La expedición pirenaica de los macarrones… o como hacer el canelo de la forma más estrepitosa. (Lidiada nº 25)
Ya os hablé hace tiempo de mi espíritu de excursionista, en el más estricto sentido del concepto, o sea, tienda canadiense de cuatro plazas (que siempre albergaba al doble de personas, parecía elástica) saco de dormir tipo momia, mochila con esterilla, chirucas gastadas y bastón de caminante con puntita de metal y pings clavados en la empuñadura como recuerdo de los sitios que visitábamos y todo... (Aaauuuuu... la madre que me p... si tengo la impresión de estar hablando del pleistoceno...) Bueno, sigamos. Recuerdo ahora; de hecho lo hemos estado recordando hace un rato en una cena de amigos... (Si, si, todavía tengo esos amigos... uno de ellos es mi marido) como decía, recuerdo la primera excursión que hicimos todos juntos. Ja, ja, ja, como para olvidarla.
Éramos la colla (la panda) del fin de semana desde hacía meses, sí; pero no habíamos hecho ninguna salida de acampada todavía. Se avecinaba Semana Santa y era una buena ocasión. Primavera cercana, días más largos, temperatura aceptable y en aumento. Una ocasión genial para pasar unos días en el Pirineo.
Esa fue la primera... y como suele ocurrir, una de las que no se olvidan. Sobre todo por la de veces que haces el panoli queriendo quedar bien con los demás. Claro, como aun no tienes experiencia de convivencia en común con ellos, pues no quieres crear problemas, más bien al contrario, intentar solucionar los que se puedan presentar.
En esa ocasión fuimos seis, tres chicos y tres chicas. Ya habían dos parejas formadas y bueno... otro chico y yo que íbamos por libre en aquel entonces (Je je je, al correr del tiempo, ya somos tres parejas consolidadas y con hijos adolescentes todas) Lleguemos en coche, hasta la Vall de Boí. Ummmm... estaba precioso. Allá, al lado del río Noguera de Tor, plantamos la tienda que sería el campamento base, por así decirlo. Origen y destino de todas nuestras caminatas durante esos días.

Lidia, genio y figura, cómo no... Tuve la mala suerte de resbalar con unos guijarros en un sendero y torcerme un tobillo durante la primera excursión, así que, visita al médico, vendaje de compresión y reposo... caguenlaaa... Bueno, pues; no me quedó más remedio que limitarme a estar en la tienda, merodear alrededor, leer, escribir, dibujar, hacer fotografías, pintar, tomar el sol... todo, mientras los demás hacían el paseo largo. Luego hacía la caminata corta hasta el bar del pueblo, cuando queríamos tomar un café recién hecho y calentito... a eso de media tarde, para volver pronto; pues a pesar de ser los días más largos, en la montaña da la sensación de oscurecer antes, puesto que no hay la misma iluminación que en las zonas pobladas. De hecho, el último tramo del camino,(Yo debía parar de vez en cuando por el pie) lo hacíamos ya con las linternas y yo, agarrada al brazo del chico desparejado... je, je, claro debió ser eso, que el roce....
Como ya he dicho, hace mucho de este episodio por eso... ¡¿Por qué antes las mujeres creíamos que había que hacer algo hacendoso y especial para cautivar a nuestros novios?! (Bueno, antes y mucho me temo que ahora seguimos siento igual de gilitontas...) (Yo no ¿Eeeehh? Que ya he dicho que entonces yo no tenía novio, ni pensamientos de tenerlo... a pesar de que acabé con uno... pero eso fue más tarde y ya he dicho que debió ser el roce... )
Y vosotros diréis... ¿Y para qué nos cuenta esta loca todo esto?... Pues veréis... es que, por impresionar a sus chicos, a mis dos amigas no se les ocurrió otra cosa que querer hacer macarrones... ¡¡En la montaña y con un camping gas!!... para impresionar a sus chicos... Pa liarse a tortas, vamos.
