Un cuento diferente… para combatir males endémicos...
Había una vez una madre, que no actuaba como las madrastras, ya que no enseñaba a sus hijas a hacer los trabajos caseros para servir a los hombres de la familia, si no que educaba también a sus hijos, diciéndoles a ambos que todas aquellas labores no tenían el denominador común de, cosas de mujeres, si no que eran trabajos domésticos elementales para la supervivencia; por eso son responsabilidades cotidianas que cualquiera puede llevar a cabo. Simplemente se hacía lo que estuviera por hacer, sin más... Teniendo muy presente que, si se quedaban por hacer, era porque "nadie" lo había hecho... nadie tenía más responsabilidad que nadie... ni menos.
Era una madre diferente, tan lista, que se cuidaba muy mucho de no tirar piedras contra su propio tejado, ni contra el tejado de las de su género. Por eso cuando contaba cuentos se aseguraba de dejar bien claro que, todo aquello era sólo producto de la más pura fantasía, para que nadie cayera en el engaño de creer que lo que ahí se contaba era la vida idílica que todo el mundo busca.
Enseñaba a todos sus hijos a pensar y darse cuenta de que aquello ni siquiera era el ideal de una sociedad cuyos indivíduos tienen tendencia a vivir en compañía.
No existen príncipes especializados en sacar a doncellas de la pobreza y llevarlas a una vida de cuento. Ni héroes del día a día, dedicados a pasar la vida matando dragones y buscando pelea para demostrar lo guapos, valientes, y varoniles que son.
A hijos e hijas, les enseñaba la necesidad de prepararse y educarse, en todo, para no depender de nadie, en nada, y así poder vivir en compañía sólo por voluntad y no por necesidad.
Debían ser conscientes de que lo que ven, es lo que hay. Que muy raramente alguien cambia para mejor, y sí frecuentemente para peor. Que quien siente celos de todo cuanto se acerca a su pareja no es por quererla más, si no porque le invade una gran inseguridad e inmadurez y piensan que cualquiera es mejor que ellos (o ellas) y eso puede hacer que, lo que creen de su propiedad, se vaya con el mejor postor... Y no, eso no lo arregla el tiempo... Lo empeora.
A ellas, les enseñaba a ser firmes y tener carácter, para que fuesen capaces de cuidarse, vestirse y arreglarse, con la finalidad de sentirse bien consigo mismas y por ello, como acto reflejo, agradar también a los demás. A todos nos gusta ver gente con buen aspecto.
Les decía que es intolerable que alguien prohíba a otro alguien, hacer lo que le gusta, argumentando no sé qué falso amor posesivo regido por una extraña y antinatural regla de tres directa, cuyo planteamiento es; a más represión, mayor amor... qué gran equivocación... si es regla de tres, si... pero inversa...
Sí, es verdad, era una madre de cuento diferente; porque la experiencia le había enseñado que estudiar y prepararse en la vida, era la mejor garantía de no necesitar a nadie que te salve de nada, porque estas capacitada. Y gozas de autoestima y autonomía suficiente como para hacerlo tú solita. También les enseñaba a tener el juicio suficiente como para no meterse en la boca del lobo... Al fin y al cabo, hay una regla natural que nadie parece poder cambiar... Y es el hecho de que, ellas y sólo ellas, son las que eligen... Pues hay que enseñar a tener criterios acertados y no estereotipos erróneos. Por lo tanto, se debe saber distinguir entre compañero o dueño.
-El compañero; es el que te apoya, te anima y comparte todo lo compartible. El que comprende que eres un ente individual y que también tienes vida propia, igual que él.
-El dueño; es el que piensa que eres un objeto de su propiedad; puesto ahí sólo para su uso y disfrute y con unas tareas muy concretas... servirle a él.
A sus hijos varones, les educaba a no creerse por encima de nadie, pero tampoco por debajo. Sólo teniendo eso claro, no necesitarán avasallar a nadie, ni que sea el comportamiento de sus parejas lo que defina su posición en la vida. Que su orgullo y dignidad no viene marcada por la obediencia y sumisión de quienes han decidido compartir el camino con ellos. Su reconocimiento en la vida, vendrá dado, solo y exclusivamente, por sus actos, por sus obras, y por su propia forma de ser... Ellos son los únicos responsables... Sólo así no temerán la competencia de otros.
Si amigos si, esta madre era distinta, sabía que la única forma de combatir las malas costumbres del futuro, era corregir los errores del pasado, cambiando la forma de educar en el presente. Cuidando bien el árbol desde la semilla se puede conseguir unas raíces fuertes. Vigilando su crecimiento lograremos que su tronco crezca recto, obteniendo como resultado los mejores frutos... Todo lo que se quiera hacer después... seamos realistas... ya es tarde.
Y... colorín colorado... Querid@s amig@s, este extraño cuento, ha terminado... Ya lo sé; posiblemente no os haya gustado, pero... O nos tomamos en serio, por lo menos nosotras, lo de cambiar estereotipos... o la violencia de género, sí que será el cuento de nunca acabar...










tess dijo
Este es el cuento de nunca acabar, o el cuento que siempre se repite...
Si más mamás y papás contaran este cuento a sus niños, otro gallo nos cantaria.
BesoTess, bruja cuentista
5 Noviembre 2010 | 09:55 PM