Es el destino quien nos escoge........ (Especial para esta noche)
¿Qué estaba haciendo allí?... ¿Por qué estaba todo en penumbra?... ¿Por qué estaban todos tan abatidos?...
Desde su ángulo no podía ver mucho más. Lo intentaba, pero tuvo que dar unos cuantos pasos. Se paró en el umbral, ahora podía ver el enorme cristal al fondo que separaba la estancia, de otra más reducida y algo más oscura.
A este lado, una decena, quizás alguna más, de personas. Hacían corrillos de pie hablando, más bien susurrando. Otros sentados con el rostro sombrío. Allá cerca del vidrio, también sentada, una mujer, ligeramente reclinada, cuyo rostro ocultaba en el hueco de las manos. Las leves sacudidas de sus hombros revelaban unos sollozos contenidos…
Entró unos pasos más… Que curioso, le pareció que todo era gente conocida; muy conocida. Amigos, compañeros… ¡¿Sus hermanos?!!... ¡¿Qué hacían allá sus herm…?!... Pero… La mujer llorosa… ¡Era su esposa!... ¡¿Qué diablos estaba pasando?!...
De dos zancadas se puso delante de la cristalera. Al otro lado… Un ataúd… Y dentro… ¡¡Él!!... Desesperado, empezó a golpear el cristal gritando su propio nombre, intentando en vano despertar al yacente. Pero nadie se movía. Era como si nadie le oyera, como si nadie lo viera, como si…
La angustia creciente lo agitaba, le hacía sudar… Al otro lado había alguien. Una… Una figura femenina que permanecía inmóvil. De espaldas…
Tomó impulso. Quería traspasar como fuese la pared transparente… Al tremendo golpe, la extraña se giró dejando a Ernesto petrificado… Era ella… La innombrable… La que cuando nos visita se acaba todo… La reina de las tinieblas… Su horrendo rostro dibujaba una sonrisa burlona:
- ¿Has venido a la cita?... Es demasiado pronto…
Con un gesto de cabeza señaló el reloj digital de la pared que también marcaba los días… ¡¡Las 24 h. Del día 31 de octubre de ese mismo año!!... ¡Tres días más tarde!...
Catapultado y sudoroso se sentó en la cama. Agitado, con la respiración aun entrecortada. La sacudida en el lecho fue tal que Irene se despertó tan sobresaltada como él…
-¡¡Ernesto!!... ¡¿Qué te ocurre?! ¡¿Qué tienes?!
-Era yo… Era yo… Irene, era yo…
-¿El qué eras tú?... ¿Quién eras tú?... Has tenido otra pesadilla… ¿Otra vez te has visto?... Vamos, cariño- le arrulló para calmarlo- todo ha sido un mal sueño, ya está, todo pasó.
-¡Dios mío, Irene!... Era tan… Tan real…
-Pero ya pasó. ¿Quieres que te traiga un vaso de leche caliente? Eso te calma, ya lo sabes de otras veces.
-He vuelto a verme sí… Pero esta vez ha sido por que nunca… Estaba dentro del féretro... Todos me velabais, y la figura de la muerte estaba al lado de la caja... Ella me ha hecho mirar el reloj calendario y… y… Eran las doce de la noche, de dentro de tres días…
-Si, es angustioso, lo comprendo. Pero solo es un sueño, no le des más vueltas. No te obsesiones o se repetirán una y otra vez las mismas pesadillas. Debes intentar sobreponerte a tus miedos. Son ellos los que te inducen estos sueños.
Tomó la leche tibia, consiguió tranquilizarse, pero le costó volver a dormir, y cuando lo logró fue un dormitar agitado.
Al día siguiente, su organismo, pero sobre todo su humor, se resentían. Arrastró durante todo la jornada el cansancio del mal dormir y la angustia de aquella pesadilla tan vívida.
Siempre le había preocupado el tema de la muerte, pero debía reconocer que en los últimos años, sin saber por qué, se había dejado invadir por una serie de supercherías que le estaban obsesionando. Quizás las muertes violentas o tempranas de gran parte de su familia tuvieran la culpa.
Sonó el teléfono, tal era la tensión de su cuerpo que esto le hizo saltar
- ¡Dios mío, estas como las cuerdas de una guitarra!- pensó mientas descolgaba el auricular: -¿Sí?...
-Hola querido… Después de la noche que has pasado, no sé como decirte esto...
