SITUACIONES DESESPERADAS, REQUIEREN MEDIDAS DESESPERADAS... (Una lidiada más)
La lidiada de hoy, tiene tintes de cine de Berlanga. Veréis, como ya he contado en otras ocasiones, nací y viví hasta los once años en un barrio de barracas. Uno de los últimos en desaparecer de Barcelona.
Cuando mis padres se construyeron la casa (o como queráis llamarle a aquello... era muy acogedora, tanto mi padre como mi abuelo eran unos manitas y eso se notaba) en aquella barriada todo eran familias humildes, humildísimas que hacían cuanto podían para salir adelante.
Con el tiempo, lo que entonces se llamaba "El patronato" fue dando pisos de bajo coste a las familias. Decían que las barracas las tirarían en cuanto hubiesen dado el último piso a la última familia... Pero eso no fue así... Barraca que se quedaba vacía, troupe de gitanos que se instalaban con el beneplácito de las autoridades
Ya podéis imaginar lo que ello suponía; problemas de tolerancia, problemas de adaptación, distintos niveles del concepto "propiedad privada", distintos niveles del concepto "esperar turno"... en fin, que la convivencia entre vecinos se fue enrareciendo. Por fortuna, las familias gitanas que habían a mi alrededor inmediato eran de las que tenía autenticas ganas de integrarse, y con estos nunca tuvimos problemas, pero... y mira que me pesa reconocerlo... no todos eran igual.
El caso es que un día, haciendo cola para llenar nuestros cacharros en la fuente (No había agua corriente y los lunes había colada, así que había que hacer acopio de garrafas y garrafas de agua durante todo el domingo) Una mujer gitana que estaban delante nuestro, se empeñó en tomarle el pelo a todas las que tenía detrás y empezó a dejar pasar a toda su familia, es decir, madre, hermanas, primas... con el consiguiente mosqueo por parte de todos los que estábamos detrás, que en realidad estábamos siendo los verdaderos primos... Bueno, mosqueo de todos los mayores, porque a los niños ya nos estaba bien, así teníamos más tiempo para jugar entre nosotros. Hablo de los niños que acompañábamos a los mayores a la fuente.
La guasa duro demasiado, tanto que hasta mi madre, una persona con genio, pero que jamás se la oía ni se metía con nadie; acabó llamándole la atención a la mujer que colaba a toda su prole... Esta le dijo que si no le gustaba que se fuese a su casa que ahora la fuente era de ella... Mi madre contestó que ya estaba bien de tomar el pelo a la gente... total que la cosa se lió, las voces subieron de tono, y cada vez eran más gitanas coléricas rodeando a mi madre... Ni qué decir tiene que yo estaba espantadísima, sólo tenía ocho años y jamás había visto a nadie gritar de esa manera a mi madre.
Tuve que pensar rápido... Salí corriendo en busca de la pareja de guardias nacionales, entonces aun vestidos de gris, que paseaban arriba y abajo durante todo el día para mantener el orden (Los pusieron cuando los vecinos nos quejamos del ambiente de inseguridad que se vivía en la barriada) Al principio no sabía hacia donde debía correr, pues no sabía en qué parte de la calle podían estar.
El dueño de la carbonería me hizo señas de la dirección y salí escopeteada, hasta que di con ellos.
Claro, cuando conseguí llegar a su altura los resuellos por la carrera, no dejaban que se me entendiera nada... el tiempo era oro... respiré hondo y repetí lo que ocurría a los dos guardias. Ellos me dijeron con mucha sorna, que ahora cuando fuesen de bajada en su paseo pendular, mirarían a ver qué pasaba... -¡¡¡Comooo!!!... yo hacía ya unos cinco minutos que me había ido, no sabía cómo seguía la trifulca, ni siquiera sabía si habrían llegado a las manos con mi madre, y aquellos dos grandullones diciéndome que ya pasarían en su itinerario... ¡¡Grrrrr!!... No lo pensé dos veces, pero la patada en la espinilla que le di a uno, creo que aun le debe estar doliendo... Pero es lo único que se me ocurrió. Por supuesto yo salí como alma que lleva el diablo, pues mi intención era que me persiguiera hasta donde estaba mi madre... Por desgracia yo corría mucho, pero sus piernas eran más largas y me atrapó un poco antes de llegar. Me llevó de una coleta el resto del camino. Entonces sí que quiso saber donde estaban mi padre o mi madre para llamarles la atención sobre mí, y yo le dije... -¡¿Pero no se lo estoy diciendo?!... ¡Mi madre está en la cola del agua, y como no vayamos pronto, no sé si va a poder hablar con ella porque se la habrán cargado!... Creo que mi contestación no le gustó mucho, porque el tirón de coleta fue aun más fuerte, y así me llevó hasta la fuente...
Cuando llegamos, mi madre estaba en serios problemas, creo que algún tirón de pelo se había llevado (vamos que estábamos las dos igual) pero la presencia de la policía, aunque fuese llevándome a mí de la coleta, hizo que las gitanas parasen de atacar a mi madre...
Bueno, el caso es que todo se calmó, y hubo broncas y amonestaciones también para ellas.
Cuando la cosa se apaciguó con ellas, el que me tenía cogida se dirigió a mi madre, que aun estaba algo alterada, para decirle que la próxima vez sacara a la niña en jaula o con correa... Mi madre les fulminó con la mirada, pero fue el otro guardia, quizá de menor rango, no estoy segura, el que le dijo... Vengaaa Joseee, no seas tan duro ¿Tú que hubieses hecho?... Situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas... Bufff... tras esto, por fin soltó mi coleta.
Al final, parece que les hice gracia y todo, porque cada vez que les tocaba patrullar a aquella pareja, siempre me gastaban la bromita del tirón de coleta, o de trenza, según tocara ese día... pero mucho más suave, claro y después siempre había alguna chuche de regalo para mí...
Ya veis amig@s... Genio y figura... ![]()














fenicia dijo
VAYA CON MI LIDIA!!
Precioso esto que compartes con nosotros.
kisses
7 Febrero 2010 | 09:38 PM