Érase una vez, en Ibiza...
En ocasiones me pregunto... ¿Hay lugares, o hay viajeros?... ¿Lugares que hacen a los viajeros, o viceversa?...
No lo sé. Lo cierto es que no lo sé; pero jamás he enfocado unas vacaciones con menos entusiasmo que estas ¡De veras! Tan de veras como que jamás he estado más contenta de ceder y hacer algo por lo que no conseguía ilusionarme (por más que tres buen@s amig@s se empeñaron en hacerme ver todo lo positivo)
El caso es que fue poner los pies en la isla, e iniciar una especie de metamorfosis involuntaria. Una conversión que estaba teniendo lugar en mi interior. Motivada, sin lugar a dudas, por ese exterior que iba filtrándose, poseyéndome con total descaro, a través de los sentidos.
La llegada al apartotel, como cabía esperar, fue a horas intempestivas, puesto que a horas intempestivas ya fue el vuelo pero... ¿A qué hora, si no, va a volar una bruja que se precie?... Total; vuelo a las 12, pues llegada al hotel a las 3 de la madrugada... je, je, je... Costó coger un taxi, y el lugar de destino Port Sant Miquel, es uno de los más alejados de la zona del aeropuerto.
No importó, ya puestos, nos permitiría gozar de una visión nocturna de la isla. Para una noctámbula empedernida como yo, un buen comienzo. Sin duda.
Fue curioso, extraño y gratificante. Tan gratificante como el primer baño a la luz de la luna en la piscina situada justo al lado de nuestro apartamento, separada de este únicamente por el pasillo de acceso a la misma. Primer baño de luna al que seguirían otros, uno cada noche, a veces en la misma piscina, otras veces en el mar, cualquier mar; ya fuese en el de la cala del
complejo hotelero (muy respetuoso con el entorno, por cierto) ya fuese en el mar que me pillase más a mano cuando me apetecía bañarme. A menudo, tras una deliciosa cena... Je, je, a los curios@s les digo que, mi traje de baño, ha salido de la maleta lo justo e imprescindible... Cada baño, una inhibición menos, a cada zabullida un complejo más que se desprendía de mi cuerpo, de mi mente, y se iba a pique. Todos, se han quedado allá. He decidido no permitir nunca más que mi físico vuelva a ser el arma subliminal con la que se me intenta anular.
Quizá no soy lo que apetece ver, pero esto es lo mucho que hay por fuera. Si es grande, pasen y vean; el interior es mucho mayor. Sólo hay que tomarse la molestia de querer verlo...
Sí, sí; hasta ahí llega esa metamorfosis de la que hablaba al principio.
No soy muy dada a tomar el sol ¿Para qué? Tomar color es para mí una batalla perdida (¿o quizá ganada?) así que me lo tomo con filosofía; tanto al sol como al bronce... Nada, o es de oro, o no recojo el "óscar"... O sea, que si, he tomado algo de color, pero ha sido el que se me ha pegado al pasear durante el día, pero nada más. Mis baños eran básicamente de luna, y más allá de la media noche. ¡Chic@s qué queréis? Me resisto a pasar más calor del estrictamente necesario.
Como estrictamente necesario era pasarlo, al visitar el mercadillo hippie de "Es Canar" Un lugar pintoresco donde los haya, al que el consumismo ha restado algo del genuino encanto artesano de sus inicios, pero no todo. Por lo que pude ver, los auténticos hippies, como los viejos roqueros, nunca mueren.

Nuestro deambular entre los múltiples y coloridos puestos, estuvo acompañado en todo momento por músicas exóticas que nos hablaban, no de otros mundos lejanos, si no, de todos los mundos a la vez y que están aquí. Pude escuchar al unísono el fluir armonioso de didgeridoos australianos, han-drums, flautas de pan andinas, así como bajos eléctricos y baterías convencionales, sin desentonar en absoluto en el conjunto total.

A medida que iban pasando las horas, se iban añadiendo nuevos instrumentos; los de los casuales visitantes que se unían al grupo, haciendo que la multiculturalidad, fuese por momentos un poco menos utopía.
Sin duda, el mar, elemento omnipresente en toda la isla, con su sonido, su olor y su transparencia ha servido de base para hallar el sosiego necesario. Un punto de inflexión en el ajetreo diario, que permite ver las cosas desde otra perspectiva.

Como veis, no os estoy haciendo un recorrido al uso por mi lugar de vacaciones, si no que estoy describiendo lo que esos días de descanso han hecho en mí.
Por eso preguntaba al principio si existen lugares que predisponen. Es cierto que yo necesitaba un cambio de chip, pero quizás el lugar de destino también se prestaba a ello; esas casitas blancas, esa tranquilidad, los amaneceres y los atardeceres, al ambiente desinhibido de sus gentes... Yo que sé, el caso es que he vuelto encantada y con las pilas... bien recargadas... bufff.... Ya tan recargadas.

El día, tocaba a su fin... Y el viaje también...













kilifa dijo
Me alegro que hayas cargado las pilas.
Ay el mar!!
Yo estube ayer y tambien me sentó genial.
Besitos bruji, me alegra muchísimo tu vuelta.
Que linda se vé Melody en esa foto!!
Y que dice ella? disfrutó?
3 Agosto 2009 | 10:33 AM