-Di lo que debas, ya estoy mejor- mintió- pero no te pongas tan seria, me estás preocupando…
-Ay, Ernesto, cuanto siento tener que darte esta noticia…
-Pero habla mujer. Me estás alarmando…
- Amor mío; es Daniel, tu tío… Ha tenido un accidente esta mañana y ha…
-¡¿Muerto?!... La respuesta afirmativa del otro lado del auricular lo dejó helado, sin poder moverse. Como si le hubieran dado con una barra de hierro… -¡¡Dios!!... Pero… ¿Cómo ha sido?... Es muy joven… Era…
-Parece que iba a demasiada velocidad. En una curva perdió el control y se precipitó por el acantilado… Los siento… De veras que lo siento cielo…
-Era el único que quedaba de la familia de mis padres. Otro más en la lista de muertes atroces… ¿Cuándo es el … - le costaba decirlo- ¿Se sabe cuando será?
-Sí. Hoy le harán la autopsia y parece que el sepelio será pasado mañana, para darles tiempo a llegar a tus primos. Lo siento… Lo siento…
-Lo sé querida, lo sé. Tranquilízate. Salgo ahora mismo para ahí.
Durante el trayecto a casa, no podía dejar de pensar en su sueño y la coincidencia con la terrible noticia… ¿Sería premonitorio?... ¿Le estaba avisando de eso?... Conducía con sumo cuidado. Siempre lo hacía, pero en esos momentos con mayor razón. Se había convertido en obsesivo; ni números trece, ni gatos negros, ni pasar bajo escalera alguna, si era necesario daba un largo rodeo para no hacerlo.
Al principio, eran pequeñas manías sin importancia. Incluso un motivo de de diversión a su costa para amigos y parientes. Pero, poco a poco se había transformando en una tortura, algo que lo atenazaba cada vez que tenía que salir de casa, que condicionaba todos sus actos en la vida diaria. Pendiente de que, lo que hacía o comía, fuera saludable.
Sin duda, la larga lista de enfermedades terminales, o de accidentes fortuitos que habían ido acabando con su familia, le habían predispuesto a aquella superstición…
En el tanatorio, la sala de vela lo dejó petrificado. Irene estaba agarrada a su brazo y notó la repentina tensión. Alzo la vista y percibió el incipiente brillo de su frente…
-Cariño… ¿Qué te ocurre?... Él la miro angustiado, apretando la mano femenina que descansaba en su antebrazo…
-Irene… Era esta…
-¿El qué?... ¿Qué era esta?...
-La habitación de mi sueño del otro día… Era esta… No me cabe duda… Era esta… El féretro era igual… La distribución de la estancia, la misma… Hasta la hora y el día del reloj de la pared… Solo que en esta ocasión son las 12 h… Pero del medio día…
-Quizás eran esas 12… Las del día…
-No… Lo recuerdo perfectamente… Marcaba las 24 h…. Algo me dice que este también lo hará... Deseaba poder quedarse a comprobarlo… En diez minutos sabría si aquellos dígitos cambiarían al número uno, o al trece… Comprobar esa bobada, le tranquilizaría… o no… Se sacudió ligeramente, para salir de sus pensamientos… Vamos Ernesto… Ya te estás dejando llevar otra vez por tus miedos… Se decía obligándose a no pensar.
No pudo comprobar el reloj. La comitiva desfilaba ya dirigiéndose al cementerio situado tras el edificio destinado a velar a los difuntos.
Al entrar al recinto, se detuvo en la verja metálica que daba acceso. Era baja, a Ernesto le llegaba poco más arriba de la cintura. A cada lado unas columnas sencillas, cuyo único fin era hacer de soporte para la puerta. Estaban culminadas por un par de farolas de aspecto modernista. Ellas permitían hacerse una idea de la antigüedad de aquel cementerio. En la columna de la derecha, delante de la farola, había un angelote cuyas manos sostenían algo parecido a una urna, la ranura superior, le hizo suponer que aquello estaba allí esperando la voluntad de los concurrentes. Seguramente lo emplearían para mantener en perfectas condiciones el lugar… Instintivamente, rebuscó en su bolsillo, sacó una moneda y… En el preciso instante en que iba a dejarla caer en la ranura:
-¡¡No!!... Ernesto pero qué haces…- uno de los hijos del finado le detuvo la mano- ¿Tú tan aprensivo, y no sabes que esta figura está maldita?… Cuando le echan alguna moneda, el dueño de la misma está perdido. Dicen que es fulminante… Yo eso no lo he visto, pero otras cosas sí… Por eso no la tiento…
-Vamos Miguel, deja de tomarle el pelo a tu primo… No me parece el mejor momento para gastar bromas, y menos sabiendo lo aprensivo que es con estas cosas…
-No es broma Irene… No es ninguna broma… Vosotros no sois de este pueblo y es lógico que no lo sepáis. Pero en esa ranura nadie de por aquí mete ya nada.
