VIVIR EL MOMENTO, GOZAR EL INSTANTE… (Relato erótico)
No, para qué engañarnos; su cintura hacía tiempo que había dejado de ser de avispa. Pero la redondez y rotundidad de sus caderas invitaban a agarrarse a la vida. Una promesa incitante de sensaciones inolvidables para quien es capaz de vencer prejuicios.
No, es cierto; sus senos ya no desafiaban a la gravedad con la insolencia de la juventud, pero sus formas voluptuosas presagiaban la tibieza que se podía experimentar al ser acogido en su regazo. Algo que únicamente unos privilegiados sabían.
No, su piel ya no era tersa, pero conservaba el tacto suave y cálido de la juventud. Sumándole el atractivo de quien sabe darse en todo momento. Sólo los que tienen claro lo que buscan, pueden apreciar su dulzura. El placer de perderse en su sabor.
En su rostro se podía observar las leves huellas de la experiencia. En los ojos oscuros, centelleantes; a la mujer que ama con pasión, que si derraman lágrimas lo hacen arrastradas por sentimientos profundos de emoción o tristeza... En los labios carnosos y apetecibles; a la mujer que sabe darse en un beso, que sabe amar a un hombre con todos los sentidos, que gusta de paladear un manjar.
En definitiva, huellas de vida, en una mujer que ha vivido. Que ha librado mil batallas a la adversidad, vencidas todas por su voluntad de hierro, por tesón, por genio, por carácter. Ganándole el pulso a la vida a fuerza de dar amor, mucho amor... A fuerza de amar.
Todo en ella irradiaba sensualidad, una sensualidad de la cual no era plenamente consciente, por eso quizá, atrapaba sin darse cuenta a quien era capaz de detenerse y observar.

Allí estaba ella; él sólo precisaba su voz, pero esta vez la técnica no había conseguido salvar las distancias. Por ello, no les quedó más remedio que programar un encuentro y realizar el trabajo en el estudio de grabación que él tenía en su casa. Una especie de retiro rural en la ladera de una montaña.
Esto les inquietaba a los dos. Hasta entonces, había sido el ciberespacio el que los mantenía en contacto. Se habían visto, sí, pero de esa forma impersonal e imprecisa que permite una webcam. ¿Qué ocurriría entonces? ¿Y si se rompía el hechizo? ¿Y si se deterioraba la amistad? Peor aún... ¿Y si se acababa todo?
Ya no había vuelta atrás, tendrían que olvidar los miedos infundados si quería llevar a término su proyecto y echarle valor al encuentro.
Les separaba una distancia considerable, y los buenos resultados de una grabación siempre son imprevisibles, lo mismo podía salir perfecto a la primera, que precisar todo el tiempo del mundo para que quedase al gusto de los dos. Por eso, lo más sensato era pasar la noche allá y, si todo iba bien, volver al día siguiente.
El encuentro fue cordial, los dos tenían ganas de conocerse pero ambos eran conscientes de que podía perderse el encanto...
No, no fue así; el contacto visual les hizo pensar que quizá se habían creado demasiadas expectativas con respecto al otro, pero las primeras palabras, los primeros contactos en los saludos de cortesía, les confirmó que eran los mismos que conversaban y se apreciaban en la distancia.
No tenían nada en común, ni la edad; ella le sobrepasaba, al menos en una docena, pero cuando conversaban esa diferencia se diluía, llegando incluso a parecer más joven que él.
Ni los gustos, a ella le sobraban quilos, para ser el tipo de mujer que siempre le había atraído a él.
Y a él, le sobraban complicaciones para la tranquilidad en la que se había acostumbrado a vivir ella... Quizá demasiada costumbre.
Pero descubrieron que en la cercanía se entendían bien, mejor aun si cabe.
Laura escuchaba la música serena y concentrada, dejándose invadir por las emociones que provocaban las notas de la guitarra de Pablo. Al término le expresaba su opinión o le hacía alguna que otra sugerencia. A él le fascinaba su dedicación; la pasión y el empeño que aquella mujer ponía en todo lo que realizaba.
Le gustaba mirarla cuando estaba descuidada y entregada a su trabajo... En realidad era hermosa, sin darse cuenta que lo era. Emanaba sensualidad en cada uno de sus movimientos sin ser consciente.
Ella aprendía a cada minuto escuchando su música, sus palabras.
Ambos tenían cosas que aportar al espacio del otro.