Yo les dije que por qué no dejaban eso para la vuelta y nos apañábamos con unos suculentos bocatas de "pà tomaquet i pernil" de la tierra... Seguro que el jamón de la zona, debía ser de lo más impresionante... pero na... no hubo manera de convencerlas.
¿Y a que no adivináis a quién le tocó vigilar que hirviera el agua, para echar los macarrones?... si... habéis adivinado... a la tonta de la coja. O sea, yo. Como tenía el remo averiado, no me importaría cuidar la tienda y estar pendiente de la comida mientras ellos se iban de turismo... hay que joerse, si sólo me faltaba ladrar si venían extraños... En fin, la que nace pringá, pringá se queda pa siempre.
Diossss... creo que no voy a olvidar en la vida esos macarrones. Ya sé que es difícil pero intentad imaginaros el cuadro:
Un campin gas de un solo fuego. Donde se suponía que debía hervir el agua, que cogíamos de un rio con caudal de deshiele, en una olla lo suficientemente grande para que cupiera la cantidad de macarrones adecuada para seis personas... A esto, añadirle que hacía un aire helado de la ostia... es decir, que al pobre fueguito le costaba aún más calentar. Surrealista ¿Verdad?
Pues más surrealista era verme a mí enfundada en el saco de dormir, sentada al lado del fuego y mirando la olla... Joe, Si parecía Toro Sentado en trance, dispuesto a calentar el cacharro con la vista... De tanto en tano la apartaba para leer... pero a ese paso, me habría leído todo el Quijote, Guerra y paz, La Odisea, y hasta l'Estatut, antes de que la olla ni tan siquiera comenzase a echar humo... tooooda la mañana la dichosa olla en el fuego... La que echaba humo era yo...
Cuando llegaron los expedicionarios, aún seguía la dichosa olla al fuego. Pero eso no era todo, noooo... aún faltaba el sofrito para la pasta.... ¡¡Sofrita estaba yo ya!!...
Pues nada, que no se diga... ahí estábamos el trio la,la,la, con más moral que el Alcoyano; congeladas y mirando el dichoso recipiente... hubo un momento en que nos miramos las tres, y debimos vernos tan penosamente cómicas, que estallamos en carcajadas. Recuerdo que les dije:
-En algún sitio he leído que los que mueren de frio, mueren riendo... ¿Nos estaremos congelando?...
Vuelta a reír, esta vez acompañadas por ellos, que también veían el panorama.
Mientras la olla continuaba al fuego, los chicos se fueron a dar una vuelta por los alrededores, lo suficientemente cerca para oírnos si les llamábamos para comer (bueno a esa hora ya, merienda cena) En eso que, una ráfaga de viento algo más violento de lo normal, nos tiró la olla... por cierto, que antes no lo había dicho, el suelo estaba cubierto de nieve... y, aaalaaaa... tooodos los macarrones por el suelo... ¡¿Ahora qué hacemos?! Esto ya no tiene vuelta atrás... ni nosotros viandas alternativas... je je je... como por fin ya estaban... los recogimos como pudimos y los volvimos a echar a la olla... claro, todas con el gesto torcido y decididas a no comer macarrones ese día. Pero después de toda la espera, no les podíamos decir a ellos que no había comida, la impresión hubiese estado garantizada... pero no en el sentido que ellas querían... así que... chitón.
Bueno, llega la hora del sofrito... vamos que los macarrones ni para el resopón... y nuestros estómagos en plan sinfónico, y los chicos a los que se pretendía impresionar, impresionantemente famélicos y de mal humor... pues ale, a por el sofrito... y es entonces cuando se ve de verdad que las otras dos, de cocina ni pum... ¡¡¡Uuussshhh... sere lela, si es que estas cosas siempre me pasan a mí!!!... así que las pongo en plan pinche de cocina y yo de cheff. A una de ellas se le va la olla... la suya propia... y se vuelve loca pelando y partiendo cebollas:
-¡Rosa mujer, deja ya las cebollas! Que encima cundo vengan los chicos se van a pensar que te hemos estado sometiendo a tortura... anda hija para ya, lávate la cara y deja de sorber.
