Llevábamos ya varios meses en Gran Canaria y habíamos decidido pasar el fin de semana en Fuerteventura. Para ello, optamos por desplazarnos en ferry el cual tardaba unas 8 horas en el trayecto, por lo que elegimos tomarlo al atardecer, dormir en el barco, y llegar descansados a Puerto del Rosario por la mañana. Claro que había otros medios más rápidos, pero nuestros recursos eran los que eran, así que bueno, ya nos pareció bien.
En el camarote me sorprendió (nos contrarió) que, “la cama doble”, fuesen dos literas. Pero como estaba completo no pudimos cambiar nada. Así que, como suelo hacer...
Al mal tiempo buena cara... O salida inmadura. Como queráis… El caso es que me hacía gracia dormir en la litera de arriba. Para mí era toda una novedad… Je je je… Ya digo… Y es que, aun ahora, en este tipo de cosas sigo siendo igual. Hasta el punto de que, en ocasiones, es mi hija la que me llama al orden a mí…
Bueno, a lo que iba, que me desvío.
Con esta fantasía que me caracteriza, yo ya me imaginaba una noche a lo “Vacaciones en el mar”. Por eso me había preparado mi mejor conjunto de salto de cama; largo, blanco, sexi y… De satén…
Je je je je… ¡Qué ilusa! Claro, yo no contaba con que iba a dormir (es un decir) en el camarote de Popeye… Para acabarlo de arreglar, el mar esa noche, estaba bastante revuelto… Total que; el solo hecho de subir a la litera, que estaba colocada en el sentido de la marcha del barco, se convirtió en toda una odisea a causa del balanceo marino y de lo que resbalaba el dichoso satén....
Pero no creáis que eso fue todo, noooo... Una vez arriba, la faena era mía para mantenerme quieta en el mismo sitio. El movimiento del barco y lo resbaloso del camisón me lo estaban poniendo realmente complicado… ¡Cielos! Era como intentar agarrar una pastilla de jabón con las manos mojadas…
Cuando el barco levantaba la proa, yo me deslizaba sin poder evitarlo y daba con mis pies en los pies de la cama… je je je pero luego venía el movimiento de compensación… Cuando el barco levantaba la popa, era mi cabeza la que chocaba contra el cabezal… ¡¡Aggg!!… Si seguía así, mi cabeza acabaría pareciendo un meteorito al día siguiente por los chichones... ¡Na que el puñetero satén no me permitía parar quieta!… Menos mal que el ojo de buey estaba cerrado, que si no, igual hasta naufrago…
Carlos dijo
Linda Lidia:
Jajaja. Las literas no tienen secretos para mi. Dormí en una de ellas hasta que salí de casa, por lo que te aseguro que una superado el temor a las alturas, se pueden hacer auténticas virguerías.
La ropa interior, de satén, seda..y muy sexy, ha de dudar puesta aproximadamente 4,33 segundos, así se evitan males mayores, como deslizamientos en plan tostada vuelta del revés (como ya has comentado), principio de asfixia por el tirante del camisón que envuelve el cuello cual cordón umbilical en un parto complicado, sujetador que es más difícil de quitar que a Rajoy de la oposición, acabando al final pegando tirones por atrás que acaban espachurrando a la propietaria de la prenda, braguitas de encaje tan ajustadas que se fusionan a la carne como una segunda piel y quedan más difíciles de quitar que las de una gamba en una paella...
En fin, menos mal que siempre es aprovechable el vaivén del navío para hacerlo coincidir con los movimientos de...ya me entiendes. Y como dices, si encuentras a qué agarrarte con uñas y dientes (uyyyyy), pues seguro que saliste airosa del envite (fíjate que habilísimo doble sentido).
Un besote, Lidiadora guapa.
Carlos.
20 Agosto 2009 | 04:01 PM