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Terra
La Coctelera

Nada es imposible, todo puede suceder...

Para que se haga realidad, primero hay que soñarlo

22 Septiembre 2010

LÉLODY LA VALIENTE

Hace tiempo que escribí esto, tanto como seis años, pero no acababa de atreverme a ponerlo aquí porque me parecía demasiado largo. Pero hoy, pensando... Las novelas por entregas siempre han tenido buena aceptación... ¿No?... Pues eso... Lo iré colgando hasta completar esta historia. Es una historia juvenil y seguro que en cuanto leáis un poco sabréis cual ha sido mi fuente de inspiración.

LÉLODY LA VALIENTE

En la escuela - (cap. 1º)

Dimas estaba leyendo, era su turno. Cuando llegó al punto y aparte la maestra dijo:

-Lélody, te toca.

Esta se levanto, sintiendo que todo el calor de su cuerpo se le concentraba en las mejillas. Entonces recordó lo que siempre le aconsejaba su madre –respira hondo y piensa que estás tu sola- Comenzó a relatar su parte del cuento. A medida que veía que le estaba saliendo bien fue relajándose y los párrafos fueron saliendo de su boca sin ningún esfuerzo, haciendo que ella misma se fuera introduciendo en la historia.

Los demás compañeros la escuchaban en completo silencio, la mayoría con el codo apoyado en el pupitre y la cabeza descansando en la mano del mismo brazo. Hasta la señorita se había olvidado de dar paso al siguiente lector.

-Sinceramente, Lelody, no entiendo por qué te costó tanto leer en voz alta el curso pasado. Lo haces de maravilla. Parece que estés viviendo el relato.

La pequeña se ruborizó, como siempre, al darse cuenta de que estaba siendo el centro de atención. Por toda respuesta, hizo un encogimiento de hombros y se sentó en silencio visiblemente turbada. Si la señorita Jana supiera lo duro que era para ella cada paso que daba, cada escalón que subía...

Lelody era una niña de nueve años alegre, pizpireta, bromista incluso divertida con la gente a la que cogía confianza. Pero hasta que llegaba esa confianza, era una prueba de superación constante, por su extrema timidez. Sólo ella y sus padres sabían lo valiente que era al dar un nuevo paso hacia delante. Cada día había un nuevo reto, y cada día saltaba una nueva barrera. Era una campeona.

Al volver a casa le contó a sus padres lo que había pasado en la clase. Los dos la felicitaron y le volvieron a repetir lo valiente que era y lo orgullosos que estaban de ella.

Al día siguiente, después del colegio, fue a sus clases de baile. Le gustaban mucho. Cuando conseguía desinhibirse, la música entraba en ella y se dejaba transportar. Tenía gran facilidad para aprender los pasos de una coreografía. Incluso si había faltado a alguna de las clases, le costaba muy poco ponerse al compás de las demás. La profesora la ponía casi siempre delante para que las demás aprendieran.

Esto, a ella, le costaba muchísimo pero pronto el ritmo la atrapaba y olvidaba que la estaban observando. En esa ocasión Carla, la profesora, les dijo que como había tres días de fiesta tenían que aprovecharlos para inventar una coreografía con la música que mas les gustara.

Votarían todas por la mejor, la aprenderían, la perfeccionarían y se presentarían en el concurso de baile que se estaba preparando para el próximo mes de junio en su ciudad.

Lélody volvió a casa con un nudo en el estómago. Por un lado le entusiasmaba aquel reto. Pero por otro, era un muro demasiado alto para su timidez. Lo comentó con sus padres y estos le dijeron que escogiera algo que le gustase mucho, lo ensayara y después ya se vería como acababa todo. Lélody sabía que siempre podía contar con el apoyo de ellos.

Entró en su habitación y rebusco entre los múltiples CDs algo que la inspirara. Se decidió por una de las canciones de la película Cabaret. Era su favorita. Pulsó el botón del aparato y empezó a moverse delante del espejo.

Al instante ya estaba en su mundo inventando pasos de baile, unos nuevos i otros adaptados de coreografías anteriores. Sólo cuando oyó la voz de la madre llamando para cenar se dio cuenta de que habían transcurrido horas desde que empezase a bailar.