-Si es que, en mi casa, gustan los macarrones con mucha cebolla.
-Bueno vale, pero es que esto ya está siendo cebolla, con algún macarrón. No sigas mujer. Relájate.
Total, dos horas más tarde, los macarrones estuvieron listos... no está mal, sólo eran las doce menos cuarto de la noche... Será que no es bucólico comer macarrones, en el Pirineo, a la luz de las linternas y muertos de frío... p'habernos matao. A todo esto, los chicos mosca, porque después de tantas horas de elaboración, las chicas no queríamos comer... je, je, je... pusimos como excusa, que tras tanta cocción, se nos había ido el hambre... pobrecillos, que ilusos. Creo que se enterarán ahora si leen mi blog....
Bueno, lo recogimos todo, y dejamos el fregoteo de cacharros para el día siguiente. Básicamente porque estábamos helados y no se veía nada.
Al día siguiente, recogemos las cosas, las cargamos en el coche, y vamos a fregar los cacharos al río... ¡¡La leche!!... un poco más y nos quedamos sin manos... ¡¡Que fría está el agua!!
Total, que fregamos todo lo mejor que pudimos... que no es lo mismo que fregar a conciencia... como quedó demostrado horas más tarde cuando en el bar de los cafés, por motivos de reajuste de equipaje, se nos cayó la tapadera de la olla y del interior del borde salió rodando, hasta mitad del bar medio desierto, un solitario y triste macarrón chivato.... ¡¡Gluppsss... tierra trágame!!...
Je je je... creo que volvimos a entrar en el coche, a más velocidad de la que salimos, para poner pies en polvorosa lo antes posible... ¡¡Qué bochorno!!... el café con leche calentito, sería en el pueblo siguiente, donde no nos conociera nadie... si es que no se habían enterado ya con el estruendo que hizo la dichosa tapadera al caerse... ¡¡Qué desastre!!
Y... colorín colorado... (Tanto como colorados nos pusimos nosotros)... esta lidiada ha terminado.
Anexo: Bueno, yo creo que impresionar, lo que se dice impresionar, los impresionamos bien. Tanto, que todas acabamos casadas con ellos... hasta yo, que ni siquiera me lo había planteado.
Eso si. Nos hicieron prometer que, en sucesivas excursiones, las provisiones iban a ser, poco menos que las que llevan las naves espaciales en sus expediciones, hidrosolubles incluidos... y es que... no es paaaa meeenosss.










una-sonrisa dijo
jajajajaajaja. Pues mira yo tambien era de las que hacian excursionismo con mochila, chirucas, el saco-momia, la tienda (dichosas piquetas que nunca se clavaban, jeje), en fin pilarín ....
Recuerdo un fin de semana que salímos dos parejas. El lugar perfecto, el río casi helado, la vegetación abundante y la civilización a tomar por ...
Vemos un 4x4 que cruza el río sin problemas y allá que vamos con nuestro ford fiesta. Te lo digo o te lo cuento ... el coche se queda en medio del río sin avanzar bloqueado por una piedra y empieza a entrar agua por todos lados.
Mi amiga al ver el agua (porque la otra pareja no se bajó del coche) dice "se ha reventado la botella de agua". Pero cuando vió que TODO el interior era una piscina cayó en la cuenta.
Como pudimos, empujamos el coche hasta la otra orilla, ya no arrancaba.
Buscamos un sitio donde dormir y al día siguiente lo solucionamos.
Toda una aventura, jajaja.
Gracias. Con tu relato he recordado el mío.
Un petó i un somriure.
12 Octubre 2011 | 10:19 AM