Ausencias
Hoy, haciendo tiempo, mis pasos me han llevado delante de una fuente. Una de esas fuentes negras, antiguas, de hierro forjado. Aún quedan algunas en la ciudad. Pocas, muy pocas, pero todas tienen ese sabor a otros tiempos. Tiempos diferentes, de gentes sencillas, donde cualquier tarea requería un gran esfuerzo.
Sin darme cuenta me la he quedado mirando, la particularidad de esta es que forma parte de tu historia. De tus historias. De esos relatos que tantas veces me has contado a la menor insinuación. Yo era niña de; papá cuenta... y a ti nunca te dolían prendas, siempre dispuesto a hacerme partícipe de tu vida. Esa vida que ya existía mucho antes de que yo formara parte de ella.
Casi he podido veros, a ti y a tu hermana, cogidos de la mano para ir al colegio y parándoos a beber en esa misma fuente para mitigar la sed que os provocaban los juegos que amenizaban vuestro camino; como tantas veces me habías contado.
El tiempo, me sobraba y tu presencia me faltaba. Quizá por eso, he deambulado por las calles que formaron el decorado de tu niñez. Por unos instantes... me he sentido tan cerca de ti... El portal de tu casa, aún está ahí, igual que el colegio donde aprendiste todo lo que luego me enseñaste a mí. La plaza de las batallas por la leña para la hoguera en las cercanías de la verbena de San Juan... Como me reía escuchando tus estrategias, para impedir que los pillos ladronzuelos de los barrios vecinos se llevasen la más mínima brizna de madera... La catapulta hecha de ramas verdes y guijarros para disuadir al enemigo. Era la mejor de tus batallitas. He cerrado los ojos. Casi podía verte de niño. Al abrirlos, dos lágrimas rodaban por mis mejillas... Diossss, cómo te echo de menos... Hoy me he dado más cuenta que nunca.
Como añoro ese primer abrazo del día. Así, sin más pretensión; porque nos apetecía. Era nuestra forma de levantar el ánimo y afrontar la jornada. Si necesitábamos más, si se acababa su efecto mágico porque el día estaba siendo especialmente duro, no importaba; ahí estábamos los dos otra vez, compartiendo un café, o cualquier otra excusa, y una ración extra de abrazos y cariño. Sin hablar, sin decir nada. No lo necesitábamos.
Nuestros concursos favoritos de la tele, la cita esperada de cada día, no son lo mismo sin competir contigo... de hecho... los sigo menos. Para qué... ya no me gano ninguna caña, ni ningún beso extra, y si pierdo... ya no tengo a quien pagar prenda... Cuantas cosas tienen tu huella... Cuantas.
Dicen, que uno empieza a sentirse mayor de verdad, cuando son más los que faltan que los que están. No, quizá yo, he tenido más suerte en eso. No son muchos los que faltan, aunque se han ido en poco tiempo, y... Son todos tan importantes, y tan intensas las ausencias que... a veces creo haber cumplido ya cientos de años...









tess dijo
Nunca se van... nunca se ha ido ni se irá... no lo ves, no está en la puerta de al lado, pero está en ti... en tus recuerdos, en lo que su huella dejó en ti... en cierto modo eres lo que eres en parte por su culpa, por lo que te enseñó, por lo que vivisteis juntos...
Es normal q sientas pena por la ausencia. pero alégrate de lo q le disfrutaste.
BesoTess del alma
26 Marzo 2011 | 12:29 AM