LÉLODY LA VALIENTE- (¿Donde están las chicas?)
Los ensayos – (cap.1º)
Desde la prueba de baile, los chicos, encontraban a sus amigas bastante raras. Estaban todo el tiempo hablando de cosas que ellos no llegaban a comprender. Además habían incluido a Rosa en sus tejemanejes. Esto les hacia estar todavía mas despistados con respecto a lo que pasaba. No hacían más que querer llamar su atención proponiendo juegos:
-Vamos chicas, juguemos un partido- dijo Darío llevando el balón entre los pies. Las niñas lo miraron sin decidirse a jugar.
-O si preferís juguemos a pillar- intervino Samuel – O al escondite.
-Puaff. Desde hace unos días estáis muy raras- se lamentó Dimas- no hay manera de jugar con vosotras a nada serio.
Todas se miraron y pusieron los ojos en blanco con un suspiro.
-Vamos a jugar con ellos un rato o no nos dejarán en paz – dijo Sara.
Lorena, de repente salió corriendo mientras decía:
-¡Vamos chicos, mover ese balón! ¡Venga, venga, venga estáis muy parados!
Le habían contado su proeza a la señorita y esta después de darles su enhorabuena, les había sugerido que pidieran permiso para utilizar las instalaciones del gimnasio de la escuela. De esta manera podrían aprovechar que la mayoría eran de la misma clase y que tenían un rato de ocio después de comer para poder perfeccionar su coreografía sin que nadie las molestara.
Se comprometió a que ella misma las avisaría cuando tuvieran que subir para las clases de la tarde.
Los días pasaban y los chicos ya estaban mosca de ver que después del comedor sus amigas desaparecían.
-Tenemos que saber de una vez por todas donde se meten- exclamó Samuel.
-Hace semanas que no podemos jugar a nada con ellas después de comer.
-¿Qué se traerán entre manos?- Dijo Darío protestando.
-Pues de hoy no pasa- Estampó Rubén con una palmada en la mesa haciendo saltar a sus compañeros- cuando acabemos de comer, nos esperaremos y las seguiremos.
Las niñas cuando terminaron la comida le pidieron permiso a la monitora para abandonar la sala. La mujer, que ya estaba al corriente de todo, se lo dio sin ningún problema. Todas se levantaron y salieron del comedor.
Los chicos esperaron a que ellas se hubieran marchado. Pidieron permiso y cuando se lo concedieron saltaron detrás de las chicas, con cuidado de no ser descubiertos.
No les costó mucho pues ellas iban alborotando y en su mundo sin darse cuenta de nada mas. Cuando llegaron al gimnasio abrieron la puerta. Entraron y Lélody saco su CD, lo insertó en la cadena y apretó el botón. En un instante todo el lugar se inundo de la música y de las risas nerviosas de las niñas.
-Venga, venga. Que se nos echa el tiempo encima- dijo Rosa- y esto todavía esta muy verde...
Los chicos avanzaban por el pasillo, agazapados, como hacían los detectives de las películas que habían visto. Pusieron cara de sorpresa y se miraron cuando vieron entrar a todas en el gimnasio.
Dieron una pequeña carrera y en un tris estuvieron con las orejas pegadas a la puerta. No salían de su asombro. Sobre todo cuando empezó a sonar la música. Perplejos se miraron, otra vez, entre ellos con la boca abierta.
Samuel, el que estaba más cerca del pomo, fue girándolo lentamente hasta poder abrir una rendija por la que intentó fisgonear...
-¡Están bailando!...
-¡¡¿Queee?!!- Dijeron los otros.
-Si. ¡Están bailando!...
-Pero qué chalaura les ha entrado ahora- Exclamó Dimas
-¿Y para eso tanto misterio?...- Rieron los otros dos.
De pronto la puerta se abrió y los cuatro cayeron uno encima de otro y todos amontonados.
-¡¡Chiiicaaas, tenemos espectadores!!...- dijo divertida Lorena, que era la causante de que se abriera la puerta de aquella manera tan brusca... Todos se rieron de todos.