La conversación de esa noche giro entorno a la coreografía, pero los padres se dieron cuenta de que empezaba a ponerse nerviosa y eso que no había hecho más que empezar. Sabían que les esperaban tres larguísimos días, así que sería mejor cambiar de conversación por el momento.

Consiguieron encontrar otros temas que fueran relajando a su hija.

La coreografía – (cap. 2º)

Al día siguiente Lélody se levantó y como de costumbre desayunó bien, recogió su habitación y se dispuso a hacer los deberes, lo más rápido posible, para que le sobrara tiempo para bailar antes de que la llamaran a comer.

Se dejo envolver por la música. Ensayó una, otra y otra vez, repitiendo mil veces los mismos movimientos que le sugería la melodía para fijarlos en su mente y a la vez perfeccionarlos.

-Mamá, papá. Venir a ver lo que he montado hasta ahora.

-Enseguida. Espera que acabemos lo que estamos haciendo.

La niña seguía ensayando mientras aguardaba. Cuando los tuvo sentados a los dos en su cama, puso en marcha el aparato y se dejó llevar por el ritmo. Los dos aplaudieron al unísono.

-¡Bravo! -Dijo el padre, todavía aplaudiendo.

-Muy bien. Ahora sólo tienes que fijar los movimientos que prefieras y ensayarlos mas veces hasta que te queden grabados y ya lo tienes - sugirió la madre-

Entre ensayo y ensayo, los días pasaron, mas rápido de lo que ella hubiera deseado. Esa noche le costó conciliar el sueño.

-Mamá, no se si voy a se capaz.

-¡Por qué! Pero si lo haces muy bien.

-Ya. Pero es que...Delante de todos...Me da mucho corte...

-Mira. Tú pon la música cierra los ojos y déjate llevar, como haces aquí.

-No se...No se...Ya veré...

-Tu misma. Pero sería una pena, después de todo lo que te has esforzado.

La madre sabía que esa noche le iba a costar dormirse. Por eso le leyó su cuento favorito, uno de los más largos, para ayudarla a pensar en otra cosa. El cansancio, por un laaargo día de baile y la dimensión del relato hicieron su efecto y Lélody se quedo dormida antes de terminar este.

La madre le dio un cariñoso beso en la frente mientras la arropaba, consciente de la dura lucha que se libraba en el interior de su pequeña – duerme mi vida, verás como este obstáculo también lo saltaras. Por algo eres Lélody la valiente- Salió de la habitación y entornó la puerta para que nada perturbara su descanso.

Un duro día – (cap. 3º)

Esa mañana se levanto como si le hubieran colocado un motor. Se lavó, se vistió y se peinó en menos tiempo del acostumbrado. También es cierto que tenia un humor de mil demonios. Nada usual en ella. Siempre se levantaba contenta repartiendo besos a diestro y siniestro. Pero ese día, se discutió con todos y por todo. Hasta el perro se llevó algún que otro bufido por ponerse por en medio.

-¡Lélody mujer! Ya sé que estas nerviosa, pero no lo pagues con nosotros.

-Perdona mamá, pero es que... es que...

-Si. Ya, ya. Ya te conocemos y por eso mismo te digo que no te pases el día pensando en lo mismo. Intenta distraerte o llegarás echa un manojo de nervios a la prueba.

-Vale. Lo intentaré. Hasta luego mama

El padre también sabía lo nerviosa que estaba su hija e intentó no llevarle la contraria más de lo normal. Se limitó a esperarla en la puerta, para coger el coche y acercarla al colegio.

Al llegar al patio donde hacían fila para subir a la clase, se encontró con las compañeras que también iban al mismo centro de baile que ella y debían pasar la misma prueba.

Rona, la más entrometida le preguntó:

-¿Qué, Lélody, ya tienes algo ensayado?

Antes de que contestara saltó Rosa la más impertinente:

-¿Quién? ¿Ésta? ¿Con lo tímida que es? ¡Me extraña!

Todas rieron. Lélody, cerró los puños con fuerza y la miro con los ojos empequeñeciéndosele por la rabia contenida.

-¡Ya lo veréis cuando llegue el momento!

-Seguro que no tiene nada- continuó Rosa.

Era la niña más presumida de la clase y también la más antipática. Sobre todo con Lélody, a la que le tenía un poco, bueno un mucho, de envidia. No entendía por qué, con lo “guapa y simpática” que era ella, todos preferían jugar con una niña tan tímida e insulsa.

