Mi gran azul...
He vuelto a ti, como cada vez que mis dudas y certezas se enredan entre sí, igual que entre sí se enredan los cabellos de Medusa. Vuelvo a ti, como cada vez que en mi mundo interior amenaza con gobernar el caos. Como cada vez que necesito meditar y poner paz a mí realidad.
Eres mi amigo. Mío. Te siento así. Por eso necesito verte, olerte, tocarte... escucharte. Dejar que me envuelva tu magnificencia, que mi ánimo turbulento tienda puentes y se serene mecido en ti. Mojado en ti.
Basta acercarme a tu orilla, dejándome abstraer por la visión que me ofreces del mundo. Queriendo formar parte de lo que veo. Permitir, simplemente que llenes mis cinco sentidos, serenando así mis demonios. Siempre estás ahí, nunca me fallas; contemplo tu inmenso color azul y al momento, mi alma se ensancha, mis pulmones absorben toda tu esencia y vuelva reinar la paz.
Tan sólo aspirar ese coctel de yodo y sal cargado de energía vital, basta para que la tempestad que me azota amaine; mi yo soberbio se aplaca y siente clemencia de mi yo mortal. Soy, entonces, capaz de todo, de arrasar con todo, de resistirlo todo.
No importa la época del año en que te visite; no puedo prescindir de tus caricias en mi piel. Sería como pedirle al adicto que no caiga en la tentación poniéndosela al alcance de la mano. Lo necesito, al menos un poco. Aunque sólo sea un poquito. Sólo los pies.... Ummmm, sssiiii .. Es tan gratificante.
Me gusta contemplarte cuando cubres y haces desaparecer las huellas que voy dejando en el pasado de mí caminar herrante por la arena. Tan sencilla, tan eficazmente... ojalá yo pudiese borrar unas cuantas de las mías propias en la vida así, tan facilmente. O por lo menos; cubrir y eliminar los problemas que enturbian mi presente, con esa misma facilidad... No, sé que no. Sé que eso, sólo puedes hacerlo tú.
He caminado sin rumbo un rato, ahora me siento en la orilla, cerca de ti y he dejado que tu espuma tocase, acariciase mis pies, como tantas otras veces. He abrazado mis rodillas mientras la mirada se perdía en los diamantes dorados que te arrancaba el sol de primeras horas de la tarde, como tantas otras veces, y al instante he caído presa del hechizo de tu belleza, como todas y cada una de esas veces.
Eres infalible. Realmente infalible. Al poco rato mi mente ya estaba reconfortada, perdida en tu belleza, intentando gravarme en la retina toda esa maravilla. O perdida tras el vuelo de una gaviota que busca algo que llevarse al buche en ese momento. Sin duda, problemas mucho más graves que los míos, pues su vida va en ello.
Respiro hondo y el viento aparta un mechón de mi frente, siento que tú, con la misma sencillez, eres capaz de apartar la tristeza de mi mente. Siempre lo consigues. Esta vez también.
Del jardín de mi casa,
está tan cerca el mar
que la miel de mis abejas,
tiene granitos de sal...
Hasta pronto amigo mio. Hasta la vista, mi querido y gran azul.












fenicia dijo
Que belleza!! y que identificada me siento yo,con lo que escribes y describes de ese gran azul del que tenemos la suerte de vivir cerca.
Disfrutemos de eso que tenemos amiga!!
Paso sin tiempo de comentaros,pero hago esta excepción.
lEEROS OS HE LEIDO A TOD@S.Sois magnificos.En cuanto termine mi lmpieza profunda estoy aquí de lleno.
Guapaaaaa!!
26 Junio 2011 | 01:17 PM