Ellos poniéndose de pié y riéndose todavía preguntaron:
-¿Pero que hacéis aquí? ¿A que jugáis? Si se puede saber. ¿Por qué os escondéis cada tarde?
-No nos escondemos- Dijo Lélody- estamos ensayando un baile para el concurso. ¿Queréis participar?
Las demás la miraron con cara de horror. Pero los chicos...Los chicos la miraron como si se hubiese vuelto loca.
-¡¿Pero qué dices?!...Si eso es cosa de chicas.
Ellas soltaron el aire, aliviadas de que por lo menos ellos tuvieran los tornillos en su sitio.
-¿Cómo que de chicas?- insistió Lélody- ¿Es que a vosotros no os gusta bailar?
Ellos se miraban con cara de extrañeza. Y ellas hablaban entre dientes a su amiga:
-Lélody ¿Te has vuelto loca? Ellos no saben bailar, solo saben jugar a fútbol...
-Seguro que nadie les ha dado una oportunidad. Apuesto lo que quieras que a más de uno se le van los pies cuando oyen algo que les gusta- insistió la niña- ¿Por qué no lo probáis?...No creo que seáis más tímidos que yo...
Jana llegó para avisarles de que las clases iban a comenzar y se extrañó de encontrar allí a los chicos. Las miró a ellas y, por señas le hicieron saber que no pasaba nada.
Mientras subían Lélody se acercó a la señorita para aclararle lo que había visto en el gimnasio.
-Es que nos han descubierto mientras ensayábamos y se han reído de nosotras. Pero yo les estoy convenciendo para que se unan a los ensayos, nos hemos propuesto enseñarles a bailar.
-¡Válgame el cielo! Esto si que no me lo pierdo. Cuando este ya listo avisadme. Será un placer descubrir que no tienen dos pies izquierdos...
Bailar no sólo es cosa de chicas – (cap.2º)
-¡Desde luego! Solo tienes una cosa más grande que tu timidez, y es tu boca- Protestó Rosa, mientras caminaban hacia la clase
-Ja, ja, ja. Dáles una oportunidad, mujer, seguro que hay alguno que lo consigue- dijo Lélody conciliadora.
-¿Ya no te acuerdas de lo que cuesta hacerles dar dos pasos a derechas en el festival de fin de cursa de cada año?- continuó la primera.
- Siento tener que dar la razón a Rosa- Intervino Lorena.- No te acostumbres.
-Si. Pero eso es porque están todos juntos y les da vergüenza verse. Pero estos, solo son cuatro. ¿No vais a poder con ellos?...argumento Lélody.
-Vale, vale- Concluyeron todas camino de sus respectivos pupitres.
Al terminar las clases, en el pasillo que conducía al patio por donde solían salir, las chicas les dijeron a los chicos:
-Mañana os esperamos en el gimnasio...
-¡Lo tenéis claro!...- Dijeron ellos; alguno haciéndose circulitos con el dedo en la sien.
-¿Miedo?...- Preguntó Lélody provocadora y alzando la voz para que se la oyera bien.
-¿Por bailar?... ¡Estas tonta!...- Dijeron ellos con claras muestras de querer escurrir el bulto.
-No. Por los comentarios de vuestros amigos...- Respondió la niña. La frase quedó resonando en el aire y como un eco en sus cabezas, cuando todos salían ya por la puerta para reunirse con las personas que les habían venido a buscar.
Era martes, y por lo tanto día de danza. Las niñas formaron un grupo, con las respectivas madres unos pasos por delante de ellas, camino de las clases de baile. Durante el mismo, las niñas hablaban animadamente, teniendo a los chicos y lo ocurrido con ellos, como tema central. Era Rosa la que hablaba en ese momento.
-Sinceramente, no creo que mañana aparezca ninguno. ¿Que te apuestas?...
-Es posible, pero no será por falta de ganas, sino por miedo a lo que dirán sus padres y sus amigos.