-Bueno, ya está bien- dijo Lorena, la mejor amiga de Lélody- No todos tienen tanta cara dura como tu. Además, es muy divertida y se puede jugar a todo con ella. No como tu, que en el recreo no quieres hacer nada porque; dices que son juegos de chicos o porque te despeinas, o porque te ensucias la ropa o cualquier otra cursilería por el estilo.

Todas rieron de nuevo. Lélody con un apretón de manos, casi imperceptible, dio las gracias a su buena amiga por haberla defendido de la fastidiosa Rosa.

Lorena que todavía tenia cogida la mano de su amiga, hizo que se rezagaran adrede para poderle preguntar en voz baja;

-¿Pero tienes algo, si o no?

-Si. Pero no se si lo haré.

-¡¿Qué dices?! No seas tonta conociéndote seguro que es muy bueno.

-¡Ay! Lorena. No se...Por favor vamos a cambiar de tema. Si me paso todo el día pensando, o hablando de esto, seguro que me pondré tan nerviosa que me bloquearé y entonces si que no haré nada.

-Vale, vale. Prohibido hablar de esto en todo el día.

La niña se entrego a todas las tareas de la jornada en cuerpo y alma para no darse tiempo a pensar. Durante el patio y el comedor, Rosa intentó sacar el tema otra vez para fisgonear (ella tenia una coreografía “buenísima” pero sabía que si Lélody se lo proponía arrasaría con todas) y también para ridiculizarla otra vez y así, conociéndola, ponerla nerviosa a ver si se retiraba.

Lorena se lo impedía cada vez y las demás también le echaban un cable. Le tenían mucha simpatía a Lélody y muy poca a la engreída de Rosa.

Por fin las clases terminaron, se le hicieron largiiiisimas. Salió corriendo y en la puerta, como de costumbre estaba su madre esperándola.

-Hola cariño. ¿Qué tal el día?

-Bien. Un poco largo.

-Y tú como estas. ¿Nerviosa?

Lélody infló las mejillas y se encogió de hombros dejando salir poco a poco el aire contenido... Detrás, pudiendo apenas seguirla, salía Lorena.

-Déle algo para tranquilizarla o explotará.

-¡Venga ya! No seas exagerada...

-No. ¡Que va! Si por poco te matas bajando las escaleras de dos en dos.

-Será mejor que nos pongamos en marcha o llegaremos tarde a las clases de baile- dijo la madre con una mirada de complicidad hacia Lorena, sabía perfectamente lo que ésta había querido decir.

-Mamá no voy a ir... Lorena abrió los ojos como platos mirando suplicante a la madre de su amiga. Esta con un ademán, casi imperceptible, de sus manos calmó a la amiga de su hija y le dijo a ésta:

-Como quieras cariño, pero es una pena. Con todo lo que has trabajado y que solo lo hayamos podido ver nosotros y tus peluches...

Lorena vio por donde iban los tiros. Conocía a su amiga y sabía que lo mejor era apelar a su amor propio.

-Bueno. Pero ya me veo, otra vez, aprendiendo los pasos de la coreografía de Rosa. Es buena, pero seguro son los mismos de siempre.

-Si.- dijo la madre- y además se habrá salido con la suya. Ha querido eliminar una buena rival y lo ha conseguido

– concluyó, guiñándole un ojo por detrás de su hija a Lorena.

-¡¡Ah no!! Se va a enterar esa ñoña de lo que vale un peine...

La madre y la amiga se miraron por encima de la cabeza de Lélody con una sonrisa de: ¡Lo hemos conseguido! Continuaron hablando de otra cosa y jugueteando el resto del camino para no darle tiempo a desdecirse.

La hora de la verdad – (cap. 4º)

Cuando llegaron a la puerta de la clase ya estaban todas las demás. La mayoría eran compañeras de aula en el colegio, otras no. Carla las recibió con el mismo entusiasmo de siempre.

-¿Qué? ¿Tenéis algo para mí?

-¡Siii! –Contestaron todas a la vez-

-¿Habéis ensayado mucho?

- ¡¡Siii!! -Otra vez al unísono-

-¿Tu también Lélody?

