Dicen que una madre es para cien hijos, pero... Y cien hijos ¿Lo son para una madre?...
No hace mucho, mantuve una acalorada discusión sobre todo lo que una madre, una buena madre, debería estar dispuesta a hacer por el bien de sus hijos.
Entre otras muchas cosas, se barajaba la generosidad de darlos en adopción para que otras familias les pudiesen aportar todo lo que la madre biológica no podía... (Y, lo reconozco. Hay que ser muy generosa para dar este paso)
Digamos que, con matices, estaba de acuerdo con el planteamiento.
Mis matices eran que debía ser decisión de la madre y que esta no quisiese o no pudiese dar absolutamente nada.
La persona con la que discutía me rebatía, con argumentos sensatos y razones maternalmente altruistas, quizá mucho más que mis planteamientos. Decía que una buena madre debía ser lo suficientemente generosa, como para no pensar sólo en ella y sus derechos, para hacerlo exclusivamente en el bienestar y el porvenir de esos hijos que con ella no tendrían ningún futuro. A pesar de estar de acuerdo en buena parte de sus explicaciones, me resistía a aceptar que las autoridades pudieran quitarle los hijos a una madre, por no tener recursos suficientes, sin más razones que esa. Me parecía algo inhumano... Como si sólo pudiese tener hijos una determinada capa social... Debió ser mi alma de proletaria la que se rebelaba.
En el calor de la discusión se dijeron muchas cosas, como en cualquier conversación que va subiendo de tono; algunas crudas, otras dolorosas (todas olvidadas ya, por supuesto). Pero ello me hizo darme cuenta de por donde sangraba la herida.
Llegados a este punto, preferí dejar que la discusión se calmara... Pero es que además, había algo en mi interior que chirriaba, que me daba un vuelco cada vez que volvíamos al mismo punto.
Pensaron que podía ser mi faceta de madre, la que se sentía dolida. Y así quedó por más que yo insistía en que no, que no era eso... Porque sí, esa me dolía claro, pero eso no era lo que me hacía un nudo en la garganta cada vez que intentaba dar mis argumentos.
Lo cierto es que ni siquiera yo acababa de saber qué era lo que se me rebelaba en el interior, pero estaba segura de que aquello que sentía no era el instinto de madre...
Cuando se enfrió el ambiente, pensé en mis reacciones. Es entonces cuando fui capaz de darme cuenta qué era lo que me cruzaba los cables cada vez que se abordaba el tema... Como ya he dicho, no era mi faceta de madre la que se revolvía no, si no, la faceta de hija...
Si, si... era la de hija. Tardé en darme cuenta, pero al fin lo vi. A solas me emocionaba sólo de pensarlo. Me parecía tremendamente injusto con mis padres el sólo hecho de pensar que en otro hogar con más recursos hubiese estado mejor. De veras, se me saltaban las lágrimas sólo de pensar que quizá hubiese preferido estar en otra familia, por todo lo que me pudiesen dar... Sabiendo que ellos, los míos, me dieron todo cuanto estaba a su alcance y más.
No, nunca tuve juguetes caros, ni regalos especiales. Tampoco tuve cosas que otros a mi edad sí tenían y derrochaban. No voy a decir que no los deseaba, claro, como cualquier niña, pero sé que tuve todo lo que ellos pudieron conseguir para mí. También tuve todo su amor, su cariño, su tiempo, sus enseñanzas. Enseñanzas que forman parte de mis valores como persona, para bien o para mal. Los veía humildes, si, pero muy padres. Yo, no quería nada más me bastaba con ellos.
Si amig@s, me costó darme cuenta, pero era la hija agradecida la que me desbordaba las emociones cada vez que quería argumentar... (Por favor, no intento dar imagen de nada que no soy, sólo expreso en letras algo que sentí y que me desbordó)
Sé que se privaron de muchas cosas para dárnoslas a nosotros, sus dos hijos. Y la conciencia de ese sacrificio fue la que me hizo buscar trabajo y ayudar en casa a la menor oportunidad. Ellos no querían, pero yo sabía que les hacía falta. Quizá era mi edad de jugar, sí. Pero es que yo no quería jugar, yo quería ayudar en casa y que las cosas nos fuesen mejor a todos. No considero esos unos años perdidos, también los puedo tomar como años ganados en otros aspectos.
Quizá con otra familia hubiese tenido más cosas materiales, es posible... Pero estoy segura de que no hubiese tenido más calor humano del que me supieron dar... igual puede, pero más no.
No, estoy segura. Yo, no hubiese querido tener otra familia que la que he tenido y el solo hecho de pensarlo... me lleva al borde del llanto, por eso no volví a abordar el tema... porque vi que dolía y en mi caso... hubiese sido departir con un tipo de armas que en una conversación no son aptas... No hubiese podido rebatir sin acabar llorando, es lo que me ocurre cuando la discusión, o lo que siento, es muy visceral... y no... je, je... eso no vale.
Cuando descubrí los motivos reales de mi inquietud, me quedé parada, incluso pensé "¡¿Serás gili?!"...
Pues sí, la verdad es que es posible que sea gili; pero también he descubierto (y doy las gracias por ello a mis contertulios) que he querido y sigo queriendo profundamente, con locura, a mis padres. Eso me compensa y me hace sentir bien.
Y si soy gili, pues... ¿Qué le vamos a hacer?... ya no tengo remedio... ¿Es muy grave?

(Por favor, que nadie se moleste por este post. No estoy diciendo que mi postura sea la correcta, sólo estoy contando lo que descubrí de mi misma en esa conversación. Algo a lo que en su momento no supe encontrarle explicación. Me dí cuenta del motivo de esos sentimientos encontrados, cuando los analicé despues... ¿Ok?)














TERESA santomil gonzalez dijo
HOLA bruja, la cosa puede ser asi en principio, pero no siempre...
es dificil posicionarse en estas cosas, la vida es muy desigual
y las variantes se multiplican en las vidas de las personas,
unos marchan dentro de lo normal, otros hay que la cosa no
funciona, y otros van de culo contra el viento
somos de un complicado demoledor...
beso corazon
1 Febrero 2010 | 09:14 PM