-Pero si solo les gusta jugar a fútbol y hacer el bruto- Dijo Lorena con el gesto torcido y moviendo negativamente la cabeza.
-Si. Y precisamente ellos, también pensaban que las chicas no sabíamos jugar al fútbol porque éramos excesivamente débiles y bien que les hemos demostrado que somos, tan capaces como ellos, de regatear. ¡Y vaya golazos que les metemos!- Admitió Sara, que ya empezaba a darse cuenta de lo absurdo que era dividir los juegos en; para niños y para niñas.
Dicho esto hizo chocar su mano contra la de Lélody en clara señal de ponerse de su parte. Justo a tiempo de entrar en la clase de baile.
Todas a la vez y a voz en grito le intentaron explicar a Carla lo que había ocurrido en la escuela. Ésta les dijo que se calmaran que no había entendido nada. Todas callaron de golpe y Rosa se lo contó con más calma pero dejando clara su reticencia.
-¿Y que es lo que no te gusta de la idea?- Preguntó la profesora.
-No sé. Es que no lo veo una actividad para chicos. No es masculina...- Dijo la niña arrugando la nariz, en un habitual gesto de sabelotodo.
-Solo es cuestión de que se decida el primero, luego el segundo, después el tercero y así hasta que se convierta en algo cotidiano- Argumento Carla- Es lo mismo que nos ha pasado a nosotras durante siglos. ¿Te creerías si te dijera que durante décadas no se nos dejó conducir porque decían que no era femenino? Hasta que unas cuantas pasaron de comentarios y se lanzaron, demostrando que las normas de circulación y la feminidad no están reñidas. Digo esto, solo, por poner un ejemplo de los miles que hay a lo largo de la historia.
Ellos pueden hacer lo mismo. ¡Es más! Si lo creéis oportuno, me ofrezco para ayudaros. Si queréis los podéis traer aquí.
-¡Eso sí que lo veo difícil!- Dijo Lorena incrédula.
-¿Por qué?...
-Porque los tendrían que acercar sus padres o sus madres, y estos sí que son un hueso duro de roer- Dijo, algo desinflada Lélody.
-Vaaale, No os preocupéis. Vayamos paso a paso, primero convenzamos a los interesados. Si conseguimos un buen resultado, los otros se convencerán solos. Ya os he dicho que os ayudaré. Yo soy la primera interesada en que esta idea salga adelante- Dijo Carla esperanzada con el nuevo proyecto de sus alumnas- estoy harta de que a mis clases sólo vengan niñas. Sé de sobras que hay chicos que se muren de ganas de venir. Pero se encuentran de plano con la oposición de sus padres por unos absurdos convencionalismos.
Las niñas, no entendieron demasiado bien lo que quería decir esta ultima palabra, pero sonaba a algo importante. Pretendieron saber de que forma podría ayudarles la señorita, si los niños no iban al local.
-Pues, si Mahoma no va a la montaña. La montaña irá a Mahoma...
-Que cosas mas raras dices Carla...- Apuntaron todas. La maestra, todavía riendo, les explico que cuando les hicieran falta sus servicios, que le dijeran el día, el lugar y la hora. Ella haría los posibles por ir...
Los primeros pasos – (cap. 3º)
-Nosotros no nos hemos comprometido a nada.- Dijeron los cuatro al unísono.
Al día siguiente, las clases transcurrieron de la forma habitual. Durante el recreo las niñas, aprovecharon entre juego y juego, para recordarles a sus compañeros el compromiso que habían adquirido el día anterior.
-Buenoooo, ya se están rajando...- se burló Sara.
-¡Vaya panda de cobardicas!...- Apostilló Ruth-
-¡¿Cobardicas?!... ¡Pues, ni que hicierais acrobacias de circo, en el alambre y sin red!..- Exclamó Rubén.
-No. Eso no. Pero hemos sido capaces de jugar a vuestros juegos sin importarnos lo que dijeran de nosotras- Explicó Lorena- Y eso es justamente lo que os detiene a vosotros...
