El viejo galeón...
Varado en el rincón más olvidado del puerto, las rancias maderas crujían a merced del quedo vaivén en el que las olas viscosas del muelle mecían al fatigado cascarón. Para quién lo recordase navegando a todo trapo, este resultaba un movimiento triste y cadencioso. Una letanía quejumbrosa; que bien recordaba el cabeceo cansado del elefante, que sabe próximo su final.
El dormitar acunado del decadente general retirado, al que el brillo de múltiples condecoraciones en su pecho, da testimonio de las batallas ganadas. Honores que el tiempo oxida hasta borrarlos de la memoria. Nadie se cuadra. Nadie le hace ya los honores al pasar por su lado. Se sabe con facilidad quien, algún día, formó parte de su tripulación. Se sabe porque se detiene, lo mira, baja la vista abatido; para luego proseguir cabizbajo su camino...
Aunque ajado, todavía se adivina en él un galeón imponente, que conoció tiempos mejores. Cuesta poco imaginarlo elegante y majestuoso, devorando legua tras legua, sin muestra de fatiga alguna. Las distancias no suponían más que un mero trámite vital para su existencia. Sus gestas se cuentan por victorias, reflejadas todas en la bitácora de cada uno de sus cientos de viajes. Memoria escrita de quienes fueron sus capitanes. Quedan lejanas, se difuminan en el tiempo. Pero están ahí para quienes quieren saber.
Atrás quedó la gloria de batallas ganadas, tesoros hallados, nuevos mundos explorados. La edad le puso achaques, y le hirió de muerte el vapor. Hoy es sólo un vetusto estorbo que ocupa demasiado espacio. Bravo surcando los mares del pasado, convertido ahora en dócil bueno para nada. Un reo resignado, que se balancea esperando el desguace, como triste e injusto colofón.
Recrujir de maderas nobles, que en realidad son lamento de alma de navegante varado en pena. Sollozo a media voz, con lágrimas de salitre y brea resbalando por el casco. Porque los valientes no lloran, nobleza obliga. Aunque corroa la pena que se lleva por dentro; es la dignidad del soldado rudo... y dentro, muy dentro se queda. Quejidos sordos que únicamente se oyen si paseas por el muelle, cerca, muy cerca de él. Dicen los marinos supersticiosos, que en noches de luna llena, son los tripulantes ya muertos, los que gimen por el triste final.
Ayer arriaron las velas, con la ceremonia afligida de quién es degradado en público. Ya no ondean sus jirones del palo mayor, ni de mesana, ni del trinquete. Estoicos y desnudos permanecen en cubierta, despojados de todo galardón.
Un descendiente del último capitán, remueve cielo y tierra contrarreloj, para hacerle más digno el traspaso. Para que el final no sea final. Son tantas las historias que del viejo barco le contaron, que no se resigna a que el desguace sea la última misión.
Señorial memoria viva de tiempos gloriosos para la navegación; aunque desarmado e indefenso, concluirá con honor su vida. Batido y hundido; pero jamás vencido... ¿Acaso no es esta, la muerte más digna? Convertido en arrecife, de él surgirá la vida. Y sus rincones serán el cobijo de mil criaturas marinas.
Polvo al polvo. Cenizas a las cenizas. Y un viejo galeón, sólo en el mar descansará en paz.

*Reeditado a petición de... mi hija... Pues no se hable más ![]()










ruedademolino dijo
Pues muchísimas gracias a tu hija porque no había leido este maravilloso artículo. Fenomenal, sí señora...
Por sierto, ¿como quieres que no te llame Hermosura si cada vez que entro en tu página me sale un anuncio diciendome que "he salido elegido" y ensima me sale por la izquierda?? No te digo...
Hala, me vuelvo a la cama que ya me tomao mi vasito de leche calentita
Buenas noches
16 Enero 2012 | 11:18 PM