Todas se giraron para mirarla. La pobre, se encogió toda ella y con la cabeza asintió notando que el calor la iba a fundir de un momento a otro.

-Muy bien valiente, así me gusta. ¿Quién dijo miedo?...- Carla la quería mucho y sabia muy bien del valor que necesitaba la niña para dar ese paso, por eso no dudaba en hacérselo saber en cuanto tenía oportunidad.

-¡A saber! Seguro que será una memez...

-Rooosaa- dijo Lorena entre dientes- Ten cuidado que te estas poniendo verde...

Todos se rieron por la salida de Lorena. Subieron a la clase y la señorita preguntó que quién quería empezar. La conocía y sabía perfectamente que no iba a ser Lélody, por eso no la presiono. Carla, se deleitaba viendo bailar a sus alumnas. No eran la Paulova, pero se lo pasaban bien en las clases y de eso era de lo que se trataba. Incluso habían algunas que tenían, verdadera madera de bailarinas, como Lélody.

Ante sus ojos y oídos fueron desfilando las diferentes músicas con sus respectivas pequeñas coreógrafas. Había observado que cada vez que le iba a tocar a Lélody, ésta daba un paso atrás y dejaba pasar a la siguiente. Prefirió no decir nada, esperaría a ver como evolucionaba todo. Pero ya solo quedaban dos. En esta ocasión fue Rosa la que dando un bufido desplazó de un empujón a Lélody.

Carla frunció el ceño pero no dijo nada, dejó que todo fluyera. Como no. Rosa puso el último éxito que sonaba en todas partes. La niña empezó a moverse con gracia y seguridad. La señorita tenia que reconocer que su técnica era precisa y depurada, pero excesivamente convencional. Aunque, si no aparecía otra cosa, esa era la mejor para el concurso. Cruzo los dedos a su espalda esperando que Lélody no la defraudara, aunque con ese carácter.... Además sentía curiosidad por ver que había hecho aquella niña tan tímida, pero que llevaba tanto ritmo dentro.

La música y el baile de Rosa cesaron y todas las miradas se dirigieron hacia Lélody. Carla contuvo la respiración, sabía que eso era lo peor que podía pasar.

En efecto la pequeña se iba encogiendo y empezó a dar pasos hacia atrás. En cualquier momento podía echar a correr... De pronto las notas de Cabaret empezaron a sonar en el aparto de música. Lélody miró a Lorena, solo ella sabía la pieza que había escogido. Esta le sonrió con cara de niña buena y le guiño un ojo haciendo gestos con la cabeza para que se lanzara.

En vista de que no acababa de surgir efecto, hizo que mirara hacia Rosa. Esta estaba con los brazos cruzados con aire de superioridad y con una sonrisa en la cara de...Soy la mejor...Eso y que el ritmo ya había empezado a hacer su efecto... Lélody llevada por un impulso entro en el centro de la pista, cerró los ojos y empezó a desarrollar la coreografía que había estado ensayando... Carla siguiendo el ritmo con los pies, se la miraba pensando...Esta es mi niña. Y como se mueve la condenada. Ya sabía yo que no me iba a traer una cancioncita de moda. Es tímida pero tiene personalidad.

La música y el baile cesaron y se oyó al unísono:

-¡¡Bravo Lélody!! ¡¡Eres genial!!

-¡Fantástico mi valiente!- dijo la señorita, consciente de lo que le había costado decidirse.

Lélody, volvió a sentirse abrumada por tanto elogio. Era lo que peor llevaba. Como ademas tenía un gran corazón, empezó a sentirse mal por haber desplazado a Rosa. Entonces la miró y fue hacia donde estaba ella.

-Son unas exageradas. El tuyo era muy bueno.

-Si. Pero el tuyo era mejor – dijo con cara de fingido enfado.

Se quedaron mirando, Lélody algo preocupada, pero Rosa fue esbozando una sonrisa que se fue contagiando a la otra. Las dos se abrazaron. Estaré encantada de aprenderme tu coreografía. Pero haber si te comes ya esa timidez o acabaré bailándola mejor que tu.

-Si es por caradura estoy segura que serás la mejor...-dijo Lorena en broma poniendo fin a aquella imagen tan tierna.

La señorita orgullosa de cómo resolvían sus pupilas las pequeñas diferencias exclamó:

-¡Estas son mis chicas! Pero no lo deis todo por hecho, todavía hay que someterlas a votación.