-Eso...O que sois incapaces de aprender a bailar...- Les retó Lélody, sabiendo, por experiencia personal, que el amor propio obraba milagros en algunos casos.
Al decir esto sonó el timbre que daba por concluida la hora del patio. Las chicas subieron las escaleras, dejando a los cuatro muchachos abajo, de brazos cruzados, mirándolas y pensativos hasta que la señorita, que entraba en ese momento, les preguntó que si pensaban quedarse así el resto de la jornada. Los cuatro salieron de sus pensamientos de un salto y subieron volando las escaleras.
En el comedor las niñas estaban tan habladoras y bromistas como siempre. Por supuesto que algunas de las conversaciones giraban sobre si ellos se atreverían o no a dejarse caer por el gimnasio. Pero también hablaban de otras cosas.
Por el contrario la mesa de los chicos, parecía una timba de conspiradores. Hablaban en voz baja y se miraban de forma que, por un lado escudriñaban lo que haría el otro. Y por otro lado intentaban aclararse con respecto a lo que, querían y debían, hacer ellos mismos.
Llegado el momento, ellas pidieron permiso como de costumbre y salieron en dirección al gimnasio. Ellos, contrariamente a su costumbre, en lugar de jugar a fútbol en el patio, curiosamente, decidieron hacer actividades por separado...
En el, improvisado salón de baile las niñas estaban totalmente entregadas a los ensayos.
-Ya te dije que no vendría ninguno- comentó Rosa.
-Traaanqui... El baile no ha terminado todavía- Contestó Lélody
-¡Hija, que moral tienes! Ya sabemos que la fe mueve montañas, pero es que los chicos son rocas de granito...- Se mofó Lorena.
Todavía estaban riéndose de la payasada de Lorena cuando las bisagras de la puerta chirriaron dando paso a la cabeza de Dimas, después al cuerpo con evidentes síntomas de timidez.
-He aquí la primera roca...- Dijo Lélody con una sonrisa triunfal.
Todas rieron. Dimas visiblemente azorado amenazó:
-¡Eh! Si os vais a poner así me largo ¿Eh?
Lélody, compadecida por lo mal que lo debía estar pasando su amigo, fue hacia él lo cogió de la mano y lo hizo pasar, diciéndole a las demás:
-Venga chicas no espantéis al único valiente.- guiñando un ojo por detrás del muchacho, buscando la complicidad de todas. -Veamos- continuó- Lo primero que vamos a hacer es bailar sin ton ni son, bueno si con son, con el son de la música- dijo empezando a moverse. Las demás la siguieron.
-¿Eh? ¿Sin ningún paso concreto?...
-¡Claro!- explicó Rosa- Lo primero que tienes que aprender es a desinhibirte. Lélody suspiró aliviada. Su amiga había comenzado a cooperar. También a ella había que darle una oportunidad para demostrar que tenía un corazón.
-¡Estas agarrotado chico! ¡Suéltate!... Intervino Rona
-Es que... Aquí... Yo... -¿Solo?...- Sara le ayudó a acabar la frase- ¿Entre tanta chica?...
-Bueno. Pues no somos chicas y chico...Somos...- Lélody buscaba en su mente- ¡Pingüinos!...Todos se carcajearon y Dimas comenzó a sentirse mas relajado. Sus pasos ya no eran los de un oso.
Otra vez los chirridos de la puerta indicaron que alguien entraba. En esta ocasión era Rubén el que asomaba la cabeza. Cuando se topo con la mirada de Dimas, dos preguntas iban en ambas direcciones sin palabras: -¿Tu que haces aquí?... ¿No decías que no ibas a venir?... Los dos se encogieron de hombros a la vez.
