Visita guiada por el EDIFICIO MUJER…
(Podría ser de las llamadas casas inteligentes, o domóticas. Por la cantidad de cosas que son capaces de hacer, sólo sabiendo accionar habilmente sus sensores y dispositivos)...
En primer lugar el recibidor. En él, nos encontramos la logística, el cuadro de mandos. Conviene que siempre esté amoblada, muy bien amoblada, pero que no lo parezca. O sea, que no haga ostentación de ello, porque suele asustar a las ocasionales visitas y ser causa de que salgan despavoridas…
En este mismo espacio, nos encontraremos con dos ventanas, por las que, si sabemos mirar, podremos tener unas magníficas vistas a su corazón, generalmente centro motriz de todas sus funciones vitales.
Los cristales de estas ventanas pueden ser de diversos colores; verdes, azules, grises, varias gamas de marrón y también se pueden encontrar en intensos negros. Dicen que estos últimos son los más auténticos, pero hay demasiada leyenda urbana sobre eso…
La habilidad del edificio mujer, hace que esas ventanas, sepan captar la atención del visitante y a la vez, ofrezcan un sin fin de información sobre el carácter interior del inmueble. También se encuentra en este recibidor, el centro receptor de sonidos. Altamente sensorial a las diversas frecuencias y modulaciones de la voz de los visitantes; la ironía, la ternura, el halago, el humor, el romanticismo, el engaño… Conviene que los invitados tengan este detalle muy en cuenta. Como también conviene que sepan ganárselo; cualquier puerta que se abra o cierre en el resto del edificio, sin lugar a dudas, tendrá su origen aquí… Por estar en directa conexión con el centro neurálgico que activa el conjunto.
Una vez el recibidor nos da el visto bueno, podemos pasar a conocer el resto… Comprobaremos que, por lo general, el ambiente suele tener un aroma agradable. Las paredes, suaves, están provistas de múltiples sensores e interruptores que, bien accionados, nos abren a un mundo mágico. Lleno de complementos que nos mostrarán una casa acogedora, cálida, sorprendente.
Siguiendo adelante, nos encontraremos con uno de sus principales atractivos. Un detalle del acabado, distintivo trascendental de su género. También, todo hay que decirlo, uno de los más apreciados. Tanto, que a menudo cae en el olvido, incluso el de ella misma, la misión principal para la que, ese par de apliques, fueron creados.
Continuando con la visita, pasamos a la sala más acogedora, también conocida como regazo. Los visitantes, si son bien acogidos, se suelen sentir a gusto en él. Incluso los hay que gustan de dar breves dormiditas usándolo como almohada. Sí, es un lugar ideal, donde reposar tras el duro esfuerzo y olvidar los problemas de la jornada.
Más adelante, encontraremos otro detalle también muy valorado en los edificios de su clase. Tiene muchos, (quizás demasiados), nombres. Unos despectivos, otros sensuales, otros cariñosos, otros sencillamente groseros... Pero aquí, vamos a usar un eufemismo, y lo vamos a llamar, el pozo de los deseos. Porque en definitiva, es lo que es… Suele ser la meta u obsesión de muchos de los visitantes. Fuente de placeres (en ocasiones también disgustos, es cierto) para la anfitriona y sus invitados. También, y sobre todo, el origen vital de prácticamente todo el universo… Decidme… ¿Es o, no es, el pozo de los deseos?...
El edificio, está acabado por unos pilares a los que, a veces, se le aplican unas extensiones llamadas tacones. Estos pilares, con frecuencia, atraen las miradas de los transeúntes… Incluso algunas demostraciones de aprobación en forma de silbido…
En fin, el edificio mujer, es una construcción que suele ser agradable de mirar. Y al que para entrar, es necesario haberse ganado previamente el favor y la confianza de su dueña. Cuando se sabe hacer; conseguirlo no es complicado. Sabrás que tienes su permiso, porque ella misma será la que te dé la llave cuando así sea.
¡¡Atención!!... Ha de quedar claro, muy claro, que a este edificio, sólo se puede entrar de esta forma. Pretender acceder a él de cualquier otra manera, podrá ser considerado como, violación de la propiedad ajena… No hay atenuantes, a nadie le gusta que le arrebaten con violencia algo que es suyo…
Que la vida en el edificio mujer, llegue a ser placentera e inolvidable, es únicamente cuestión de causar una buena impresión en el recibidor y saber ganarse su confianza. Créanme, el que lo consigue, no lo olvida…
Reeditado a petición popular...









mi-oscuridad dijo
Me ha encantado, voy a recomendárselo a un Arquitecto Técnico, que tengo muy cerca, a ver si aprende algo de construcción jajaja
Besitos
6 Junio 2010 | 06:23 PM