Un golpe de... ¿Suerte?...
-¡Quítame tus sucias manos negras de encima!... ¡Ni se te ocurra tocarme!...
-Bueeenno; bienvenido a este lado del túnel… ¡A buenas horas!... Hase cuatro días, que mis manos negras, se ocupan de tu blancucho cuerpo mi-hijiiitoo... Y sólo están susias después, nunca antes. Tranquilo; nada que un poco de agua y un buen jabón no solusione mi niño.
Poco a poco la nebulosa de su cabeza se iba disipando. Tomaba conciencia de donde estaba. Aun aturdido; era capaz de darse cuenta de que aquello era la habitación de un hospital, y esa mujer de piel oscura, a suponer por su uniforme, una auxiliar. ¿Por qué le tenía que tocar a él?- pensaba- ¿es que no habían blancos en ese lugar?... ¿Qué le había ocurrido?... ¿Qué estaba haciendo allí?... Intentó moverse, pero un tirón en el costado y un intenso escozor le hicieron desistir. Además, sentía que su cuerpo estaba dolorido por todas partes, como si le hubiera atropellado un montón de búfalos en estampida.
No tenía ningunas ganas de hablar con aquella negra, pero es que, no había nadie más…
-¿Qué me ha pasado?... ¿Qué estoy haciendo aquí?
-Ingresaste hase sinco días. Totalmente contusionado, y con una grave lesión en el riñón isquierdo… -Si, ahí era donde sentía el escozor, pensó el muchacho, pero qué… - Luego el doctor te dará una informasión más detallada; yo solo estoy autorisada a desirte que nos hemos visto obligados a intervenir quirúrgicamente, para salvarte la vida.
Dicho esto, y tras comprobar que todos los aparatos mecánicos y el suero funcionaban correctamente, la auxiliar salió de la habitación. Él la siguió con la mirada. La verdad es que, poco más podía mover.
Al desviar la vista de ella, pudo apreciar como desde el ventanal de la UCI, tres personas lo observaban. Había uno con aspecto de hispano que, a juzgar por la bata blanca, debía ser doctor. Otro, vestido normalmente, bueno, todo lo normalmente que se suelen vestir los de su estirpe; que parecía tener raíces árabes. Y un tercero, con la indumentaria habitual de los camilleros de ambulancia. Este también parecía ser inmigrante, pero ahora no estaba en condiciones de intentar adivinar la procedencia de sus rasgos. Además, tampoco le importaba, en realidad detestaba todo lo que oliera a inmigración…
¿Por qué lo miraban de aquella forma?... Como se atreven a mirarme con esa cara de lástima… Unas imágenes empezaba a abrirse paso en su aturdida mente. Vagamente iba recordando… Se encontraba en medio de una manifestación xenófoba, como la llamaban los medios.
Él, al igual que todos sus compañeros, estaba convencido de que ellos eran los culpables de todos sus males. Y, claro, también de los males de la sociedad; aumento del paro, inseguridad, falta de vivienda.
De pronto, las cosas se fueron caldeando. La manifestación en ningún momento se podía tildar de tranquila. Las que ellos convocaban nunca lo eran, pero aquella estaba tomando tintes preocupantes. La policía tuvo que entrar a la carga.
Por lo visto, allá, a la cabeza de la marcha, se encontraron dos ríos de gente cuyas reivindicaciones eran opuestas... No recodaba nada más, salvo que todos corrían en todas direcciones. A la desesperada; tanto, que él tropezó cayendo al pavimento.
A partir de ahí, todo se oscureció y en su cabeza solo habían sombras. Era incapaz, en ese momento, de recordar nada más. Seguía inmerso en estos pensamientos cuando, el de la bata blanca entró en la habitación.
-Buenos días, permítame que me presente. Soy el doctor Ramíres…
-¿No hay otro?
-¿Otro qué?
-Otro médico que no sea sudaca…
-Lo siento por usted, pero el médico que le ha operado hoy, he sido yo. Y, yo, soy el que puede darle toda la informasión que nesesite.
-¡Qué negra suerte la mía!... ¡No, si ya le dije a la peña que no era mi día!
-Si, lo siento. Es una desgrasia que perdiera un riñón y que el único sirujano disponible para el transplante haya sido yo…
-Un sudaca---
-¡Un uruguayo!…
-Pal caso… ¡¿Qué me han transplantado un riñón?!
-Si, disculpe mi atrevimiento- Dijo el galeno, arrastrando toda la ironía, que le provocaba la rabia contenida, en sus palabras- pero no estaba en condisiones de elegir. Créame que yo tampoco, mi juramento hipocrático me obliga… Su mala suerte se prolongó hasta el extremo de nesesitar un donante y encontrarlo…
El paciente lo miraba desde la cama, se podía apreciar fácilmente en su expresión la lucha de sentimientos encontrados
-¿Puedo saber quién ha sido el donante?
-No solemos, es más, nos está prohibido por protocolo, el desvelar la identidad de los donantes. Pero en esta ocasión, es regla me la voy a saltar con gusto.- Ahora, si que estaba disfrutando el doctor- ¿Recuerdas lo que pasó?
-Vagamente. Se que hubieron tumultos en la manifestación, pero ignoro que ocurrió.