Bien entrado el mediodía, pararon para comer. Juntos prepararon algo ligero y rápido. Estaban cansados después de horas de ensayo, necesitaban desconectar por un rato y la tarde estaba preciosa.
Aprovechando los rayos de aquel cálido sol de otoño, él la invito a dar un paseo por los alrededores de la finca.

Estaba rodeada de árboles, por entre los que se abría paso un pequeño sendero que desembocaba en los márgenes de un riachuelo escondido. Caminaban sin prisa, conversando, disfrutando de los olores y los sonidos del paseo. Al llegar al arroyo observaron en el claro que los árboles dejaban en la otra orilla, uno de los espectáculos más maravillosos y sensuales que nos puede brindar la madre naturaleza.
Una pareja de caballos salvajes se cortejaban creyéndose en intimidad.
Los inesperados espías, se ocultaron ligeramente tras las ramas de un frondoso sauce para no perturbar el flirteo de aquellos hermosos animales.
El macho rondaba a la hembra, y esta se hacía querer, desear, hasta el punto de hacer resoplar impaciente a su apuesto pretendiente. ¡Qué hermosa visión!
Laura atrapada por la escena, empezaba a dar ligeras muestras de estar siendo poseída por la atmosfera impregnada de feromonas del momento.
El brillo de sus ojos, la actitud de morder su labio inferior, el perceptible subir y bajar agitado de sus senos que parecían querer escapar de la prisión del escote, eran prueba suficiente de la sensualidad que impregnaba el aire. Estaba absorta, no podía retirar la vista de tan erótica escena.
Por eso, ignoraba la forma en que Pablo deslizaba la mirada por su cuerpo. Este, de vez en cuando, echaba un vistazo a la acción entregada de los dos caballos, para acto seguido volver a estudiar el rostro y las respuestas a aquel estímulo visual en la mujer que tenía al lado.
Ignoraba qué fue lo que lo impulsó a ello, pero no pudo frenar la necesidad imperiosa de tocarla. Se excusó en el acto inocente de apartar un mechón de pelo del rostro femenino. Esto provoco un respingo en la mujer, que lo miró con ojos ardientes, como si lo estuviese viendo por primera vez.
Esta respuesta desmedida la hizo bajar la cabeza y sonrojarse, añadiendo el encanto de la ingenuidad madura al momento.
Pablo pudo apreciar como la piel de Laura se erizaba al atreverse a depositar un beso cálido en su cuello. Un leve suspiro escapó de los labios femeninos al tiempo que volvía a fijar la vista en los actos de los dos caballos.
El macho realizaba los primeros intentos de cubrimiento, a una hembra vanidosa que no acababa de acceder a sus fogosos deseos...
Los brazos de Pablo, desde atrás, rodearon entonces su cintura y un reguero de besos recorrió la apetecible piel que se le ofrecía desde el hombro hasta el lóbulo de la oreja. Ella, como en trance, posó sus manos sobre las de él, recostando la espalda ligeramente en el cuerpo masculino.

Despacio, muy despacio, él fue dejando caer el tirante al tiempo que sus manos abarcaban ambos senos protegidos aun por el tejido del vestido.
Los pulgares, jugueteaban osados con los pezones que se hallaban dolorosamente excitados y perceptibles a través de la ropa.
Cada vez se apretaba más a su espalda, tanto que Laura no dudaba del efecto que la experiencia estaba provocando en Pablo.
La temperatura del paraje subía por momentos, la respiración y la excitación de cuatro seres, más vivos que nunca, estaban convirtiendo aquel lugar en algo parecido a una sauna natural.
-Te gusta lo que estás viendo ¿Verdad nena?- La voz susurrante y varonil en su oído, hizo aumentar la agitación en la respiración de ella- Déjate llevar preciosa, vivamos el momento y no pensemos en nada ahora.
-Soy incapaz de pensar, y menos aun si tus manos siguen haciendo lo que hacen...
Estas palabras fueron como la señal que Pablo estaba esperando para aumentar su insolencia...
-Ummm mi niñaaa... Quiero más, dame un poco más de ti...-sus manos se apoderaron de los senos, ya sin tapujos, ya sin intermediarios...- Aaaahhhh, cariño, que hermosa eres... Déjame impregnarme de ti. Déjame conocer más a la mujer fascínate que reside en ti...-Decía esto mientras desabrochaba los botones delanteros del escote, dejando a la vista dos grandes y deseables pechos que apenas si podía abarcar con las manos.
