DE ACAMPADA EN LOS LAGOS DE COVADONGA... (Lidiada... bufff... ni se sabe)
Una de las vacaciones que recuerdo con más cariño fueron las que realizamos el grupo de amigos un año antes de pasar todos a ser casados.
Ahora que lo pienso; es como si en aquella última gran excursión hubiéramos contraído una epidemia. Al año siguiente volvimos a ir juntos pero ya en lugar de ser seis personas, éramos tres matrimonios… Conste que las recuerdo con cariño por los lugares visitados, no por la soltería… ¡Mal pensados!
Aun hoy, suelen salir a colación las anécdotas de aquel viaje cuando nos juntamos las tres parejas protagonistas, a pesar de haber pasado más de 20 años.
Nuestra economía era… Bueno no era… Por eso, lo mejor que podíamos hacer era tirar de campings, parques naturales aptos para acampada, y algún que otro albergue, si queríamos hacer algo interesante. Ese año nos apetecía visitar tierras del norte, pero no teníamos claro donde así que cogimos los dos coches y tomamos esa orientación sin rumbo fijo… Je, por eso la ruta acabó siendo:
Barcelona- Huesca, Huesca-Biarritz, Biarritz- San Sebastián, San Sebastián-Oviedo, Oviedo-Luarca y desde Luarca de un tirón hasta Barcelona pues se acababan las vacaciones.
Afortunadamente, los seis conducíamos y así podíamos ir turnándonos al volante. Como os podéis imaginar, en tres semanas y con ese recorrido, hubo historietas de todo tipo. Pero la que viene ahora a mi memoria fue la que tuvo lugar en Los Picos de Europa. Después de conducir yo toda la mañana (el resto dormía como lirones, bueno el del otro coche también estaba despierto, pero él había tenido relevo, yo no) decidí que me había ganado el derecho a elegir acampada, así que sin decir nada a mis compañeros puse rumbo a los Lagos de Covadonga, pues me había informado previamente de la posibilidad de hacer acampada libre por allí… Je, je, me llamaron dictadora, pero luego se alegraron de la elección.
Nos dispusimos a plantar la tienda… Aaayyyy, la tienda… Pobrecilla; una canadiense de ocho plazas, que había conocido tiempos mejores. Tantas horas de sol y viento había soportado la pobre a lo largo de casi una década, que lo que en principio era lona, ahora parecía el lienzo gastado de una sábana. Tanto es así que tenía, en principio, un pequeño agujero en la puerta, al lado de la cremallera, que con la resistencia al viento se iba haciendo más y más grande. Pero no estábamos para gastos extras, así que tendría que aguantar esa vez.
Aunque en las noches de Cangas apretaba el fresquito, nosotros íbamos provistos con unos buenos sacos de dormir, además éramos seis y ya se sabe que el calor animal también cuenta, no hay mas que ver en Belén…
Pero claro no contábamos con un butrón en la puerta… Bah, a grandes males grandes remedios y nuestro remedio era… Bastaaante grande… No se os ocurre qué ¿Verdad?...
Je je, la naturaleza ha sido muuyyy generosa conmigo… y mis compañeros supieron sacarle partido… Si, amigos, sí… Todos dentro de la tienda, como las sardinas en lata y yo la última… Enfundada en mi saco tapaba el agujero con… donde la espalda pierde su nombre… Imaginaros el choteo general con el dichoso tapón… Je, je… Empezando por mí claro, que a la hora de la guasa me río hasta de mi sombra.
Ya clareaba, cundo empiezo a notar como alguien trasteaba y apretaba mi culo… Todavía dormida, pero menos, recuerdo que sonreía pensando que era mi novio el que se había medio despertado tan juguetón… ¡Ja! Sí, sí, juguetón…
Salí de mi error cuando abrí los ojos y veo que está a mi lado, dormido como un angelito, igual que los otros cuatro… ¡¿?!... Pero… ¡Como!... ¡A mí me seguían tocando el…! Cada vez con mas insistencia y además empujando.
Por supuesto ya tenía los ojos como platos, pero sin atreverme todavía a hacer ningún movimiento… Hasta que por fin oigo como una especie de resoplido, con algo de vapor colándose por el agujero… Estaba amaneciendo y la temperatura era bajísima…
Entonces me giré de un salto y… ¡Me encontré de morros, con el ídem de una vaca!...

¡Cielos!... No sabía que hacer. Me fui levantando despacio y diciéndoles a mis compañeros que hicieran lo mismo, pero sin movimientos bruscos…
-Manolo… ¿Llevaste la bolsa con los restos de la cena a la basura?
-No… la dejé en la puerta para hacerlo hoy…
-Pues ya no hace falta… La “Vache qui rit” piensa que la has invitado a desayunar y quiere más…
¡Y vaya si quería más!... como que entró en nuestra tienda hasta la cocina… Ja ja ja… pero no teníamos puerta trasera… Los otros no sabían por donde salir, estaban todos apelotonados en el fondo… Yo aproveche el butrón para salir por allí y ofrecerle, desde fuera, un poco más de desayuno. Gracias a eso conseguí que volviera a salir sin acabar de romper nuestro “hogar”…
No sé de qué me reí, y me rio, más; si de la situación, o de las caras que tenían todos… ja ja ja… No se me olvidan. Eso sí, aprendieron a hacerme caso y a no dejar para maña lo que debieron hacer hoy…









fenicia dijo
Bonitas anecdotas campestres,de excursión que compartes con nosotros.
Me he reido mucho con lo de la vaca,aunque si me pasa a mi...¡Que miedo chica!.
Gracias por este precioso post.
kisses catalana valiente y generosa(porque mira que prestarte a poner tu pompi ahí...)
3 Diciembre 2009 | 06:15 PM