-En la confluensia de un par de calles, se encontraron los cabesillas de dos manifestasiones que defendían ideas opuestas. Se ensarsaron en una pelea y la polisía cargó indiscriminadamente. Las peleas empesaron porque tus compañeros, se ensañaron con un adolessente del otro grupo, al que consiguieron aislar. Un chaval de diesiséis años de origen magrebí.
-¿Se ensañaron?... -Si. Cuando estáis en manada, sois muy valientes. Por lo visto, tus camaradas, desidieron haserle pagar por todo, y por todos… Desgrasiadamente para él, lo consiguieron. Le dieron una sertera cuchillada en el sentro del pecho. Cuando llegaron los sanitarios, ya no pudieron haser nada por su vida.
-¿Y yo?... ¿Cómo llegué a esta situación?
-Tú, perdiste el equilibrio durante las carreras desesperadas por huir de la polisía. Y todos tus… compañeros… te pasaron por ensima. Ninguno tuvo tiempo de recogerte, ni de pararse a ayudarte.
-¿Y?---
-Él- dijo el doctor, señalando al magrebí que estaba al otro lado de la cristalera- pasaba por allí buscando a su hermano. Al primero que encontró fue a ti. Llamó a la ambulansia y cuando estuvo seguro de que te dejaba atendido, continuó buscando a su hermano-
-¿Lo encontró?
-Si… Ya no tendrá que buscarlo nunca más.
-Es el que…
-Si… es él… -Confirmó Ramírez aguantándole la mirada-
-Está bien, pero, ¿Y el donante? Usted dijo que me revelaría su identidad-
-Lo estoy hasiendo---
-¿Eh?... Pe… No es pos…
-Si, amigo, si que lo es. ¿De verdad pensabas que somos tan diferentes a ti? Sigue tu mala suerte. Eres tan desgrasiado. ¿Veerdad? Nesesitabas un riñón urgentemente, y ahí estaba, tu peor enemigo, para donártelo … ¡Ah! Y no lo olvides, con el consentimiento de su hermano… Pensó que, quisá su hermano podría ganar, después de muerto, una batalla perdida. El órgano que él ya no nesesita, podría ablandar ese corasón que no tienes.
El enfermo sudaba cada vez más. Su mirada delataba el caos que se estaba originando en su interior.
-Pero… ¡¡Eres un hij…!! ¡¿Cómo voy a viv…!
Ramírez, se estaba dando una pequeña satisfacción. La única que se podía tener con toda esta tragedia.
-Para completar tu informasión, te diré que él- volviendo a señalar su rescatador a través del cristal- es el que ha donado la sangre nesesaria para las transfusiones durante la operasión. Pobre desdichado… Eres compatible con los dos y, los dos, han querido ayudarte. Además de eso, él- volvió a indicar la cristalera, pero esta vez para señalar al de la ambulancia- es quién te ha hecho la reanimasión, hasta estabilisarte para poder traerte aquí
-Vale y eso qué tiene de especial…
-Nada, si no tienes nada en contra de ellos. Es, también hispano, y homosexual. Piensa que para reanimarte, lo primero que tuvo que haser fue practicarte la respirasión artifisial…
-¿Respiración artificial?...
-Ah vale, que así no lo entiendes… El boca a boca… Creo que no se me queda nada en el tintero… Ni en las tripas…-Con la mayor dureza en sus ojos, continuó sin apartar la vista de su paciente- Tienes rasón, no era tu día. Te podías haber quedado en casa. ¿Como vas a seguir ahora con tu triste vida?... Te opera un sudaca. Tus donantes; un magrebí, al que los “tuyos” habían apalisado, y su hermano, que fue el único que se ocupó de ti cuando te quedaste tirado en el suelo como un perro. Te devuelve a la vida un maricón, insuflando en tus pulmones directamente de su boca, el aire que nesesitabas para respirar, y te cuida durante todo este tiempo una negra, hasiendo todo lo que está en su mano para que te sientas confortable… Realmente hay que tener muy mala suerte amigo… Muy mala suerte…
Se marchó satisfecho; seguro de haber dicho y hecho todo lo que deseaba.
El convaleciente quedó desmadejado. Torrentes de ideas, prejuicios y sensaciones encontradas se agolpaban ahora en su cabeza… ¿Cómo iba a poner en orden todo aquello?...
El doctor, ya en el pasillo, con los otros dos observadores mirando al paciente desde la ventana comentó:
-No sé… No sé, que es lo que va a llevar peor… Le será difísil mantener en secreto todo lo que le ha ocurrido, para que no lo rechasen sus “camaradas”, pero lo peor… Lo peor va a ser, soportarse a sí mismo…
-Vamos, doctor, siempre puede cambiar- dijo el camillero
-No sé – Añadió el donante- yo no apostaría hermanos. Nadie le ha cambiado el cerebro, ni el corazón… Que tenga un buen día doctor.








tess dijo
Suerte sin duda, si lo que aprecias es tu vida y poder seguir viviendo... aunque claro ciertas mentes más que vida sería tortura... ¿quizá un justo castigo por su intolerancia?
Desde luego has dado en la llaga... más de todo lo que rechazaba, imposible, todo juntito para que duela más; jaja, pelin mala milk la tuya, que ya nos conocemos, bruixa.
BesoTess sin coloración
13 Abril 2011 | 01:08 PM