-Ooohhhh... Pablo, por favor, dime que esto no lo estoy imaginando...
-Je je je...¿Te parece imaginario esto?- dijo con voz ronca al perder su mano por debajo de la larga y vaporosa falda del vestido. Primero acariciando el interior de su muslo, después jugueteando en la ingle con la goma de su ropa interior, luego buscando y.... Ooohhh...Ummmm... hallando hábilmente lo que buscaba...
Laura acabó de perder la cordura, al tiempo que los dedos de él se perdían en su intimidad... Entonces fue ya la pasión la que respondía a los besos exigentes de Pablo dejándose llevar por las emociones del momento- Aaahhh no, no es imaginario- prosiguió él-... uffff, nena, esta humedad es tan real como tú y como yo preciosa... Siii, así, así, cariño déjate llevar, abandónate a lo que sientes... Eso es, nena, eso es...
En la orilla de en frente, los dos caballos estaban cada vez más entregados a su cortejo. En esta, dos seres humanos bailaban la misma danza, al son de los instintos...
Con la hojarasca por toda alfombra, con resuellos primitivos y ancestrales por toda música...
Un fuego mágico consumió el tiempo y dio la señal, era como si los dos machos hubiesen pactado de antemano sus embestidas. Uno y otro cubrían a sus hembras al unísono, como si a ambos les fuese la vida en ello. Como si las dos parejas estuviesen siendo poseídas por la carga erótica que suponía ver a los otros en plena danza vital.
Laura sentía rejuvenecer su espíritu a cada acometida, y él... se excitaba más a cada muestra de pasión de la hembra que soportaba su peso en esos instantes... Una unión perfecta, una sincronía excitante y maravillosa, que llevo a los dos machos a derramar su néctar en el ardiente y jugoso cáliz de la vida... Aaaahhh...
De pronto la quietud, sólo los susurros rompían el silencio. Palabras de placidez y cariño mecían el sosiego. Después se dejaron atrapar por el sopor satisfecho del cansancio que vivifica el ánimo...
Al volver a la realidad, no quedaba ni rastro de los caballos al otro lado del arroyo. Todo parecía producto de un sueño. Un hermoso y apasionante sueño.
Pablo tendió su mano para ayudarla a ponerse en pie. La vuelta a la casa transcurrió casi en silencio, cada uno sumido en sus propios pensamientos, pero abrazados... Algo había cambiado, Laura temía que pudiera no ser para bien... De nuevo volvían sus fantasmas...
Ya en el estudio, el trabajo les atrapó a los dos. Parecían felices pues, todo les salía a pedir de boca, sin apenas repeticiones. Sin duda el estado de ánimo influía en ello
Laura se había prohibido pensar en más allá del momento y dejarse fluir... Dejar fluir el tiempo, los acontecimientos, la tarde...
La cena fue algo más elaborada que la comida. Pan recién hecho por él, una sencilla y deliciosa receta de pollo, hecho por ella.
Un buen vino de la bodega de la casa y la luz tenue de la chimenea y las velas creaban un ambiente acogedor que invitaba a conversaciones íntimas a media voz.
Pablo quería guardar las distancias, pretendía acabar pronto el trabajo sin complicarse la vida. El episodio del arroyo se le había escapado de las manos. ¡Era tan difícil resistirse a la sensualidad de aquella mujer!
Su rostro, sus movimientos, ummmm, su olor... y lo más excitante de todo es que no era una pose, era algo que manaba de forma natural por cada uno de los poros femeninos.

Nunca había visto a nadie comer unas fresas de aquella forma tan sensual sin proponérselo. Todo en ella incitaba a querer poseerla... todo... Unas cosas llevaron a otras, las horas pasaban, las voces bajaron el tono y subieron la temperatura. Sin duda el vino contribuía a desinhibir timideces absurdas, surgidas de pronto, tras las inseguridades propias de cada uno después del encuentro de la tarde.
Un húmedo beso de él, acabó con las reservas que pudiesen quedar en la mente de Laura. Estaba dispuesta a enseñarle lo que es una mujer madura apasionada.
Los dedos femeninos desabrochaban los botones de la camisa de él, precedidos por suaves besos y breves lamidas de su suave y húmeda lengua. Cuando no quedaron más botones, las manos se perdieron en la piel que descubría la camisa. Más besos y pequeños mordisquitos erizaban la piel de él mientras sus manos sujetaban y amasaban los generosos senos femeninos.
