Te amaré una eternidad... (Relato)
Era ella. Quizás el peinado era distinto, tal vez el estilo de su indumentaria era otro, pero aquella melena en llamas, y el especial tono violeta de sus pupilas, eran inconfundibles. No había cambiado; tan hermosa y arrebatadora como la recordaba.
Oculto en la nada de la alcoba podía observarla mejor.
Así; serena, indolente, entregada en cuerpo y alma al reconfortante baño... ¡Dioss! ¡Todos sus pactos habían dado resultado! Estaba allí.
Cauteloso, besó la seda de aquel hombro; algo tan suave y fugaz como el vuelo de la mariposa...
Sentir esa ráfaga caliente la hizo abrir los ojos y voltearse inquieta en la bañera… quiso tranquilizarse pensando que podía haber sido su imaginación.
Envuelta en la toalla cepilló enérgicamente la cascada de rizos cobrizos. Una vez satisfecha con el resultado, sustituyó la aspereza de la toalla por el toque delicado del satén burdeos del camisón.
El resultado, para la mirada furtiva que la observaba, no podía ser más seductor.
Empezaba a vencerla el sueño cuando… Esta vez, fue en la nuca, en el nacimiento del pelo… En el colmo del asombro, sintió como se le erizaba la piel cuando despacio, muy despacio, deslizaban el fino tirante al tiempo que, aprisionaban y besaban impúdicamente su seno.
Algo o alguien, la obligaba a girarse y a sentir su peso, a la vez que alzaba su camisón hasta la cintura... Ya no sabía si soñaba o deliraba, ríos de lava arrasaban sus venas, cuando una mano… Porque; era una mano lo que estaba acariciando su intimidad, arrancandole jadeos a su sueño… Ahh… Pero qué… Ummm… percibía en esos instantes sensaciones, de las que ignoraba su existencia… ¡Oh!... ¡Dios!... Estaba siendo poseída por… ¡¡Por nadie!!...
Un cúmulo de emociones estallaron a la vez en aquel lecho; el deseo largo tiempo contenido, la dicha de volver a poseerla, la incerteza de que aquello estuviera sucediendo realmente, la explosión incontrolada y de una magnitud desconocida para ella... Al clarear, el semblante satisfecho de la muchacha fue un trofeo para el observador furtivo...
Confusa todavía, bajó a desayunar. La puerta entreabierta de la oficina de recepción, le volvió a mostrar aquella pintura.
-Perdone caballero... Ese otro caballero, el del cuadro... ¿Siempre ha sonreído?...
-No, señorita- respondió pálido, el dueño del vetusto hotel- Es mi abuelo, y dejó de sonreír el día que perdió a su gran y único amor en un accidente automovilístico, no lejos de estos acantilados.
-Ah… ¿Y por qué sonríe ahora?... ¡Eeh! ¡Oiga!... ¿Por qué me mira así?...
El hombre, sin poder apartar la vista de la chica, abrió un poco mas la puerta dejando expuesta la pintura en su totalidad. No daba crédito a sus ojos. Allá, sentada al lado del personaje… ¡¡Estaba ella!! Con otros ropajes. Era como estarse mirando en un espejo vestida de carnaval.
Sus enormes ojos violeta, interrogaban en silencio al asombrado recepcionista. Él, le contó:
-Mi abuelo se prestó a todo tipo de conjuros, espiritismos o pactos. Daba igual quién se lo propusiera, solo la obsesión por conseguir la reencarnación de mi abuela le mantenía vivo. Siempre decía que no descansaría, ni nos dejaría descansar a nadie hasta que lo consiguiera.







a-la-intemperie dijo
Qué buen relato Lidia! me ha mantenido tensa a medida que iba leyendo las líneas. Muy bueno!
Cariños
31 Julio 2010 | 04:16 AM