Todos pusieron rápidamente al recién llegado al corriente de la situación. A Rubén le hizo gracia lo de los pingüinos y empezó a dejarse llevar por el ritmo. No llevaban más que unos minutos cuando en la puerta se oyeron unos ruidos sordos y una pequeña discusión en voz baja... Lorena abrió la puerta diciendo:
-¡Chicooossss! ¡Los dos pingüinos que faltaban!... Las risas se pudieron oír en todo el pasillo. Darío y Samuel entraron tímidamente y con la cara como tomates por haber sido descubiertos de forma tan flagrante. De nuevo el cruce de miradas y de preguntas sin respuesta entre los chicos. Los dos recién llegados intentaron disimular; uno diciendo que perseguía al otro y el otro diciendo que perseguía al uno...
-Si. Ya. Y mi abuelo es mi abuela- dijo Rosa impacientándose por tanta interrupción. Y, claro, también por no haber acertado en su pronóstico.
Todos se pusieron al corriente de todo. Ania, dando unas palmadas llamó la atención de todos para recordarles que estaban ahí para bailar. Subió el tono de la música y volvieron a moverse al compás... Bueno unos más que otros... Desde que estaban los cuatro, se habían puesto juntos y no había manera de hacerles dar un paso a derechas. Lélody, por señas, les indicó a sus compañeras que deberían separarlos si querían conseguir algo. Habían niñas suficientes para rodearlos e ir separándolos sin que se diesen cuenta.
El plan funcionó a la perfección. Habían dejado de mirarse los unos a los otros y se habían vuelto a soltar.
Jana había conseguido abrir la puerta sin el menor chirrido. ¡No se podía creer lo que estaba viendo! Empezó a aplaudir y todos se giraron de un salto hacia ella. Las chicas sonreían y los chicos enrojecían. Lélody temió por un momento que se fuera todo al garete... La señorita se percato de la cara de preocupación de Lélody y salió al paso:
-¡Bravo chicos!... Ahora si que me habéis demostrado que sois valientes. Tomar una decisión como la vuestra no es fácil y no lo hace cualquiera. Ante sus ojos vio como se disipaba el color rojo de la cara de los chicos a la vez que hinchaban sus pechos con orgullo... Jana miró a Lélody y esta le devolvió un guiño de complicidad y una sonrisa de alivio.
Os recuerdo que aún os queda un par de horas de clase, bailarines...
Todos empezaron a subir. Unas les preguntaban a los otros:
-¿Os veremos mañana?-
La señorita con deleite oyó desde atrás como los chicos, haciéndose los duros contestaban con un a regañadientes, fingido:
-Que siiii. ¡Pesadas!...
Todos los principios son duros – (cap.4º)
Al día siguiente los muchachos volvieron a aparecer por el gimnasio, bajo promesa de que las chicas no se lo dirían a nadie. Ellas eran conscientes de que si algo trascendía darían al traste con la coreografía mixta.
Era verdad; los días pasaban y el trabajo y el tesón de todos empezó a dar resultados. Los chicos habían descubierto que eran capaces de bailar y que no era algo ni tan difícil como pensaban, ni tan sencillo como suponían, por ser cosa de chicas. Después de todo requería un gran esfuerzo físico. Tanto como los entrenamientos o el fútbol y... Por qué no decirlo... Les estaba gustando bailar... Y no sentían que fueran menos “machotes” por ello...
“Los huesos duros de roer” – (cap.5º)
El concurso se acercaba a pasos agigantados, pero los chicos estaban tranquilos. La cosa funcionaba mas rápido de lo que las chicas hubieran imaginado nunca. Todos se ajustaron tan bien que, prácticamente no necesitaron la intervención de Carla para nada, solo para dar el visto bueno al trabajo final o hacerle los retoques que creyera oportunos.
-Chicos estoy muy orgullosa de todos. Esto ha quedado fantástico. ¡Que bien os habéis acoplado! ¡Buen trabajo!...
-Ahora- dijo Rubén- solo queda una “nimiedad”.- Carla lo miró sin entender. -Decírselo a nuestros padres...