La excitación apremiaba. En breves instantes la ropa de los dos se arremolinó en el suelo del salón junto a los fantasmas de Laura.
Despacio, muy despacio, buscando el éxtasis del hombre que la había hecho sentirse de nuevo una mujer deseada. La lengua de ella dibujaba cada centímetro de la piel varonil. Juguetona le dejaba sentir el calor de su aliento en los lugares más recónditos y sensuales.
La temperatura de los dos aumentó cuando descendió reptando por el cuerpo de Pablo. Los labios femeninos se apoderaron con fruición del objetivo deseado. Ummmm... si, le estaba gustando... Bastaba con sentir la respuesta de él en su boca y la forma en que estaba pellizcando sus pezones...
-Ummmm, diosss, nena... Vas a acabar conmigo, no seas tan cruel y déjame poseerte...
-Je je je... ummm... no tengas prisa, tenemos toda la noche, déjame disfrutar de hacerte disfrutar... No te imaginas lo que supone para mi tu respuesta, tus caricias, tus gemidos... Me siento viva haciéndote vivir.
- Aaahhh... pues vive, preciosa, vive y no te detengas... pero déjame entrar en ti. Necesito poseerte ahora.
Laura no pudo hacerse de rogar, tampoco podía esperar más el placer de sentirlo en su interior... Esta vez sería ella quien dominase la situación, iba a ser ella quien cabalgase ahora. Le demostraría que las amazonas rotundas también tienen su sex-appeal...
Pablo creía estar viviendo un sueño, se la veía tan hermosa con la luz del fuego reflejado en su piel brillante. Le daba un aspecto voluptuoso y salvaje. Le excitaba aun más poder clavar sus dedos en las poderosas caderas mientras estaba siendo cabalgado por aquella hembra en celo.

La pasión y el deseo fueron increscendo. Poco a poco todos los instrumentos encajaban y se incorporaban en aquella sinfonía de los sentidos, Carmina Burana ponía las notas a esos instantes desde el reproductor, parecía como si la partitura se hubiera confabulado con sus propias necesidades. Como si la apoteosis de los cuerpos y la música fuesen sólo uno.
El estallido final del placer dio paso a la quietud del sueño y el primer rayo de sol matutino los encontró enlazados al entrar por la ventana... Lo ocurrido en la noche, no había sido un sueño.
El trabajo de grabación quedó listo a media mañana, comieron juntos y luego vinieron las despedidas.
Nada parecía haber cambiado, pero, no hubieron promesas, no hubieron para siempres, sólo hubo un... nos hablamos...
En el tren de vuelta, muchos pensamientos viajaron con Laura; dudas sin solución, peguntas sin respuestas, miedos infundados, sentimientos de despedidas... Fantasmas que volvían...
El teléfono y la webcam de nuevo serían sus nexos de unión... quizá...
Tal vez la distancia hubiera devuelto la cordura a Pablo y el gusto por las mujeres muy diferentes a ella... Quién sabe.
Tal vez fuese lo mejor... No tenía edad para andar viviendo aventuras adolescentes, no todos son capaces de entenderlas tan bien como ella. Sin ataduras, sin promesas, sin propiedades.
Pablo, como todos, las pregonaban, pero lo más probable es que tampoco supiera vivirlas.
Envuelta en pensamientos, y acompañada por sus fantasmas, abrió la puerta de su casa... Lo mejor sería ir olvidando sus llamadas... Sería triste sí, pero no estaba dispuesta a dejarse abatir por ello, no señor. Lo vivido con él, no se lo podría arrebatar jamás nadie... Qué más daba si por vivirlo no volvía a ocurrir...
Un pellizco de nostalgia removió su estómago. Los ojos acuosos le demostraban que no era tan inmune ni tan fuerte como pretendía, pero lo mejor que podía hacer por si misma era convencerse de ello...
Estaba decidida, tenía que ser así... De pronto; un zumbido y la luz azul de la webcam la devolvieron a la realidad... Una realidad... diferente...














kilifa dijo
Bufffffffff
joe níña....éste no lo había leído!!!!
que calor!!
y cuanta pasión!!!
creo que despues de ésto, la ducha es lo siguiente...ya que no tengo la luz de la cam encendida, como que no me gusta demasiado...jaja
besos
26 Noviembre 2009 | 10:23 PM