¿Qué es en realidad la realidad?
Debía darse prisa si quería llegar a tiempo. A la luna le faltaban pocos minutos para alcanzar el cenit. En breves instantes iba a dar comienzo el espectáculo.
El muchacho se abría paso a manotazos por entre el ramaje. El paso ligero y la excitación, aceleraban sus latidos haciéndolo resoplar con fuerza. Paró y respiró hondo unos instantes, temía que el sonido de su jadeo pudiera delatarle. Ya estaba cerca. Ya faltaba poco. Ya había llegado.
Estaba de suerte, iba a poder ver el fenómeno completo, de principio a fin. Agazapado entre la frondosidad del bosque, accionó el mecanismo de la minúscula cámara de vídeo. Esta vez le creerían. Esta vez iban a dejar de llamarle loco.
Era el momento adecuado; justo cuando el astro alcanzaba su máxima altura, un rayo potente y luminoso se filtró por entre las ramas del fresno que velaba el claro del lago como un centinela.
El mismo haz de luz, como una lanza refulgente, se colaba por entre los brazos de las adelfas de delante, traspasando a su vez, las hojas del gigantesco helecho; que parecía inclinarse a beber.
Inflexible, aquella espada de luz daba de lleno en el espejo de la superficie del agua haciendo relucir como si fuera de día aquel recóndito paraje, salpicándolo de diminutos diamantes titilantes.
Al instante; las adelfas se convirtieron en relucientes farolillos, los pensamientos en inquietas mariposas, los troncos de los árboles tomaron forma humana. De apuestos efebos los robles. De hermosas doncellas, los sauces.
Todos abandonaban sus lugares y se introducían en el lago. Debían aprovechar las escasas noches de plenilunio de las que disponían. Y, lo sabían hacer. Ya lo creo que lo sabían hacer, jugando y disfrutando como niños en una fiesta.
El furtivo espía, no perdía detalle, ni el objetivo de su cámara tampoco. ¡Qué cara iban a poner todos cuando vieran aquello!
Daba rápidos vistazos a la pantalla de su filmadora. Quería estar seguro de que todo estaba siendo grabado.
Las libélulas, convertidas en pequeñas ninfas, pasaban cerca de la lente sin percatarse de su presencia. Sin prisa, pero sin pausa, la luz de Selene estaba alcanzando la otra orilla del lago. Pronto, aquel milagro, tocaría a su fin.
Los efebos y las doncellas, poco a poco iban emergiendo del agua, con paso melancólico regresaban a su apariencia de tronco.
Las mariposas una a una y en perfecto orden recuperaron su forma de flor.
Las libélulas, volvieron a ser libélulas y los caracoles, perdieron el aspecto de elfo.
Se acabó. Todo terminó. Y aquella era la última noche, para poder disfrutar de aquello, hasta el mes siguiente. Pero daba igual.
Esta vez había quedado registrado- pensó dando ligeros golpecitos con la punta de sus dedos a la cámara- Esta vez, le creerían y además, podría verlo cada vez que le apeteciera.
No tardó nada en llegar a su casa. Subió de dos en dos los peldaños que conducían a su habitación. Estaba impaciente; introdujo la cinta en el reproductor, se sentó en la cama, oprimió la tecla del mando y… Y nada. ¡No había nada!... ¿Y si en realidad si estaba loco?... Pero... ¿Qué era en realidad, la realidad?...













Navegante dijo
es precioso. sencillamente precioso.
por cierto. la realidad es solo una forma mas de ver las cosas. y suele ser la mas fea.
un beso guiado por laser.
1 Marzo 2010 | 11:13 PM