Las tres ardillas.... (Fábula)
En un bosque, mucho más cercano de lo que nos podemos imaginar; moraban tres ardillas a las que les gustaba salir temprano para recolectar nueces, bellotas, y todo tipo de alimentos que pudieran llevarse a la boca y/o a su despensa.
A las tres les gustaban más o menos las mismas cosas, pero se diferenciaban en que, mientras a dos de ellas les encantaba presumir y hacer ostentación de sus hallazgos, la tercera prefería escucharlas y observar el paisaje sin perder detalle de lo que por allá ocurría. Todo ello sin airear demasiado lo que había en su alacena. No por nada especial, es que ella era así de discreta.
Las otras dos, en cambio, no perdían oportunidad de enumerar y presumir de todo lo que poseían, no sólo para rivalizar entre ellas, que les encantaba, si no para que todo el mundo supiese lo afortunadas que eran y lo mucho que les sonreía la vida.
Ocurrió, que entre todos los habitantes del bosque que escuchaban sus conversaciones, había todo tipo de seres, incluso depredadores a los que les faltaba tiempo para querer apoderarse de sus posesiones. O peor aun; los habían que por envidia, pretendían destruir lo que las revoltosas ardillas conseguían con mucho esfuerzo.
La tercera lo sabía, y siempre intentaba avisarlas:
-Deberíais tener cuidado con lo que contáis en público, siempre hay alguien al acecho a quien le gustaría tener lo que vosotras tenéis. Y si no pueden, no dudarán en quererlo estropear...
Pero sus traviesas amigas no le prestaban oídos. Ello provocaba que tuviesen que vivir constantemente alerta de lo que hacían o decían los demás, para no quedarse sin sus preciados bienes.
En cambio la otra, vivía perfectamente tranquila sin tener que vigilar en exceso su tesoro, puesto que nadie sabía que existía.
Nadie, ni siquiera sus amigas, por eso cuando alguna vez se lo contaba en confianza, estas se sorprendían, pues las tres tenían más o menos la misma cantidad de frutos. Suficientes para pasar tranquilas el resto del invierno.
Pero claro, mientras la ardilla discreta podía dormir a pierna suelta sin más preocupación, las otras dos tenían que hacerlo continuamente con un ojo abierto....
Y es que, contarlo absolutamente todo, nos permite presumir de nuestros logros, pero es dar demasiada información al enemigo... Porque de estos, siempre hay alguno que, de una forma u otra, dará buena cuenta de sus conocimientos y pocas veces en nuestro beneficio.
Moraleja: Quizá la ardilla discreta no fuese la más lista... ¿?... Pero os aseguro que es la que más tranquila vivía... ![]()










sleipnir70 dijo
Usualmente, nadie aprende por boca ajena...
Pero esta fábula es un consejo muy útil...
Una sonrisa discretita
2 Marzo 2010 | 09:04 PM