Somos fruta prohibida...
Las ascuas de tus pupilas te traicionaban. Ellas revelaban que la frialdad, en la que tu razón pretendía doblegar a tu voluntad, no era más que una pose.
Apenas cruzamos unas cuantas palabras, pero la cera caliente de tu mirada resbalaba lentamente sobre mi. Quemaba profundo, más allá que la piel por donde iba pasando, logrando respuestas indiscretas en mi cuerpo que no te pasaron inadvertidas... Fuiste al encuentro de mis ojos y ambos sentimos cómo el deseo aguijoneaba nuestras entrañas. Esa llamada primitiva que nos demuestra, que nuestros cuerpos, en realidad, no son nuestros ni obedecen voluntades impuestas por la razón...
Apunto de convertirme en cenizas, sentí la necesidad de poner distancia; de desaparecer del influjo de ese hechizo y volver a ser dueña de mis actos... para ello, recorrí con paso decidido la distancia que había entre donde estábamos y la piscina del balneario... por fortuna, lo suficientemente lejos de ti como para recuperar el ritmo regular de mis latidos.

El agua tibia y varios largos de piscina, consiguieron sosegarme. Pero no lograron sacarte de mis pensamientos. Por ello, me dispuse a tomar una sesión de sauna... si no conseguía purificar la mente, al menos lo intentaría con mi cuerpo. Pasé por el vestidor, para despojarme del traje de baño y envolverme en una de las toallas blancas que ofrecían con el logotipo del lugar.
La sauna estaba desierta... ¡Perfecto!... era lo que necesitaba para acabar de tranquilizarme. Rocié las piedras candentes y aflojando el nudo de mi toalla, me tumbé sobre aquella especie de estante de madera a disfrutar del vapor.
Adormilada, con la cabeza ladeada y los antebrazos por almohada, percibí como lentamente, una gota de sudor rodeaba mi hombro y se deslizaba por el lado de uno de mis senos hasta perderse en el listón de madera de la grada. Acto seguido, un dedo acarició mi piel siguiendo ese mismo camino...
Te sorprendió que no me sobresaltase, pero ya hacía rato que había notado que estabas ahí... a pesar de mis ojos cerrados, había aprendido a intuirte, a sentir tu presencia, a detectar tu olor... Mi piel no tardó en responder ante tus ojos. Como poseída por una corriente eléctrica, se erizó de forma ostensible provocando un escalofrío que sacudió todo mi cuerpo... hasta mis oídos llegó tu risa ronca y burlona. Te gusta saberme vulnerable a ti.
A ese primer roce de tu dedo siguieron otros; perfilando mi oreja... siguiendo la línea de mi cuello... dibujando la cordillera central de mi espalda hasta perder tu mano por entre los montes ocultos bajo la toalla... En ese punto, mis pequeños jadeos, hasta entonces contenidos, escaparon de mi garganta. No abrí los ojos, pero mi sonrisa era cada vez más amplia, con la expresión satisfecha de quien está donde y como quiere...
-Ummm... lo estabas deseando eeehhh... - dijiste maliciosamente - pues tendrás que aguantarte. Lo que tú deseas no lo tendrás. No te pertenece...
-Si, tienes razón. Estamos a la par, tú también tendrás que conformarte; pues yo tampoco te pertenezco... - añadí entre susurros, lanzándote de reojo una mirada lasciva, que deliberadamente acompañé de una sonrisa ladina
-¡¡Zorrraa!!... ¿De veras crees que no me perteneces?... - replicaste enojado haciéndome poner de pie con brusquedad - ¡Ahora verás! - añadiste con dientes apretados.
La toalla cayó a mis pies, dejándome indefesa. Mostrando mi desnudez. Me giraste bruscamente y pude notar tu cálida respiración agitada cosquilleando mi nuca... Me obligaste a inclinarme, para entrar en mí sin contemplaciones... ummmmm... no te costó demasiado... estaba tan lubricada que invadiste mi cuerpo sin la menor dificultad...
-¿Ves como si me perteneces?... Tu cuerpo lo sabe, tú también lo sabes... eso es lo que te molesta... si es que en realidad te molesta...
-Si, me molesta... me molesta ser tan vulnerable cuando estas cerca. Pero, como puedes ver, ni tu voluntad ni la mía nos pertenece a nosotros mismos, ambos somos presa de los instintos...
No te gustó que te hiciera ver tu propia debilidad. Querías castigarme y el asalto a mi cuerpo había resultado demasiado fácil para tu gusto. Deseabas hacerme pagar la insolencia de recordarte que no te pertenecías, que no eras tu dueño, que tú también eras humano. Por eso abandonaste bruscamente el húmedo y candente lugar que te acogía para volver a penetrarme con la misma brusquedad... pero esta vez tu objetivo era otro...
Un objetivo que ofreció resistencia inicialmente, pero que pronto cedió a tu presión... A la vez que invadías de nuevo mi cuerpo, tus manos como crueles garfios estrujaron dolorosamente mis pechos, mientras mordías suavemente mi nuca... De la misma forma que un semental cuando se sabe poderoso, mordisquea el cuello de su yegua para demostrar quién manda en ese momento...
-Ahhhhhh... ummmmm... - mi sumisión era completa, mezcla de dolor y placer. Mis quejidos no hacían más que satisfacer y provocar tus instintos más primitivos. Nuestro sudor, nada tenía ya que ver con el vapor que desprendían las piedras calientes... hubiese jurado, que en esos momentos, esas piedras estaban bastante más frías que nosotros...

Tus embestidas aumentaron el ritmo y la intensidad; igual que nuestros jadeos. Mi boca al encontrarse con la tuya mordisqueó tu labio inferior. La pasión del momento me hizo perder el control y mis dientes apretaron más de lo que hubiese sido mi voluntad, provocando que tu labio sangrara levemente... Ahora era capaz ya de reconocer todos tus sabores... Tras un quejido ronco, más por la sorpresa que por el dolor, tu bombeo fue más exigente, y tus manos apretaron con mayor fuerza sus presas...
Todo se aceleró; envueltos en un torbellino de sensaciones, sentí como derramabas tu lava en mís entrañas, al tiempo que mi cuerpo se estremecía desatando mi propia tormenta...
Permanecimos unos instantes unidos, pegados, sin querer separarnos... hasta que nuestras respiraciones recobraron el ritmo. Entonces te separaste de mí, me cubriste con la toalla, y después de besarme larga y profundamente desapareciste de mi vista.

Algo me decía que también lo hacías de mi vida. Aquella, iba a ser la última vez... Al fin y al cabo, ni tú ni yo nos pertenecíamos. Nuestros destinos se hallaban en caminos diferentes... Caminos que quizá alguna vez se volviesen a cruzar ¿Por qué no?
Pero eso... eso sería algo que decidiría el azar...










gritosdesesperados dijo
Uffff, demasiado calor dentro de la sauna...si de por si ya te falta el aire, solo falta acelerarse así!!!
Yo me quedo en la piscina.
Ese azar caprichoso, habrá que hacer algo, no?
besos calientes
1 Mayo 2011 | 09:33 AM