Ernesto, con la moneda en la mano todavía…
- ¿Por qué no quitáis la estatua, o selláis la ranura?
-La estatua la hemos quitado mil veces. Nunca ha tardado más de cuarenta y ocho horas en volver a estar ahí. La ranura igual, yo mismo la he tapado cientos de veces, pero se vuelve a abrir. Nadie sabe por qué… Nadie ha visto a nadie…
-¿Y poner un letrero avisando?- Pregunto intrigada Irene
-Je je… Querida prima, también se ha hecho… Pero tampoco sirve de mucho. Los del pueblo ya lo sabemos, no nos hace falta. Y los forasteros nos toman por estúpidos ignorantes y no le hacen caso. De todas formas lo hemos puesto muchas veces y de distintas formas, pero desaparece. Nadie sabe el motivo. Pero tampoco nadie quiere acercarse a este angelito. Hay quienes dicen que no es un ángel normal, si no que representa al ángel caído. No sé… Claro que las circunstancias dan lugar a todo tipo de leyendas y especulaciones, pero…
Ernesto ya había oído suficiente… Definitivamente no iba a ser él quien tentara a la suerte. Le sugestionaba tanto la historia que ya, ni siquiera quiso la moneda que estaba en su mano y que iba destinada a aquella urna… La dejó delante de la farola de la otra columna…
-Pero… ¿Qué haces? ¿Por qué la dejas ahí?
-Irene, cariño, no me hagas preguntas difíciles de contestar. No la quiero… Quién sabe; si la encuentra alguien que le haga falta, a lo mejor hasta le hago un favor y toma algo caliente gracias a mí…
Su esposa no dijo nada, era inútil; y si aquello le hacía sentirse mejor pues estaba bien empleado.
Las horas pasaban… Ya de vuelta en su hogar Irene estuvo pendiente de él. Sabía que Ernesto no estaba tranquilo, aunque cada vez estaba más convencido de que su sueño era la premonición de la muerte de su tío.
-Querido, no le des más vueltas. Nadie se va hasta que le llega su hora…
-Lo se querida, pero… ¿Y cuando le llega?...
-Vamos, vamos… Vive lo mejor que puede hasta entonces… Que es lo que deberías hacer tú… Anda ayúdame a preparar las cosas para esta noche.
-No sé si tengo ganas. No estoy para celebraciones. Además ya sabes que la fiesta de hoy a mí no me…
-Ya, ya lo sé Ernesto. Yo tampoco voy a celebrar nada. Pero no pasa nada por tomar unas copitas de licor con alguna castaña o algún boniato. Hablo de las cosas tradicionales nuestras. No de la fiesta de disfraces.
-Está bien, no creo que nos perjudique tomar algo. Tú, prepara los boniatos para el horno, y yo me encargaré de asar las castañas…
La noche avanzaba. Las calles estaban siendo invadidas por un bullicio creciente. Jóvenes y no tan jóvenes se preparaban para la fiesta. Una fiesta importada, Sí, pero que se había convertido en una oportunidad más para la diversión.
Ernesto e Irene, se distraían mirando el desfile de monstruos y seres grotescos, desde la ventana… Pero ellos eran de los que preferían seguir las tradiciones autóctonas.
Justo al entrar, con la última campanada, uno de los ficticios demonios vio la moneda de la columna… El exceso de alcohol hizo que no le diera demasiada importancia. La miró, la volteó en sus manos, y soltando una carcajada diabólica, volvió a entrar en su papel…
Sin ser demasiado consciente de lo que hacía, dejó caer la moneda en la ranura de la urna del angelote…
Al instante… A varios kilómetros de allá…
-¡¡Ernesto!!... ¡¡Ernesto!!... ¡¡Contesta!!... ¡¡No me hagas esto!!... ¡¡Háblame!!... ¡¡Nooo!!...
Irene sollozaba sobre el pecho de su esposo que, de pronto y sin saber por qué, se había desplomado ante sus ojos…













El Soltero Sensible dijo
ufff, por que me he leido eso?
Uf
Y eso que soy alguien poco miedoso
Pero ahi me has dao
31 Octubre 2009 | 06:31 PM