Dormitas a mi lado en el sofá...
Y te miro. No me canso de mirarte. Tus cambios son tan nuevos para mí como para ti.
Yo viví los míos, sí; y los recuerdo con la nostalgia del tiempo pasado, ese que no volverá, pero no con la plenitud de la que soy testigo de los tuyos. Esos; los contemplo desde otra perspectiva, con el matiz sereno que imprime la experiencia y el saber que ahora eres tú a quién le toca pasar por ellos. Y a mi disfrutarlos, como espectadora privilegiada que soy.
Toda tu vida está llena de primeras experiencias para ti y para mí; la primera como madre. La primera como responsable de una vida que debe encontrar su sitio. Tus primeros pasos fueron también los míos en saber dejarte avanzar sola, pero estando ahí para tenderte la mano en los tropiezos. Para dejar que te equivoques por tu cuenta y enseñarte a corregir. Para rodearte con mis brazos si hace falta y estar juntas a las duras y las maduras.
Ya desde el primer día, cuando tus manitas aferraron con fuerza mis dedos, supe que era mucho más que eso lo que estrujabas entre ellos. Con esa misma fuerza te enganchaste a mi vida para siempre. De esa misma forma estrujaste mi corazón. Desde entonces supe que ya nunca más estaría completo sin ese pedazo en el que te has instalado.
Cada uno de tus avances, cada uno de tus logros me hace avanzar a mí. Lo mismo que tus pesares son también los míos. Qué no daría yo por poder ser el escudo que te cobije, pero esto también es parte implícita en la complicada tarea de crecer.
Ahora mientras duermes, contemplo serena como la vida moldea con gracia tu cuerpo. Las redondeces de la niña que fuiste, se van perfilando en los brotes de la mujer que serás. Un árbol frutal en el que empiezan a despuntar las yemas que darán lugar a dulces y sabrosos frutos.
Así, discretamente, sin que te des cuenta, observo complacida cada una de tus estilizadas y suaves curvas. Indicios inequívocos de la metamorfosis en la que te hallas; la pasarela que toda niña cruza, en el rio de la vida, hasta transformarse en esa mujer que un día, quizá, tenderá su mano a otra niña para que también lo cruce.
Te observo respetando tu sueño, y ese pudor natural en ti que te hace vulnerable, y más adorable aun si cabe, a mis ojos. Cuando te veo así, me olvido que eres más fuerte de lo que a simple vista aparentas... Sí, es verdad; en este juego de azar que es la vida, yo fui más afortunada que tú. A mí, me tocó la mejor de las hijas, en cambio a ti; a ti te ha tocado una madre novata e inexperta, que debe aprender a serlo a medida que tú vas creciendo. Aprender a retirarse tan rápido como tú avanzas, pero.... Es que creces tan deprisa.
No, quizá no soy la mejor, pero de lo que sí puedes estar segura, es que te quiero como jamás recuerdo haber querido nunca a nadie.
Sigo mirándote, no me canso. Eres tan bonita... Buenas noches mi amor.













tess dijo
No puedo añadir nada más, tus palabras son lo que todas las madres de niñas/mujeres sentimos o hemos sentido en algún momento. Preciosas.
Si la ventaja que te llevo te sirve de algo, sólo decirte que disfrutes cada cambio, cada momento de evolución y cada día estarás más contenta con lo que veas y sientas.
BesoTess de mami a mami
18 Octubre 2010 | 12:34 AM