Si fuésemos conscientes de cuánto vamos a necesitar a los demás… ¿Actuaríamos de forma diferente en el trayecto de nuestra vida?
Si, que si, que ya estoy con mis preguntas... ¿Qué os pensabais, que me las había dejado todas en el año anterior?... ¡Pues no!
El caso es que hace días que le vengo dando vueltas a una cuestión, porque son ya varios los episodios similares que hay en mi entorno.
¿Cómo actuar cuando alguien de nuestra familia, (sobre todo de nuestros progenitores, que se supone deben velar por nosotros) en un momento determinado desaparece de nuestras vidas, y cuando vuelve a aparecer es mayor, cargado de puñetas y está enferm@?... Alguien que, cuando más lo necesitábamos, se marchó de nuestras vidas y nunca más se supo. O lo que es peor; cuando se sabía algo sólo era para crear problemas.
En no pocas ocasiones, estas personas, recuerdan que existimos ya en la etapa final de sus vidas, por eso la mayor parte de las veces, arrastran secuelas de una vida de excesos y/o se ven obligados a volver (no siempre con las orejas gachas) por que alguna enfermedad degenerativa (véase por ejemplo alzheimer) les hace darse cuenta de que necesitan los cuidados de alguien... y su forma de proceder en la vida, no hace que salgan voluntarios dándose tortas precisamente para cuidarle... si no, más bien para no tener que hacerlo.
Entonces, te das cuenta de que vuelven, como un último acto de soberbia, es decir: Si eres mi espos@ o mi hij@, tú estas obligad@ a cuidar de mi... Qué duda cabe. Esto provoca la rabia y el rechazo frontal de los posibles y potenciales cuidadores.
Otras veces, los afectados, se dan cuenta de todo el daño que han hecho (o no... que me quiten lo bailao) y regresan al redil como corderitos, mansos y pidiendo clemencia, o caridad, o ves a saber qué... En este caso, es posible que sólo provoquen la lástima de quienes tienen que cuidarles... pero desde luego, tanto en un caso como en el otro... difícilmente será un acto de amor. Porque el amor de cualquiera (lo de la sangre es más espesa que el agua, nunca lo he creído) se gana día a día. Como decimos en mi tierra "tal faràs, tal trovaràs" (tanto harás, tanto encontrarás) Es en el día a día, con los hechos y las actitudes, con lo que se teje el entramado del cariño o del amor hacia una persona... y creedme, hace falta de mucho, pero mucho, mucho, amor y cariño para hacer frente a este tipo de enfermedades; que en su peor fase, lleva a cuestionarte si quieres de verdad a esa persona y si lo estás haciendo bien. No digo nada ya, si se trata de cuidar a personas por las que, lo que debería ser amor, se ha enrarecido convirtiéndose en rabia, rencor y reproches...
¿Cómo actúas? ¿Cómo actuar en estos casos? ¿Se nos puede censurar si no estamos dispuestos a cuidarles?
Sinceramente, no es plato de gusto. Creo que lo único que podemos hacer en estos casos, es escucharnos a nosotros mismos, a nuestra voz interior, y obrar en consecuencia con lo que nos dicta nuestra conciencia. Al fin y al cabo, del único crítico del que no nos podemos librar, porque nos sigue a todas partes, es de nosotros mismos. Y el remordimiento, por algo que debimos hacer y no hemos hecho, es un muy mal compañero de viaje.
Desde luego, no deja de ser frustrante que el mal que le aqueje sea precisamente el alzheimer. Si nuestra pequeña compensación era que en la soledad de la vejez recordase y se arrepintiera de todo el daño que había hecho... está claro que la enfermedad, en cierto modo es su liberación, pues va a venir en su ayuda.
Esto aun plantea otro dilema mayor... ¿Cuidar hasta la extenuación del cuidador a alguien que no se lo merece? ¿A alguien que nunca ha hecho lo que debía y que, encima, con el paso de los meses es muy posible que ni siquiera recuerde quién soy?... ¿Lo dejo a su suerte, como él o ella hizo en su momento conmigo?
De nuevo, es nuestro yo interior el que debe venir a nuestro rescate para decidir. Hagamos lo que hagamos, nadie nos puede juzgar. No se nos puede obligar a sentir lo que no sentimos. Es únicamente un tete a tete con nuestra conciencia... Nadie más tiene derecho a opinar...

(Desde luego esto, como siempre, no deja de ser una opinión... La mía...
)













TERESA santomil gonzalez dijo
Tu pregunta es degenerativa como el mismo problema que planteas...
Es fuerte, muy fuerte el tener que recojer en estas condiciones
a personas que tanto daño an podido hacerte, creo que hay que tener
madera de Santo.
Yo que siempre pongo ejemplos de lo que yo haria en determinados
casos digo...
Mucho amor tiene que una sentir por la persona que sea, y sobre todo
deberle muchas cosas que haya hecho por ti en determinados momentos
de tu vida, de no ser asi, la cosa esta dificil por no decir imposible...
Yo, en esas circunstancias jamas recurriria a nadie, me aguantaria
con la vida por ser la que yo misma me hubiese buscado en pleno
derecho de mi libertad...
No podemos por un lado hacer lo que nos apetece y luego jorobar
a la gente y querer entrar en sus vidas a saco.
Pero todo en la vida tiene un baremo para calibrar los daños y perjuicios
y por lo tanto obrar en consecuencia...
Un abrazo bruja
7 Enero 2011 | 01:20 PM