La Niña del Navegante...
El primer sol de la mañana, al colarse por la persiana, estampa con lunares luminosos el lienzo de tu cama. Un inoportuno rayo juguetea con mis largas pestañas que responden con un involuntario temblor. Molesta entreabro los ojos, lamo tus dedos y giro buscando la oscuridad en la protección del hueco entre tu brazo y tu costado.
Levanto la cabeza; te miro complacida, lameteo con cuidado tu piel... Ssshhh... No quiero despertarte; estoy tan agusto aquí.
El moderado subir y bajar de tu pecho me dice que estás cansado. Duermes profundamente, lo necesitas y no quiero molestarte.
Yo todavía tengo sueño, más que hambre; por eso rezongo un poco y me vuelvo a arrellanar en el hueco cálido y confortable de tu regazo amado. Dejo que el sopor del sueño se apodere de mí nuevamente...
No sé cuánto tiempo ha pasado, pero la actividad en el resto de la casa y el vacio que siento en mi estómago me dice que ya es hora. Siento perturbar tu placidez, pero el hambre me apremia. Soy tu niña, mimada y caprichosa, por eso quiero que seas tú, y sólo tú, quien me prepare el desayuno.
Mi suave cuerpo atigrado se despereza hasta casi romperse. Me siento al lado con sigilo, el sonido acompasado de tu respiración me da paz.
Me entretengo en acicalarme, soy una coqueta incorregible y quiero estar guapa cuando al fin abras los ojos. Lamo con parsimonia mis patitas, mi colita, los bigotes... Ummm me encanta aderezarme... Cuando creo que ya estoy lista, me ocupo de despertarte. Ronroneo suavemente, mientras froto mi cabeza de terciopelo en tu costado. Así, suavemente. Te mueves, y eso me anima a ser más osada. Lamo tu torso desnudo, con cuidado, pero con insistencia.
Un sonido, mezcla de sonrisa y gruñido escapa de tus labios, ello me indica que estoy a punto de conseguir mi objetivo.
Contenta y animada, me apresuro a lamer tu pecho, tu cuello, tu rostro. Poco a poco me vuelvo más juguetona e impaciente y lamo ya sin miramientos tus labios, tu nariz, tus ojos aun cerrados... Vuelvo a empezar, pero con pequeños maullidos. Mis lamidas se vuelven exigentes, estoy deseosa de oír tus primeras palabras de la mañana. Esas que me dan los buenos días. Esas que mientras acaricias mi cabeza me dicen...
-Buenos días preciosa... ya vaaa, ya vaaa... ya sé que tienes hambre. Espera un poco que ya vaaa.- Te demuestro mi alegría con ligeros e insistentes maullidos.
Entonces te sientas en la cama, y ágilmente salto a tu regazo, ronroneo y maúllo ostentosamente, mezcla ya de impaciente apetito y felicidad por tenerte a mi lado.
Acompaño con alegres carreras tu caminar perezoso hacia la cocina. Me rozo mimosa en tu pierna mientras pones la cafetera. Sé que mi momento feliz está cerca por eso lamo agradecida tu mano cuando dejas en el suelo el cuenco con leche.
Te miro con mis inmensos ojos dorados, te espero. Tú, tomas asiento al tiempo que acercas la taza humeante a los labios y yo, sentada plácidamente, doy lamidas lentas a la leche. Ya estoy tranquila, nada ha cambiado, todo es igual que ayer. Tal y como a mí me gusta empezar el día; juntos y con ganas de demostrar lo mucho que nos queremos... Créeme, el tiempo que he estado contigo, he sido inmensamente feliz, no hubiera querido nunca estar en ningún otro lugar. Sencillamente, porque sé que estar a tu lado, es lo mejor que ha podido pasarme...
(La tomé prestada, sin permiso... con premeditación y alevosía... espero no disgustarte, marinero
)









gritosdesesperados dijo
Creo que estoy muy mal, joder!!!
Ala, y yo recreandome en mi imaginacion!!!
Ademas hay una frase que ya he utilizado esta mañanita...jajaja
buenos dias preciosa
20 Noviembre 2009 | 08:23 AM