-¿Quiere decir? –Dijo Lorena- Cabaret ha sido la mejor ¿Verdad chicas?

-¡¡Siii!!

-Vale, vale. Pero que conste que la habéis elegido vosotras ¿Eh? Luego no os quejéis- Dijo Carla descruzando los dedos, que ya se le habían dormido a la espalda....

Sus padres la felicitaron y la llenaron de besos.

-¿Ves como valía la pena intentarlo- dijo la madre.

-Ya has saltado otro obstáculo. ¡Que orgulloso estoy de ti!- dijo el padre abrazándola con fuerza.

Lélody se sentía dichosa.

 (Si os gusta, el lunes más  )

 

servido por licemar 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

kilifa

kilifa dijo

me lo puedo saltar!!!! jajajaja

en mi libro pone....para el principe encantador, de la bruja coctelera...muchos besos campeón...Lidia...

y puedo decir y digo, que es genial!!!!

muacksssssss

22 Septiembre 2010 | 10:03 PM

fenicia

fenicia dijo

Precioso!!!
kISSES

23 Septiembre 2010 | 04:24 PM

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Nada es imposible, todo puede suceder...

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No soy lo que buscas, soy lo que encuentras... En definitiva, soy; con eso tengo bastante... Mas vieja de lo que me gustaría, pero bastante más joven de lo que les gustaría a mis "amigas"... ¿Mis aficiones?... Pues depende: Unas son más caras de lo que me puedo permitir. Para otras, (la mayoría) dependo sola y exclusivamente de mi misma: mi garganta, mi imaginación, mis manos, mi esfuerzo... Einstein y yo estamos estrecha, íntimamente ligados; por la ley de la relatividad: Soy relativamente alta, relativamente guapa, relativamente delgada (aplíquese aquí el mismo varemo que con lo de la juventud...) relativamente feliz... Y no me quejo... Relativamente.......

"EL QUE NO IMAGINA NUNCA, ES COMO EL QUE NO TANSPIRA... ALMACENA VENENO"... (Thruman Capote

Un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales. (Mahatma Gandhi)

ERA GUARDIOLA:

CAMPIÒ DE LLIGA... 2008-2009... 2009-2010... Y... 2010-2011... FORÇA BARÇA!!...

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"LA DIPOLOMACIA: ES EL ARTE DE MOVER EL TAPÓN Y LA BOTELLA, HASTA QUE LA ROSCA ENCAJE. DE TAL FORMA QUE; NI EL TAPÓN, NI LA BOTELLA PERCIBAN QUE LOS HAN HECHO MOVERSE..."
(YO)


Querer ser independientes no significa odiar al resto del mundo... Cuando un hijo se siente capaz de independizarse ¿Significa que odia a sus padres? ¿O es simplemente que se siente capacitado para vivir por su cuenta?....

CUANDO LA VOZ DE LOS OPRIMIDOS ES SILENCIADA, LA VIOLENCIA TOMA LA PALABRA Y LO QUE ES PEOR; LA DISFRAZA DE RAZÓN...(YO)

TODO MI APOYO Y SOLIDARIDAD CON LOS VALENCIANOS QUE QUIEREN SEGUIR VIENDO "TV3"...

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ESTO FUE LO QUE PASÓ"...

Primero cogieron a los comunistas, y yo no dije nada porque yo no era un comunista. Luego se llevaron a los judíos, y no dije nada porque yo no era un judío. Luego vinieron por los obreros, y no dije nada porque no era ni obrero ni sindicalista. Luego se metieron con los católicos, y no dije nada porque yo era protestante. Y cuando finalmente vinieron por mí no quedaba nadie para protestar.
Martin Niemöller

El peor analfabeto es el analfabeto político, El no ve, no habla, No participa de los acontecimientos políticos, El no sabe que el costo de la vida, precio del poroto, de la carne, de la harina del alquiler, del remedio, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece e hincha el pecho diciendo que odia la política. No sabe el imbecil que de su ignorancia política, nace la prostituta, el niño abandonado, el asaltante y el peor de los bandidos, que es el político corrupto y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales...
Bertolt Brecht


Hay hombres que luchan un día y son buenos, hay otros que luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles...
Bertolt Brecht

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