El jardin, el manzano y la dama.
Caminaba la dama, perdida en mundos mágicos, cuando por azar, de un frondoso manzano, llegó a sus manos uno de los jugosos frutos que pendían de sus ramas.
Sorprendida pero feliz por tan inesperado regalo, se sentó a degustarla dejándose impregnar por el relajante ambiente de olores y sonidos que se disfrutaban a su sombra.
Tomó por costumbre, en su deambular diario, el sentarse en aquel jardín a meditar, al tiempo que saboreaba las manzanas que aquél misterioso árbol le quisiera ofrecer ese día. Se estaba tan agusto en ese lugar.
Con el tiempo algo cambió, la dama aun hoy no se explica qué, pero el manzano cada vez le regalaba menos manzanas, ella pensó que el motivo sería porque el jardín permanecía demasiado tiempo sólo y cerrado. Dejó fluir el tiempo y se dedicó a cuidar su propio jardín; con la esperanza de que en ese retornase alguna vez la primavera.
De vez en cuando lo visitaba, dejaba que los olores y los sonidos la envolvieran, pero no era lo mismo. Añoraba de verdad aquellas sabrosas manzanas... El tiempo pasaba y las esperanzas de ella se fueron haciendo cada vez más pequeñas, diluyéndose ante las evidencias.
Un día, de pronto, advirtió una nueva floración en el jardín, sus ojos brillaron y una sonrisa asomó a sus labios, le faltó tiempo para visitarlo de nuevo, pero... Pero sólo el frío salió a recibirla. Ya no había manzanas para ella y las pocas que encontró eran bordes; lo comprobó cuando al morder una de ellas un áspero y amargo sabor invadió su boca... ¿Qué había pasado? ¿Qué le había pasado a aquel hermoso árbol? ¿Dónde estaban aquellas manzanas que podían convertirse en deliciosa sidra?...Volvió la primavera sí, pero ya nunca más para ella.
Los brillos de felicidad de sus ojos, se tornaron gotas saladas de desilusión y desconcierto... ¿Por qué?... ¿Por qué?... Sólo eso atinaba a susurrar al viento, pero el viento no contesta jamás, solo azotaba su rostro por toda explicación...
Resignada la dama y con el alma recogida en un puño, dejó de visitar y cuidar el jardín... Todo tiene un principio y todo tiene un final, se decía para sí intentando calmar el dolor de no entender... Pero el tiempo todo lo cura y lo pone en su lugar. Hasta las heridas sanan y aunque dejen cicatrices, molestan menos.
La dama ya no visita en sus largos paseos aquel remanso de paz, porque ya no lo es; ahora es un lugar demasiado triste para ella... Ya no hay manzanos, solo la maleza y los espinos lo cubren todo. Pero no puede evitar echar la vista atrás, al pasar por la puerta de donde ha sido feliz. Son demasiados buenos momentos vividos para olvidarlos todos de un día para otro.
Ahora, si alguna vez lo visita, una punzada aguijonea su ánimo, el desasosiego que reina allí es como una mano invisible que estruja su alma. El frondoso jardín ahora esta desierto, ya nadie deambula ni se sienta a la sombra del manzano.
Las malas hierbas se han apoderado del lugar y... y estando abierto, parece cerrado. Solo quedan ecos de tiempos pasados, que a veces, si fueron mejores.
No, ya no descansa nadie en el jardín y la dama, al pasar, sin poder evitarlo mira, y la tristeza de la bella mansión deshabitada la hace respirar hondo, bajar la cabeza y... Resignarse a seguir su camino.
Visita otros jardines, otros lugares, otros valles, otras montañas; paisajes donde siempre es bien recibida, donde sus palabras no incomodan, donde su presencia no molesta... Y es que, hasta los manzanos mágicos mueren, pero sigue la vida.










TERESA santomil gonzalez dijo
Bonita historia, fijate le veo claramente la moraleja
vivir para ver
besos
8 Diciembre 2009 | 09:26 PM