustaría, pero bastante más joven de lo que les gustaría a mis "amigas"... ¿Mis aficiones?... Pues depende: Unas son más caras de lo que me puedo permitir. Para otras, (la mayoría) dependo sola y exclusivamente de mi misma: mi garganta, mi imaginación, mis manos, mi esfuerzo... Einstein y yo estamos estrecha, íntimamente ligados; por la ley de la relatividad: Soy relativamente alta, relativamente guapa, relativamente delgada (aplíquese aquí el mismo varemo que con lo de la juventud...) relativamente feliz... Y no me quejo... Relativamente.......

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"LE DI UN BESO A UN PRÍNCIPE Y...

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Primero cogieron a los comunistas, y yo no dije nada porque yo no era un comunista. Luego se llevaron a los judíos, y no dije nada porque yo no era un judío. Luego vinieron por los obreros, y no dije nada porque no era ni obrero ni sindicalista. Luego se metieron con los católicos, y no dije nada porque yo era protestante. Y cuando finalmente vinieron por mí no quedaba nadie para protestar.
Bertolt Brecht

El peor analfabeto es el analfabeto político, El no ve, no habla, No participa de los acontecimientos políticos, El no sabe que el costo de la vida, precio del poroto, de la carne, de la harina del alquiler, del remedio, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece e hincha el pecho diciendo que odia la política. No sabe el imbecil que de su ignorancia política, nace la prostituta, el niño abandonado, el asaltante y el peor de los bandidos, que es el político corrupto y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales...
Bertolt Brecht


Hay hombres que luchan un día y son buenos, hay otros que luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles...
Bertolt Brecht



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