“Últimas voluntades”... la conveniencia de un sencillo documento
No hace demasiados días, saltó a la prensa esta noticia sobre la incapacitación mental de la dueña del imperio L'Oreal Liliane Bettencourt quedando bajo la tutela de su hija
Tras leerlo atentamente, y cuando se trata de fortunas de este calibre, cualquiera de las dos puede resultar ser "la parte interesada" en el asunto. Ves a saber. Pero no es mi intención entrar en juicios de valor sobre este asunto.
No obstante, la noticia, me da pie para reafirmarme en la conveniencia, siempre; pero sobre todo en los inicios de cualquier enfermedad que se prevé degenerativa o de difícil final. Cuando ya está diagnosticada pero aún sabemos quiénes somos y donde estamos; tener resuelta nuestra voluntad. Lo que deseamos que se haga con nosotros cuando esté llegando ese final. Estoy hablando de un documento creado a tal efecto, ante notario, llamado "Testamento vital"
Es algo que resuelve muchos problemas, tanto a nivel sanitario para guía del personal que ha de atender a ese enfermo, como para que los familiares y cuidadores (que a menudo son las mismas personas) sepan y tengan claro lo que el paciente desea que se haga con él en todo momento.
Esta es una de las luchas que lleva a cabo, entre otras muchas, las asociaciones de familiares de enfermos de alzheimer. No ya sólo por el aquejado, si no, por los que deben tomar decisiones por él. Doy fe, que algunas de estas decisiones, se hacen emocionalmente difíciles llegado el momento. No es fácil convertirte en el juez que debe sentenciar si tu familiar debe ser mantenido con vida a toda costa, o si poniéndose en su lugar, este hubiese preferido que no fuese así. Si es algo que sólo lo ha hablado en privado y no consta en ningún sitio, el encargado de velar porque se cumpla su voluntad, quedará poco menos que como un verdugo ante el resto de los familiares que ignoraban ese deseo... También doy fe.
Igual de duro es, que sea un juez, quien decida cuál de los familiares es el elegido para hacerse cargo de sus cuentas bancarias.
Esto, que a priori parece algo tan lógico y de sentido común, se encuentra aún hoy con el obstáculo férreo de códigos éticos, que no son otra cosa que la forma mundana de llamar a prejuicios de trasfondo religioso.
Con el ejemplo que encabeza este artículo, vemos que no es ningún disparate dejar constancia de nuestras voluntades y no poner así en aprietos a quienes han de velar por nosotros llegado el momento.










ruedademolino dijo
Pos mire usté, hermosura, lo primerito que hice yo cuando falleció mi esposa fué hacer me Testamento Vital, o Últimas Voluntasdes ante mi notario.
Mi Chiqui y yo hicimos testamento, ( aunque ni teníamos ni tenemos un duro), hace un montón de años. Sin embargo y, nunca mejor dicho por desgracia, estando con ella en el Hospital presencié algunos casos lamentables... por no decir otra cosa que me enfrentaros a la necesidad que existe hoy, tal y como está el panorama, de que todos hagamos nuestro Testamento Vital... aunque no tengamos Patrimonio.
Un besazo.....platónico
18 Octubre 2011 | 09:58 PM