Distintas, distantes... pero a la vez, tan cercanas.
Qué distintos y distantes, pero qué cercanos, podemos ser a la vez.
Cada uno con sus diferencias inevitables, cada uno con sus costumbres adquiridas, pero luego, tan parecidos en lo que a sentimientos se refiere. Un gesto, en apariencia insignificante, puede ser la diferencia entre empezar, o no, con buen pie.
Son esas pequeñas cosas que me gustan y me hacen sentir una especial fascinación por el ser humano.
Me gusta sentarme a, como suelo decir, ver pasar la vida ante mí; observar a la gente siempre me hace aprender cosas. Como por ejemplo, que en lo esencial no somos tan diferentes unos de otros, a pesar de todo.
Existen hechos comunes que nos unen y nos acercan; un gesto, una sonrisa. Cosas que se nos antojan banales, pero que en un momento dado nos unen, al sentirnos comprendidos.
Esa fue mi impresión cuando, tras un largo y agotador viaje, hicimos un alto en el camino para tomar algo antes de enfrentarnos con la última etapa; la que nos llevaría por fin a nuestro destino. Debíamos hacer tiempo para llegar a la hora acordada.
Nos vino bien. Además de refrescarnos por dentro con lo que estábamos tomando, nos daría la oportunidad de recomponernos por fuera y poner en orden la acusada apariencia de fatiga que ya arrastrábamos a esas horas.
Mientras los demás seguían con sus bebidas; mi hija y yo nos dirigimos a los servicios de la estación donde nos hallábamos. Lo primero que nos sorprendió fue, que debíamos pagar una cantidad fija, bastante asequible, a la mujer que estaba en la puerta permitiendo el acceso a los mismos.
Ambas pensamos que, eso estaba bien; además de ser un puesto de trabajo, ello garantizaba que el interior siempre estuviese en buen estado y que no faltase nada de lo esencial (jabón para las manos, papel higiénico, etc.) a parte de estar siempre bien vigilados, ya que desde donde estaba la empleada se tenía buena visión de las zonas menos privadas, tanto del de damas, como del de caballeros.
Después de lo esencial, mi hija y yo, nos dispusimos a recuperar lo mejor posible nuestro aspecto. Como coquetas incorregibles que somos, empezamos por lavarnos las manos y refrescar nuestros rostros. Acto seguido retocar, en mi caso reconstruir, el maquillaje. Nada espectacular, sólo lo esencial e imprescindible. El último paso fue enmendar nuestro peinado, sendos recogidos que, en el caso de mi hija, precisó algo de ayuda por mi parte.
Éramos conscientes de que estábamos rozando el límite de lo habitual en un lugar de paso como aquel, pero después de tantas horas, la situación requería algo más que un repaso fugaz.
Durante todo el proceso la mujer entraba y salía supervisando y cumpliendo con su trabajo. Mi hija y yo nos dábamos prisa en acabar cuanto antes pues pensábamos que quizá nos llamase la atención por nuestra demora... En una de esas idas y venidas, nuestras miradas se cruzaron con la suya através del espejo; las tres sonreímos a la vez. Fue un instante; unas miradas, unas sonrisas, un gesto cómplice. Algo tan fugaz y efímero, pero a la vez tan reconfortante y tranquilizador al sentirnos comprendidas. Acabamos el proceso con más calma sabiendo que ella nos entendía y se solidarizaba con nosotras.
Ella era negra. Tan extranjera como nosotras; con idiomas y costumbres diferentes en un país diferente... pero tan mujer y coqueta como nosotras.... Un sentimiento global hacía de conexión entre las tres. Casi invisible, sí. Insignificante, sí. Pero en ese instante estuvimos unidas por un vínculo común... el hecho de ser mujer... y la forma más universal de expresarlo, una sonrisa. Un pequeño gesto para la mayoría; pero un gran guiño de proximidad para las tres.
Cuando salimos de allá, tanto nuestro aspecto como nuestro ánimo habían sufrido un cambio de lo más positivo... A juzgar por los comentarios de los que nos esperaban, creo que fue evidente.
Estas son las pequeñas cosas que suelo traer en la maleta tras un viaje. Estos son mis souvenirs particulares. Los que me gustan, los que realmente me llenan. Por eso os los cuento.











tess dijo
Coquetassss¡¡¡¡
Es cierto que hay cosas pequeñas en los viajes que los engrandecen, pero seguro que tienes mucho más que contarnos.
BesoTess de bienvenida
23 Agosto 2010 | 09:26 PM