Nah, que no... Que no sirvo pa bollera... Pa tortillera si... Pero no pa bollera
No. No. Definitivamente, entre todas mis habilidades, no está esta...
Ayer, sin ir más lejos, hice la última prueba... ¡Buuuaah! Un verdadero fiasco. Por más que mire el libro, lo estudie, lo relea. Por más que ponga todo el mimo y cuidado en tamaños y medidas, por más que me empeñe... siempre que tiene que subir algo...¡Plooofff!... ¡Nah!... Nah, de nah.. Gggrrrrr...
En cambio como tortillera no tengo precio. ¡Soy genial!...
Por eso pido ayuda:
¿Alguno de vosotr@s podría darme sus sabios consejos en el tema?
Estoy segura de que entre tod@s, algun@ habrá que se le dé mejor que a mí... ¿No?...
¿Eeeh?... ¿Qué?... ¿Qué ocurre?... ¿Por qué me miráis así?...
¡Pues no!... No sé hacer bollos, ni pasteles, ni bizcochos; ni nada que tenga que subir o crecer... o inflarse... ¡Vaya! Que la repostería no es lo mío... Por muy bruja que sea.
En cambio, soy una tortillera portentosa. Capaz de hacerlas de hasta 4 docenas de huevos con la corrsepondiente cebolla y patata. Todo en proporción. Sin ayuda de nadie, más que para voltearla, que la cosa se las trae, pero me las ingenio bien; me quedan redonditas, doraditas, esponjosas, sabrosas... Gooordaasss...
Pero como bollera... ¿?... Nah de nah de nah... ¿Qué pasa?... ¿De qué os reís?... ![]()
Como iba diciendo; ayer, sin ir más lejos, hice en bollería mi último experimento, bufff, afortunadamente no explotan, pero creo que le faltó poco:
-El libro, bien abierto por la página en cuestión, bien visible, para no perderme detalle.
-Los ingredientes; pesados y medidos con esmero. Puestos, primorosamente, uno al lado del otro; básicamente, para estar segura de que no me faltaba ninguno. Vamos, que estaban tan ordenaditos, que parecía que iban a hacer un desfile para el programa del Arguiñano.
-Los huevos a temperatura ambiente (¿Y esas risillas?... Que os veeeooo) La mantequilla y la leche, también. La harina tamizada, y las claras a punto de nieve, en su punto... De eso, de nieve.
Todo lo fui mezclando cuidadosamente en el orden y la forma que decía el libro... ¡¡Jozúh!! Que a la mezcla solo me faltó cantarle una saeta... Aunque; ahora que lo pienso, creo que, menos eso, le canté de todo... Es que sufro de incontinencia cantora. Sobre todo durante las tareas domésticas. Ya sabéis; quién canta su mal espanta. Aunque no era este el caso... Bueno a lo que iba:
El molde atemperado y enharinado, la mezcla en su punto, el horno caliente... Llega la hora de la verdad....
-Lo meto en él a la altura correspondiente, según aconsejaba el libro. Cruzo los dedos. Y me juro a mí misma; no volver a abrir la portezuela, así se me achicharre el bizcocho... Siempre me dicen, con poca paciencia, que ese es el problema; que soy demasiado impaciente... ¡Manda huev...!!... Que abro antes de tiempo y, claro, provoco un “horneatus interruptus” O sea, que le corto el rollo a la cocción...
Así que, no abrir la dichosa portezuela era ya una cuestión de principios, de fuerza de voluntad; algo así como esforzarte por no mirar el final en una novela de intriga cuando vas por el primer capítulo...
No abrir la puerta... No abrir la puerta. No abrir la puerta... Pero sobre todo... No abrir la puerta....
Puse el reloj avisador en marcha, y me largué de la cocina, para no caer en tentaciones; que aunque Wilde, el Oscar, dice que están para caer en ellas; no era plán.
Cuando, hasta el salón, empezó a llegar el olorcillo a rica repostería, me acerqué a mirar... Noooo, que nooo... Que no abriiii... Que miré por el cristal de la ventanilla... ¡¡Del coche no, bobos!! ¡¡Del horno!!... Que tiene una.
Y también tiene una lucecita; para poder ver lo que hay dentro, sin tener que abrir... ¿Qué porqué no lo utilicé antes?... ¡¡Y yo qué sé!!... ¿Por qué os creéis que dicen que soy una impaciente?...
Bueno; el caso es que fui, cruzando los dedos a la vez que rezando una oración. Miré por el cristal y...
¡¡Bingo!!... ¡Estaba subiendo!... ¡Estaba subiendo!... ¡No me lo podía creer!... ![]()
Estaba tan emocionada, que hice venir a mi gente para que lo vieran y se lo creyeran... Que, luego aún pensarían que lo había comprado...
-¡¡Biieennnn, mamá!!... ¡Qué buena pinta!... ¡Lo has conseguido!...
-Bueno, enhorabuena. Parece que hoy merendaremos bollo...
-¿Qué queréis que os diga?... Yo, hasta que no lo vea troceado y con nata... Estoy tan escarmentada... Que yo, de vosotros... No soñaría con él, por si acaso. Por lo menos hasta que no lo viera en la mesa... Aunque, reconozco que, de todos los que he hecho hasta ahora, este, es el que pinta mejor...
Je, je, je... Tendríais que habernos visto a los tres; parecíamos padres primerizos delante de una incubadora...
Llegó el momento.
Dejo que baje un poco la temperatura interior, antes de sacarlo... Ummmm, parece que se mantiene arriba... ¡Esto promete!... ¡Y sin viagra!...
Mientras; preparo los cafés, la leche con cacao, y la bandeja.
Por fin, lo saco orgullosa y lo deposito en el centro de la mesa... Hasta estoy tentada de sacarle una foto... Comprendedlo, era el primero... Quiero decir, el primero que salía con ese aspecto tan lustroso y fotografiable... Los otros también lo eran; pero como catalogo del museo de los horrores... El no tener la cámara a mano, y la acusación de exagerada por parte de mi marido, me hicieron desistir de los minutos de gloria.
Pues hechos los honores, solo quedaba entrar a matar. Y entré... ¡Vaya que si entré!...
¡¡Eeehh!!... ¿Qué esperáis!... ¿Qué esté duro?... Je, je, je, pues os equivocáis, agoreros. Porque estaba mas tierno que un capítulo de “La casa de la pradera” en el día de la madre. Pero...
Pero; cuando tracé un corte transversal, y saqué del molde una de las dos mitades... Estooo...
Resulta que el bizcocho, era una lámina cóncava, que no tenía más de dos centímetros de grosor... ¡Se había inflado, sí!... Pero de tal manera que había dejado un túnel debajo; que para ellos lo quisieran los constructores del AVE Barcelona-Sagrada Familia...
¡¡Jooopeee!!... Yo sí que me desinflé... Al tiempo que exclamaba mi renuncia a ejercer de bollera, para los restos... Nada, que no; que la repostería no es lo mío...
Bueno esto fue momentos antes de que todos estalláramos en carcajadas ante semejante fiasco. Afortunadamente, nuestra merienda, no dependía solo y exclusivamente de mis dotes reposteras...
¿Algún experto podría decirme, qué diablos le ocurrió, a mi bizcocho bromista?...

Evidentemente, no era este mi bizcocho... Este lo ha cocinado el Chef Google...

Pero esta si es una de mis tortillas, sólo de 12 huevos
¿Chula eeeeh?















Oli dijo
Madre mía, que pinta tiene la tortilla!!!!!!!!!!!!
Me ha dejado sin palabras.....
Besos!!!!
8 Noviembre 2009 | 12:10 AM