Martinica... La isla de las flores.

Martinica es una porción de Francia situada en los trópicos. Los isleños siguen los dictados de la moda parisina, consumen baguettes y croissants y pagan con euros. Sin embargo, la música zouk que suena en los aparatos magnetofónicos, los bares y las salas de fiesta nos recuerda que sus habitantes tienen una cultura propia, imbuida sólidamente en las tradiciones criollas de las Antillas.
Su capital, Fort-de-France, una urbe moderna y elegante de cien mil habitantes, constituye la mayor de las Antillas francesas. Gran parte de la isla está urbanizada, y sus ciudades más relevantes podrían confundirse con modernas barriadas. No obstante, casi una tercera parte está ocupada por bosques, y otras muchas zonas están destinadas al cultivo de piñas, plátanos y caña de azúcar. Aún es posible encontrar algunos pueblos de pescadores y playas apartadas, así como multitud de senderos por las montañas.

Su animado Mardi Gras (martes de Carnaval) se celebra todos los años entre febrero y marzo durante los cinco días que preceden al miércoles de Ceniza. Las calles están permanentemente abarrotadas de gente que desfila disfrazada al son de todo tipo de música. Gran parte de la actividad se centra alrededor de la Savane en Fort-de-France. Saint-Pierre conmemora el 8 de mayo la erupción de la montaña Pelée, con conciertos de jazz y una procesión con velas desde la catedral.
También se organizan eventos deportivos relevantes, como el Tour de Martinica, una carrera ciclista que se lleva a cabo durante una semana a mediados de julio; el Tour des Yoles Rondes, competición de barcos de vela tradicionales que se celebra la primera semana de agosto; y un semi-maratón alrededor de Fort-de-France que acontece en noviembre. Los amantes de la música pueden disfrutar del Festival Bienal de Jazz de Martinica, previsto una semana de diciembre los años impares, o del Festival de Guitarra, los años pares.
CULTURA:
Pese a la omnipresente influencia francesa en su cultura, las tradiciones criollas de las Antillas francesas prevalecen en la gastronomía, el lenguaje, la música y las costumbres de la isla. Aunque el idioma oficial es el francés, la mayoría de los isleños habla también el dialecto criollo, que surgió de la lengua franca empleada por los primeros colonizadores para comunicarse, unida a las influencias de las lenguas utilizadas por los esclavos africanos.

El biguine, danza afro-francesa con ritmo de bolero, nació en Martinica hacia 1930. Una creación más contemporánea de las Antillas francesas, el zouk, está inspirada en el biguine y en otras danzas folclóricas franco-caribeñas. Con su ritmo de carnaval y una danza insinuante, el zouk se ha vuelto tan popular en Europa como lo es en el Caribe francés.
Un movimiento literario y filosófico conocido como négritude (negritud) surgió en los años treinta, principalmente a través de las obras de Aimé Césaire, poeta y alcalde de Fort-de-France entre 1945 y 1993, cuando se retiró de su actividad política. El movimiento négritude perseguía fomentar los valores sociales y culturales de los negros y reestablecer vínculos con las tradiciones africanas que habían sido suprimidas con el colonialismo francés.
Martinica, una diminuta isla del Caribe oriental, está bañada por el mar del Caribe en sus costas occidental y meridional y por el océano Atlántico en la zona oriental y septentrional. Hacia el Norte se encuentra la isla de Dominica; en el Sur, Santa Lucía.

Su territorio está formado por colinas, mesetas y montañas y ocupa unos 65 km de largo por 20 de ancho. La montaña Pelée es el pico más alto, con 1.397 m; se trata de un volcán activo ubicado en el extremo norte. El centro de la isla está dominado por los montes Pitons du Carbet (Crestas del Bohío), una cadena montañosa de 1.207 m de altitud.
Martinica alberga un gran número de plantas con flores de vivos colores, y el tipo de vegetación varía según la cota y la frecuencia de las lluvias. En el interior septentrional las laderas de las montañas están cubiertas de selva tropical, compuesta de helechos, campos de bambú, viñas trepadoras y árboles de hoja caduca, como la caoba, el palisandro, la acacia y el danto amarillo. Su zona meridional, más seca, cuenta con la típica vegetación de sabana: cactus, jazmín de las Antillas, bálsamos y arbustos de acacia y palo campeche o de tinte. Habitan lagartos, zarigüeyas, mangostas y serpientes venenosas de la especie terciopelo. Entre las aves en peligro de extinción figuran la gallina de agua endógena, el trembler y el thrasher de pecho blanco.

La isla destaca por su clima cálido y soleado, con temperaturas medias entre los 21 y los 28°C en enero o julio. Las lluvias fuertes acontecen durante unos trece días en abril, el más seco, y aproximadamente el doble en septiembre, el mes más lluvioso. La humedad media de Martinica es elevada: desde un 80% en marzo y abril al 87% de octubre y noviembre. El interior septentrional, más montañoso, es más fresco y lluvioso que la costa.

Despues de este recorrido, estoy convencida de que nadie pondrá en duda que, nacer aquí, puede ser considerado todo un privilegio... ¿No os parece?










tess dijo
Pues como nacer ya no puedo, no me importaría nada pasar unas vacaciones en un lugar que es lo más parecido al Paraiso soñado.
Precioso post para callar bocazas y abrir otras de asombro por la belleza.
BesoTess ay ay ay (alguien seguro que lo entiende)
29 Octubre 2009 | 01:48 AM