-¡Bah!. Eso dejármelo a mi- Continuó la profesora- ¿Dónde podríamos reunirlos a todos como el que no quiere la cosa?...
-Los viernes jugamos todos en el mismo parque- apuntó Ruth.
-Vale. Estupendo. Buen sitio. ¿Este viernes también iréis?
-¡Si claro!- Aseveró Daniel- El parque de los viernes es sagrado.
Los tres días que faltaban hasta el viernes Carla los pasó planeando la mejor estrategia para convencer a los padres de los chicos. A las madre costaría menos, de hecho ya estaban casi convencidas por sus propios hijos. Pero ellos... Les sugirió a los muchachos que se aliaran con sus madres para que convencieran a los padres de acompañarlas aquel viernes al parque. Ella se haría la encontradiza y cuando viera el momento propicio, les plantearía el tema.
A un día le sucedía otro y un ensayo sucedía a otro ensayo. Hasta que llegó el viernes. Los niños jugaban y se perseguían en el parque como de costumbre. Los respectivos padres formaban un nutrido grupo en una esquina del mismo. Llevaban ya un rato así cuando apareció Carla.
-¡Hola! Cuanta gente hay hoy por aquí...
-Nuestras mujeres se han confabulado para que viniéramos todos. No sabemos que bicho les habrá picado.
-Yo.- Dijo Carla con las manos a la espalda y balanceándose ligeramente. Todos la miraron sin comprender...
-¿Y que quieres tu de nosotros?
-A vuestros hijos...
-¡¡¿¿??!!!...
-Je...Esto. Veréis, necesito que dejéis a vuestros hijos participar en el baile del concurso...
-¿Nuestros hijos?... ¿Bailar?... ¡Pero si no saben!...
-Yo no apostaría por eso- Comentó la profesora con una sonrisa.
-¿Y tienen que hacer posturitas raras y ponerse leotardos?...
-No pasaría nada si así fuera- Dijo ella conteniéndose- Pero no, no es ese el caso. Eso es para ballet y lo que ellos tiene que hacer es un musical- viendo la cara de escepticismo de ellos, prosiguió para despejar dudas- Ellos bailan pero básicamente son el punto de apoyo de las chicas. Es un papel muy masculino... Esto último quedó suspendido en el aire. Los niños y niñas llegaron en el preciso instante de oír toda la frase y también contuvieron el aliento en espera de una respuesta...
Los padres se miraron entre ellos y empezaron a relajar sus semblantes. A Carla incluso le pareció ver una cierta mirada de orgullo en ellos al pensar que sus chicos eran tan importantes. Finalmente todos accedieron. No sin antes advertir que no tolerarían, ni un descenso en las notas, ni un bajón en los entrenamientos.
-¡Que va, papá!- exclamó Rubén- Pero si ahora pasamos los entrenamientos mejor que antes...
-Si- dijo Dimas- Desde que ensayamos lo del baile, somos mucho más flexibles.
-¿Ensayamos?... ¿Pero ya habéis ensayado?...
-¡Anda!...Y ya esta todo listo para el festival... argumentó Darío
Los hombres miraron sorprendidos a sus mujeres y estas se encogieron de hombros. Luego miraron a Carla que les sonrió con cara de niña buena...
-Solo nos falta elegir el vestuario- Dijo, apresurándose a añadir- Tranquilos, tranquilos... El de ellos será muy masculino y el de ellas muy femenino...
Dicho esto soltó el aire contenido en forma de suspiro. Por fin ellos dieron muestra de permitir, sin reservas. Todos rieron. Los chicos se abrazaron a sus padres para darles las gracias. Y las chicas hicieron lo mismo con la profesora
Carla, iba pensativa de regreso a su casa: después de todo no ha sido tan grave. Me los esperaba más tercos. Ahora solo me queda decidir el vestuario... ¡Dios mío! ¿De donde lo saco?...

(Continuará)






javier-caspito dijo
Decididamente, las chicas pensáis de otro modo.
26 Septiembre 2010 | 09:56 PM