Estupidez...
¿Eeeh?... ¿Qué pasa?... ¿Por qué me miráis así?... Es sólo una palabra. Una palabra que entró ayer en mi cabeza, justo cuando había dejado salir a dar una vuelta a mis neuronas.
Pobres; estaban tan aburridas. Y, claro, no había nadie para recibir y poner freno a la estupidez. Allí estaba ella a sus anchas, pero sola y aburrida. Tanto, que se entretuvo en cigzaguear por entre las columnas que sostienen los pensamientos. Ahora inconexos por ausencia de esas pequeñas revoltosas que se encargan de ponerlos en conexión. Saltaba y se revolcaba riendo en el colchón de nubes que forman los sueños. Así estuvo jugando la estupidez, hasta que se cansó; quedándose endormiscada en un rincón de la mente. Y con ella, se quedaron quietos mis pensamientos, por temor a despertarla de nuevo.
Y es que, cuando dejo salir a mis neuronas de paseo, las muy tunantas tardan en volver... No me extraña, las hago trabajar tanto que, cuando les doy un rato de recreo... no quieren encontrar el camino de vuelta.
Al cabo de un rato, la estupidez al despertar, se estiró todo lo que daban de sí sus letras ocupando todo el espacio libre. Bostezó, miró a su alrededor y viendo que aún estaba sola decidió que aquello era muy aburrido. Se puso de pie dispuesta a abandonar mi mente.
Las neuronas, cuando regresaron, notaron que no estaba todo como lo habían dejado. Cosas fuera de sitio. Pensamientos revueltos. Ideas fuera de lugar. No estaban ordenadas, metódica y alfabéticamente, como de costumbre. Incluso, algunos sueños locos, se habían escapado de su departamento y se habían colado en el apartado de las realidades... El enojo y la sorpresa ante tal desorden, hicieron que al unísono las neuronas gritaron:
-¡Menuda estupidez!
Y la estupidez, que aun andaba por allí cerca, asomó su cabecita y contestó:
-Pero, qué listas. Cómo se nota que sois neuronas... ¿Cómo habéis adivinado que estoy por aquí?...
Las neuronas, sorprendidas, se miraban a la estupidez, con los ojos bien abiertos, mientras esta añadía:
-Sólo os habéis equivocado en una cosa... no soy tan menuda... a veces, sin darme cuenta, incluso puedo superaros... pero, nunca es mi intención. Es que, no me doy cuenta.
A las neuronas, les cayó bien la estupidez, por eso la dejaron cohabitar con ellas. No sin antes hacerle prometer, con una mano sobre el cerebelo, que nunca intentaría apoderarse del lugar. Que allí mandaban ellas. Y si alguna vez, sin darse cuenta ocurría, al primer grito de mis neuronas, la estupidez volvería a meterse en el lugar que le corresponde sin rechistar. Es decir, en el desván, donde se guardan las cosas que se utilizan poco.
Desde entonces, mis neuronas, conviven pacíficamente con la estupidez... Eso sí, siempre manteniéndola a raya... Aunque, de vez en cuando, la dejan salir un rato a airearse...












Gabriela dijo
En ocasiones, la Estupidez puede ser una ayuda para las
Neuronas, porque establecen conexiones unas con otras y discriminan...descubriendo la tentación que les deja caer disimuladamente la Estupidez...pero por suerte, las Neuronas son muy inteligentes y no se dejan tentar...
Besos.
21 Diciembre 2011 | 12:01 AM